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Nueve nuevas novatadas. Novatada Nº 6

>> miércoles, 7 de octubre de 2009

El señor Rigoberto y el señor Fuenceslao bajaban todas las mañanas juntos en el ascensor. Sucedió que una de ellas, la que acontece en el día 3 de Abril, es la última en la que veremos a estos dos intrépidos aventureros de la vida encontrarse en este cajón de cuerdas.

- ¿Se ha detenido?
- Sí, se ha detenido.
- ¡Vaya contrariedad!
- ¿A usted qué más le da?
- ¿Cómo que qué más me da?
- Usted no tiene nada que hacer ahora, lo sé…
- ¿Cómo?
- Sí, sí. Como lo oye. Yo me he interesado por usted en todos estos años viendo el interés que mostraba por mí. Lástima que solo quedase en comentarios de escaso interés… ¡Debería tener usted más confianza en mí don Rigoberto!
- Perdone… Aquí me huelo algo…
- El olfato no le traiciona. ¿Qué me dice si le digo que he sido yo el que he parado todo este sistema de poleas para que podamos decirnos las cosas que, por prisas de la vida, no nos hemos atrevido?
- Creo que ya le he dicho lo que tenía que decirle. Y perdone que le diga, pero yo sí tengo qué hacer. Necesito estirar las piernas, rociarme de un aire fresco y nuevo, tengo esta rutina. Y le diré también que padezco de claustrofobia, de modo que, si no quiere tener un incómodo inquilino en su aparentemente acogedora estancia, debe de volver a dar vida al mecanismo.

Como digo, aquí fue la última vez que se vieron las caras dentro y fuera de cuatro paredes móviles. Don Fuenceslao no podía preveer todo este arsenal de recursos de don Rigoberto, así como este no veía nada de particular en su vecino pero tenía que aguantar religiosamente sus ocurrencias cada dos por tres.

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