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DOS CLASES DE CARÁCTER PRÁCTICO

>> miércoles, 5 de noviembre de 2008

(Por orden cronológico, para no discriminar)

Disfruto de los días en que la lección del maestro universal se repite en su plenitud. Las variaciones son diferentes a medida que pasa el tiempo, pues uno se hace perro viejo y ya no ve una manzana de la misma manera que el primer día.
¡Basta de mirarse el ombligo! Yo solo sé lo que escribo y nadie endereza mi columna puesto que lo que yo realizo en plenitud de facultades (nunca mejor dicho) no es lo que se imparte comúnmente por parte de docentes. El día que me suspendieron en dibujo, supe que no había perdido el año, que durante este había estado atento a la vida que existía a mi alrededor. Si la profesora consideró mi suspenso justificado, no lo discuto, pues soy como los “caballos de los cuarteles militares” que hay que domar y solo aprendo a base de golpes de estribo. Esta expresión no resulta muy agradable dicha por un profesor a una alumna, pero yo lo he presenciado (por lo tanto asumo el plagio con toda naturalidad). “Usted dibuja como uno de quinto, pero necesito que lo haga como uno de segundo”. Ya llegará la libertad creativa, ahora sumámonos en cánones. Esto, lo tiraría por tierra Kant, pues el ingenio ya va implícito en el hombre y este no necesita de nadie que le guíe en su propio camino. Bueno, también tengamos en cuenta que Kant, sin salir de su pueblo, hizo un mapamundi, y no se cortaba un pelo al hablar de las pirámides (vistas en litografías o pintura, supongo). Era un tipo metódico, que todos los días pasaba por los mismos lugares (¿o tal vez maniático? Seguro que si hubiese semáforos trataría de tragar cada vez más rápido para superarse en velocidad en su monótona vida de pensador. Si hubiera libro Guiness de los récords…). No ha sido un buen ejemplo.
La cuestión es la siguiente: me encontraba saturado de mis propias ideas, pensaba que me repetía en cada una de mis nuevas creaciones, que cada vez aportaba menos. De esta manera surgió un intento por hacer confluir mis ideas con las de otro amigo: Ricardo Tourón. Nos sentamos en una mesa y pusimos las cartas sobre la mesa, o, mejor dicho, las fichas sobre el tablero de dominó. Combinamos correctamente de manera que ninguno saliese perjudicado, aceptando las sustituciones por parte de uno y otro lado, con la mayor naturalidad, con permisividad inaudita en lo que deberían ser dos mentes egocéntricas, celosas de desechar ideas que podrían ser consideradas perfectas por otras personas… En fin, hay gente para todo, y en la variedad está el mal gusto. De esta manera, brotó como una semilla bien espoleada, los siguientes versos. No nos preocupamos ni por la musicalidad en la rima ni por la coherencia en una estructura homogénea. El resultado sigue siendo igual de bueno:

“El organillo
Adormece las noches
En la Plaza Mayor
Brazo sonámbulo que deambula
En una noria invisible.

Puertas abiertas
Que fortifican la noche
Asediada en hogueras encerradas

Figuras sugerentes
En el humo serpenteante
Ahogan el pulmón contaminado
De una ciudad moribunda.

¿Qué es de cada cuál? Nunca se sabrá ni lo diremos. La gracia reside en la unidad tan poderosa forjado a hierro candente en una colaboración mutua de generosidad desinteresada que no conducía hacia ningún lugar. Agradezco, aunque esto amplíe mi vanidad, que te hayas decidido a publicar tu propio blog viendo el mío.

El segundo de mis momentos prácticos en lo que se refiere a teorías, lo encontramos en el ocaso del día, cuando cobra vida lo que Platón defendía: el calor de la palabra. Victor Hugo tampoco anduvo lejos atreviéndose a decirle a Diderot que, al tratar de plasmar las palabras del maestro ilustrado en papel, estas habían caído muertas por la frialdad de la escritura. En este caso, el ingenio había sido el causante del juicio de Victor Hugo, considerando genial el entusiasmo del momento, el énfasis que ciertas personas ponen a lo que transmiten con el lenguaje. Escrito u oral, en este caso me decanto por el segundo. ¡Qué maravillosa sensación poder hablar con alguien abierto a la sinceridad en la apertura del metro, con el calor aflorando, haciendo justicia en la balanza de la climatología, haciendo más confortable la conversación en un día tan gélido como este (y los que nos esperan). Esta persona, más humilde que un poeta, me transmitió energías renovadas a mi decisión frágil de un futuro vocacional. Somos cañas, el ser más débil creado por la tierra, pero cañas pensantes, y necesitamos comunicarnos para transmitirnos ese calor real y literario del que hablo. ¡Me encantaría conocer algún día un solo de tus poemas, muchacha! Sería el ser más feliz si me concedieras la ventaja a los que solo algunos privilegiados se puede conceder. Omito tu nombre aunque sabes bien que eres a quien me refiero. No quiero abrumarte más.
4 – 11 -08

2 comentarios:

R. Tourón 6 de noviembre de 2008, 15:04  

Menuda sorpresa al empezar a leer y encontrarme inauditamente ante esto. La verdad es que aunque breve, fué un rato interesante, que espero se repita en nuevas y más extensas colaboraciones.

Por cierto, me dejas con la curiosidad de saber quién ha sido esa muchacha de la que hablas... ^^

putativus 7 de noviembre de 2008, 10:33  

¡Si es que soy la leche jajaj!
A ver si hay más cafés...
Es una chica que lo tiene todo: para empezar, buen tono a la hora de conversar (unido a paciencia y saber escuchar),cultura pictórica y sobre todo LITERARIA (por aquí puedo sentirme más cercano como tú, Ricardo, pero sobre todo humildad. ¡Ay, qué envidia!

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