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THE BLACK CAT (SATANÁS)

>> jueves, 15 de octubre de 2009

Me advirtió de esta película la primera vez Woody Allen en “Melinda y Melinda”, en ese momento-cine que todos querríamos aprovechar para rendir homenaje a esa parte de ficción que tan bien nos ha ido definiendo con los años. En cuanto a la evolución de gustos, sigo teniendo reticencias a abandonar algunos, como es el de terror o suspense. En nosotros hay una parte oscura que pide a gritos gritar, buscar ese punto de estimulación por el que se ha ido perdiendo la no inquietud. Después, en el documental “Universal Horror” de Kevin Brownlow me percaté de un sutil detalle que me empujaría a verla definitavemente: Los escenarios, esa arquitectura, esos personajes “tan normales y tan poco de factoría y manufactura monstruíl”. Quizás encontremos el horror en la Historia, en la guerra y en los vencedores y vencidos, en la venganza, en esa sed inagotable que solo algunos elegidos podrán llevar a cabo. De entrada me engañaron, pues poner “El gato negro” (aunque en español se lo pasaran por el forro y pusieran su otro significante de guión, Satanás), mencionar a Poe y tan solo ver de fidelidad al animalito que es agredido por un señor con sus fobias, me parece exacerbado. En cuanto al tándem Lugosi-Karloff, yo seguiría apostando por el drácula terrenal (se creyó hasta tal punto vampiro que ordenó que le enterraran con el vestido y sarcófago de telarañas identificativos). Karloff parece no poder desentumecerse de su personaje verde de tornillos, mientras que los registros de Lugosi, a pesar de arrastrarlos también de su sombra, consigue otro resultado. De hecho, me gusta verle en otros personajes que no le identifiquen como Drácula, quiero ver hasta qué punto se creía que había dejado de actuar con su capa. Aquí llegamos a sentir compasión, vemos incluso loable su trabajo de personaje de doctor enamorado (¡y qué extraño enamoramiento por otra parte!). La música es matadora (tenían que haber puesto directamente en los títulos “Romeo y Julieta” y “La marcha Eslava” de Tchaikovsky o la “Sinfonía Incompleta” de Schubert. En resumen, creo que el compositor debería de dedicarse a pinchar discos. El director, insisto, se somete a un reto nada despreciable: crear de un hecho histórico y una vanguardia artística como podía ser la Bauhaus un terror integrador en la saga de los estudios de Carl Laemle. Tenía razón mi compañero: “¡Qué mal tratado ha sido Poe en su mercantilización cinematográfica!”
Es interesante cómo ha ido variando los tipos de personas abominables y admiradas a la vez en su uso para el mercado de masas: Se comenzó con personajes clásicos como “El Jorobado de Notre-Dame”de Hugo o “El Fantasma de la Ópera” de Leroux, para pasar por un Drácula de Stoker o un Frankenstein de Shelley muy deformados en su origen. Luego encontramos “El Hombre invisible” de Wells o el doctor Jeckyll & Hyde de Stevenson (admiro la transformación de hombre a monstruo en una sola toma de Barrymore) y, a partir de aquí, todo creaciones del momento ante esta cantera demasiado explotada. Habrá personajes que surjan de sus entornos (véase las mansiones tenebrosas), los defectos físicos (Conrad Veidt con esa dentadura terrible en “El hombre que ríe) o errores humanos en su constante "progreso" (desde la ficción política de “La invasión de los ladrones de cuerpos” a los rostros desfigurados inspirados en las fotografías testimoniales de veteranos de guerra). . Ahora que pedimos sustos no tan descriptivos y sí más grandilocuentes no encontramos con otro tipo de cine que, en cierta forma, no deja de ser interesante: La cantera de Stephen King en sus best-sellers sin ir más lejos.
¿Qué quieren que les diga? Me sigo quedando con lo gótico, que para eso fue una etapa histórica palpable incluso en la arquitectura…

Sésil Démil 15 – 10 – 09

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