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LOS PERFILES DE FACEBOOK

>> lunes, 24 de agosto de 2009

Las fotografías del nuevo narcisismo juvenil aciertan y fallan en un cincuenta por ciento. La exótica belleza es resultado de cómo se ponen a prueba las lentes, pero aún con esto el cuadro sale perdiendo con el marco. No se acierta con el paisaje o bien no se demuestra la atención que merece. Fotografiarse en el baño, al menos que las cenefas sean algo así como las de unas termas para odaliscas, suele ser de nefasto gusto. Y es que, convivir para la eternidad en una imagen fija junto a lentillas y cepillos de dientes puede ser muy moderno, pero al final las entradas a los comentarios de los blogueros suelen acabar preguntando “¿Esa sonrisa la has conseguido gracias al tubo de Colgate del bote ese del pato Donald de la izquierda?”

¿Qué sucede? Sin duda, nos encontramos en una nueva era. Los ritos no han desparecido de la faz de la tierra occidental, tan solo han transmutado. En el caso que nos aguarda, el de las redes sociales, hemos optado por las reuniones disparatadas. Ahora nuestro "clan" se reúne en un número ilimitado de amigos con los que compartir información común. Alrededor del mundo, puede haber personas que "comulguen" con tus aficiones, tus gustos. Para ellas, van dirigidas todas esas imágenes del usuario, que comparte tras el auspicio de un monitor de ordenador. La reproductibilidad técnica es inmensa, se pierde en el espacio virtual.
Antes, llenar un carrete de fotografías resultaba casi una proeza. Se llevaba a revelar, deseando ver las fotografías- hasta entonces ocultas-, los resultados obtenidos tras tal números de "clicks" o presiones sobre un botón disparador. Era la magia de la "aparición" en un cuarto oscuro. Ahora, con las cámaras digitales, pueden obtenerse resultados in situ, en la propia pantalla de la cámara. Las imágenes quedan guardadas en la memoria del ordenador o en un CD, y muchas veces ni se imprimen. Ya no hay necesidad de ello.
El adolescente narcisista necesita reafirmar su yo fotografiándose incluso doblemente (esto es, ante un espejo), dejando presencias de su existencia materiales y verificables. Olvidemos a Lacan y a su “Ego Reditus” por un momento. Hablo más de testimonio, de “reproducción de una realidad”.
Así, por ejemplo, en "Blade Runner", los replicantes tenían como documento de su vida pasada la fotografía. Con ello, tranquilizaban sus sospechas. Necesitaban creer que eran humanos y no "creaciones artificiales". Los daguerrotipos, por ejemplo, representaban en muchos casos "el recuerdo" de la presencia de un ser querido. Las fotografías de los muertos, presentes durante el final del siglo XIX y comienzos del XX, eran aquello en lo que las familias con menos recursos solían dejarse una importante cantidad de dinero. Algo casi mágico, espiritual... La presencia capturada en la instantánea.
¿Qué es lo que hace un niño cuando coge un lapicero y lo posa sobre un papel? Mucho antes de aprender a escribir, necesita plasmar con su trazo aquello que tiene alrededor. Su “mamá” o su “papá”. Todo lo que va almacenando en su almacén iconográfico, aquello que conoce aunque todavía no tiene por qué comprender. Imitar la realidad. Desentrañarla. En el paleolítico, los primeros dibujos hablaban de “cómo se querrían ver las cosas”. Por ejemplo, podía representarse la caza del animal como un deseo de futuro próximo. Era forjar un deseo para que se cumpliese mediante su plasmación pictórica. Esa representación se observa también en la misma fotografía, cuando un abuelo, por ejemplo, besa la fotografía del nieto que tiene en la mesilla de noche. Es como si besara de verdad a la persona representada allí. Los muñecos vudú, forman parte de esa otra representación más primitiva (fundada en la magia negra, en este caso).
No sé si con las fotografías del Factbook es posible el vudú, pero sí otro tipo de prácticas de carácter negativo y profano.

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