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ISABEL PARDO ARENAS

>> miércoles, 10 de septiembre de 2008


Son las dos de la madrugada y me levanto porque mi conciencia no está limpia, y, por lo tanto, el corazón no se serena. Sabía que el día de El Juicio Final llegaría y yo me encargaría de formar a los mejores jueces.
Pienso en ti Isabel, y por ello defino esta historia con tu nombre completo. Pienso en una noche de invierno en el norte ibérico. Veo humedad pero sobre todo la lluvia que nutre ese verde de vida que amenaza con conquistar la tierra. Te veo a ti, Isabel, al borde de un lago, un bote esperando en un supuesto muelle no construido. Estás enfundada en un traje negro, largo, elegante, como los que sacas a relucir… siempre. La música de la Fantasía de Thomas Tallis inunda la atmósfera, y tu pelo, anudado pero suelto, trenzado en finos hilos de grosor de conjuntos, se mece como la barca que quiere que se reme al viento. Eres fuerte en actitud pero muy débil interiormente, porque sé que te he traicionado con actitudes mías fuera de lugar. Sentimentalmente te encuentras sin anudar a tierra y eres un bote a merced de las olas.
Te veo, te siento en la noche, noche parda entre las arenas de la playa que tú y yo buscamos para escondernos de los demás. La música vibrante de violines corta el aire marítimo, y cuanto más ruido hace más silencioso parece todo, más solitario es el encuentro. Las gaviotas que caprichosamente escriben durante el día con sus huellas en la orilla, parecen dejar con sus tres dedos por cada pata un mensaje secreto: “os regalamos nuestra guarida”.
Quiero acusarme esta noche de todo cuanto he guardado y tú serás la confesora que amartille mi pecho con su puño. Noto tu peso sobre mi cuerpo, peso extraño ajeno a mis órdenes pero conocido a su vez, por lo que relajo mis músculos.
Cesa la lluvia y los primeros pescadores aparecen para reanudar su faena. Somos dos piezas valiosas tendidas donde las olas dejan de apoderarse del terreno. Ya no respiramos. Hemos tenido tiempo mortal y ahora se nos concede la eternidad.
Nos acarrean con ganchos hasta la taberna de vidrios de botella por ventanas. El hombre más viejo del condado nos presenta al público ansioso de mitología nórdica. “¡He aquí los seres más maravillosos de la tierra; por esta afirmación no pueden ni deben ser personas. Solo los animales son dignos de esta alabanza. Por ello, debemos sentirnos orgullosos de ser pescadores!”
30 – 7 - 2008

1 comentarios:

Anónimo 31 de mayo de 2011, 3:00  

Los padres de esta Isabel eran ingenieros de caminos.

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