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O MÍO BAMBINO CARO

>> domingo, 23 de agosto de 2009

La señora Otero permanecía encerrada dentro de su habitación hacía ya el tiempo de dos horas. Al otro lado habían rehusado a negociar y permanecían sentados en el suelo o en sillitas de cáñamo. La niña era la única que continuaba cada vez más extenuada en su rogativa. “Quiero mi muñeca” decía ya incluso con las convenientes exclamaciones. Su tía hacía tiempo que no la escuchaba: Acariciaba suavemente desde los ricitos de dorado artificial hasta los zapatitos de goma. Llegó el silencio y la señora Otero comenzó entonces a tararear el aria de Madamme Butterfly. Ella también se sentía una señora mariposa. Su falso instinto maternal había dejado paradójicamente de lado a su verdadera familia. Solo cuando los niños alcanzan la paciencia es cuando los mayores comienzan a aburrirse. Salió radiante y le devolvió a la niña su preciado regalo de Navidad. Era cuidadosa con aquella apariencia humana de fieltro, la depositó poco a poco en manos torpes que se creen ya fuertes para ser madres. “Toma, cuídamela mientras yo salgo a buscarle unas cositas”. La niña salió con un tono totalmente descontextualizado e hiriente, no claro para ella misma: “¡ladrona, trae para aquí! ¡Es mío, tú nunca podrás ser así de mamá!” Salía por la puerta de casa geisha de rimel corrido y cabello desatendido, boatiné y pantuflas. Cuando cruzó la acera continuaba siendo aquella casta diva.

Santander, finales de Agosto de 2009

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