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EL EXTRAÑO VIAJE A NINGUNA PARTE

>> miércoles, 17 de septiembre de 2008


¿Cómo se puede pretender llegar a algo claro y conciso tal y como se planteaba aquel problema tan poco desdeñable?
Fernán Gómez apostó fuerte: Utilizando una idea del “cajón desastre” de Berlanga, compuso con ayuda de la pluma de Pedro Beltrán una historia con la que recordar un género apto para el “Peter Lorre español” (Jesús Franco para los amigos, Jess Franck para las carteleras). El resultado: Un caballo que debía de haber quedado ganador pero que salió a la carrera drogado por una sociedad capitaneada por los torpes ayudantes de “mi general” (como diría Armiñán).Como tampoco animaba mucho la idea “¡a estrenar de contrabando, como Buñuel!”, se optó por esperar a momentos mejores.
Se consiguieron grandes actores, una fotografía de desconcierto y una composición musical interesante; eso sí, poco valor podremos dar a los vértices de la recta, pues su presupuesto reducido en relación a la curiosa concepción cinematográfica de Fernán Gómez nos impide continuar hablando en términos de opulencia técnica.

La emblemática imagen del travestido Carlos Larrañaga

Berlanga concibió la idea, pero debió de considerarla tan solo una ocurrencia como parte de un juego más abierto. Quizá resultó para él una carga demasiado pesada, algo desacertado que pudiera despersonalizarle de un estilo que hemos ido viendo bien distinto. Hay, por supuesto, una intención neorrealista al mostrar la vida de un pueblo que, aparentemente, puede ser cualquiera. No obstante, la introducción de un elemento discordante más propio de un cuentecito gótico, aleja al público de su idea “berlanguiana” (puesto que no se echa atrás en decir que “esto o eso parece una película de Berlanga”). Nunca podré asimilar el punto final que puso a su carrera con un par de películas tan discutibles, en comparación con aquellas que le consagraron y permitieron por otra parte, en adelante, realizar estos caprichos corales (de alguna forma “Todos a la cárcel” o “París-Tombuctú” no son sino el legado del último título de la saga de los Leguineche). En cualquier caso, esta joya del cine patrio nos demuestra la versatilidad de Fernán Gómez en su responsabilidad como “contador de historias”: ejemplos tan dispares como “El mundo sigue”, “La Venganza de Don Mendo” “Mi hija Hildelgart” o “El viaje a ninguna parte” hablan por sí solos de esta constante curiosidad en la investigación narrativa.
Pero, como esto no es sino un trío de coincidencias, no podemos olvidar los otros dos factores históricos: Franco (Franck, para evitar confusiones, pues él mismo decía que llamarse en este país Jesús y Franco era como de chiste) y Berlanga. ¿Coincidencia que en la actualidad tuvieran que volver a verse las caras para que el segundo contase sus batallitas al primero en “Bienvenido Mister Cagada”?
Por aquel entonces, estos pesos pesados del celuloide patrio se encontraba tratando de abrir nuevas vías posibles dentro del árido panorama cinematográfico español. Franck (perdonen esta bipolaridad de nombrar a una persona como dos) era todo un entendido del séptimo arte y supo aplicar sus referencias aprendidas en cada uno de sus filmes. De su primera etapa, además del cine de terror (que él supo inaugurar en nuestro país como ninguno) cabe destacar su vertiente "film-noir", como esa "Rififí en la ciudad" para la cual contó con Fernán Gómez para el papel protagonista.

Rafaela Aparicio junto a un joven Jesús "Peter Lorre" Franco 

En cuanto a la denominación de “maldita”, podemos referirnos a la estela del personaje de Franck como posterior director, tal como hoy se le conoce (pero sin olvidar sus intervenciones como actor, con títulos tan memorables como "Karate a muerte en Torremolinos”). Es ese olvido ministerial el que ha creado tantas veces el cultural durante periodos complicados de nuestra historia. Era una empresa por la que valía la pena apostar, sin duda alguna.
Franck, que en este filme- como ya hemos dicho previamente- nos recuerda a Lorre debido a las similitudes tanto físicas como psicológicas con el personaje que encarna (esos ojos saltones de pequeño animal asustado le delatan), quizá pecó de algo que podría considerarse como una virtud: trabajar demasiado para su profesión. Su extensa filmografía le coloca entre los directores más prolíficos, pero también le generó muchas críticas por la desatención de la calidad de sus obras. No obstante, Fritz Lang llegó a elogiar su "Necronomicón", lo cual agranda aún más si cabe su leyenda. Su obsesión por un cine híbrido entre el terror y lo erótico ha sido lo que definitivamente le ha definido ante los espectadores. Si alguien deseara realizar una breve semblanza (y por tanto injusta por cuanto se acaba omitiendo) de él, tan solo tendría que remitirse a esto. Pero Franck fue muchas más cosas. Además de la de montador, escribió bajo seudónimo y fue también músico de jazz y compositor, aunque tan solo los más estudiosos o "frikis" conocen esta faceta del maestro.

Fotograma de "Rififí en la ciudad"

Pero retomemos esta idea de "reciclaje de ideas". Aquel refrán que dice aquello de "Quien roba a un ladrón.." es extensible al caso que nos aguarda. Si Fernán Gómez se aprovechó de la idea de Berlanga, no es menos cierto que el autor de "El verdugo" o "Plácido" se inspiró a su vez en un hecho real: "El crímen de mazarrón". Si una ocurrencia se acaba convirtiendo en posible asunto fructífero, no se debe de desperdiciar esta oportunidad. Y si el principal interesado desatiende esta posibilidad, no debe de achacársele a otro que la recoge nada malo, puesto que tan solo está tratando de que algo sea fértil, evitando que se eche a perder tristemente.
  
Cussó-Ferrer se atrevió con un guión de Dalí (Babaouo) ¡y quién sabe si de los tantos que dejó Orson Welles (cuyo ayudante era Franco, por cierto) alguien se atreverá alguna vez a demostrar su valía poniendo la impronta personal en un trabajo tan arriesgado! (ya que del otro modo es imposible, sería injusto comparar).

Jesús Franco, King Vidor y Orson Welles

Volviendo al magma del volcán, hay en esta película un fenómeno del que se vale el cine para poder narrar de forma tan distinta a la literatura: presentar personajes que se creían ya desaparecidos de escena para rememorar. Esto en las páginas de un libro resulta sencillo, pues basta con explicar la situación sin dar detalles concretos; sin embargo, en el celuloide, se necesita de presencia personificada, y por ello se hace trabajar el doble al actor ante nuestros ojos. Luego, están los personajes de los que se habla pero que nunca aparecen, tal es el caso de la Rebecca de Daphne du Murier, el Mario de Delibes, el amigo Skipper en “La gata sobre el tejado de zinc caliente” de Tenesse Williams y Richard Brooks ¡o el Berlanga de Fernán Gómez, valga el chiste tan poco agraciado! El caso es que, viniendo de donde viene, sería igual que hablar del omnipresente Azcona en la historia de un cine español tan comprometido - y repetido hasta la saciedad, en esta nuestra sociedad, por cierto.
Decía Benjamín Jarnés, escritor del 27 hoy bien desconocido, que su oficio era hablar a un público y no a una plebe: una pasaba a la acción escuchando a Demóstenes y la otra simplemente aplaudía a Castelar. Como ese pueblo exacerbado que se presenta en la película, digamos que no puede hablarse en estos términos, pues actúan como borregos y a la vez sustituirían con el puñal a los traidores de Roma que, empujados por la ambición, preparaban sucias jugarretas a los césares en salas cerradas. Les falta la malicia del plan, pero les sobra fuerza para dar y tomar. Una película ha de plantearse si de realizarse la ha de llevar a cabo Pedro L. Ramirez, Pedro Lazaga, Javier Aguirre o, por el contrario, Picazo, Fernán Gómez, Berlanga, Neville o Forqué. Y en este sentido, puede discutirse que los que se consideren de calidad hayan caído en la rutina comercial alguna vez, pero esto es cosa que ya comparten con los anteriores, y sin embargo, pueden sentirse orgullosos de haber dado alguna alegría a los que, pasada ya la etapa del humor por entretenimiento, buscaban más en las películas. ¡Pocas personas han conseguido ser tan redondas en cada una de las empresas propuestas, como Mozart o Calderón! Se contentan con contentar a un público medio. Franco, director de culto por conseguir crear un nuevo cine donde terror y erotismo se dieran la mano, parece provenir de aquellas ilustraciones que han acabando decorando de forma gratuita los viejos caserones en las ferias, donde aparecen vírgenes torturadas con sangre a chorros en burdas reproducciones de cartón piedra (las más terribles), donde los ritos ceremoniales entre los vivos y los muertos desprenden una fuerte carga sexual que culmina con la muerte. No estoy hablando del Pedro Botero ingenuo de las calderas, revolviendo en una de ellas un caldo de alas de murciélago. ¡Es el dolor físico en carne desnuda, con la sexualidad acentuada como dioses o diosas de fantasía vikinga, atenazando a unos niños que no podían comprender! Esto es lo que se encuentra presente en este cine. ¡Viva el espectáculo familiar! Ahora Bela Lugosi va a resultar demasiado puritano. Toda una cantera para discípulos ideales como Santiago Segura (ver los cortometrajes “Perturbado” o “Evilio, el purificador”) que acaban siendo una peligrosa exageración de personajes como los que alimentó Javier Gurruchaga (rápidamente Aranda le encontró un rol en “Si te dicen que caí”). Y, es que, una creación siniestra puede hacerse cercana o incluso querida si se disfraza con un humor, también en cierto modo, especial. Por algo, Berlanga alabó y avaló “Torrente”.


17 – 7 - 2008

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