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UN SEXTO SENTIDO EN EL CINE

>> jueves, 27 de agosto de 2009

¿Hay realmente un sexto sentido en el cine? Nemesio Sobrevila trató de investigar en este sentido y sobre este sentido mediante la cámara “como captación de una realidad no prostituida, que no se nos muestra”. Esta película muda española que contó con el apoyo del inquieto Ricardo Baroja (hermano de Pío, interpreta el papel del inventor Kamus, de cabeza rapada siguiendo las ideas del constructivismo ruso- el pelo es de burgueses, una cabeza afeitada denota personalidad), fue también objeto de interés de un Walter Benjamin que más tarde publicaría “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica”. Una cámara rueda todos los aspectos de la vida de los personajes que aparecen en la historia (parece querer hablar de un objetivo indiscreto universal que todo lo capta). Así, se nos crea la parodia de la portera que descubre que la han rodado riñendo a su hijo y sube al piso donde todo se proyecta para ajustar cuentas. Este hecho parece querer referirse a la realidad que traspasa la pantalla y asusta a aquellos que, sin conocer la materia, creen que la alquimia de un prestidigitador sin chistera ni conejo lo hace posible. Curiosamente, la versión editada por la Filmoteca fue montada -por error- desordenadamente en sus historias. Esto da un ambiente todavía más onírico (ese final de la Gran Vía multiplicada en sus espectros visuales casi es un homenaje al futurismo italiano). Este DVD, además, ofrece, después de este testimonio, otro no menos interesante de cine-club de la época donde se nos muestra un reportaje muy cercano al NO-DO (o quien sabe si es este el que le debe todo al documental de Gómez de la Serna titulado “Esencia de Verbena”) donde se incluyen testimonios de personajes ilustres, escenas documentales de la sociedad y experimentos con gaseosa (como el rodaje de el paisaje que recorre un coche visto desde uno de sus faros). Quizás lo destacable aquí sea Rafael Alberti cocinando sobre las chimeneas de un tejado o colgando (más que como un ángel como un murciélago) en una toma boca abajo mientras bate su capa aérea. Hay un pequeño inciso: un homenaje a Buñuel y Dalí (por entonces como los hermanos Cohen, quizás con ese entusiasmo de un cine constante entre dos) donde se muestra (yo no lo veo) a un perro que come el cráneo de un feto de niño tirado en un descampado. Terrible. Toda una propuesta indecente del por entonces inquieto Ernesto Giménez Caballero.

Hay un tipo de cine-documental donde no llegamos a saber a veces donde empieza y termina el guión. En el filme de Erice “El Sol del Membrillo” a veces, parece dejarse la cámara en un lugar concreto y disimulado hasta que los actores improvisados acaban por recobrar la confianza de una intimidad que puede dar una escena de relación (Antonio López con su mujer, Antonio López con Enrique Gran). Incluso el espectador puede quedar turbado: ¡Antonio López me apaga el transistor cuando trato de escuchar las noticias de hace veinte años casi! Luego digo “qué tontería,¿para qué quiero conocer algo que ha quedado anquilosado en el atasco de carretera de la vida informativa? Esta película la veo en blanco y negro por un defecto en mi DVD (¡una película sobre la luz y el color!) al igual que me sucedió en otra ocasión y lugar con “El Ilusionista”, donde perdí la banda de los diálogos. Esto, los subtítulos y la extraña filmación del filme (iluminado parece por una vela) me dio la sensación de cine mudo, de cine expresionista (el brujo con el que se encuentra Edward Norton niño me recuerda a La Muerte de “Las tres luces” de Lang).
Es destacable de esta película de Erice la fotografía del principio, la falsa preparación de todo artista a ojos de cualquiera que pasa por FNAC con aires de autosuficiencia y se compra esta cinta. Me gusta también esta idea de López-clásico que vive en un chalecito rodeado de una ciudad que crece y parece querer comérselo con patatas. Claro, creer también que la vida que vemos es la que debe de apuntar un biógrafo para hablar del pintor es algo descabellado. Se trata de reconstruir momentos íntimos entre conocidos que nos hagan creer aquello de: “¡Por fin la vida podrá hablar de un ilustre con toda seguridad de no equivocarse y no así como Milos Forman retrató a Mozart y Salieri, etcétera!”. En cierto “sentido” sí es un intento de repetir aquellas cintas primeras donde aparecían Sorolla en barca pintando, Blasco Ibáñez en su casita de Valencia o Pardo Bazán en un rincón oscuro abstraída. Esto entendiendo que lo que vemos es cine y no documental, claro está. La cosa documental es poco fiable, no obstante. Parece embargarnos la supuesta objetividad con que se trabaja, necesitamos capones como “Operación Luna” para llamarnos ilusos con todas las letras. En las primeras demostraciones del cine, aquellos que eran retratados aparecían espontáneamente, sin saber que eso de allí les estaba capturando y reteniendo para un futuro adelante. El problema (cuando esto dejó de funcionar) fue que el reto pasó del espectador al camarógrafo, que creía sentirse capaz de dejar de deshumanizarse y dejar a su libre albedrío aquello con lo que trabajaba. Un sistema que parecía autoabastecerse prácticamente. ¡Cine sin director! Las teorías Vertovianas del ojo quedaron hace ya mucho tiempo obsoletas (otra cosa es aprovechar ese estilo para otros intereses, como se siguió haciendo). Nadie es capaz de ser como una hoja cimbreante en el paisaje. ¿O es que creemos también que poniendo crucecitas en membrillos y marcando con una línea una tapia para encuadrar no se nos va a escapar nada de la realidad que retratamos?

ERICE: apellido compuesto de las palabras ERA e HICE
CONCLUSIÓN: Nunca podrás hablar de Erice en presente, estás condenado al ostracismo de la actualidad.

27 – 8 - 09

2 comentarios:

Javi Malabarearte 27 de agosto de 2009, 8:17  

VERTOV!!!!!!

putativus 28 de agosto de 2009, 3:48  

¡Claro!
ERICE: ERA e HICE
CONCLUSIÓN: Nunca podrás hablar de Erice en presente, está condenado al ostracismo de la actualidad.

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