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JUEGOS PROHIBIDOS

>> lunes, 9 de febrero de 2009



Todavía hay quien pregunta: “¿De quién es “Romance Anónimo”?. Esta banda sonora apropiada (en los dos casos, por idónea y porque se convirtió, a pesar de su desconocido autor, en inseparable acompañamiento de un gran film) nos habla, con adjetivos sinestésicos, de la infancia y sus valores dentro de un contexto que la connota de mayor inocencia. El señor Yepes, con su buen ojo, supo llevarlo como estandarte y sorprender al mismísimo Clement (y, todo sea dicho de paso, a la Deutsche Gramophon, la casa de discos de Karajan). Como ya intenté explicar sin éxito en mi crítica de “El Sur”, “Jeux Interdits” me estremece por un no se qué… Quizás sea un conjunto de ideas, de ilusiones que formé en mi cabeza sobre lo que consideraba perfecto y que se acerca peligrosamente… Una película funciona cuando resulta sugerente a los sentidos y los hombres también lloran (y los duros también bailan). No es de esperar un FIN a lágrima viva tan violento, a mi juicio. La idea del mundo desde dos cabecitas pensantes que no comprenden lo que allí sucede y reaccionan de forma mas avispada ante ello que aquellos (adultos) de los que los dependen y condicionan. La niña llora cantando mientras conduce con su amiguito un carro lleno de cruces. También la hermana de mi madre cuando era pequeña cantó llorando inevitablemente una canción casi de rigor por el paso del pájaro de San Blas: “Cigüeña malagueña, tu casa se te quema, tus hijos se te van y ya no vuelven más”. Es algo así como cuando pasa la reina de Inglaterra. Yo me considero todavía niño: esta mañana, un huevo de codorniz ha caído en mi mano… Bueno, más bien me lo ha puesto una chica a la cual conozco de tres encontronazos, no más… Sin embargo le caí bien y yo le agradecí protegiendo como un tesorito el huevo. Ella me pidió que se lo agradeciera dándole un beso en la mejilla. Así lo hice. He llevado el huevo en el gorro que guardaba en el abrigo, tratando de que, durante el viaje, no se cascase. Ahora se encuentra sobre un cenicero de recuerdo de Marruecos, en la librería del salón. Dicen unos que el cine debe evadirnos de la realidad, que bastante tenemos con vivirla como para recrearla… Dicen otros que debe de ser espejo, denuncia, concienciación. Pues bien, para unos y otros aquí tienen de los dos platos. Es de reconocer que se aprovecha mucho el rol del niño (véase “El Espíritu de la Colmena”, “La Vida es Bella” o “El Niño de Pijama de Rayas”) para almibarar situaciones (o bien acrecentarlas), para crear una pérdida de la inocencia en este frágil sujeto y un comenzar a actuar con cierta responsabilidad de “mayor”. Es de agradecer que aparezcan, aunque sean tan solo una justificación para exponer otras ideas que subyazcan de ellos como protagonistas. Jeux Interdits, una película de 1952.

Sésil Démil 9 – 2 - 09

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