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“LULÚ” DE ALBAN BERG

>> martes, 13 de octubre de 2009

Ayer estuve en el Real con mi amigo Esteban viendo una obrita de cuatro horas del amigo del señor Schoenberg. Entramos a las ocho y salimos a las doce de la noche, a pesar de que ya andábamos allí sobre las seis, esperando en la cola de entradas de última hora con un 90 % de rebaja de su precio normal. Nos salió cada entrada a 15, 60 euros en un lugar que casi no pudimos ni elegir (de las tres opciones que quedaban, parecía la menos mala, pero nunca buena). El tema del que se habla, en el que podemos ver a Lulú personificada, reuniendo todas las condiciones para ello, llega siendo universal desde que el hombre es hombre y la mujer Lulú. Bueno, esto sería generalizar, exagerar, crear algo grandilocuente que de incluso motivos de queja. Pero ¿y lo bonita que ha quedado la frase? ¡No nos olvidemos que aquí de lo que se nos habla es de Arte y de los sentimientos llevados al extremo, como también se nos acusa, a los que tratamos de ser artistas, de catadores de todos los vicios habidos por haber. Aquí no hay realidad, pero en la realidad sí puede haber teatralidad. Sigue siendo un tema que te recorre todas las fibras sensibles, es peligroso porque destapa “nuestra propia caja de truenos, esa que no podemos cerrar ni cuando vamos a dormir”. Allí está el expresionismo alemán, que nosotros recreamos en un escenario de dos pantallas blancas y unos cuantos personajes elegantes. Es esencial la presentación de estos, lo primero de todo, como tipos de animales a los que pueden asemejarse en sus actitudes. Así tenemos al protagonista más ingenuo, el pintor, como el manso camello. Al chulo malabarista que presume de bíceps como el cocodrilo, y a Lulú como la serpiente. Este personaje tan desbordado, solo puede llegar en le mensaje moral a un final terrible. Podrían haberse ahorrado las enseñanzas, viendo la época en la que Berg compuso la ópera. También es cierto que en la música pudo haber otra forma más escéptica de mirar las cosas, una cosa de investigación y no de circo de carnes. En todo caso, como se observa en el libreto, el propio autor repitió en cada cantante dos distintos personajes que, retornan a la vida de Lulú, en otra piel pero en su mismo timbre de voz. Mi amigo afirmó: “Podía ser un argumento dodecafónico también, una historia donde doce personajes no pueden repetirse, como así se pide en esta composición musical con las notas.
El espíritu de Lulú, es claro, no puede salirle gratis. Es una mujer que moldea a los hombres (e incluso mujeres) a su alrededor, que los hace seguir su destino para después arrojarlos en una cuneta. Todo tipo de personajes desfilan por su vida (por su cuerpo más bien) y, finalmente, acaba encontrando el amor de su vida, que no será otro que Jack “The Ripper” que acabará con ella. Un ser superior a su energía, un ser que ya podemos denominar con todas las letras de ABOMINABLE.
Algunas bromas hicimos en los descansos:
Cuando, en la pantalla de subtítulos, aparecía la petición al público de mantener apagados los teléfonos móviles, tratábamos de ponerle música a este nuestro libreto. Lo modulábamos, lo llenábamos de accidentes para crear nuestra contemporaneidad musical.
Como siempre, la gente se sigue levantando para salir escopetada cuando salen a saludar los cantantes. Que digo yo que, si han estado viendo cuatro horas de Ópera ¿qué más les dará aguantar dos minutos de reloj más en sus butacas?
La música está en detrimento. Los órganos oficiales poco hacen al respecto, nada hacen por reflotar esta balsa que se va hundiendo poco a poco. Así también el Arte y otros fenómenos que podían ser de masas. ¿Quién de nuestra generación se deja quince euros en ver en el Real una obra de Berg? Es algo elitista pero que no tendría solución poniendo el precio a su tercera parte. No se enseña, los personajes de la farándula musical que hoy mantienen la vanguardia, cuentan ya con una edad considerable, los nuevos talentos trabajan para estrenos de encargo que tienen que tragarse aquellos que tiene palco durante un año y tienen que ver, si o si, todo lo que se le pase por la cabeza al organizador.
Creo que esta etapa de crisis tiene difícil remedio. También es cierto que miro este aspecto como si fuera a surgir de la noche a la mañana.
Veo que, estos nuevos planteamientos artísticos, me hacen trabajar, actuar, sentirme dentro de ellos vivo, constantemente atento. No pasaría esto con otras muestras de Arte ya pasado que se empeñan en vendernos casi como producto de exportación, que conocemos (a nuestro pesar, demasiado) y que nos anestesian. Estas las verán sí o sí los que no compren esta entrada y que sean de esta y nuevas generaciones. Por cierto ¿cuál es nuestra generación? ¿La de “El muro de Berlín?” No sé, voy a seguir pensando, necesito que al menos he vivido para los demás una época llena de paradojas… Y he dado testimonio.

Sésil Démil 13 – 10 - 09

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