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De nuevo Buñuel, de nuevo Perela

>> miércoles, 17 de diciembre de 2008


Enrique impartiendo una clase sobre "Imágenes subliminales en el cine"



Hay personajes que para mí nunca dejarán de desaparecer, aunque metamorfoseen de mil maneras durante mi vida en experiencia y puntos de vista. Y, es que, se puede experimentar conociendo ya de antemano lo que hay para ver. Debe de ser algo así como el amor hacia alguien, que va pasando por todos los grados posibles hasta alcanzar el hervor.
Buñuel sigue siendo ese expresionista que tanto me decía desde el primer momento, ese enamorado de El Acorazado Potemkin sin desear ser tan narrativo tanto a una imagen, que, a mi juicio, permanece descuidada siendo esclava de la idea, suma pontífice en quien cree este ateo tan sospechoso. A veces se echa en falta eso, una imagen todavía más sobrecargada pero no barroca: solo interesante. La atención del espectador es, sin embargo, importante, aunque no le mantenga expectante. El oído es importante, y una rápida asociación sin tabúes de ningún tipo. Es un admirador del gran cine pero sin caer en la bajeza de la repetición de imagen (cosa que sí hace Brian de Palma en “Los Intocables” con el carrito de bebé del ya citado Eisenstein). A Buñuel le falta atención aunque es un tipo bastante inteligente y avispado. Por ejemplo, en Belle de Jour, se echa en falta para la credibilidad la sangre con el látigo, aunque bien es cierto que se agradece el despiste de este detalle. Un sueño, por otra parte, no requiere la atención de la realidad ni siquiera para estos detalles. Se percibirá que no estoy cayendo en el error del análisis psicológico, puesto que el aborrecía a todo psicoanalista o crítico que tratara de sacar partido de sus imágenes. Pero hay cosas garrafales que no pueden dejar pasarse por alto como es la de la vestimenta del prostíbulo. En las películas los amantes suelen acostarse igual que se levantan: vestidos. Esto no se concibe fuera de la estética conservadora del cine, pero se acepta. Sin embargo, los burdeles siempre han sido ligeros aunque a su vez discretos (escondidos para no llamar la atención y que no se acabara el negocio, nunca mejor dicho). Celebro ver tantos diálogos que no pretenden ser racionales, pero reconozco que antes me gustaba más esta vanguardia de la palabra.
Los años no pasan en balde y yo ya me estoy agriando sin haber visto ni las dos partes de lo que me toca. Nada sucede, no se preocupen por mí, pues ya hay habladores de texto de sobra. Queda un poco mal que, algunas figuras ya mitificadas, puedan salirse de los cánones donde se las ha encajado por mucho que ellas no quieran estar ahí. Algo así como las tallas de santos del Museo de Valladolid, aunque el fervor sigue presente, el homenaje es global y no se comparte con una Venus sin brazos pero sí con pecho y pubis. Buñuel alardeaba de cazador, bebedor, mujeriego y fetichista, es decir, de tantos vicios como pruebas del demonio a Cristo en el desierto. Sin embargo, se le toma por director de un refinamiento tan insospechado como inverosímil. Nadie dice que no fuese un dandy (sobre todo para mezclar alcohol de calidad con compañeros de vanguardia también de calidad). ¡Pero solo hace falta interesarse por las pistas (o despistes) que fue dejando en su vida (documentos, entrevistas, recuerdos de voz a voz) para detenerse en este aspecto embrutecido del que le encantaba hacer gala ¡fuera convenciones! Una auténtica máquina de sinceridad de la que nadie, parece ser, quiere oír hablar. Pero a mí me fascinó esto de él y no otra cosa, y así su sabia forma de llevarlo a sus proyectos. ¡Que nadie busque planos ni sombras inadecuadas porque está perdiendo el tiempo interesándose así por Buñuel! Piense tan solo, el que quiera seguir mi consejo, en romper dogmas, abrir la visión para después hacerse un austero como yo si se quiere, o un conservador, que suena más fuerte. Sí señores, si pudiera votaría a Maura (y Maura pudiera ser votado todavía). Ahora ¿saben si esto forma también parte de mi juego? Me doy cuenta de que mucha gente que me conoce solo se crea confusión de mi persona y esto me entristece como a un zíngaro sin violín. Me conformaré entonces, con el oso del collar de pinchos.
17 – 12 - 08

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