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PULP FICTION: EL MEJOR CINE DE VIDEOCLUB

>> sábado, 19 de septiembre de 2009

Todos los espectadores que de media rijan cincuenta años en el segundo milenio de nuestra historia, estamos ahí. Tarantino, sorprendentemente, donde más sorprende (a mi parecer, claro está) es en los diálogos: ¿Cómo gente de tan baja escala social y moral puede llegar a tener conversaciones que, llevadas a un tono culto, supongan una cierta inquietud más allá de lo básico? Bueno, afirmar esto sería tan fácil como decir que el cine animado de Tim Burton pretende hacer llegar, con un formato siempre de cuento infantil, con personajes del género infantil, a historias que de otro modo resultarían incómodas de ser contadas. ¡Pero ya lo he dicho y me he quedado a gusto!
Samuel L. Jackson recupera una “supuesta cordura” y se encuentra, en la última escena, como en la primera de “El crack”: Germán Areta está dispuesto a dar una lección a unos atracadores amateurs. La lección, en este caso, como ya he dicho antes, roza lo filosófico religioso (es decir, lo teológico) y permite que los demás continúen actuando dejando a sus conciencias trabajar a partir de ese momento. Alfredo Landa es más español y se agarraba los machos de otra manera. En cualquier caso, vemos un giro de situación, no podemos imaginar qué va a suceder hasta que sucede (¿cinco minutos antes del final?) y quedamos, si cabe, más trastornados. Nosotros, los que hemos visto todo el cine que nos concede nuestro tiempo material. Yo reconozco haberme llegado a poner tres películas en un día (y desde luego no eran cortometrajes de Buster Keaton ni películas de Kurosawa). Puede que mis sentidos llegaran a la tercera con menos disposición que con la primera, pero la fuerza interior era la misma.
Los malditos Deja Vu del cine han servido en este caso para dividir la historia según sus personajes y su continuidad, por otro lado interrumpida o adelantada al espectador.
Lo gracioso de todo esto son las situaciones, gente tratando de razonar ante situaciones imposibles: balas que no matan, asesinatos provocados por baches en carretera, etc. Una situación excesivamente brutal puede hacernos llegar a la hilaridad gracias al contexto en el que nos movemos. Todos sabemos que las palabrotas son divertidas, desde pequeños nos empeñamos en aprenderlas, son las únicas palabras que buscamos voluntariamente en el diccionario durante la clase, etc. No nos extrañe que un constante uso de estas también nos haga tratar las situaciones cinematográficas de otro modo.
Es un cine que engancha hasta a los más reticentes. Es un cine que nos “entretiene”, término peyorativo en el cine pero no en Tarantino, por ejemplo, que se ha ganado su puesto hasta en los más selectos círculos cinematográficos donde antes solo entraban Malle o Dreyer. Este tipos de certámenes no vienen a demostrarnos que “Tarantino es bueno y no caca”, porque hoy en día uno no se fía ni de los Nobel. Lo que quiero decir es que hay algo de interés (y no solo económico) en Tarantino.
Otra cosa de la que me he dado cuenta es de que la Biblia no debería de ser tan clara para todo el mundo, pues las conclusiones precipitadas pueden llevar a un señor que con una nueve milímetros tenga por costumbre, antes de despachar a sus víctimas, leerte un extracto ¡y encima no poder decirle nada porque el maldito ajusta sus discursos a su intenciones!

19 – 9 – 09

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