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REINA ZANAHORIA (CARROT QUEEN) de Gonzalo Suárez

>> sábado, 3 de octubre de 2009

La gloria es… ¡la zanahoria!

Feliz encuentro en el que podemos deleitarnos con los diseños descarados de Alberto Corazón, la música desenfadada de Luis de Pablo y el ingenio de gags al más puro estilo Monthy Phyton de Gonzalo Suárez y sus muchachos. En esta fresca comedia sementera, podemos encontrar a un “Fernando Fernán Gómez” como Jota-Jota y a un pepe Sacristán como “Jacinto cero tres” en una misión que acabará por servir a la señorita Úrsula Alejandra Nicholson en su maquiavélico plan para cambiar el mundo. Ya tuvimos ocasión de ver a Fernán Gómez en manos de Gonzalo en su “parranda”, en la cual le hizo interpretar con la voz ronca para ser menos reconocido para el público. Esta historia destila humor y sobre todo alegría, no pretende nada más allá que jugar con lo que resulta pretencioso y consigue casi hora y media de historia colocando breves situaciones que no dejan de mantener despierto al espectador. Decía Gonzalo que pagaba los gags, generando una estimulante carrera hacia el ingenio: “era un trabajo a nivel de equipo, que luego se extendió durante el rodaje. En el rodaje yo pagaba a dólar por gag, o sea, que nunca se ha pagado tan barato un gag, pero conseguí una gran competitividad y no tengo pudor en decir que algunos gags muy buenos me han costado un dólar”.
Podemos encontrar de nuevo también a Marilina Ross, que, como Fernán Gómez, repite en parranda y aquí toma un giro norteamericano que pierde en la otra, interpretando a una mujer que quiere ser madre y acaba por perder la cordura. Podría decirse que, incluso en este caso, este papel es tratado con tal dulzura que no obstante, no nos elimina el gusto agrio pero sí permite que lo admitamos de una mejor forma.
La historia ofrece al espectador la posibilidad de recordar (algo casi nostálgico) una antología del cuento “Plan Jack cero tres” perteneciente al libro “Treces veces trece”, del que podemos rescatar la pretensión de conquistar a una señorita por parte de un tal Jacinto, viéndose forzado a contratar a unos “especializados” Celestinos, quienes a su vez tienen por jefe a un tipo que rehúsa a vivir con objetos sin vida y contrata a personas que hagan los trabajos de silla o timbre, por ejemplo.
Creo que, en suma, no es una apología del feminismo, no es un acercamiento al psicoanálisis, no es una crítica a los sistemas empresariales. Es una burla inocentona a todo ello, un rasguño superficial, una excusa para mostrar todo un mundo que se desborda y en el que no cabe ya ni una cerilla para prenderle fuego. Es el universo de Gonzalo, un señor que todavía se resiste a hacer dos películas iguales.

3 – 10 – 09

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