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De repente, el largo y cálido verano

>> miércoles, 3 de junio de 2009

Sí, de nuevo he recurrido al juego de títulos memorables para crear una nueva criatura.
Ha llegado el verano veranito y me he encontrado con un resultado de partido de los de meterse a la cama y no volver a levantarse hasta la remontada. He sido un jugador pésimo, he apostado mal mis fichas. Aún así, creo que ante un resultado frustrante de todo un año encomendado a la causa, creo que no es pecar de orgullo si admito que no he sido feliz pero al menos he entretenido a más de uno. Sí, así es, así lo siento. Muchas veces, mientras camino rumbo a lo diario, me gustaría retar al tiempo. Me quedaría en la mitad del doble cruce de Avenida de América, con una banqueta, mirando la autopista que es engullida por el túnel. Pienso en el otro destino, el que me llevaba fuera del tunel hacia República Argentina a cursar el bachiller. Trato de no pensar en la otra boca, esta de metro, que encamina mis pasos (no existentes) hacia Ciudad Universitaria. Es como mirar un agujero: uno no mira nada, solo una palabra en su concepto. Sueño que de mayor me gustaría impartir clases de educación física por la mañana y, por la noche, dirigir un grupo de encuentro espiritual, como la madre de una compañera. Cuerpo y alma, un discípulo de primera fila de Platón, ese que destrozó el concepto dramático según Nietzsche, y que recobramos gracias a Fando y Lys de Jodorowsky, cuando se canta aquello de “Qué bonito es un entierro” en mil posturas diferentes. No, no todo está perdido, aunque todavía queden inútiles como yo que no consiguen pasar a formato digital el contenido de una cinta dv para montar su contenido y conformar una “película”. Antes se extinguirá su contenido en el metraje como a López se le pudrió el membrillo. Tenesí Güíliams y Güílian Folner, dos pesos pesados de los que, al fin y al cabo, casi no nos cuesta pronunciar bien (no como ese Houllebec, o Houllecquebec, o Houlbeleq, o Houlebec-quebec, lo que sea). Los autores de apellidos impronunciables siempre serán muy buenos a ojos de todos (¿verdad que sí, señor “Todos”?). El día que tenga que leer algo de José Pérez ese será el final.

3 – 6 – 09

2 comentarios:

Javi Malabarearte 6 de junio de 2009, 11:10  

o, no todo está perdido, aunque todavía queden inútiles como yo que no consiguen pasar a ordenador el contenido de una cinta VHS para montar su contenido y conformar una “película”

De hecho no estás intentando eso, sino pasarlo de una cinta dv a un archivo digital .avi(dv)
Si no se sabe lo que se quiere hacer no se puede hacer amigo!XD

putativus 6 de junio de 2009, 11:46  

Ya lo modifiqué. gracias por enseñarme los términos correctos

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