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DREAMERS (Los soñadores): La fantasía como ficción y la realidad como película histórica

>> sábado, 22 de agosto de 2009

Cuando decidí escribir sobre esta película (nada más verla), se me recomendó digerir la información y, así, como todo buen proceso, defecar en lugar de vomitar. Bueno, las dos acciones son detestables a segundos ojos pero la primera es más natural que la segunda a los del propio individuo, que es a quien atañen realmente. Como quien se encuentra en un estudio de montaje, debería analizar cada trozo cortado en bruto antes de anexionarlo como escena en el rollo final, sacar lo mejor y peor de cada uno apuntando por pasos. Después, una vez con el esquema estructural delante, poder hablar sin guiones separativos. Lo que sucede, a parte de mi natural espíritu impetuoso, es que hay cosas aquí que me atañen más que al señor que se encuentra en la diatriba de devolver o reciclar los trozos en proceso de digestión. Quizás, como el personaje protagonista, uno utilice este lavabo que se me ofrece para dos acciones distintas por cosa práctica. El cepillo de dientes (es decir, el error colateral) vendrá luego. Resulta que la ficción supera la realidad y que hay algún personaje que yo reconozco hasta por el mismo nombre. Sería descabellado que alguien dedicase su vida a comportarse como el personaje de una película de casi dos horas. No obstante y, aunque me cueste reconocerlo, el personaje es lo suficientemente extraño como para ser capaz de asesinarse a sí mismo. La película tiene ironías de corte político-cinematográfico (los niños de papá que se suman a "la protesta progresista" son atacados desde su casa parisina como lo que son desde la calle: burgueses). Hay cosas que son así: Mao encabezando la dirección de una película con su libro rojo y sus multitudinarios extras lo hemos visto por desgracia durante nuestra historia (la del mundo, no la de la demarcación de continentes), Keaton como personaje humilde respecto a Chaplin, que obnubila con solo verle en los títulos de crédito (llegamos a pensar que había escrito La Violetera antes de que el propio Padilla le obligase a rectificar en su locura), los poetas, que a mi juicio también deberían de firmar poemas y no declaraciones de guerra individuales (y aquí me encontraré sinfín de abucheos por esta maravillosa carta de ajuste ideológica), Hendrix continúa resaltando sobre Clapton- aunque este continúe teniendo oportunidades para reconstruir lo andado de otra forma… Todo esto se mantiene en nuestra mente de personaje americano que acaba abandonando el romanticismo por la racionalidad. La chica me sigue preocupando, esa femme fatal que vive porque el cine la creó. ¿Qué cantidad de culpa tiene el cine o las formas de expresión artísticas para transformar al ser humano?
Lo cierto es que los padres, en su función educadora para con la juventud rebelde de los hijos (función o papel bastante desagradecido) nunca podrán transmitirles la comprensión a sus incertidumbres que el secreto del cine aparenta descubrir o apaciguar en esa nueva visión de un mundo falsificado. Luego, al descubrir la imposibilidad de encontrar (en este medio) vías de actuación con respecto al mundo real, resultará de obligado cumplimiento el retorno pródigo de los vástagos a la filosofía patriarcal antes ignorada.
Aquella fábrica de ilusiones del cine clásico (fraude por antonomasia), representó toda una fuente de inspiración para más de una generación. Denominada como la época dorada de la cinematografía, había que estar bien empapada de ella a la hora de poder hablar con cierta entidad del séptimo arte. Además, supuso una cultura abarcable para el público general (de mayores o menores pretensiones) que encontraba en ellas la rutina del entretenimiento, más allá de unos fines estéticos (de la literatura como trasfondo, de la fotografía…). Ha sido aquella en la que nos hemos educado todos, de la que hemos partido para buscar nuevos horizontes (encontrando en ella, por supuesto, la justificación a estos). Los “soñadores”, necesitan ilusiones de este tipo para una vida muy poco concretada, y no dudan en devorar toda su magia llena de trucos. Creen incluso poder superar récords falsos (como el de recorrer el Louvre en una carrera) pensando que no pasará nada, que todo se desvanecerá en el último momento porque ellos lo han creado y son dueños y señores de sus fantasías (y sus fantasmas).
Greta Garbo no desayuna con nosotros y el hermano de Brad Pitt no es Valentino aunque no deje de ser un producto cinematográfico (doble ironía que este chico pase por un tipo-normal con el que se tiene que conformar otra chica-normal y que nosotros nunca-hemos -visto-en-otro-sitio).
La tragedia de la libertad es desmontada en ciertos individuos que, desde el cómodo hogar de una economía familiar aún más cómoda, planean las rebeliones contra el “injusto” sistema occidental. Un hogar convertido en harén, donde poder realizar cualquier tipo de aventura frívola llevando como estandarte la ruptura de las convenciones sociales (y, escondida de mala manera tras este, una actitud infantil), parece deslegitimar a aquellos otros que, anhelantes de un mundo mejor, han de acabar tristemente relacionados a estos (simplemente por la coincidencia en una visión “teórica” de justicia), estudiantes deseosos de escándalos que llenen de emoción a sus inmaduras vidas. La complicada responsabilidad adulta que nos dan ciertos bastiones vitales no es siempre asimilada coherentemente por todos. ¿Por qué esta continua lucha entre los que de verdad quieren trabajar por la mejora de una situación y aquellos otros que no comprenden- ni quieren- esta misma postura, pero dicen encontrarse representados en ella?
El avance chocando con el retroceso constantemente. Ningún psicólogo ni filósofo conseguirá extraer la explicación a esto, pues se encuentra fuera de su alcance. Les excede.
Y sin embargo, pueblo medieval, ¡sigues esperando a un Merlín que extraiga tu espada!

Sésil Démil Sábado 22 de Agosto de 2009

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