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LA GUERRA DE LOS BOTONES de Yves Robert, 1962

>> sábado, 12 de septiembre de 2009

Algo queda todavía en nosotros inamovible, algo de lo que nos debemos sentir afortunados, que nunca podrá sernos arrebatado. Hay ciertos resortes que bien conocen los buenos señores del cine, algo que nos ilumina por dentro, que nos hace mirar hacia dentro. A mi no me gusta que me enfoquen con una linterna, pero es así. Ha pasado ya ese cierto tiempo que exige una escritura crítica clara desde que vi esta película (términos en el contrato que siempre salto con la mala suerte de caer con el tobillo, como me pasaba con el potro en gimnasia). Creo que aún así no sabría explicar muy bien lo que me ha sugerido esta película, cómo ha podido influenciarme (o no), ese paso fugaz como de coche en vía de circunvalación, por mi vida. Alabo ese cine de niños que nos hace dejar de ser como somos por un momento para dedicarnos a una adaptación bella de unos seres humanos que fuimos en su momento. Alabo esta ardua tarea del director para trabajar con niños, para crear una cinta donde sean ellos los que nos den una lección de una u otra manera. ¿Qué pasa con los mayores? Nos hemos vuelto tan distintos que apenas podemos recordar lo que fuimos; ahora traicionamos de verdad, ahora nuestras acciones tienen un peso para los que so como nosotros: no niños. Estar en una edad en la que todo puede valer, donde los escarmientos son los principios más edulcorados de lo que después nos tocará, donde el que regaña hace las paces al poco con el que le ha contestado lo mismo infinitamente más uno (y ha quedado por encima de ese infinitamente que le ha propuesto el otro). Hay unas reglas de oro que saben que hay que cumplir, aunque sean primero los padres los que hagan estrechar las manos. Creo que, a partir de unos años en los que se comienza a tomar conciencia de la vida y a dejar a un lado esa vertiente tan teatral, tan de improvisación, tan fresca y creativa… Todo eso que se va extirpando de nuestra vida y nos convertimos en mayores serios. Son, en este caso entonces, los padres representados que retornan a su infancia con el conflicto creado por sus hijos.
Una historia conmovedora que no debe verse doblada aunque sí subtitulada. Debe de entenderse en las voces de los niños originales, así creo yo en esa verosimilitud todavía más importante que en otras películas.
Una cinta de exigido visionario que quizás nos de una lección o nos transporte a lo que un día fuimos y traicionamos.

12 – 9 – 09

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