Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

MUERTE DE UN CICLISTA (1955), O LA CONCIENCIA EN EL CINE DE JUAN ANTONIO BARDEM

>> domingo, 3 de mayo de 2009



Rescato las palabras de Bardem en las conferencias de Salamanca sobre cine:
"El cine español es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico".
Bardem no fue de los afortunados. Apostó su ilusión y perdió la paciencia. Ante la imposibilidad de realizar un cine en el que él creía, no solo no abandonó España para probar suerte en otros lugares sino que continuó haciendo cine aquí, en mi opinión, desengañado. Una buena colección de películas de dudosa calidad salieron a flote de su mano en los años siguientes. Ni siquiera cuando pudo retomar su propósito, ante el cambio de situación política, pudo remontar. Esto es algo que nunca he podido comprender, como tampoco el que realizase un par de Films con Berlanga, siendo caracteres tan diferentes el de uno y el de otro. El drama social frente a la comedia crítica.
Cuando ví “Calle Mayor” hará lo menos cinco años, ya barruntaba algo de lo que hoy he podido ver, por primera vez, en una de las cintas de esta época feliz -entre comillas- Bardemiana. He recordado esa fotografía arquitectónica de vacío, menos devastadora que la que acuñó el Neorrealismo aunque impregnada de otro drama social bien parecido. La aparición de Lucía Bosé en una coproducción de estas características nos aproxima, en cierta medida, a Antonioni y al país en forma de bota (el nuestro es un cabezón de perfil, no sé quién es el que sale ganando más). Bardem nunca renegó de las concepciones cinematográficas italianas que mantenían todavía frescas su boom, pero era a la vez un admirador de la industria americana (aquí no hay contradicción ideológica sino enriquecimiento profesional, a mi juicio).
“La conciencia”, sentimiento que puede encontrarse íntimamente ligado a la religión cristiana con asuntos como el asesinato o la infidelidad es en este caso de relevante importancia pues atañe al protagonista del film en un sentido más amplio. La toma de conciencia, clave del comunismo que se defendía en aquellos años, es utilizado por Bardem -de ideología clara aunque tan solo con posibilidades de ser sospechosa en este país- para iluminar (de nuevo, relación con el cristianismo) al protagonista y reconducirle en una nueva vida que no llega a ser enmendada (pues, en realidad, son otros los que le enmiendan la plana a él).
¿Es posible esta conversión tan violenta en la realidad? Digamos que no, que tan solo resulta imposible como ejemplo aleccionador, como enseñanza de parábola de clase teórica. La realidad es bastante distinta y se dirige más hacia el lado de la protagonista, que representa la represión de la buena actuación. De simbología podemos hablar en escenas como la del grupo de ciclistas que pasan junto a Juan (Alberto Closas) cuando este abandona las corralas. Se trata de remarcar, pues, ese sentido casi de mortificación de la sensación de culpa (otra concepción cristiana). Arquetipos que resultan fáciles de entender, como son los de la sociedad opulenta que oculta esa otra cara de la moneda, molesta para ese país tan ejemplar. Siempre la guerra, un recuerdo también incómodo que no consiguió eliminar aquello por lo que fue concebida.
Bardem utilizó la idea de “toma de conciencia” con mayor libertad ideológica en “El puente” (1977), donde se ve más claramente esa especie de cambio en la identidad del personaje al utilizarse como metáfora un viaje en motocicleta.

Cabe destacar, en la parte técnica, un aprovechando al máximo del poder poético del blanco y negro en planos absolutamente expresionistas, envueltos como en una especie de neblina. Ese regodeo positivo en la imagen, en la creencia de la transmisión primitiva obviando otro tipo de comunicación (recordemos la escena de la fiesta flamenca sin palabras) incluso dejando a la contemplación todo el peso, creando bruscos cambios de escena perfectamente planeados -las escenas de Juan sufriendo remordimientos en la habitación de su casa hilvanadas con las del dormitorio de María José (Lucía Bosé) y Miguel (Otello Toso) donde ella le propone frívolamente a él cambiar de aires; o la cara seria del marido como interposición entre los amantes de la escena anterior-.
La película se comienza y termina (trabajo de Luis Fernando de Igoa, de quien parte el argumento) con la figura del ciclista de forma magistral, como corresponde a una historia perfectamente cerrada y redonda. La diferencia del primer ciclista que muere al segundo que escapa es que del primero desconocemos el rostro. Es una víctima anónima, mientras que la segunda conocida (papel desempeñado por al actor Manuel Alexandre) es cobarde. El desconocimiento de la primera es necesario, pues el problema que ella misma plantea debe calar en cada persona del público, resultando casi un individuo universal. No destrozo nada diciendo que este muere (viene en el título) mientras que parece que el segundo se venga y actúa de la misma forma que condenamos respecto a lo que se hace contra el primero. Ahí está la pregunta: “¿Habría hecho él lo mismo?”

Sésil Démil 3 – 5 - 09

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP