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Cuento vi(c)toriano Nº 4

>> martes, 13 de enero de 2009

CUENTO Nº 4: LOS REYES MAGOS

Freddy tenía diecisiete años cuando, la madrugada del siete de Enero se escucharon unos ruidos en su piso de la calle X. Vivía solo en Madrid pero ya desde pequeño le habían acostumbrado a todo tipo de tareas inusuales para un niño de su edad.
- ¿Qué hacías despierto a esas horas?
- No podía dormir. La cabalgata de reyes me había producido insomnio… ¡Todos esos niños apostados tras de vallas mientras eran acosados por aquellos reporteros tan pedantes y relamidos! ¿No se cansan de preguntarles? ¡No son capaces de dar una respuesta en condiciones! Frases inconexas cuando no son monosílabos… ¡Claro, las preguntas son tan estúpidas que solo tienen que responder con una afirmación o con una negación!
- Bueno, bueno, Freddy… Dinos ¿cómo se siente un niño tras haber acabado con el espíritu de la Navidad?
- ¿Un niño dice? ¡Oiga, llevo la suerte de casi cinco años subsistiendo penosamente con todas las labores que conlleva una casa! Apuesto lo que quiera que a usted con mi ad todavía le llevaban vasos de agua a la cama… Además, ya le he dicho que esos señores no eran los Reyes Magos.
- Pues si no lo eran, muchos de los niños del mundo se han quedado sin regalos este año…
- Mire, ellos no pueden morir… ¡Llevan dos mil años vivos y por cuatro escobazos no pueden resultar tan vulnerables!
- ¡Acabas de decirnos a mí y a mis compañeros de profesión que no llegaron a entrar en tu casa, que tú mismo tocaste sus fríos cuerpos con un palo para comprobar su rigidez!
- ¡Son los cuerpos de tres míseros ladrones que solo querían cobrarse un botín entrando en mi casa!
- ¿Acaso no hueles el aroma de navidad en cada una de tus estancias?
- ¡No, no y no! ¡Puede que el señor que hacía de Melchor tuviese los mechones de pelo ya blanco, Gaspar castaños y Baltasar fuese de color, pero le aseguro que esos no eran los Reyes!
- ¿Necesitaban ser ladrones y ser de esta manera para cumplir sus fines en la vida?
- ¡Yo que sé, dejen de hacerme preguntas! Están interrumpiendo mi adolescencia…
- Un adolescente terrible… Tu feliz desarrollo como persona se ha visto ya interrumpido por un crimen, Freddy…


Cuando Freddy cumplió los años reglamentarios en la cárcel de menores de Dakota, retomó la vida social y llegó a estudiar medicina. Sin embargo, ya nunca más denunció las injusticias sociales y dejó que, mientras no le tocarán el pan suyo de cada día, la gente de mal campase a sus anchas por el mundo. Por ejemplo, sabía que el profesor de anatomía era un vulgar criminal obsesionado con la conservación cada vez más perfecta de los cuerpos de sus víctimas, y se valía de seres débiles para sus experimentos… Por ello, cada vez que bajaba a sus alumnos al sótano para mostrarles los cuerpos abiertos, dejaba una luz tenue y los conducía por galerías estrechas para que, como ya digo, los más débiles, perdieran la conciencia de situación y se extraviasen del resto del grupo. Después, más víctimas acudían a su consulta una vez ya titulado con honores, era mejor para su subsistencia que otros dejaran de intentar subsistir… Porque él estaba convencido de aquella sociedad corrupta que una vez le condenó por haber denunciado a tres ladronzuelos que, aprovechando el afecto singular que los niños depositaban en los personajes que estos encarnaban, se habían creído que iban poder acampar a sus anchas y sacar tajada durante un día de todo un año de supuesto trabajo. Para los padres había resultado ideal la noticia de la muerte de los sabios de oriente, pues podían seguir alimentando la tradición sin tener que colaborar en ella para mantenerla viva. Los niños nunca crecerían en este sentido y los incrédulos cobrarían la fe. Todo había sido pensado al milímetro. Condenar a un niño por algo que nunca cometió, sin apoyos familiares, solo en el mundo, podía realizarse a cambio de devolverle a la sociedad un alivio eterno.

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