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IMPROVISACION MUSICAL (Ricardo Touron y Javier Mateo)

>> martes, 3 de marzo de 2009

IMPROVISACION MUSICAL

El guitarrista se encontraba incómodo en la sala de jazz
el humo aquella noche aguijoneaba las cuencas de los ojos
expulsaban su líquido tras los pinchazos
lloraba de su cigarrillo
y no conseguía ver más allá del cuarto traste
tan solo podía imaginar los campos trigados de Nueva Orleans
la vista de la imaginación
era una bonita muleta de apoyo
más que bonita necesaria aquella noche...
también clavaba sobre el suelo demasiado mullido
pero la ceguera a la que se encontraba sometido
era más que necesaria para un encuentro con su pasado
que hacía tiempo tenía olvidado
los cantos en las mañanas húmedas de sudor
el trabajo incesante acompañado por el hilo
canturreado que ahora los grandes almacenes ponían en sus ascensores
cuando decidió dejar las calidas mañanas soleadas de nueva orleans por las noches frías y oscuras de los bares neoyorquinos todo parecía más facil...
a simple vista de ciego
pero el corazón le hacía dudar
mas ya no había vuelta atrás
el estuche le acompañaría ya todas las noches de casa al bar
a veces parecía resultar el humo como aquella frágil partitura que emanaba libre de las boquillas de los instrumentos sin que nadie pudiese cazarla al aire con las manos para conservarla... el oído pedía más una relación a una guapa brasileña de Copacabana que un deleite festivo de un conjunto de color en un escenario no muy alto
ese no era su hogar, y esa no era la música que necesitaba tocar. Él quería ser más que el músico que alegra a los transeúntes matutinos, él tenía una historia que contar, y eso es a lo que vino de Nueva Orleans...
pero prefería encontrarse acompañado en las noches que caliente por las mañanas
tale ra su extraña costumbre
había adoptado a una niña que vagaba por las calles a esas horas
no estaba dispuesto a ejercer de santo de la bondad más noches
la niña dormía en el camerino
era la única que apreciaba su música que la sumergía en una tranquilidad para concebir el sueño
tarareaba con el instrumento: -ola-que-cosa-má-linda-llena-de-grasia
mientras a unos los despejaba en largas horas de fiesta con aquellas composiciones, más que de jazz de música brasileña; a la niña, ahogada en lamentos y penas de su blues la mecía hasta el más profundo de los sueños...
Al terminar todas las noches la función, metía a la niña en el estuche y arrastraba la guitarra por la acera
el estuche poseía un acolchado de extraordinario confort para los que se podían permitir aquel tamaño
y la guitarra no era tan preciada como para privar a la niña de su comodidad...
por ello la música se gastaba cada día hasta que aquel primero de mes comprendió que las cuerdas no podían sostenerse sobre nada
que había más guitarra en la acera, del bar a su casa, que en aquella melodía, que ahora tocaba, y que ya sólo era mástil sobre lo que las cuerdas bailaban...
pero entonces ¡sucedió algo maravilloso! la niña comenzó a cantar lo que el instrumento no podía
y entonces la guitarra dejó paso a una brillante cantante de jazz-soul y lo que se prestara
una gran vos en aquel pequeño cuerpo, que no ocupaba más de lo que un día fué su guitarra
¡grandioso! Un portento, un milagro de caja torácica, para un luthier impensable en un humano

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