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LA PRIMA ANGÉLICA

>> miércoles, 2 de septiembre de 2009

¿Qué sucede cuando mezclamos el mundo onírico con la guerra española?: ¡La Magdalena de Proust! Y esa voz de José Luis López Vázquez callada, que parece hablar mientras pisa una gravilla con polvo arcilloso. Sin duda, una atrevida puesta en escena de algo que caducará con el tiempo; el ejemplo de una película no universal que morirá en el centro de su mismo globo…. Pero los que quieran jugar a esto todavía, sentirán ese placer del juego, esa sensación de que todo estaba allí, en esa prima Angélica que nos evoca lo que queramos: Desde un falangista haciendo el saludo perpetuo por un brazo escayolado hasta aquellos momentos en que espiábamos al amor antes de que la realidad del momento irrumpiese en la habitación con sesenta años y una bandeja con el desayuno. La dedicatoria se dirige a Oona y a Charlie, los Chaplin que dejaron en descendencia para Carlos a su hija Geraldine. Chaplin estaba a favor de la República, pero aquello era como reconocer en Disney cierta ideología conservadora. Los ídolos infantiles deben de permanecer incorruptos, así es. No en vano, por aquella época pasaban estas cosas. Uno no podía creer que aquellas personas que parecían haber nacido para hacer reír se quitaban el bigote (o no) y daban una opinión de mesa familiar de invitados cuando los hijos se han ido a la cama. Quizás hay problemas como el del siempre López Vázquez actual con ese mundo pasado y presente (de los setenta) que uno acaba por confundir. Esta confusión forma parte del juego, solo puede haber una sola cosa. Ahora, que la prima Angélica juguetee con ese carismático actor (imaginándonoslo de niño) con los primeros aires amorosos en el aire de la sierra resulta extraño aunque tan solo sea en el sentido de fotografía de publicidad. ¡Vean a López Vázquez mientras una niña le enseña el sujetador con sonrisa dominante! Es terrible. Pero es Saura y son sus historias compartidas con las de Azcona. A mi me maravillan, de verdad. Azcona decía que si se jubilaba se iría a leer todos los días el periódico a un banco del parque. Entonces alguien le decía que todos los días debería ser un aburrimiento. Pues bien, ahí está el hombre creativo que le niega esa salida fácil: ¿Voy a leer siempre el periódico en un banco del parque? ¡No, hombre! La imaginación está para encontrar otro banco en otro parque y otro periódico…
Yo realmente me siento identificado por la historia familiar. Muchas veces he creído vivir en ciertos momentos. Aquellos días de dentista, en los que había que subir escaleras de rellanos recubiertos de madera y plantas artificiales, aquella oscuridad que daban los portales modernos de los años setenta. Aquel dentista tan normal, tan ídolo de las señoras sesentonas, con sus canas y sus kilos de hombre macerado en su carrera intachable.
Así pues, la magdalena de “esto lo he vivido veinte años después”.
Los grupos familiares son muy del estilo de Saura. El protagonista se va bifurcando en sus motivos de existencia, se le va explicando desde el momento actual. Hay un flashback para los créditos que se repetirá cuando este tenga sentido más adelante. Esto no solo lo hace Park Chan-Wook. Véase el botón de muestra.
Y la música, la bendita música que nos evade de momentos delicados, de momentos difíciles: nuestra caja de música suena y nos martillea como si el mecanismo lo tuviéramos de verdad dentro. Todo reunido, todo unificado en ese proceso de montaje que es el salvador o el mortificador de aquello que pudo salir de un modo y salió de otro. La varita del destino la mueve el señor en el estudio. Nosotros lo vemos todo todavía más seccionado de lo que estaba y solo podemos sonreír.

2 – 9 – 09

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