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LA MÁSCARA DE LA MUERTE ROJA. POE COMO EXCUSA

>> sábado, 31 de octubre de 2009

Cine Doré. Día de Halloween. Celebración particular: Viendo un “clásico” del cine de terror. ¿Un clásico por herencia? Quizá. Elegir un autor literario puede salir caro. Verlo en el Cine Doré… no. Tampoco quiero ser generoso con la divulgación histórico-visual en las salas. Algunas pocas se han salvado de la furiosa quema, de ese constante cambio de cara al que se encuentra sometido Madrid. Pero ese es otro tema. Lo que quería decir de la proyección es que, si bien ha sido curiosa la reconstrucción de un esquema de masas nostálgico, hay por otra parte una irresponsabilidad en cuanto a profesionalidad: la cinta estaba rayada, a veces los subtítulos desaparecían (también el principio o final de algunas escenas), el color desvaído… En cualquier caso, el efecto a groso modo y para que todos nos entendamos, funcionó.
Hay autores que no se deben desgastar. Puede que para un público cómodo, que prefiera la traducción a imágenes que la atmósfera de la imaginación, esto pase inadvertido. No para los que conocemos ya el título que da sentido a una obra bicéfala, resultado de la adaptación de dos cuentos. “Hop Frog” es el otro. Si somos tiquismiquis, a lo mejor el reloj con el péndulo de hacha nos recuerde a un tercero. Tendríamos que irnos a Toledo y a la época de la Inquisición Española, pero parece ser que con Poe el ejemplo porcino es necesario. “En vida lo alimentaron de sobras y, a su muerte, aprovecharon hasta el rabo”. El universo de Poe es peligroso de mostrar a la masa. En el ejemplo claro del cuento, hay una moraleja clara: De las enfermedades no se encuentran libres ni los príncipes”. Esta clase social se muestra arrogante, piensa que puede eludir con su mirada frívola a lo que se escapa de sus dominios, mientras el pueblo cae ellos danzan disfrazados. En la película, hay algo más que esto. Hay que tener en cuenta que hacer de un cuento una película de hora y pico resulta tarea costosa y poco agradecida en la mayoría de resultados. Aquí hay culto al cielo y al infierno, hay una lección moral que condena a la secta de la cruz invertida… Los buenos cristianos que son puestos una y otra vez a prueba se libran de esos encapuchados que, con cada color, representan un tipo distinto de plaga mortal. La crítica a los déspotas reinantes sigue en pie. Aquí entra el segundo cuento, el del bufón justiciero. Sutilmente se corrige el personaje original por “Hog Tod”. Pero la fuerza simbólica del relato lucha con la directa de la imagen en lucha sin igual, no resultando ganadora ninguna de los dos. La coreografía de muertos vivientes que acaban mostrando la soledad del “Príncipe próspero” choca duramente con esa especie de lepra que ¿lo adivinan? ¡Es roja! Hay pues dos visiones: la que nos hace saltar de las butacas (es un decir, ahora estamos más acostumbrados a que nos asusten- recordemos el chiste repetido hasta la saciedad en el tebeo sobre la cura de espanto gracias a hacienda) y la que nos asusta cuando, ya en casa, hemos asimilado todo lo que se nos ha querido contar subrepticiamente. Poe habla de la crueldad humana y de sus límites insospechados, donde realmente se encuentra el infierno para muchos.
En esta historia sesentera de estética prerrafaelita juega una buena baza el Vicent Price y su consabida desenvoltura por los escenarios de cartón piedra.

31 – 10 – 09

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