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EL JARDÍN DE LAS DELICIAS (Carlos Saura)

>> lunes, 7 de septiembre de 2009

Hay en este cine algo de represión para con el espectador. Realmente cuando alguien encuentra el séptimo arte en su camino es cuando se encuentra con una acción que nunca verá consumarse. En el cine de eruditos hay erotismo y no pornografía. En el cine podemos llegar a sentirnos excitados pero con cortapisas. Nos sentimos mal, decimos “esto es arte, es un bodegón bien compuesto y no dos cuerpos restregándose”. Pues bien, algo así debe sucedernos en esta película donde el personaje de la tía de López Vázquez (Antonio o Antoñito Cano) se acerca a la cama de su sobrino para despertarle con un cariño especial, pero antes a penetrado en la estancia bajo la canción de “Recuerda” de Imperio Argentina y, en sus aires evanescentes, se ha diluido tras las cortinas blancas del balcón en una estancia tan pura que nos recuerda aquellas acuarelas tan aguadas y de colores tan delicados, que parecen ser algo y parecen no ser.
También veo esto en el momento en que Antoñito y Luchi están remanda sobre la barca del río de Aranjuez. Cuando el primero parece querer acabar con esa situación, cuando parece querer deshacerse de su mujer y no lo consigue tras unos momentos de tensión, comprendemos que todo es producto de ese carácter retraído infantil del desmemoriado que trata de dejar de ser un inválido como tal pero que produce una sonrisa con su comportamiento. La sonrisa tétrica del parapléjico físico y mental que es como un niño pequeño, un canto horrible a la represión moral.

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