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Autorretrato (al estilo de Iván Zulueta)

>> miércoles, 13 de mayo de 2009


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En la exposición de Juan Muñoz del Reina Sofía

>> lunes, 11 de mayo de 2009




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LA INQUIETUD DEL SILENCIO ( ensayo sobre Juan Muñoz)

No, si ya había tenido buen ojo yo cuando en primero de carrera se me ocurrió dirigir el trabajo de final de curso al estudio de este “artista plástico”. Y lo digo con comillas porque, estoy seguro de que haciendo un porcentaje total de sus obras, acaban ganando las esculturas frente a las instalaciones, los dibujos, las pinturas y las grabaciones. No obstante, en el trabajo que realicé conjuntamente con dos compañeros de clase se utilizó ese medio distorsionador que resulta de la mezcolanza oscuridad-imágenes en cadena-música inquietante (la naranja mecánica, el único momento de la banda sonora en que no se utiliza la música clásica). Juan Muñoz ha sido hasta hoy la promesa española, la que más alto ha apuntado, la que más frentes ha investigado, la promesa malograda en unos años de vida realmente injustos para abandonarnos, unos años en los que alcanzó su mayor esplendor en la exposición de la Sala de las Turbinas de la Tate. Recorriendo hoy el Reina Sofía en busca de su encuentro he podido experimentar lo que tan solo podía intuir en las mejores crónicas de la época que lo reseñaban: rodearme de conversaciones silenciosas entre chinos aparentemente iguales entre ellos (dirían seguramente lo mismo de nosotros), con sus extremidades atrofiadas pero siempre con esa sonrisa enigmática en los labios. Ir de un grupo a otro, todos iguales y distintos a la vez ¡ni uno se repetía en su actitud! Luego, subir a las plantas que hasta el momento habían resultado inaccesibles en el museo y ver a los que yo bautizo como “tentetiesos”, una primera idea de estos chinos. Algún extranjero había de los de bañador por pantalones y camiseta del Che como promesa comercial que se abrazaban a estos simpáticos seres terminados en boliche que se fotografiaban poniéndoles gorras de visera en sus cabezas, que golpeaban su estructura para escuchar el metal y comprobar que ¡oh, no era tejido lo que el escultor tan bien simulaba! Continuamos por las estancias blancas, veo a un enanito subido a un podio observando desde una de las ventanas aquel jardín huérfano de Richard Serra todavía. Veo personajes apoyados sobre paredes, uno mascullando con su boca palabras ininteligibles, la proyección de su sombra, de las sombras ¡importante! ¿Qué más, qué más? ¡Ah sí, cortinas que son cartones dados de sí de tanto transporte por exposiciones. Una habitación diminuta donde una voz pretendía hacerse oír por los altavoces y que los espectadores la reprimían hablando un tono muy por encima con frases como “¡Huy que conseguido!”, “este Juan Muñoz era un pillastre” y tal. Me ha gustado, me ha gustado mucho, sinceramente. Continúo apreciando los suelos de tridimensionalidad, el vacío al que somete a sus personajes, sobre todo, recalcándolo, las conversaciones ausentes (aunque sean sobre sillas que sometan a los personajes a un vértigo MUY intencionado…) Yo creo que, más que conversaciones inaudibles lo que funciona es el ambiente de confidencialidad pública que nos demuestran sus personajes, tú entrando, entrometiéndote, temiendo que de repente se giren y te digan algo… No sé, parece que hablo como el típico espectador al que el artista quiere Y PUEDE atrapar en sus redes, pero esa es la gracia, que me inmiscuyo porque me siento dentro de la obra y me afecta, el autor consigue lo que se propone, es un resultado perfecto.
Con Alberto Iglesias en el sonido de la radio, algo todavía más inquietante (pues los oyentes solo tienen eso, el oído) y, después, la neurisma tan prematura. Juan Muñoz, trabajador incansable, productor inagotable, venga aquí mi homenaje.
Juan Muñoz, IN MEMORIAM.

11 – 5 – 09

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LOS FRAUDES MÁS BONITOS

>> domingo, 10 de mayo de 2009

En El Criticón encontré una reseña sobre la película Sed de Mal en la que se incluía un comentario que a todas luces se me había escapado como detalle del film. Se sugería que había un cierto parecido con otra película en la que la misma Janet Leigh acababa en un motel perdido de la mano de Dios en mitad del desierto con un dueño que precisamente no se encontraba en plena posesión de sus facultades mentales. Terminaba afirmando que podría tratarse de un homenaje a “otro director aquejado de sobrepeso al igual que Welles” de no ser porque esta película era anterior a PSICOSIS. Dejar hasta el último momento el suspense en teorías tan aparentemente bien conjeturadas nos aproxima a la película “Fraude” de Welles donde se nos promete la verdad y solamente la verdad durante una hora. ¿Olvidamos que el metraje excede de los sesenta minutos? ¿Qué hace en el resto Orson Welles? Trucos de magia como buen prestidigitador (Mister Arkadin). A veces uno siente los ecos de documentales como el de “Operación Luna”. De todas formas, de este documental yo me quedaría con el momento “Catedral de Chartres” donde se alude al momento histórico en el que el hombre anónimo trabajaba solo para la gloria de Dios sin buscar más reconocimiento, cuando el trabajo se asalariaba por días y no por resultados finales. Así con esto prefiero ser engañado sutilmente con falsas réplicas que sirvan de enmienda al mundo del arte más allá de la propia venganza hacia los expertos y marchantes. Imaginemos que han sido borrados del mapa, que la vida se concibe como placer sensorial. Entonces sí sería lícito la labor de reconstrucción. Imaginemos la Casa Trinxet levantada nuevamente como resurgimiento del modernismo catalán o, la deuda histórica contraída con Klimt: Supongamos que obras clave como “La Medicina” se reelaborasen de nuevo por estos pillastres del plagio, de la falsificación. Imaginemos que un día nos levantamos con la noticia de que “tantos cuadros que se consideraban perdidos han aparecido misteriosamente en la colección particular de alguien que ha fallecido”. En mi opinión, el fraude legal no ser una utopía. Sería como si los graffiteros rehusaran de su clandestinidad, nocturnidad y alevosía y se entregaran obedientemente a ciertos encargos que la sociedad les tendiese como tratado de paz. Esto sé que puede molestar a muchos, pero de verdad, piensen que solo se trata de una comparación quizás cogida por pinzas. ¿Qué ya hay ejemplos de esto? ¡Indudablemente! Pero de restauradores que trabajan íntegramente sin ningún apoyo, esto es, creadores de ilusiones, paridores de una realidad paralela… Esto resultaría interesante e incluso gratificante, una restitución si no completa atractiva, como aquellas cajitas de juguete que hablan de bailarinas encerradas en su propia música y condenadas a girar sobre uno de sus pies cada vez que se abra la tapita que las encierra.

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Deseo Nº 0

>> jueves, 7 de mayo de 2009

Nuestro baile de salón en la cocina
Sentir los pies descalzos
Que tú me quieras sin importar quien seas
Que no sea yo quien acaricie el cabello de mi nuca
Escuchar un menor silencio
Era besarte y llenarme los labios de acrílico
Eres un amor sin cabeza
Eres lo que desearía enfermo de una noche
Eres… eso solamente
Y por ello me avergüenzo
Y aún así, como un niño, pido tus caricias.

7 – 5 – 09

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ORTEGA desde la ironía de LUIS MARTÍN SANTOS

>> miércoles, 6 de mayo de 2009

Me he permitido transcribir completo el fragmento de la conferencia de Ortega vista a los ojos de Luis Martin-Santos, abogador del marxismo y del existencialismo, que piensa que filosofías como las de Ortega se encuentran anacrónicas. La ironía es sutil, mordaz, inteligente. Reserva al público casi como en la “Divina Comedia” dispuestos a escucharle, porque estaba bien visto por la derecha y porque para los de izquierdas era “guay”. ¿Qué se puede esperar de alguien que se rebaja a escribir “filosóficamente” en periódicos como “El Sol”? Aquí está la respuesta.
Siempre se dijo que se adelantó a las teorías de Heidegger pero, aún así, se le condenó a las salas donde el maestro no se dedicaba a plagiarle, es decir, en los suburbios de la cultura germana.
A ver qué les parece.


Pero ya el gran maestro aparecía y el universo-mundo completaba la perfección de sus esferas. Perseguido por los siseos de los bien-indignados respetuosos, los últimos petimetres se deslizaron en sus localidades extinguida la salva receptora. Los círculos del purgatorio (que como tal podemos designar a las localidades baratas, sólo en apariencia más altas que el escenario) recibieron su carga de almas rezagadas y solemne, hierático, consciente de sí mismo, dispuesto a abajarse hasta el nivel necesario, envuelto en la suma gracia, con ochenta años de idealismo europeo a sus espaldas, dotado de una metafísica original, dotado de simpatías en el gran mundo, dotado de una gran cabeza, amante de la vida, retórico, inventor de un nuevo estilo de metáfora, catador de la historia, reverenciado en las universidades alemanas de provincia, oráculo, periodista, ensayista, hablista, el-que-lo-había-dicho-ya-antes-que-Heidegger, comenzó a hablar, haciéndolo poco más o menos de este modo:
“Señoras (pausa), señores (pausa), esto (pausa) que yo tengo en mi mano (pausa) es una manzana (gran pausa). Ustedes (pausa) la están viendo (gran pausa). Yo (gran pausa) veo la misma manzana (pausa) pero desde aquí, desde donde estoy yo (pausa muy larga). La manzana que ven ustedes (pausa) es distinta (pausa), muy distinta (pausa) de la manzana que yo veo (pausa). Sin embargo (pausa), es la misma manzana (sensación)”

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TOUCH OF EVIL (Sed de Mal)

Es curioso… Las películas de Orson Welles no parecen de los años cincuenta… Ni sesenta. Están realizadas con el mimo y la frescura que exige productos de una calidad de quien apuesta por el trabajo bien hecho. No hablo del trabajo de Hollywood, que, en su aspecto, también está bien finiquitado. Hablo de quien cree en los planos de calidad perfectamente estructurados, que nadie pueda decir nada y hasta los que piensan en Moby Dick porque también sale Welles vean de otra manera historias que siempre nos han contado y así vemos siempre. En cuanto alguien se sale de madre y nos desencuadran nos sentimos incómodos. A mí me saca de mis cuadros, por ejemplo una película en la que hay luto por un mono (Sunset Boulevard) o en la que se habla de caracoles para decir “homosexualidad” (Spartacus), donde un seudónimo lleva debajo a un peligro para el comité de actividades antiamericanas. Eso me saca de quicio. Welles me saca de quicio. Welles con sus obritas caprichosas me saca de quicio. ¿Cómo alguien con tanto talento puede dejar desaprovecharse con argumentos de tan poca monta? Dicen que el protagonista de esta película es el señor Heston, o ni siquiera él: un mexicano llamado Vargas. Nada más lejos de la realidad. Welles parece hacerle un favor buscando para él una historia pero él sabe que quien luce no es este señor de gesto musculoso acostumbrado a no llevar corbata sino cintos para cuadrigas. ¿Y qué me dicen de Akim Tamiroff, el primer Dany Devito? El humor no está en que este sujeto sea el líder de una mafia sino en su peluquín. Y Marlene Dietrich que no parece ella por lo poco que aparece y lo joven que está (parece ser que la frescura de sus películas atañe también a los actores). Al que no reconocí fue a Calleia, tuve que esperar a los títulos de crédito al final para saber que era el marido de Gilda. Bueno, da lo mismo. Me gustaría poseer la “personalidad” de Welles para ejercer de tipo duro, de un House de poli malo. Qué lástima que mi atractivo me condene tan solo a los papeles de Heston.
6 – 5 – 09

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La Flor de la patata


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JOAN CRAWFORD Y BETTE DAVIS EN: “¿QUÉ FUÉ DE LOS CONVENCIONALISMOS SOCIALES?” DIRIGIDA POR ROBERT ALDRICH

>> lunes, 4 de mayo de 2009

Parece ser que la realidad supera la ficción. Todos los cinéfilos, o, siendo más concretos, amantes de Bette Davis e incluso odiosos de la Crawford conocen a ciencia cierta de prensa rosa lo que supone enfrentar a dos divas en un rodaje. De pequeños nos dijeron (y no precisamente nuestros padres) que nos fiásemos más de una rubia que de una morena. Estaban en lo cierto, el pigmento capilar es importante a la hora de formular prejuicios. En la película parece ser que a la rubia le toca ser psicópata y a la morena el blanco de las envidias de su hermana rubia. ¡Pobrecita! ¡Un mojón de tierra! Sí, pobre Joan Crawford, pobre, si solo quería ganar un Óscar y restregárselo a la otra por la cara… Si subió a recogerlo por la señora del graduado solo para darle en las narices a la Davis que finalmente quedó finalista afligida. “¡Miradme todos/as, no me eligieron como aspirante a este señor que se guarda sus partes pudendas tras una espada pero recojo el galardón por otra para centrar todas las miradas sobre mí!” La señora Bancroft se encontraba indispuesta y la otra, con cara de buena persona por teléfono, la engatusó para sustituirla y lanzar miradas de odio a la Davis (esto último no se lo prometió). En todo caso, los estereotipos son muy malos ¿o es que todavía alguien piensa que los portes de Charlton Heston y de Sophia Loren eran en realidad los de El Cid y Doña Gimena? ¿O que, como en Sed de Mal, el señor de la marabunta era mexicano? Fuentes que de buena tinta hablan porque así lo saben, afirman que lo que perseguía a Heston no eran hormigas sino putas… Y es que la tijera de la censura hizo estragos… y era muy imaginativa.
Bueno, pues eso, que nadie me toque las bolingas en el cine y en la última escena de “Muerte de un ciclista” grite detrás de mí, en la butaca de atrás: “¡Aiba que se mata!” ¿Quién se mata, por el amor de dios? Qué ganas de anticipar, de dar que hablar al cerebro.
Yo por si acaso me sigo enamorando de las rubias para casarme después con sus amigas las morenas, las que parecen que no están pero le van a uno llenando la mollera día tras día de sus cositas hasta que de pronto salto y digo “pero si esta persona es interesante, aparte de morena”. Nada, nada, la Hayworth se tenía porque en realidad era Margarita Cansino ¡y a los españoles nos gustan las morenas! ¿Vale? ¡Olé – olé, viva el Cordobés!

4 – 5 – 09

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Death of a cyclist

>> domingo, 3 de mayo de 2009


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MUERTE DE UN CICLISTA (1955), O LA CONCIENCIA EN EL CINE DE JUAN ANTONIO BARDEM



Rescato las palabras de Bardem en las conferencias de Salamanca sobre cine:
"El cine español es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico".
Bardem no fue de los afortunados. Apostó su ilusión y perdió la paciencia. Ante la imposibilidad de realizar un cine en el que él creía, no solo no abandonó España para probar suerte en otros lugares sino que continuó haciendo cine aquí, en mi opinión, desengañado. Una buena colección de películas de dudosa calidad salieron a flote de su mano en los años siguientes. Ni siquiera cuando pudo retomar su propósito, ante el cambio de situación política, pudo remontar. Esto es algo que nunca he podido comprender, como tampoco el que realizase un par de Films con Berlanga, siendo caracteres tan diferentes el de uno y el de otro. El drama social frente a la comedia crítica.
Cuando ví “Calle Mayor” hará lo menos cinco años, ya barruntaba algo de lo que hoy he podido ver, por primera vez, en una de las cintas de esta época feliz -entre comillas- Bardemiana. He recordado esa fotografía arquitectónica de vacío, menos devastadora que la que acuñó el Neorrealismo aunque impregnada de otro drama social bien parecido. La aparición de Lucía Bosé en una coproducción de estas características nos aproxima, en cierta medida, a Antonioni y al país en forma de bota (el nuestro es un cabezón de perfil, no sé quién es el que sale ganando más). Bardem nunca renegó de las concepciones cinematográficas italianas que mantenían todavía frescas su boom, pero era a la vez un admirador de la industria americana (aquí no hay contradicción ideológica sino enriquecimiento profesional, a mi juicio).
“La conciencia”, sentimiento que puede encontrarse íntimamente ligado a la religión cristiana con asuntos como el asesinato o la infidelidad es en este caso de relevante importancia pues atañe al protagonista del film en un sentido más amplio. La toma de conciencia, clave del comunismo que se defendía en aquellos años, es utilizado por Bardem -de ideología clara aunque tan solo con posibilidades de ser sospechosa en este país- para iluminar (de nuevo, relación con el cristianismo) al protagonista y reconducirle en una nueva vida que no llega a ser enmendada (pues, en realidad, son otros los que le enmiendan la plana a él).
¿Es posible esta conversión tan violenta en la realidad? Digamos que no, que tan solo resulta imposible como ejemplo aleccionador, como enseñanza de parábola de clase teórica. La realidad es bastante distinta y se dirige más hacia el lado de la protagonista, que representa la represión de la buena actuación. De simbología podemos hablar en escenas como la del grupo de ciclistas que pasan junto a Juan (Alberto Closas) cuando este abandona las corralas. Se trata de remarcar, pues, ese sentido casi de mortificación de la sensación de culpa (otra concepción cristiana). Arquetipos que resultan fáciles de entender, como son los de la sociedad opulenta que oculta esa otra cara de la moneda, molesta para ese país tan ejemplar. Siempre la guerra, un recuerdo también incómodo que no consiguió eliminar aquello por lo que fue concebida.
Bardem utilizó la idea de “toma de conciencia” con mayor libertad ideológica en “El puente” (1977), donde se ve más claramente esa especie de cambio en la identidad del personaje al utilizarse como metáfora un viaje en motocicleta.

Cabe destacar, en la parte técnica, un aprovechando al máximo del poder poético del blanco y negro en planos absolutamente expresionistas, envueltos como en una especie de neblina. Ese regodeo positivo en la imagen, en la creencia de la transmisión primitiva obviando otro tipo de comunicación (recordemos la escena de la fiesta flamenca sin palabras) incluso dejando a la contemplación todo el peso, creando bruscos cambios de escena perfectamente planeados -las escenas de Juan sufriendo remordimientos en la habitación de su casa hilvanadas con las del dormitorio de María José (Lucía Bosé) y Miguel (Otello Toso) donde ella le propone frívolamente a él cambiar de aires; o la cara seria del marido como interposición entre los amantes de la escena anterior-.
La película se comienza y termina (trabajo de Luis Fernando de Igoa, de quien parte el argumento) con la figura del ciclista de forma magistral, como corresponde a una historia perfectamente cerrada y redonda. La diferencia del primer ciclista que muere al segundo que escapa es que del primero desconocemos el rostro. Es una víctima anónima, mientras que la segunda conocida (papel desempeñado por al actor Manuel Alexandre) es cobarde. El desconocimiento de la primera es necesario, pues el problema que ella misma plantea debe calar en cada persona del público, resultando casi un individuo universal. No destrozo nada diciendo que este muere (viene en el título) mientras que parece que el segundo se venga y actúa de la misma forma que condenamos respecto a lo que se hace contra el primero. Ahí está la pregunta: “¿Habría hecho él lo mismo?”

Sésil Démil 3 – 5 - 09

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Extracto de mi última novela "El Punto sobre la I o Luzbel"

- Vosotros que ya no hacéis el servicio militar os vais amedrentando y ya os cuesta hasta sacaros el carnet de conducir… ¡Qué vergüenza!
Regresaron andando hasta la casa. Para Jacinto el no haberle dado la gana sacarse el carnet de conducir era casi como una minusvalía, algo que debería pagar para el resto de sus días, su asignatura pendiente. Y, encima, su mujer haciéndolo todavía más sangrante.

Cuando entraron por la puerta, se dieron cuenta de que olían asquerosamente a flores (si es que esto puede ser posible). Al final de la noche hubo canto y baile: Don Pedrín consiguió, mediante un juego de holograma, que todo el que quisiese pudiese hacer duetos con Frank Sinatra. Tan solo había que proyectarlo sobre la oscuridad del cortinaje en el teatro improvisado.
- ¡De entre Dean Martin y Bing Crosby, el que mejor recordamos fue Frank Sinatra, de eso no hay duda!
- ¡Claro, porque fue el último que quedó, el que más aguantó! Además hacía trampa, parecía fabricante de morcillas: cantaba a trozos porque no tenía chorro de voz y la música era la que le complementaba hacia el éxtasis…
- Bueno basta, los dos estamos de acuerdo con o sin añadiduras…

Después de desprenderse del asqueroso olor dejando el abrigo en el salón donde su mujer dejaba su aroma de colillas mal apagadas, fue al baño a lavarse los dientes. Tardó como veinte minutos porque es muy difícil trabajar la dentadura postiza cuando está puesta. Este era un hombre que quería pensar que todavía conservaba todas sus piezas y en su encanto particular no rehusaba nada. Luego podría leer diez minutos menos de lo previsto ¡no sé por qué había tardado tanto! Se puso el cronómetro reduciendo la cifra habitual y se dejó caer como pluma (algo mojada, eso sí) sobre la cama. En la mesilla se encontró la broma: “El Manual de Arias Paz” en lugar de “Werther” de Goethe y “Guerra y Paz” .
- ¡Yo te mato! ¡Sinvergüenza!

Entonces comenzó a recordar el argumento de “Bohemios”, aquella malograda zarzuela. ¡Era una obra dentro de otra obra! Y esa otra obra ¡qué nombre tan precioso tenía! “Luzbel”. Él en cierta forma se sentía así desde que “secuestró” a medias a su mujer de su vocación religiosa. ¿Quién se creía él para irrumpir sobre los designios del Señor? ¡Ja-ja-ja! Se reía casi tenebrosamente, era una risa que parecía untada sobre rebanada. Por lo bajo y melosa, sin fin o un final ahogado.

ROBERTO (Tocando y cantando.)
Mudos testigos
de mis amores
son estas flores
de tu jardín.
(Cesa de tocar.)
¡Esto es!... ¡Por fin!
Mejor la frase
resulta así.
Tiene la idea
más expresión.
Y ahora la tiple
dice al tenor...
(Tocando y cantando.)
Amor es gloria,
amor es vida,
el cielo envidie
nuestra pasión.
Todo en la tierra
respira amores,
cantemos juntos
himnos de amor.
(Cesa de tocar.)
¡Amor! ¡Amor!
Bien va...
ya está...
Y esto se enlaza
con el final.
(Tocando y cantando otra vez)
Y el bosque amores canta
y amores canta el río,
y tierra y cielo entonan
la estrofa del amor.
(Se queda pensativo sobre el clave.)

Ya llegaba la fumadora empedernida. Tosía, como es natural. Continuó su parte:


COSSETTE La niña de ojos azules,
de ojos azules y bellos,
la de los rubios cabellos
qué bella está.
(Saliendo y cerrando la puerta .)
cuando recoge su falda
soñando con sus amores
las flores de mil colores
que el campo da.

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Fantasmagoría

>> sábado, 2 de mayo de 2009

El pequeño Joaquín se miraba todos los días al espejo. Necesitaba saber si estaba perdiendo la visibilidad. “¡Yo no quiero, yo respeto mi cuerpo, no quiero hacer nada malo con ello!” Por entonces los curas del colegio se encontraban en pleno apogeo de doctrina. Se acercaban a los niños por los pasillos y les señalaban con el dedo trisilabeando “¡pecador!” y otras cosas. “Si mi madre me tuvo no fue por los medios que otros consiguen los hijos… ¡Mi madre es decente!” Y luego, en el confesionario “¿Tú no sabes que lo que te sale por ahí es el diablo?” le decía el padre Perugenete al que apodaban cariñosamente “Porelojete”. Él entonces se reafirmaba: “¡Por eso le expulso, padre, por eso le expulso cuatro veces por semana!” En el gimnasio les hacían meterse la ropa por dentro con una regla, para no padecer tocamientos impuros. La situación era insostenible. Joaquín no quería perder la visibilidad y se miraba todos los días en el espejo del almacén de casa, un espejo unido a la puerta del armario de la ropa en desuso. La madre, al verlo siempre ocupado por el chaval que llegaba a realizar la operación tres veces diarias, optó por obviar aquella habitación a la hora de los trabajos de aseo matutino. Eso resultó peor, aunque ella de esto no sabía nada: El espejo fue ganando en roña y Joaquín veía su figura cada vez más disoluta. “¿Por qué?” se castigaba constantemente “¿por qué?”.
2 – 5 - 09

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