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Apocalypse Now

>> lunes, 26 de enero de 2009

EL HORROR… EL HORROR….

Parece ser que Marlon Brando tiene dos caras: el de salvaje depredador para América y el de un hombre que se rebela contra los demás haciendo desatar su furia sin ningún tipo de prejuicios, haciendo lo que cree que se debe de hacer fuera de convenciones y morales de cualquier clase, incluso de las más renovadoras. “A aquellos niños a los que vacunamos les fueron mutilados sus brazos”. Aquel lugar dantesco donde se había erigido como líder me recordaba a “Los comancheros”. Sin embargo, Marlon Brando quería morir, dejar de sentir la existencia del horror, y será Martin Sheen en el que confiará, al que le dará alas para llevar a cabo su terrible plan psicológico. Esa guerra como todas las guerras carecía de todo sentido, minaba la voluntad de las personas que, después de pasar por ahí, dejaban de ser las que eran. Vietnam en ese caso es la clave de la locura mostrada demasiado bien por un gráfico Coppola. Sargentos que atacan con la música de las Walkyrias y que después se encaprichan por practicar surf en la misma playa, escenario del combate (y que, como niño pequeño, hay que pararle los pies arrebatándole el talón de Aquiles, su objeto venerado, su mejor tabla, la manta del personaje que acompaña a Snoopy y que no deja de chuparse el dedo- expresión perfectamente simbólica), soldados que combaten sin saber a lo que atacan y sin saber quién los lidera, conejitas Playboy traumatizadas, vietnamitas que parecen conservar la inocencia ante ataques contra los que no pueden luchar, líderes estratégicos que desertan para imponer su ley en un reducto del mundo, personas arraigadas en su pasado, en su patria, que reniegan abandonar lo que tanto esfuerzo les costó conseguir por muy absurdo que resulte el propósito actual… Y en medio de todo eso, música psicodélica en caras pintadas de camuflaje, miradas que han perdido el norte… Y un Marlon Brando con sobrepeso y con una vida digna de película fuera de todo tabú. Ingredientes impresionantes para una receta que sirva de castigo a los hombres tras su digestión y que solo puedan preguntarse una cosa, la única que se pueda cerrar con la otra llave de interrogación: ¿pudo aquel niño del RISK recuperar su tabla o continúa surcando en solitario las noches en helicóptero con megáfono en mano?

Sésil Démil 26 – 1 – 09

1 comentarios:

Anónimo 28 de enero de 2009, 8:54  

Al parecer, el actor llegó al rodaje algo pasado de kilos(¿cómo un heróe de guerra iba a estar en ese estado?), lo que justifica ese toque de luz cenital que se le da en cada escena intentando disimular la oronda silueta de Brando( De aquella, no sabían nada de la vida y milagros del comandate Chávez). Acentuado el carácter siniesto del descarriado marine.

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