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BACON Y LA CARNE

>> viernes, 6 de febrero de 2009

Fue una buena presentación el encontrarme con unos amigos que salían de la exposición de Bacon. Eran las cinco de la tarde y todavía no habían comido: “Solo veíamos cuadros llenos de carne”… Era todo un sacrilegio decir que al mirar la crucifixión de un ateo le entraban a uno ganas de comer un solomillo casi sin hacer, con la salsa de sangre. Recordé entonces las fotografías del estudio del pintor, las fotografías reconstruidas en pedazos, machacadas… Entrar y mirar aquellos cuadros de un rojo tan suave y tan violento era como rescatar a la fotografía de su condena. Aquellas figuras en constante movimiento, difusas, devolvían la naturaleza de su ser robado por el instante de un flash. En realidad solo había carne muchas veces y el resto vacío oscuro, como el del Cristo de Velásquez, la soledad del hombre, la animalidad de quien ya no puede recobrar la fe ni por Velázquez. La geometría pura y sencilla que delimitaba el espacio, aquellos péndulos insinuantes, las bocas abiertas materializando el sonido del dolor… Quedamos extasiados los estudiantes de Bellas Artes. Aurora Fernández Polanco, profesora de Estética en la Complutense y pensadora, ordenadora del caos de los artistas, dice que “nosotros, estudiantes, artistas post-baconianos, nos quedamos extasiados con la obra de este pintor”. Es cierto, uno encuentra en la Facultad ejemplos de un Bacon malo, con cuerpos difusos y matéricos, quizás con algo de existencialismo pero sin nada ya que defender, acomodados en un tiempo cada vez más difícil, bajo los polvos mágicos de una juventud que lo tiene todo. ¡Qué juego del azar es aquel de unos brochazos tan diluidos, tan inmensos y tan controlados! (esto último es casi imposible pero es conseguido). La inmensidad en dimensiones de los lienzos (algunos como el del perro con zonas donde la tela se muestra tal y como era antes de introducirla en el estudio y convertirla en propia), tan perfectamente desaprovechados… Salpicaduras y aguarrás de color transparente. Todo reinando en un caos que acaba ordenándose. ¿Cómo se logra esto? Luego uno sale, se pasea por otras salas, mira al Velázquez que tanto admiraba Bacon (éste era otro post admirador de las fuentes esenciales)… los planos que supusieron una modernidad dentro de su tiempo (el resumen que tan bien recogería Sorolla), el impresionismo y surrealismo de las Pinturas Negras… el Coloso que no es sino resultado de unos bocetos de Goya… Y la decepción. Pase que esta obra se descuelgue de la obra del pintor de Fuendetodos… ¡pero si ya dicen que las Pinturas de la Quinta del Sordo las pintó su hijo…! Eso sí que no. Prefiero dejar de leer la prensa para salvar una figura. Prefiero ser a partir de ahora un ignorante. Prefiero admirar lo que admiraban Manet o Bacon del prado antes de todos estos escándalos. Será coincidencia o no, pero después de esta exposición tan agotadora se me ha quitado todo hambre. El cuerpo es cierto que se ha maltratado condenándole a aguantar erguido durante tres horas por su último eslabón: la cabeza. La cúspide de nuestra montaña friedichiana. Ahora solo quiero escribir, crear tras haber bebido de tanta fuente. Nada de caprichos bajos… Encerrarse y olvidar de lo que dependemos, lo que nos da nombre y nos constituye como ser de enciclopedia. Bacon, bacon, bacon…. Cada vez que vea un costillar o una chuleta, pensaré. ¡le falta color!

Sésil Démil 6 – 2 - 09

3 comentarios:

Anónimo 7 de febrero de 2009, 9:46  

Inauguro mi reducto particular de declaraciones intempestivas e irreflexivas en este blog. Comenzaremos por la exposición del Sr. Panceta:

De carnicerías y casquerías va la cosa.

Antes de ayer, la televisión preguntó a uno de los visitantes qué le parecía el pintor irlandés. El viejo contestó:"todo me recuerda al buey desollado de Rembrandt".
Nada más lejos vejete. Es evidente que la carne que pinta Rembrandt es una carne henchida de sangre y de viveza, lograda magistralmente por el color vitalizante del genio holandés. Parece que esa carne podría comerse con cuatro siglos de antigüedad, no caduca. Desde la pantalla de ordenador aun conserva el olor de las carnicerías del viejo Madrid (no las de los moros, claro).
Por el contrario,la carne de Bacon, con ese aspecto amoratado, está podrida,demacrada, descolorida, marchita ¡nadie le metería un bocado a un chuletón de Paco! Carne repugnante pergeñada por el propio pintor, casquero de vocación. Señor bacon:¡su panceta no se la come ni DIOS!

putativus 7 de febrero de 2009, 10:39  

Dios el que menos... lo de casquería va con segundas al señor Paco??? Bueno, otra declaración que no nos dejará indiferentes...

Anónimo 7 de febrero de 2009, 11:32  

No va con segundas. Nos referimos a la panceta frita.
Así que no te preocupes por el otro que creo que le va más la butifarra fresca.

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