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Extracto de mi última novela "El Punto sobre la I o Luzbel"

>> domingo, 3 de mayo de 2009

- Vosotros que ya no hacéis el servicio militar os vais amedrentando y ya os cuesta hasta sacaros el carnet de conducir… ¡Qué vergüenza!
Regresaron andando hasta la casa. Para Jacinto el no haberle dado la gana sacarse el carnet de conducir era casi como una minusvalía, algo que debería pagar para el resto de sus días, su asignatura pendiente. Y, encima, su mujer haciéndolo todavía más sangrante.

Cuando entraron por la puerta, se dieron cuenta de que olían asquerosamente a flores (si es que esto puede ser posible). Al final de la noche hubo canto y baile: Don Pedrín consiguió, mediante un juego de holograma, que todo el que quisiese pudiese hacer duetos con Frank Sinatra. Tan solo había que proyectarlo sobre la oscuridad del cortinaje en el teatro improvisado.
- ¡De entre Dean Martin y Bing Crosby, el que mejor recordamos fue Frank Sinatra, de eso no hay duda!
- ¡Claro, porque fue el último que quedó, el que más aguantó! Además hacía trampa, parecía fabricante de morcillas: cantaba a trozos porque no tenía chorro de voz y la música era la que le complementaba hacia el éxtasis…
- Bueno basta, los dos estamos de acuerdo con o sin añadiduras…

Después de desprenderse del asqueroso olor dejando el abrigo en el salón donde su mujer dejaba su aroma de colillas mal apagadas, fue al baño a lavarse los dientes. Tardó como veinte minutos porque es muy difícil trabajar la dentadura postiza cuando está puesta. Este era un hombre que quería pensar que todavía conservaba todas sus piezas y en su encanto particular no rehusaba nada. Luego podría leer diez minutos menos de lo previsto ¡no sé por qué había tardado tanto! Se puso el cronómetro reduciendo la cifra habitual y se dejó caer como pluma (algo mojada, eso sí) sobre la cama. En la mesilla se encontró la broma: “El Manual de Arias Paz” en lugar de “Werther” de Goethe y “Guerra y Paz” .
- ¡Yo te mato! ¡Sinvergüenza!

Entonces comenzó a recordar el argumento de “Bohemios”, aquella malograda zarzuela. ¡Era una obra dentro de otra obra! Y esa otra obra ¡qué nombre tan precioso tenía! “Luzbel”. Él en cierta forma se sentía así desde que “secuestró” a medias a su mujer de su vocación religiosa. ¿Quién se creía él para irrumpir sobre los designios del Señor? ¡Ja-ja-ja! Se reía casi tenebrosamente, era una risa que parecía untada sobre rebanada. Por lo bajo y melosa, sin fin o un final ahogado.

ROBERTO (Tocando y cantando.)
Mudos testigos
de mis amores
son estas flores
de tu jardín.
(Cesa de tocar.)
¡Esto es!... ¡Por fin!
Mejor la frase
resulta así.
Tiene la idea
más expresión.
Y ahora la tiple
dice al tenor...
(Tocando y cantando.)
Amor es gloria,
amor es vida,
el cielo envidie
nuestra pasión.
Todo en la tierra
respira amores,
cantemos juntos
himnos de amor.
(Cesa de tocar.)
¡Amor! ¡Amor!
Bien va...
ya está...
Y esto se enlaza
con el final.
(Tocando y cantando otra vez)
Y el bosque amores canta
y amores canta el río,
y tierra y cielo entonan
la estrofa del amor.
(Se queda pensativo sobre el clave.)

Ya llegaba la fumadora empedernida. Tosía, como es natural. Continuó su parte:


COSSETTE La niña de ojos azules,
de ojos azules y bellos,
la de los rubios cabellos
qué bella está.
(Saliendo y cerrando la puerta .)
cuando recoge su falda
soñando con sus amores
las flores de mil colores
que el campo da.

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