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EL LOCO CASAGEMAS

>> viernes, 3 de abril de 2009

Apareció como un ciego de la mano de un lazarillo. Buscaba culines de tercios de cerveza al sol que aprovechar. Se paseó de la mano por toda la terraza del jardín de la Facultad de Bellas Artes. Iba con descuido de poncho y barba sin peinar. La chica que le mostró el camino se encontraba en las mismas condiciones mentales que el sujeto. Algunos todavía se atreven a afirmar que se trataba de bipolaridad. El caso es que allí estaba, como aquel que retrató Picasso en su etapa barcelonesa. Sonreía, eso sí. Trataba a cualquiera que se cruzara en su camino con nivel bilingüe, a nadie discriminaba. Medía por el mismo rasero a trabajadores y a holgazanes y comparaba los zapatos de charol de unos con sus pies negros. A una le propuso indecencias y salió corriendo. Él no dudó en seguirla: sería un caso difícil pero no imposible. Él creía merecer respeto y golpeó la mesa de información más de una vez. Los desaguisados deberían resolverse para un hombre de su talla. La respuesta fue bien distinta. El que ejercía en funciones no solo le pidió disculpas por el mal recibimiento sino que amenazó con llamar a seguridad. La cosa se resolvió rápidamente: se esperó al mediodía en la abarrotada cafetería. Los azulejos de las paredes podían morderse de la grasa que atestiguaba tantos años de docencia y estudiantes bien alimentados. Las mesas lucían gazpachos aguados que habían perdido el tono naranja. Él había reunido todo un menú de lo más variopinto en una de las mesas: tappers desechados en su último uso, platos que la gente poco civilizada solía dejar por los poyetes de las ventanas de todos pisos, junto a las taquillas… en fin, que el menú del día no le parecía suficiente. Al tiempo aparecieron dos señores bien uniformados que asustaban más que las mal llamadas por una miniserie “mujeres de blanco”. Él gritó como el último jacobino que no pertenecía a nadie cuando le dieron a entender que “el aire estaba muy viciado allí y que un paseo turístico hasta el doce de Octubre no le vendría mal”. Salió corriendo en una gincana como ha habido pocas. Llegó hasta el césped y allí anduvo sorteando a los fornidos hombres durante unos quince minutos. Faltaba la música de Benny Hill. Al final desapareció de nuestras vidas al igual que su compañero que creo yo hizo mejor en ingresarse por su cuenta (mas vale coger las cosas a tiempo). La última vez que me dijo algo esta, se encontraba envolviéndome la cabeza con un rollo de papel higiénico sobre el que había realizado el trabajo final de dibujo natural. Me dijo, una vez me hizo el turbante, que debía salir tras de ella diciendo que “éramos Marilyn y Kennedy”. Yo la dije que fuera saliéndose si eso mientras yo me preparaba para aquel momento irrepetible que nunca se daría. Pensé desde aquel día que no estaría de más el pensar menos: el ser menos. Por ello, cuando supe de su amigo solo pude mirarlo con una sonrisa complaciente: en la Facultad había realmente Tarados de tara y no de Barcelona Gótica que invita a soñar. Nunca olvidaré aquellos días en que lamenté no haber traído libreta sobre la que apuntar los gestos de aquel tipo.

3 – 4 - 09

1 comentarios:

estebender 10 de abril de 2009, 7:10  

Perdona mi discrepancia. Últimamente soy un "discrepante". Que sería la nueva versión de los clásicos "replicantes". Un chiste muy malo... aunque ya sabes, dalí, que nunca está de más echarse a pensar de menos... cuánto menos te eches, mejor, dalí, que en la acedia se ve y vive poco, aciagos destinos...
Revisión de clásicos.. reversión de clásicos, subversión y largo etcétera:
Me parece muy mal tu manifiesta falta de sutileza y buenas maneras. Me decepciona profundamente que (cinéfilos que somos) pienses en la música de Benny Hill... bajeza donde las haya... y no en las similitudes con las "escenas puerta" de Lubistch, con los bailes absurdos (muy Lubistch) de Billy Wilder en 'Con faldas y a lo loco', película donde las haya.
¿No ves las bañistas de Sennett muy ironicamente en aquellos baños Marilyn-Lemmon... o reminiscencias Antonioni en aquella película de las amigas...?
¿Acaso no ves (como veía Truffaut) una fuerza horrible de puritanismo agobiante estilo Murnau en la escena de la caseta de los campesinos de '39 Escalones'?


Todo es broma.

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