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GALLETITAS

>> viernes, 25 de septiembre de 2009

Cogí una galletita salada y la introduje por la ranura del cerdito de las propinas.

- ¡Oiga! ¿Qué hace?
- ¿Esto no vale?
- ¡No, claro que no! Aquí hay que meter billetes.
- Pero si esta forma es la de moneda…
- Ya, pero es que ocupan menos los billetes que las monedas…
- ¿Y?
- … El valor es mayor por cada ofrenda. Todo sale mejor.
- Menos para el que mete. Además, lo de la ofrenda no me gusta… A los cerdos se los sacrifica, pero no para pedirle a un Dios que te quite un orzuelo… Para hacer jamones, por ejemplo.
- Usted meta su billete.
- ¡No me da la gana! Al final, el que se acaba comprando jamones es usted con lo que hay aquí dentro…
- Otros han picado más fácilmente.
- No yo, como ha podido usted comprobar.
- Este cerdo tiene cara de que le gusten lo billetes.
- No señor, este cerdo tiene color verde por la peste porcina.
- Este cerdo te sonríe si le echas más cantidad. Resulta como los mimos, que se trabajan más su espectáculo con el que más ofrece.
- Invéntese algo mejor para que eche algo de mi cartera ahí y que además no haga ruido al caer.
- Creo que lo mejor es que eche usted la moneda del principio, porque veo que se ve a ir sin echar nada al final.
- Bueno, venga, echemos la propina. Pero la de siempre ¿eh? A ver si se va usted a malacostumbrar…
- Eche, eche.
¡Trin!
- ¡Oh, delicioso sonido!
- El mérito lo tiene la cerámica, no la moneda. ¿O es que puede sonar una moneda de forma tan cristalina si cae en una acera de la Puerta del Sol?
- Si es la acera del Kilómetro Cero y cae sobre el Kilómetro cero, sí…
- Pero bueno ¿no sabe usted lo de darle la razón al cliente?
- Reconozco que la respuesta ha sido muy rebuscada.

“Le tengo dominado”. Me fui después de echar otra moneda en el cerdito.

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