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De cómo la vida puede ser una película y esta definir la evolución de la primera

>> miércoles, 1 de octubre de 2008

PARTE PRIMERA

Extracto original de mi diario:

DIA-X

No sé qué día es hoy ni cuándo sucedió lo que aquí voy a pasar a relatar. El diario no puede adueñarse de su propietario sino someterse al capricho de quien lo escribe y le da vida. Hay días que no sé cuándo volveré a escribir, pero desde luego no será ese.
Cuando Buñuel se encontraba en México sin saber cómo poner fin a su cinta del estilita Simón del desierto, un avión pasó por encima del santo incólume sobre columna. Le avisaron del anacronismo, pero él prefirió dejar al azar actuar y concluyó con la discoteca. Dicen que no hay ficción como la realidad, e incluso algunos sucesos en mi vida podrían no ser aceptados por los lectores de una novela (si decidiese llevarlos a ella) por considerarla inverosímil. Pero así es la vida.
Tampoco sé quién fue el autor de este frase, la cual por otra parte no sé si es del todo correcta en mi recuerdo, pero bien parecido era su caso al mío: “Soy tan tuyo que apenas me pertenezco”. Es cierto, a veces olvido quién soy por ocuparme de los demás y llego a enfermar de desatención. Tengo fijación de pérdida y soledad, de que aquellos por los que me empeño pronto desaparecerán de mi vida, por mucho que les acaricie y saque brillo todos los días, aprenda de ellos y olvide el futuro por unos instantes con ellos.

El amor tampoco me preocupa. He llegado a sentir misoginia, a odiar incluso a los hombres (llegándome a odiar a mí mismo) y he callado palabras, que otras veces calculadas con la intención de amortiguar, han llevado a confusión y posterior ruptura con alguien con quien no deseaba aquello. Ahora siento desdén. Necesito saber que soy importante, que valgo cada uno de mis pasos y decisiones, que no puedo renegar de mi pasado. Fíjense: Rafael Duyos, estimado poeta desde la frialdad de los libros, acabó como don Felix Lope de Vega, entregándose a la espiritualidad después de vida libre. Quizás notase el final cerca cada vez más, pero yo siempre he defendido mi religiosidad, siempre considerándome quizás más cristiano que católico, aunque esto sea ya otra cuestión.
Quizás la obsesión por el cine haya sido también la extensión de algo que ya no sé alargar más por medios convencionales. Como decía Gonzalo Suárez en Ditirambo (el personaje que encarnaba, su álter ego): llevar a la vida real los hechos que quedan muertos en las páginas de un libro, continuarlo para hacerlo todavía más perfecto en su imperfección.
A veces me sentía morir, angustiarme por ser feliz, aunque resulte paradójico. Pensar en alguien amado y notar su lejanía, eso daba a mi corazón la suficiente excitación como para pensar que todo podía acabar aquí. El amor es palabra en su sentido más digno que la sexualidad a la que nos vemos abocados o condenados por nuestra condición, y el amor puede llegar hasta el aroma de una flor, como diría San Francisco. Quebrarse tus sentimientos viendo expirar a una mariposa en los últimos alientos de su corta vida puede ser más digno que sentir lejana a una persona por la que el amor desemboca en la sexualidad. He podido llegar a sentir amor por una persona negándome a imaginar el sexo con ella. Y, no se me malinterprete, es ese amor que puede desembocar perfectamente en el alivio de las hormonas. Es ese amor que puede llevar a un altar. Puedo sentirme como un predicador entonces, como el Robert Mitchum del “Hate-Love” grabado en los nudillos de la mano, haciendo arrepentirse a la propia mujer con la que acaba de casarse sucia al pensar en una unión más allá del cariño mutuo. La unión carnal, llevada al límite en esta única cinta de Laughton, es para mí, a veces, inherente de la otra sensación todavía superior, puesto que, cuando acabe la otra, ya solo nos puede quedar como comodín esta. Y digo comodín cuando podía haber dicho de manera más salvaje salvación, como el marinero que no quiere ser náufrago dentro de una tempestad declarada en su barco, que hace “aguas”. Y aquí recalco una frase que tampoco sé dónde la escuché para ahora venirme a la cabeza: “Solo el amor es digno de fe”. Miento, creo que sé de donde viene: de "You´re the One", de Jose Luis Garci.
1 – 10 - 2008

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