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Buscando el imperdible (relato divertido y cortito, dentro de lo pesao que llego a ser)

>> viernes, 10 de octubre de 2008

Buscaba el padre irritado la plaza indicada por el amigo con el que había quedado citado. “Plaza de Pombo, Plaza de Pombo…” Miraba y miraba él el mapa de la ciudad y no conseguía dar con el lugar, por más que serpenteaba las escrituras endiabladamente torcidas según los callejones, o capicúsas, según si había sentido contrario en la circulación.
- Papá ¿vamos a llegar ya? ¡Quiero el helado!
- Ahora hijo, ahora podrás sentarte en una de esas sillas metálicas que te dejan el culo hecho un cuadro, y tomar en otra mesa de mismo material abollado un rico helado… que desearás no haber pedido cuando den las ocho con la fresca…
- ¡No le hagas caso hijo! Cariño, no le hables así que él sólo te está distrayendo en la conducción…
- ¡me estáis excitando!
Pasaba por allí una señora ya entrada en años, a la que tuvieron por arrimarse para salir de dudas:
- Disculpe señora, estaba buscando la Plaza de Pombo…
- ¿Señora? ¡Esperando varón todavía caballero!
- ¿Caballero? ¿Dónde ve usted chistera, bastón y frac? ¡Tenga usted buenas tardes!
- … Señor cajero…
Y el coche salió despedido para rodear de nuevo la rotonda.
- pero bueno… ¡Menudo orgulloso estás hecho!
- ¡Mujer, mujer, no me toques los bemoles que va a haber chupinazos!
Y efectivamente, por el orgullo, aunque ahora con distinta comprensión, volvió en búsqueda de la señora.
- ¡Señora, que no me ha contestao!
- ¡Ni pienso!
- ¡Uy la leche!
Y bájase Manolo del modesto SEAT.
- ¡Manolo que te pierdes!
La señora, a todo esto, llamando a las fuerzas del orden mientras el otro la asía del bolso y le arrebataba el bastón…
- ¡Qué! Ha perdido ahora la fuerza como Sansón ¿eh? ¿Sabe usted como bailaba Fred Astaire?
- ¡Yo siempre he sido de plazas de barraca, a mí déjeme usted de galanes!
- Pues eso buscamos, señora… Una plaza, la de Pombo.
- No tengo la menor idea. Aquí el apellido Pombo es muy corriente y es normal que una plaza lleve ese nombre…
- Pues si es tan frecuente ¿por qué carayo no la veo por ninguna parte?
- ¡A mí qué me cuenta! ¡Cómprese un mapa más nuevo! O no lo doble tanto, que acaban borrándose letras…
- Es lista la tía… Bueno, gracias por su falta de información y buenas noches…
- Con Dios…
Todavía hizo un ademán de bajarse.
- Si fuera Dios conmigo no permitiría este mal ambiente que estoy creando…
- Váya usted más a misa en lugar de predicar sin fundamento…
- ¡Lea usted más al marqués de Sade, a ver si le da otro uso a esas cadenitas que le cuelgan del bolso! A lo mejor encuentra a algún tarado a estas alturas con el que tener un affaire como decían en su época.
- ¡Maleducado!
- ¡Robatiempo!
Subió de nuevo cerrando la puerta de golpe y tomando el volante sudoroso, resbalando en maniobras cada vez menos certeras.
- Papá ¿quién es el marqués de Sade?
- ¡Un señor que escribía libros que no debes leer, y que como compres alguno, aunque sea para regalar, ya puedes ir olvidándote de volver a hacerme ese tipo de preguntas!
- ¡Muy bien dicho, Manolo!
- Luego me das todos los besos que quieras, que llegamos diez minutos tarde…
A todo esto, un policía de paisano les detiene. Eran las once de la noche.
- Muy buenas noches… Veo que llevan dando rodeos una y otra vez por el mismo lugar. ¿Están perdidos? ¿O es que quieren llegar a la perdición?
- Perdón ¿cómo dice?
- ¡Abra el maletero!
- ¿Y la presunción de inocencia?
- Mientras la presentía alguno se me ha escapado. ¡A mí buscones no!
- ¡Oiga, usted no sabe con quién está tratando!
- No, la verdad es que no… Resuélvame la duda, que me tiene en ascuas…
- ¡Con el subsecretario del poder judicial de…!
Solo esto hizo falta para hacer cuadrar al policía.
- …Y llego tarde, así que seré breve y discreto: ¿Dónde cojones está la Plaza de Pombo, que estoy hasta los dedos gordos de los pies de buscarla y aquí parece ser que pocos turistas pasan, porque entre que juegan a inventarse calles y la mala leche cuando les descubren cambiándolas, no hay quien aguante oiga!
- … La Plaza de Pombo… ¡Ah, claro! Usted busca la de José Antonio…
- ¿Perdón?
- Sabe usted que la política llega a las calles.
- ¿Sabes lo que les digo a los políticos? ¡Primero, que repartan mapas en condiciones, y segundo, que dejen de liarnos en nuestras buenas costumbres de aprendernos las cosas de colegio! ¿A usted le dijeron que el mapa político iba a cambiar tanto desde que estudió que Santander estaba en castilla y león o que los Países del Este no eran tantos?
- …Circule con precaución…
- ¡Váyase usted a la mierda! ¡Y no estoy bebido, vengo así de casa!
- Papá, me das miedo…
- Y tú mucho cansancio, hijo…
- No le digas esas cosas…
- ¡Y tú deja de decirme que no diga esas cosas!
Al final llegaron tarde sin probar los entrantes… El niño tomó helado, la madre miró el cielo cuadrado de la plaza con una Mahon en la mano, y el padre salió por la calle que no era convencido de que había un complot para cambiar calles y se reencontraron al día siguiente en lugares distintos.

FIN
10 – 10 – 2008

2 comentarios:

R. Tourón 12 de octubre de 2008, 20:12  

A veces una palabra tan de mi tierra como carallo queda bien hasta en el más pulcro castellano.
Gracias por ayudarme, entre otras cosas, a dar el último empujón en el parto de mi blog, que aunque siendo de la familia del tuyo, bien podría ser la oveja negra de la misma.

putativus 20 de octubre de 2008, 12:48  

¡Qué mal te vendes.
Aunque suene cursi, gracias por existir.
¡Hay que mover el mundo, aunque sea con blogs!

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