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EL NEORREALISMO COMO ALGO RELATIVAMENTE REAL

>> miércoles, 17 de diciembre de 2008

¿Tenemos una conciencia clara de lo que significa “Neorrealismo”? Una rápida y “correcta” definición aludiría a ese espejo de una realidad sucia por incómoda que era necesario mostrar y que tan bien supieron hacer Vittorio de Sica y toda su tropa de investigadores. Este nuevo cine ofertaba la oportunidad de afrontar empresas económicas con resultados óptimos de cara a un resultado inmaterial: la reflexión por parte del espectador. El hacer cine, estaba en manos de cualquiera. Ya no era un problema económico y, además, aunaba a un gran número de gente en su “conciencia” de un mundo a denunciar.
La ola del neorrealismo forjó, en los directores noveles, un compromiso social que acabó derivando en una estandarización cinematográfica sin oportunidad de individualismo artístico, de personalidad creadora. Fellini, con su “Luci del Varietà”, podría confundirse con un director de tantos, sin rúbrica propia. Cuando el neorrealismo se fue enfriando, llevando lo paródico a esa crítica social, allí estaba también ese Fellini standard inicial, que aceptó llevar a la pantalla un guión de Antonioni con Alberto Sordi en el papel principal. Si el director de Blow Up hubiese podido arrepentirse de pecados preteriros a la hora de dejar testamento, habría metido debajo de la alfombra esta muestra cinematográfica que muy poco puede hacer en favor de su figura revolucionaria (se consideraba “marxista intelectual”).Eran películas que se iban a ver por los actores principales, que se prestaban a participar de empresas de este tipo (Fellini nunca había afrontado, hasta ese momento, la responsabilidad de un papel como director).
Pasolini tampoco dudó en optar por Totó para llevar a cabo aquella empresa titulada “Pajaritos y pajarracos”. Quizá pudo pretender (pongámonos en lo mejor) tratar de atraer a un gran número de público con este grotesco cebo en el que trata de aunarse crítica con lucimiento de un artista cómico. Algo así como Peter Sellers con “Lolita” a las órdenes de Kubrick en América, o en Alemania con… ¿Ha habido algún actor cómico clásico en Alemania?
La crítica especializada nos ha venido contando que no hay nada tan revolucionario, tan verdadero, tan social, como el neorrealismo. No debemos, sin embargo, dejarnos convencer tan fácilmente, pues ante situaciones totalmente desaforadas e increíbles (precisamente por lo real de las mismas) siempre se esconde un mensaje peculiar que se nos transmite cercano a un pensamiento todavía no del todo desencastrado. Una moralina con olor a sacristía, que no se hace “en contra de” sino “desde”. Generalmente, suele ser “Conformarse con lo que hay”, sobre todo para personajes del tipo del “Ladrón de bicicletas”. Las películas que de Sica realizó antes de convertirse en director de películas “con categoría”, no dejan de recordarnos a las realizadas en España durante los años del franquismo, en las que parecía verse un cierto velo ilusorio de denuncia que “conseguía pasar los filtros de la censura”. Volviendo a Pasolini (especie de mártir que luchaba, empleando la crítica, contra su sentimiento de admiración religiosa), recibió el “Gran Premio del Oficio Católico del Cine” con su filme El “Evangelio según San Mateo”. El mundo entero, en su noventa por ciento al menos, habla por boca de ganso.
Hay un film que todavía no he conseguido digerir. Se trata de “Viaggio a Italia” de Rosellini, un film que parece querer hermanar a Hollywood con Italia en su concepción artística y comercial. Frente a aquel número de fieles que se lanzan en peregrinación ante un milagro (situación de crítica casi grotesca pero, aún así real, de la época) el matrimonio que a pesar de todas sus desavenencias, acaba de nuevo abrazado a su necesidad de confianza mutua, de matrimonio indivisible, cierra una película que, por su planteamiento, podría haber sido un ejemplo a seguir, y que concluye con un final feliz triste (no para ellos pero sí para mí).
Lo único que podemos rescatar de esto es la impresión del turista, acostumbrado a otro ambiente- supuestamente más frívolo- al entrar en contacto con esta cultura milenaria italiana; el periplo de una mujer del calibre de Ingrid Bergman (que representaba, mal que le pesase tras casarse con Rossellini, al prototipo social americano- arrastrado desde películas como “Casablanca”), sorprendida por lo que allí se encuentra, de paso con George Sanders. “¡Cómo hay tantos embarazos! ¡Qué extraño es el culto a los muertos! ¡Qué desfachatez la de los guías turísticos!” Vuelven a encontrarse ante aquel mundo incomprensible que, a su vez, les hace recapacitar.
De esta extraña mezcla se compone también “Estación Termini” (del ya citado De Sica): Montgomery Clift y Jennifer Jones se encuentran en constante huída de los italianos, que no hacen sino entrometerse en su vida privada deleitándose con ella o denunciándola. ¿Qué se muestra entonces? Viejas desdentadas, hombres sádicos, fisgones y cotillas, en compendio: la desilusión por la realidad de la vida, la que es caduca pero pervive, como los yogures pasados de fecha en el frigorífico. Tristemente, esta visión ha quedado exportada a Hollywood con otros fines (los que anuncian un exótico mundo mediterráneo).
Antonioni supo cambiar sabiamente el rumbo y dirigir sus preocupaciones hacia una Italia más actual y verdadera que la anterior. De las preocupaciones materiales pasó a las espirituales, aquellas que afectaban a unos personajes de cierto rango social, descubriéndose ante el descubrimiento de la nouvelle vague. No solo rompió con el ritmo narrativo, llegando a dedicar el tiempo necesario a determinadas situaciones (de ahí la ralentización) sino que también dio al traste con la descripción visual, llegando a resultar incluso incoherente en un primer momento.
Rosellini acabó abandonando también esa didáctica de las pequeñas historias anónimas para dedicarse a la narración de grandes relatos de hombres célebres, a través de los cuáles también consiguió transmitir su enseñanza. Fellini se dedicó a explotar su imaginario, sin llegar a romper tampoco del todo con “su” neorrealismo (aquel de los extraños personajes)…
El mundo del cine exigía renovación en todos sus movimientos; sería absurda una época perpetua, pues el mundo se ha compuesto de distintos mundos a su vez, marcados por los diversos momentos de la Historia. Si además hay por medio un intento de mímesis, de representación verídica, de ensayo de espejo, el nieto de un espectador de los años 40 italiano, debería sentirse identificado con lo que viese en la pantalla, sin necesidad de una explicación por parte de su abuelo.
En definitiva. Es complicado mirar hacia un cine correspondiente a una época que no nos ha tocado vivir, pero no por ello debemos dejarnos aconsejar por la primera fuente para llegar a comprenderla. ¡Y menos si esa fuente está siendo aceptada por la gran multitud! Desconfiemos de las multitudes y aprendamos a pensar por nosotros mismos. ¿Quién nos dice que aquellos no han podido dejarse influenciar también por otras circunstancias lejanas a lo real? ¡Por favor, no compremos tan rápidamente “la moto”!

17 – 12 – 08

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