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2001: UNA ODISEA EN EL ESPACIO

>> lunes, 29 de junio de 2009

Quizás a muchos les gustaría que el título fuese un poco más original y malvado, algo así como: “2001, una porquería espacial”. Yo aceptaría esta nueva visión tan particular y cariñosa si la intención me sugiriese algo como flotante, fuera de nuestras barreras, que todavía pulula por ahí sin encontrar un sitio concreto en la sociedad. Creo que ya estamos en el 2009 y debería de haber hecho no solo un hueco entre nosotros sino un foso, como el que ocupa ese todavía más sospechoso residuo de la película. Claro, tenemos un problema con el cine de cierta generación: se traga sin digerir, esto es: se vio por moda, porque era de lo que se hablaba y me temo que no se estaba preparado. Un profesor de la Facultad se refería a este título tan emblemático en los siguientes términos: “Quien dijo en su tiempo de ella maravillas, adjetivos abstractos que no pasaban de ahí, es que no había llegado a entenderla y se limitaba a imitar la opinión general” que procedía de bocas desconocidas para la gente humilde del barrio de Ibiza o de Cuatro Caminos, lo mismo es. Mi madre siempre me dice: “me alegro de que hayas sabido sacar la gracia a tal película, porque lo que es yo…” El caso de mi madre es muy particular. Si le pregunto por “La naranja mecánica” demuestra cierta amnesia o memoria selectiva mejor dicho. Me habla de unos chavales muy malos pero no recuerda la otra cara de la historia, su segunda parte. “Tú estás en edad, yo ya no aguanto ciertas cosas y prefiero ver la programación de sobremesa”. El análisis de mi madre a veces resulta preocupante: Vamos a una película más reciente, por ejemplo “Eduardo manostijeras”. Todavía no me explico qué hacía mi madre viendo tal película pero se que la vio. De ella dice que era “surrealista” (a todo lo raro o que no comprende lo califica como tal) y ¡ni se acuerda del científico! (si Price levantara la cabeza, su mejor papel y la gente solo recuerda a Depp sin saber que era él en aquella época). Bueno, pues con 2001 la gente que no presume precisamente de cierta tolerancia casi heroica con el cine la define como “infumable”. Bueno, yo la he visto con esta premisa ya en la cabeza, yo la he digerido a altas horas de la noche y después de acabar de haber visto otra. Con todas estas trabas me ha parecido sin embargo no solo tolerable sino incluso comprensible. Ahora, lo de la frasecita de Kubrick de que “es la demostración de Dios” no lo veo ya tan claro. Estoy acostumbrado a intentar interpretar sin pasarme de listo y tratar la imagen como fotografía. Siempre salgo ganando incluso aunque esté convencido de algo erróneo. Al menos no soy de esos que ve a Lorca por todas partes en el perro andaluz (y ojo, no digo que esté), pero veo arte, trato de encontrar apreciaciones que me hagan más valioso el viaje (y entretenido, por qué no). Creo que de la parte intermedia nadie puede decir que sea difícil de seguir al menos. No he leído la novela todavía pero imagino que será esta la más sencilla de seguir (el libro se escribió paralelamente ya que el autor colaboró en el guión, a su vez basado en una novela breve anterior titulada “El centinela”). Como dijo un amigo mío con la última imagen que cierra la cinta “puede decirse de Kubrick que es un gran maestro o que ha cometido una gran cagada”. Bueno, realmente la película es calificada como de ciencia ficción, pero yo la considero totalmente heterogénea en sus partes y de una gran maestría a la hora de enfrentarse a las leyes de la gravedad con la cámara, que es al fin nuestro ojo y es tan engañada como nosotros. Pierdo la noción del espacio, recuerdo los planos, las secciones, los cuatro cuadrantes de esa horrible asignatura que todavía me persigue y que, por mucho que se le cambia de nombre, nunca recuperará la dignidad perdida. Dibujo técnico o sistema de análisis geométrico es el mismo perro con distinto hueso. Lo que quiero decir es que el desafío a las leyes científicas se encuentra en la película y no una invasión de guerreros tóxicos. Nosotros somos los extraños con nuestras máquinas y trajes para viajar al extranjero sin oxígeno. Creo que ese robot con vida propia no es nada del otro mundo, pues con Frankenstein ya se nos demostró ese juego del hombre como dios que le da la patada finalmente. Los escenarios crepusculares harían las delicias de Gabriel Figueroa, cameraman de Buñuel frustrado en Nazarín y el silencio ¡oh, el silencio! Que tantas veces he defendido, está aquí más allá de las estúpidas conversaciones de organizaciones espaciales. ¡Hasta una máquina dispuesta a matar para salvar al mundo tiene su momento poético al cantar aquello de Margarita (Daisy) en el momento de su último chip activo! Lo que no puedo defender es la música ajena a los Strauss (no tiene nada que ver el Johann de los valses con el de Zaratustra aunque vayan de la mano): De Liguetti solo puedo decir que en su honor dibujé una versión de Marat, en este caso electrocutándose en la bañera al escuchar una pieza suya. De Kachaturian admiro su Maskerade, su danza del sable y algunos momentos de su Spartacus, pero desde luego aquí no le reconozco, tan peculiar como es. Finalmente, la pantalla en negro utilizada en pro de la música es una defensa a ultranza de este bello arte al que muchos puede resultar como la tortura de Alex inmovilizado con su amadísimo Beethoven.
2001: una odisea en el espacio es una película perfectamente visualizable, aunque comprendo que no para todos los miembros de ESTA nuestra sociedad.

Sésil Démil 28 – 6 - 09

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