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Bodegón desde mi vaso

>> lunes, 30 de noviembre de 2009

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Autorretrato como espectador

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INTERACTÚE, PERO DESDE LA PRIMERA FILA, POR FAVOR

Esto nos dijeron en el Reina Sofía cuando tratábamos de “conversar” con la obra “Espectador de Espectadores”, del Equipo Crónica. Una serie de esculturas sentadas en sillas para una representación, grises, de bigote y gafas negras. Nos encontrábamos en la última fila de todas las que habían dispuesto como sala de cine o de teatro, para conferencias o para reuniones vecinales. El caso es que allí estaban esos personajes, y nosotros los recorríamos por todas las partes. Era una obra relacional para con el espectador real, pero parece que todo tiene un tope en los museos, que cuando a un señor se le encomienda la santa tarea de pasarse mañana y tarde como un nuevo espectador en una esquina de un museo, vigilando para su buen funcionamiento, se ha acabado hasta la propia intención del artista. Hay, por tanto, una mala interpretación de lo representativo. ¿Qué imagen se quiere entonces mostrar? Algo así pasó en una ocasión con uno de los penetrables de Soto. El guardia persiguiendo por dentro de la obra al espectador que se había resistido a permanecer contemplativo. Con otra obra en la que, moviendo un péndulo en una máquina, se obtenían diferentes sonidos, también nos sucedió lo propio. En este caso, una señora cincuentona que me detuvo la mano y me dijo: “¡Hombre, con moderación!”En este caso, mi compañero (que no nombro por evitar ya más líos) se enfrentó al “orden establecido” de forma sutil, esto es, prolongando la regañina. Yo, realmente, un cobarde en potencia, solo supe bajar los ojos por temor a que acabáramos discutiendo los problemas técnicos a la hora de afrontar una obra, con los de seguridad. De todas formas, me sentí orgulloso de él, que supo poner las cosas en su sitio y no bajar, como yo, la cabeza. ¡Porque cuando alguien tiene razón la tiene y cuando no, no está de menos que se muestre desacuerdo por la otra parte! Así, cada vez que salte un listo y me diga que el Arte de ahora “hay que tocarlo”, yo le haré mi corte de mangas con un gesto de reprobación. Así funcionan las cosas en el país de las maravillas. Aquí nos encontramos al otro lado del espejo, y los que se encargan de poner esta frontera son los mismos que te pintan en el espejo para que sueñes ¿no? ¡Pues igual no! No lo sé… Yo antes recuerdo que perdía un bolígrafo y no pasaba nada. Ahora pierdo un estuche, que son como veinte bolígrafos, y descubro que mi despiste no entiende de economía. Ahora mismo me encuentro barriendo la arena de la playa ¡qué absurdo! No obstante, disfruto de mis propias contradicciones, porque son estas las que me dan un nombre y un perfil y no pertenezco a los que no se atreven ni a meterse en una fila de “Espectador de espectadores”.

30 – 11 – 09

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“PERSONA” DE INGMAR BERGMAN

>> domingo, 29 de noviembre de 2009

Volvíamos de tomar un tentempié antes de la sesión cinematográfica. Nos dijimos “¿quién va a ver una película de Bergman a las diez de la noche?” Lo cierto es que, cuando estábamos llegando, comenzamos a ver una cola de admiradores de Bergman a las diez de la noche que apabullaba.
- ¿Y esta cola?
- ¡Del mercado, seguramente! ¿Tú que crees? (En la manzana en que se estaba formando, la siguiente al Cine Doré, está el mercado de Antón Martín)
Eran las nueve menos cuarto, y el éxito de un cine de reposiciones había sepultado cualquier estreno actual en bulevar abierto, visible una tarde de lunes.
Entramos cuando ya había comenzado la proyección. Se trataba de una copia que había sido subtitulada doblemente, en portugués de letras grandes, y en español en una parte tan inferior del cuadro que, nosotros, ante una barandilla del piso de arriba, teníamos que hacer piruetas para poder leerlos. Yo me mantuve en muchas ocasiones agachado, para poder ver a través de un aro rococó que había ya a la altura de los asientos.
Sería absurdo tratar de obtener conclusiones sobre la película, ya que esta ya se explica bastante durante la misma. Nada que añadir sobre el análisis de una situación que salta a los ojos, de unos diálogos impecables que son gráficos en demasía sobre los aspectos internos del ser humano. Es decir, somos una contradicción con patas. Allí están las confidencias, las decepciones, los odios, y, por tanto, la intimidad en el que nacen y se desarrollan los anteriores. Por si fuese poco este problema planteado, hay además un desconcierto total de imágenes fugaces que consigue desconcertar al espectador hasta que esa linterna mágica que es el cine, da el punto final con ese rollo de metraje que salta del proyector y esa llama de luz que se apaga.
La historia de dos mujeres que parecen compenetrarse con la voz de conciencia una, con el silencio otra. Le enfermera que quisiera ser la paciente. Hay una especie de admiración hacia este perfil fuerte que, por otra parte, nada dice de él a los demás (en ello residirá pues la fuerza, en la reserva hacia el mundo exterior). Sin embargo, es un pozo sin “luz”, un eco de dudas que se multiplican en su repetición. Un niño que no llega a adivinar los rasgos de una identidad nebulosa, un rostro que ve pasar los días con sus atardeceres con su lógica de duración fuera de los ritmos del cine (bellísimo plano en el que, desde la cama, el rostro va desdibujándose con la oscuridad en crescendo).
Sin duda, una película que dice justamente lo que necesita, que utiliza el tiempo justo, sin pasarse ni quedarse corto.
Hablé con anterioridad de la conservación de películas en el Doré. Pues bien, aquí hay dos momentos en los que uno puede llegar a inquietarse respecto a la calidad de las copias: el momento en que parece destruirse el celuloide y aquel otro en el que un mismo monólogo (refiriéndose a la maternidad) parece repetirse exactamente. Por fortuna, queda explicado tras haber mantenido al espectador dudoso. Una innovación, sin duda, en el terreno del tratamiento cinematográfico.
Una última cuestión (creo que la más importante): El tratamiento de la sexualidad. Indagando a través de la historia, descubrimos el temor al cariño, porque este lleva al compromiso. Esta atadura se vuelve todavía más fuerte en el momento en el que hay que afrontar un matrimonio y el nacimiento de un hijo. Lo sexual crea el puente para que todas estas cosas sucedan después, incluso con cierta ceremonia y orden. Será esta fuerza tan poderosa la que vaya poniendo un itinerario en nosotros, que nos haga perder, en cierta forma, la libertad individual para crear algo poderoso como es la vida. El arrepentimiento puede llegar tarde, pero, para entonces, uno se encuentra atado ya de pies y manos. Lo que denominamos “proyecto” no es otra cosa que una convivencia pactada, una dedicación entera al otro. El resultado de la convivencia se manifiesta en la nueva naturaleza creada del vástago. Así la cadena volverá a ponerse en funcionamiento una y otra vez, porque la ley natural más que fuerte sobrehumana, sobrepasa a cualquier teoría. Los actos que lo sexual conlleva parecen contrariar a los pensamientos propios, suceden como un increíble cisma que separa el antes y el después. La historia que la enfermera, ahora convertida en confidente, revela a la paciente, resulta también como un momento sobrenatural, como la declaración abierta de una persona que, hasta ese momento, fue cerrada. Parece que ese rito casi ceremonioso la transforma, la afecta, “la hiere”, la trastorna. Un capítulo orgiástico que Bergman sugiere con toda la naturalidad y que, aún con los años, resulta impactante. Alma, que así se llama la enfermera, se siente tan unida a Elisabeth, su paciente, que llega a querer ser ella, cree que las dos pueden ser una si ella pone todas sus fuerzas en ello. La quiere, la ansía, busca una relación más allá de las palabras, trata de interactuar con ella físicamente, ya que la otra calla en todo momento. Esta relación tan ambigua, esta contentación incluso con el tacto de la mano en el pelo (zona bastante erógena, foco para las sensaciones) es todo un tema que, como digo, hay que abordar aparte, y, por ello, lo he dejado para el final. Porque esa necesidad de cariño, de no soledad (a la que ellas mismas se han condenado refugiándose en la casita de campo como terapia), precisa de otras pasiones más allá del amor. Precisamente porque el ser humano es una caja de sorpresas, aquí tenemos un camino que nutre las relaciones sociales exigentes. No hay que olvidar que Alma ejerce un abuso de poder para con una paciente cuyo problema precisamente es no querer saber nada de lo que sucede más allá de ella misma. Constantes violaciones de la confianza casi como norma de educación, las tenemos también en la carta que escribe a la doctora Elisabeth y que pide a Alma que envíe por ella, donde habla de su compañera en términos casi de superioridad para con ella, como si los papeles hubiesen cambiado y ahora ella fuese la enfermera y no la paciente. Luego, Alma cuando abre la carta (que por cierto señala que no “estaba cerrada”) y lee su contenido.
La cruda violencia que somete a los instintos más peregrinos del hombre a su capricho, es el resultado de malentendidos, de una mala comunicación, desde luego. Aunque Bergman nos hable del trabajo artístico como terapia de médico, sabemos que en esta historia no podía haber un final sabido, que cercar el interior de la persona resulta imposible y, el público, no podría creerlo además. Así, vemos cómo todo sucede alrededor, cómo esta persona asume todo aunque nada quiera saber (aparentemente), pero no veremos curación posible puesto que no existe en estos casos la integridad de un proceso. Estamos avasallados por una historia que h pasado y que siempre estará allí, y seguramente esto nos hará comportarnos rumbo a una historia por escribir que no podrá encauzarse de otro modo. Seremos nosotros sin remedio.
28 – 11 – 09

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IMPRESIONES ÍNTIMAS

Ella interpreta al piano la obra de Mompou.
De pronto, la melodía comienza a deshacerse y acaban sonando las teclas del piano tocadas sin ton ni son. Parece que, durante la ejecución, trata por todos los medios de recuperar el hilo del motivo, pero acaba su tarea llena de frustración, desesperada por no conseguir doblegar sus dedos a lo que su mente pide.
Aparece él por la puerta que comunica con el dormitorio. Lleva puesta la bata y sujeta sobre su cabeza una bolsa de agua. Parece indignado cuando la pregunta: “¿Por qué has dejado de tocar?”. Entonces ella le reprende: “¿Acaso crees que estaba tocando? ¿No es preferible el silencio?”
Se levanta de la banqueta para dirigirse al salón y poner un disco que reproduce exactamente la música que no es capaz de tocar. La pregunta de “¿adonde vas?” de él no obtiene respuesta. La deja hacer entonces.
Comienza a sonar la ambicionada música.
Ella enciende un cigarro y se sienta en uno de los sofás de esta nueva habitación. Mira desterrada al otro lugar y formula la pregunta:
- Escucha bien las notas. Así debería ser yo ¿no?
Él la mira sin comprender:
- ¿Te he dicho algo ahora?
Ella continúa firme en su convencimiento:
- De ese piano nunca saldrán esas notas…
- ¿Quieres callarte? Ahora me habla esa voz (señala el aparato de música). Me duele la cabeza. No puedo oír dos voces.
- Vuelve a la cama. Desde allí podrás oír el disco…
- Pero no te veo a ti…
Hay un tono de cordialidad entre ellos ahora. Parecen haber perdido una batalla. Aún así, aflora el orgullo. Ella se ha cansado de sentirse observada:
- ¿Qué es lo que pasa conmigo?
- Eres toda tú… Trato de ver un Cuerpo de Pentagrama, unas manos que inspiraron una composición.
- Yo no inspiré esto ni inspiraré ningún tipo de estructura lógica. Hemos fracasado…
- Silencio, por favor, ya te lo pedí antes…
Entonces ella se levanta y le da al “STOP”, tratando de mostrar la realidad:
- ¡Es una grabación!
- ¡Vuelve al piano!- ordena el otro, imperativo.
- ¡No voy a volver al piano!
- Volveré yo entonces a la cama… ¡Ya no hay nada que ver ni hacer!
- No te inspiro orgullo. Es eso ¿verdad?
- ¿Orgullo? ¿Qué soy para ti? ¿Tu padre?
- Tú fuiste un amigo, después un hermano. Luego un hijo. Y ahora…
- ¡Tu padre!
- ¡La mujer de mi padre!
- ¿Tu madre?
- Yo no conocí a mi madre. ¡Eres una mujer!
- ¿Ah sí?
- ¿Ah, sí?
- ¡Sí!
- Tu madrastra nunca tocó así.
- Se dirige al piano, quita la partitura del atril y de pie, sin sentarse, interpreta el “Panis Angelicus” de Franck. Toca perfectamente. Cuando finaliza, se gira para preguntar: “¿Qué tal?”. Ella contesta con un “lo has hecho muy bien”, pero lo cierto es que acaba de volver a darle al “STOP” del disco.

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"Saza"

>> viernes, 27 de noviembre de 2009



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Fragmentos de autores ejemplares

ME IMPORTA UN PITO

Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Oliverio Girondo




DESAYUNO


Echó café
en la taza.
Echó leche
en la taza de café.
Echó azúcar
en el café con leche.
Con la cucharilla
lo revolvió.
Bebió el café con leche.
Dejó la taza
sin hablarme.
Encendió un cigarrillo.
Hizo anillos
de humo.
Volcó la ceniza
en el cenicero
sin hablarme.
Sin mirarme
se puso de pie.
Se puso
el sombrero.
Se puso
el impermeable
porque llovía.
se marchó
bajo la lluvia.
Sin decir palabra.
Sin mirarme.
Y me cubrí
la cara con las manos.
Y lloré.


Jacques Prevert




EPITAFIO PARA JOAQUIN PASOS

Aquí pasaba a pie por estas calles,
sin empleo ni puesto y sin un peso.
Sólo poetas, putas y picados
conocieron sus versos.

Nunca estuvo en el extranjero.
Estuvo preso.
Ahora está muerto.
No tiene ningún monumento...

Pero
recordadle cuando tengáis puentes de concreto,
grandes turbinas, tractores, plateados graneros,
buenos gobiernos.

Porque él purificó en sus poemas el lenguaje de su pueblo,
en el que un día se escribirán los tratados de comercio,
la Constitución, las cartas de amor,
y los decretos.

Ernesto Cardenal




ODA A LA VIDA RETIRADA

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.

Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Fray Luis de León


EL BESO

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Fragmento de "Rayuela" de Julio Cortázar


MIRÉ LOS MUROS

  Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

  Salíme al campo: vi que el sol bebía         
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

  Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,            
mi báculo más corvo y menos fuerte.

  Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Francisco de Quevedo



ECCE ESPAÑA

Dicen que España está españolizada,
mejor diría, si yo español no fuera,
que lo mismo por dentro que por fuera
lo que está España es como amortajada.
Por tan raro disfraz equivocada,
viva y muerta a la vez de esa manera,
se encuentra de sí misma prisionera
y furiosa de estar ensimismada.
Ni grande ni pequeña, sin medida,
enorme en el afán de su entereza,
única siempre pero nunca unida;
de quijotesca en quijotesca empresa,
por tan entera como tan partida,
se sueña libre y se despierta presa.
Europa no habla griego, que habla gringo
creyendo que está hablando el europeo:
babélico balido y balbuceo
que se americaniza de vikingo.
Nunca soñó un Imperio Carolingo
tan incontinental cocaleo.
Ni encontró un Bonaparte a su deseo
tal respuesta, responso, ni respingo.
Respuesta que es apuesta y desatina.
Responso a la difunta Gran Bretaña.
Respingo que lo da quien más se empina.
Y mientras se la ignora o se la extraña
a una Europa, que, al serlo, fue latina,
ya no se habla en cristiano ni en España.

José Bergamín



BRILLO EN LA MANO

Locura es estar ausente
humo es todo lo que queda
de mí en la página que no hay
cae al suelo mi figura
y libre de mí se mueve
el papel de pura ausencia.

Leopoldo María Panero



SI DIOS FUERA MUJER

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

Mario Benedetti



INSOMNIO

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?

Dámaso Alonso ("Hijos de la ira")



LIBRE TE QUIERO

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

Agustín García Calvo




TUS CINCO TORITOS NEGROS



Contra mis cinco sentidos
tus cinco toritos negros.
Torito negro tus ojos
torito negro tu pelo
torito negro tu boca
torito negro tu beso.
Y el más negro de los cinco,tu cuerpo, torito negro.

Barreras puse a mis ojos,
tus ojos me las rompieron.
Barreras puse a mis manos,
les hizo sombra tu pelo.
Barreras puse a mi boca,
tu boca les prendió fuego.
Puse mi beso en barreras,
tu beso las hizo leño.
Y puse duras barreras de zarzamora al recuerdo
y saltó sobre las zarzas tu cuerpo, torito negro.

Deja, que no quiero verte.
Déjame que no te quiero.

Y luego monté mis ojos
sobre un caballo de miedo.
Tus ojos me perseguían
Como dos toritos negros.

Y luego metí mis manos
bajo un embozo de fuego;
tu pelo se me enredaba
como un torito negro.

Y luego junté mi boca
contra la cal de mi encierro.
Tu boca estaba acechando
igual que un torito negro.

Y luego mordí mi almohada
para contener mi beso,
tu beso me corneaba
igual que un torito negro.

Y luego arañé mi carne
de tentación y deseo
para que no me gritara
que yo te estaba queriendo.
Y tu cuerpo encandilado
mimbre, luna, bronce y fuego
se me plantó ante los ojos
igual que un torito negro.

Deja, que no quiero verte.
Déjame, que no te quiero
El aire del cuarto estaba
temblando con tu recuerdo.

Cien caballos por mis venas
a galope por mi cuerpo
y yo jinete sin rienda
luchando por contenerlos.

Cien herreros en mi boca
trabajando con mis besos,
y yo queriendo ser fragua
para poder deshacerlos.

Cien voces en mi garganta
gritándome que te quiero,
y yo, mentira infinita,
gritando que no te quiero.

Salí por aire al balcón...
me tropecé con el cielo.
Aquel cielo quieto y hondo,
verde, blanco, azul y negro,
igual que el de aquella noche
de nuestro primer encuentro
en que me hirieron, al paso,
tus cinco toritos negros.

Y me acordé de aquel aire
que jugaba con tu pelo
como un niño a quien le gustan
los caracolillos negros.

Y me acordé de aquel rayo
de luna, fino y torero,
que puso dos banderillas
de luz en tus ojos negros.

Y de aquel dolor de labios
que nos quedó de aquel beso,
y de aquel dolor de brazos
y de aquel dolor de huesos
y de aquella caracolade amor,
que quedó por dentro
como un mar de amor dormido:
... que te quiero... que te quiero...
Y se me escapó la voz;grité:
te quiero, te quiero.

Y ya no junté mi boca
contra la cal de mi encierro
y ya no mordí mi almohada
para contener mi beso,
y ya no metí mis manos
bajo un embozo de fuego.

Junté mi beso a tu boca,
junté mi boca a tu beso,
y otra vez aquel dolor
y aquel temblor de recuerdos
pensando en aquella noche
de nuestro primer encuentro.

Te quise siempre, te quise,
te quiero siempre, te quiero.
Aunque no puedo quererte,
Te quiero.

Aunque no debo quererte,Te quiero.
Aunque en cunas de tu casa
Se está meciendo un almendro,Te quiero.
Aunque tú tienes dos lirios
Que se te cuelgan del cuello,
Te quiero, te quiero.

Y aunque ponga más barreras
de zarzamora al reduerdo
para que nunca las salten
tus cinco toritos negros,
torito negro tus ojos,
torito negro tu pelo,
torito negro tu boca,
torito negro tu beso,
y el más negro de los cinco,
tu cuerpo, torito negro,
te quise siempre,
te quise,
te quiero siempre,
te quiero.



Manuel Benítez Carrasco




LAS FUENTES DE GRANADA

Las fuentes de Granada...
¿Habéis sentido
en la noche de estrellas perfumada
algo más doloroso que su triste gemido?
Todo reposa en vago encantamiento
en la plata fluida de la luna.
Entre el olor a nardos que se aspira en el viento,
la frescura del agua es como una
mano que refrescase la sien calenturienta.
El agua es como el alma de la ciudad. Vigila
su sueño, y al oído
del silencio le cuenta
las leyendas que viven a pesar del olvido,
y bajo las estrellas de la noche tranquila
tiene palpitaciones de corazón herido.
¡La voz del agua es santa!
Quien la profunda música de su acento adivina,
comprenderá algún día la palabra divina...
¡El agua es guzla donde Dios sus misterios canta!
Las fuentes de Granada...
¿Habéis sentido
en la noche de estrellas perfumada
algo más doloroso que su triste gemido?
Una, gorgoteante, suspira entre las flores
de un carmen, esperando la mano de un ensueño
que abra a la blanca luna sus claros surtidores
para dar a la noche sus diamantes de sueño;
y mientras sobre el mármol, una a una, desgrana
las perlas de sus ricos collares de sultana.
Algunas se despeñan como ecos de torrente
y entre las alamedas descienden rumorosas,
arrastrando en el vivo fulgor de su corriente,
en féretros de espumas, cadáveres de rosas.
Otra por las paredes resbala lentamente,
y entre las verdes hiedras lagrimear se siente,
como si poco a poco por una estrecha herida
se fuese desangrando hasta quedar sin vida.
Las hay ciegas, y en ellas
llora toda la móvil plata de estrellas.
Hay en el aire tanta humedad que da frío.
La noche un fresno aroma acuático deslíe.
El agua llora, gime, suspira, canta y ríe,
y dominando el gárrulo y eterno murmurio
se oyen plañir las roncas serenatas del río...
¡La sangre de Granada corre por esas fuentes,
y en el hondo silencio de las noches serenas,
al escuchar sus músicas sobre los viejos puentes,
la sentimos que corre también por nuestras venas!
Aduerme nuestro espíritu su musical encanto;
bebemos el ensueño de sus respiraciones;
penetra hasta la carne en lentas filtraciones,
y huye por nuestros ojos en un furtivo llanto...
Las fuentes de Granada...
¿Habéis sentido
en la noche de estrellas perfumada
algo más doloroso que su triste gemido?

Francisco Villaespesa

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Martita



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La familia



"La familia"

Óleo sobre tabla




Dibujo a lápices de colores




"El todo por la parte"



El desván de los objetos perdidos



El secreto

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AGRADECIMIENTO A QUEREJETA

>> jueves, 26 de noviembre de 2009

Creo que sería injusto hablar del cine español pasando por alto la figura de Elías Querejeta. Podríamos decir que es un “bicho raro” de toda esta fauna que dice prometernos ilusión y nos entrega una costumbre. Parece que el cine no puede aspirar a más historias que las que con su rutina se nos presentan en las carteleras. Quizá porque viene de otro tiempo, Querejeta siempre quiso apostar por nuevas historias (y, claro está, nuevos directores), siempre escuchó aquellas opiniones que podían ser eludidas por otros “jefazos” de la industria. Así, parece ser ahora un anacronismo. Pero ese espíritu positivo ha continuado persistente en su tarea, no ha cejado en un momento para su propósito. Cree teóricamente, frente a los que prefieren cumplir con su tarea de ganar dinero sin complicarse su existencia. Ayer le vi en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. Se celebraba el veinticinco aniversario de la película “Tasio”, De Armendáriz. Una película sobre la que dijo Juan Benet: “Con la que está cayendo en el cine, y vienen aquí unos señores y hacen una película de pastorcillos”. Allí, en el homenaje, estaban el director, el director de fotografía, el representante de cultura en Navarra, Juan Ramón Corpas, con el que une a mi familia una profunda amistad (mis padres tenían una cuadrilla en Estella de gente, como se ve, muy particular) y el productor. Cuando le invitaron a participar en el coloquio, negó con la cabeza. “A mí lo que se me da bien es cantar” y entonces comenzó a tararear esa canción popular tan característica que en dos ocasiones aparece en la película. Todos los de la mesa acabaron haciéndole coro. Y, es que, a pesar de su humildad, este señor lleva sobre sus espaldas el peso de cincuenta años de cine en España. ¡Y qué bien los soporta! Vaya este homenaje a su figura incansable, este agradecimiento a una persona que hizo posible “otro cine” más rico, nuevo e interesante en este país.

26 – 11 - 09

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LA PISTOLA DE LARRA

>> martes, 24 de noviembre de 2009

Un amigo me comentó no hace mucho (en relación al seguimiento de mi blog) que me había vuelto bastante ácido en mi escritura. Es cierto. Así en el ensayo como en la prosa y el verso (así en la tierra como en el cielo). Y es que, por otro lado, cada vez acepto menos las cosas en este ámbito en el que puedo ser meridianamente claro (expresión que escuché por primera vez de la boca de Mariano Rajoy) como es este, el confidencial, en el que, afortunadamente, no tengo a un señor que me dé una réplica y me eche para atrás en la expresión de mi opinión. Esto debería de ser bueno, pero me doy cuenta, como ya digo, con el tiempo, de que estas personas que me acallan no suelen ser las más adecuadas para dictar sentencia. En resumen, que son fácilmente rebatibles cuando hay firmeza y decisión en la actuación. No es mi caso, como se habrá podido adivinar en todo este trasiego de palabras.
He tenido que dejado de leer “Los Miserables” para afrontar un libro teórico “elegido de forma obligatoria” para una asignatura. La paradoja de todo esto es que el señor Bordieu en “Las reglas del Arte” utiliza todo un prólogo para comentar “La educación sentimental de Flaubert” (un prólogo que va a continuación de un preámbulo- ¿por qué hay gente a la que le cuesta tanto comenzar a hablar?). ¿Por qué tengo que dejar de leer una novela para “analizar” otra? Además, a uno se le ponen los dientes largos (seguramente acabe anteponiendo Flaubert a Hugo después de esta lectura) por estar viendo los extras o comentarios del director antes que la propia película. No es lógico, como tampoco lo sería anteponer dejar a Bordieu por Flaubert en este espacio tan reducido que tienden a llamar cuatrimestre (aunque no llegue a los cuatro meses) y en el que se enmarca esta asignatura. Es como cuando Zola decía aquello de “Pueblo ciego que ríe” refiriéndose a la exposición en la que se denigró a La Olympia de Manet. Ahora quiero leer a Zola y no meterme en una exposición universal (porque puedo acabar en el palacio de cristal de El Retiro). Si “Flaubert habla de Flaubert” ¡vayamos a ver al Museo Romántico la pistola con la que se suicidó Larra!
Así, en este mundo de contradicciones, un profesor alaba mi forma de escribir pero a su vez afirma que la forma con la que he explicado una obra ha estropeado el concepto que tenía de ella. ¿Te gustan o no mis palabras? ¿Escribo bien por coherencia o por estilo y luego digo tonterías realmente? No sé, lo único que tengo claro es que cada vez me insuflo de más mala leche cuando tengo que decir algo sobre… algo… de… alguna…cosa.

24 – 11 – 09

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Ventanas



Tres ventanas (homenaje a "La Gran Familia")



Romeo



Leonor, never more (The raven)



La casa del gigante

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TUVE UN SUEÑO (I HAVE A DREAM).

COORDENADAS: SÁBADO DE GUARDAR PREVIO COMIENZO DE LA JORNADA.

Soñé que me encontraba realizando mi película imposible. Por supuesto, me refiero en términos abstractos. Sería más correcto, en un discurso general, referirme a Mi Proyecto Vital, que se resumía en mi impotencia como persona sexual. “En el momento en que pierdas el temor en este aspecto de la vida, afrontarás el resto de tareas sin ningún tipo de complicación”. Podríamos decir que el compromiso para con mi vida, para con ese destino que no existe salvo cuando es pasado, se representaba en una cuesta que, para más inri, se construía de cascotes que complicaban La Subida. Era un relato concreto lleno de coherencia en mi caso, a pesar de que resulte totalmente extraño a los demás. Estaba el actor, un amigo al que perdí la pista hace bastante tiempo ya. Se encontraba interpretando su papel, pero no era mi papel. En el guión aparecía otra cosa, yo lo tenía claro. Un guión que no apareció en ningún momento físicamente, pero que yo recordaba con sus comas y puntos. ¡No era aquel el personaje que habíamos acordado! El original presumía de elegancia y sensibilidad. Este era rudo y burdo, animalizado completamente. El lugar donde nos encontrábamos las tenía todas para ser una cueva, digo yo que para remarcar el dramatismo de este personaje nuevo. Yo parecía contento, como convencido, pero ese otro yo, el real, el que parecía verlo todo desde fuera, sabía que no podía mostrar conformidad. Permanecía pasivo ante el inminente desastre. Después, aparecieron los otros, todos como en desfile de muertos vivientes. Se colocaron en las butacas, en aquella cueva que ahora se transformaba en una especie de sala de pruebas para selección de personal dramático. ¿Por qué? ¡Ellos sabían que era ese día el del rodaje! Ellos adoptaban la postura de desconocer el motivo por el que se encontraban allí. Desde luego, no se les veía con disposición para encarar un trabajo de cámaras en funcionamiento. Entonces, supongo que aquello dejó de ser un sueño porque mi yo moral, ese Pepito Grillo que casi aullaba por no ser escuchado, decidió dar al traste con todo aquello creando un sabotaje externo. Como si hubiese dinamitado los cimientos de aquella locura, supe que aquello había acabado y abrí los ojos con la confusión de las once de la mañana.

24 – 11 – 09

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El viejo Dragon de "La Elipa"

>> domingo, 22 de noviembre de 2009

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DRAGÓN

No. Esto que ahora escribo no va a tratar de Bruce Lee. El tema escogido es el de Dibujo Técnico. En este preciso instante, habrá un número considerable de personas que haya dejado la lectura y se haya dado a la bebida. ¿Cómo he podido caer tan bajo? Hablo desde mi triste destino, acordándome todos los días de la familia de Monje, el gran creador y salvador de la civilización. Nótese la ironía en mis palabras. Este señor ¿por qué tenía que venir y hablarnos de que necesitábamos de una capacidad espacial? Su definición se ensombrece más si añado que fue uno de los que firmaron la primera sentencia de muerte en la guillotina. Y es más sórdido aún cuando un servidor se entera de estas cosas cuando es el propio profesor el que presenta así su asignatura. Pérdida de tiempo con profesores particulares y academias… Como ese niño que se encuentra en un conservatorio contra su voluntad y mira, de forma gráfica, lo que sucede en la calle. Luego, al día siguiente, no quiere comer porque sabe que después de hacerlo, a continuación, tendrá que retornar allí. Olvida que no por no comer no llega la tarde. Esta es, nunca mejor dicho, la más puntual. Así, en uno de esos días en los que no hay ni siquiera música de teoría, sale uno de ese lugar y comienza a avanzar en ese mundo inseguro que habla así: “¿Si no eres capaz de visualizar lo que tienes alrededor con tus propios rayos-x (así tengo que bajar la cabeza ante la arquitectura, que puede serlo todo) cómo vas a ser capaz de afrontar las otras dimensiones de la vida?” Hay que salir de ahí, hay que llegar a tal extremo de inmovilidad, como “Battlerby el escribiente” o “monsieur Teste”, que acabe uno hasta teniendo ganas de volver a enfrentarse con la muralla. Hay una parte de la asignatura en la que me atoro. En un principio, en las primeras clases ¡qué bien se explican todos! ¡Qué fácil parece! Uno tiene ganas incluso de dedicarse a esto como posible profesión futura! ¡Qué difícil es la inspiración y qué fácil indicar por qué puntos hay que pasar una recta! (te lo dicen hasta de niño, en esos cuadernos que te crean la ilusión de dibujante siguiendo la línea de puntos)
Si perdemos la visión espacial cerrando uno de los ojos, los piratas debían de pasarse siempre de barco cuando se lanzaban al abordaje… Lo mío tiene delito, pues ni siquiera tengo parche. Todo esto lo complica más la errónea concepción universitaria que poseo. El dibujo técnico está en todos los ámbitos de la carrera y, sin embargo, me empecino en verlo como un compartimento estanco que nada ni a nada afecta. Y así con las demás asignaturas. Sin embargo, soy capaz de reconocer que para levantar una escultura se necesita del dibujo para trazar su armadura. ¿Por qué no veo que una estructura sin las medidas y proporciones exactas, pierde toda estabilidad?
Bueno,tras una de las clases, huyendo de la asignatura, llego a “La Elipa”. Nunca había llegado allí en metro. Me habían prevenido de cierta inseguridad. Mas, todo miedo, se olvidó antes de salir del subterráneo, cuando llegó a mí un profundo olor de bollería. No llegué a saber de donde provenía, no encontré el lugar. ¡Era inconfundible este olor! Otra vez me sucedió que esperaba a una persona en otra salida de metro, una noche de invierno, y me llegó su olor como cinco minutos antes de que se personara ante mi. Observé un mural que recibía o despedía a los viajeros (según como se afrontara el frontón). Estaba plagado de frases animosas que recordar en momentos extraños como este. Ahora no recuerdo ninguna. ¿Dónde está la sencillez de las cosas, la barrera para olvidar el olvido? ¡Si un eminente escritor no es capaz de mantenerse vivo en la memoria de uno, qué pasará con los publicistas! Recuerdo los anuncios pero raras veces lo anunciado. ¡Maldita poética! Había ido allí, a ese lugar, en busca de esas personas que casi son de la familia, pero que de mayor tienes que preguntar el origen de la relación porque de forma lógica es imposible de adivinar. Trifón, casado con Raquel, amiga casi de la infancia de mi abuela. Boticario. Hacía tiempo que no sabíamos de ellos. Llamó la otra noche para saber de la abuela, operada por voluntad propia, para evitar un cólico. Cogí yo el teléfono porque mis padres estaban en el hospital. Me dijo que me tenía que dar unos libros que había cogido para mi hace un par de años y que me iban a gustar. Después, la realidad es otra bien distinta: se los regalaron en la casa de la moneda al comprar un par de grabados como pseudo-coleccionista de arte (el nivel adquisitivo medio no es para tirar cohetes, si para comprar dos estampas de edificios religiosos- uno de ellos “La Almudena”, no digo más). Total, que sin comerlo ni beberlo le endosaron un libro de Palazuelo y otro de Chirino. Palazuelo, artista que odio desde primero de curso, idolatrado por un profesor que me hizo un curso imposible. Que, en el funeral de mi abuelo, lo tenían como decorador oficial en el tanatorio, presidiendo los cuerpos a los dos lados de la habitación en enmarcaciones tan frías como su contenido. “En cuento vi que se trataba de cosas abstractas… pensé en ti”. Tenía que haber dicho tras los puntos suspensivos: “comprendí que regalaran este tipo de libros en aquel lugar”. Bueno, pues con los libros bajo el brazo, salí de allí contento de reencontrarme con esta persona recordada fielmente en mi memoria visual. ¡Me acordaba hasta de la boina que no ha dejado de ponerse! Pero antes… el Gran Dragón. Estaba allí, en el mismo sitio. Pensé que había sido pasto del agua de ese pantano que hace olvidar su historial a las personas a la vez que las proporciona hidratación. El dragón había sido semienterrado, por así decirlo. Estaba condenado, ya no podía utilizarse como lo que era: un inmenso tobogán. Ahora, era una escultura sin huecos, un testimonio inútil para las nuevas generaciones. Para los que tuvimos la suerte de introducirnos en su secreto, no. Esto sucedió el viernes. El sábado, me encontraba por esas mismas horas, en el lugar secreto del Cine Doré desde donde se proyectan las películas. Por todos sitios, latas con títulos originales: “Sunrise” de Murnau, “Jour de fete” de Tatí, “Splendor in the grass” de Kazan, “How green was my valley” de Ford… Y, por supuesto, dos pequeños ventanales que daban al teatro delicioso, casi de cuento, donde los espectadores permanecen ajenos a los mecanismos que hacen posibles las ilusiones. Esos ojos, como los del dragón, me protegían de lo que había fuera y me hacían sentirme superior. “Utilizamos dos máquinas para las películas que necesitan, por su duración, un empalme de rollos sincronizado y no manual”.

22 – 11 – 09

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SILUETA

>> miércoles, 18 de noviembre de 2009

Françoise Seagan se encontraba como invitada en una cena al aire libre. Era una casa como todas las casas que puede uno imaginarse en las afueras de la ciudad. Pocos aspectos la diferenciaban de las otras. Allí estaba ella solo con similitudes en su cabeza. Vio la barbacoa, oxidada en su propia definición. Vio la mesa sin mantel y con comida. Vio un sofá de cañas. Optó por sentarse en aquel, pues sabía que era de cañas al no estar ocupado con nadie que pudiera hacerle sombra. Se tumbó todo a lo largo. ¡Cabían al menos siete personas! Este sofá estaba orientado hacia el tabique vegetal que separaba la casa de la siguiente (y etcétera hasta muchas más allá). Nada le importaba de lo que allí se hablaba. De hecho, podía no haberse ido hasta allí, estar ocupando su tiempo en otras cosas. ¡Pero cosa extraña lo que tienen los amigos! Parece que les hacemos favores aceptando invitaciones. Nos llenamos de odio cuando pensamos que nunca habríamos tenido el mal gusto de haber invitado a esta persona a algo nuestro. Y, mientras tanto, no pasan nubes, ni siquiera las de de la barbacoa (creo que dejé claro que esta está en desuso).
De repente, escucha una voz. “¿De dónde viene? ¿Por qué quiero saber de dónde viene? ¿Qué me dice de interesante?” se preguntaba.
Entonces, se percató de una extraña silueta al otro lado de “la pared”.
- Sí, soy yo. Te aburres ¿no?
- Vine por un sujeto que ahora está con otro sujeto y otros que a su vez le sujetan.
- ¿Tú no sujetas?
- No, yo miro cómo es sujetado, que resulta más divertido.
- Este vecino mío tiene la manía de andar sin apoyarse…
- ¿Por qué me hablas?
- Porque en el fondo no busco sino una muleta…
- Te he dicho que me gusta mirar simplemente.
- ¿Cuál es tu nombre?
- Me acabas de llamar muleta…
- Tienes razón.
- Tú eres silueta ¿no?
- Sí.
- ¿Por qué no das la cara?
- Me acabas de llamar silueta ¿no?
- De acuerdo. ¡Touché!
- ¡Pues bye bye!

Aquella noche Françoise soñó con él. Era igual de negro que como le recordaba. Era fácil de retener en la memoria físicamente, aunque no tanto sonoramente. Pero le recordó. Quería dedicarla un poema. Ella le echó “en cara” que escribía muy fácilmente poemas. Él preguntó que qué había de malo en ello, pues él pensaba que no había nada en su conducta de derroche. En estos términos se expresaba:

¿Qué hay de malo en tu pensamiento
que nada quiero saber de ti?
¿Por qué este mi comportamiento
y no otro menos hostil?
Algo hay en todo esto que no me gusta nada
Hago un profundo análisis en mi persona
Aunque siga sin querer verte
y te rehúya
tan salvajemente
siento que debo cambiar

Así Françoise se despertó en el mismo sofá y comprendió que aquella silueta le había ganado la partida en su propio campo.

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NEGRA MIRADA

>> domingo, 15 de noviembre de 2009

Ciegos como las águilas
Ensangrentados por picotazos de nuestros padres
Por mirar de frente
La misma luz que ilumina y ciega*
Tornamos a la muerte
Desgastadas las miradas
Cuencas vacías, atención sorda
Ellos ven que ni siquiera pían
Porque hemos/han perdido (hasta) la facultad del habla

* Inspirado en uno de los aforismos de Leonardo

15 – 11 – 09

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"Vals Triste" de Jean Sibelius

>> jueves, 12 de noviembre de 2009

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COHERENCIA

>> miércoles, 11 de noviembre de 2009

Cuando conocí a Máximo tuve que pasar, como todos los que ahora le conocen, por un primer impacto: verle con los pantalones puestos como camiseta y la camiseta puesta como pantalones. Vacilé en preguntarle, de modo que tuvo que ser él quien formulara la cuestión y quien se contestase a sí mismo: “Es mi forma de llevar el duelo por no poder ver las cosas boca abajo”. Me impresionó gratamente.

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Teatrito para "El espectador como espectáculo"

>> lunes, 9 de noviembre de 2009










Fotografías decentes. Cortesía de Nieves de la Fuente















Pruebas chuchurrias (proceso de trabajo)

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Obras para la inspiración



Guy Debord: Portada del libro Hiroshi Sujimoto
"La sociedad del espectáculo"



Fluxpost. Paolo Manfredi. Anis Kapoor




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El espectador como espectáculo

Los árboles no nos permiten ver el bosque. En el caso de Sujimoto, el exceso de imágenes no nos permite ver “en” la pantalla. ¿Qué es la pantalla? ¿Qué clase de misterio sucede cada vez que se apagan las luces y comienza la función? ¿A quién sonreímos que crea ese consenso? ¿Qué tipo de control es el que consigue encerrar a un centenar de personas por cada cubículo prometedor? No olvidemos que aquello se limita a cuatro paredes con un foco “generador de ilusiones”. Desilusiones, diría yo. La respuesta a todo esto es la siguiente: No somos capaz de vernos al otro lado proyectados. No somos capaces de ver la realidad en la cual nos vemos inmersos y participamos, estamos inmersos en ella de forma aparentemente voluntaria. En la fotografía de “La sociedad del espectáculo” de Guy Debord aparece un complemento para la de Sujimoto. En este caso interesa personificar al público como dispositivo casi robótico, que ha perdido su carnalidad por unas gafas de tres dimensiones. La obra de Anis Kapoor muestra un “Gran Hermano” que resulta incluso adecuado para fotografiarse con él, si se es peatón de paso, como anécdota. ¿Las personas aquí tampoco se ven? Como cualquier novedad en la urbe, la cosa más ínfima que se salga de la realidad, “merece pasar a la posteridad”. Cada vez que se personifique con un fotografiado diferente, se estará cumpliendo el motivo por el cual cada artista se sintió impulsado para actuar.
Señoras y señores: les presento “La comedia humana”. Aquí tienen ustedes una maqueta que representa un teatro extraño que nunca pasará de “boceto previo”. Claro, ni yo soy arquitecto ni mi propósito es ir más allá de este fantasma. Hay aquí una necesidad de verse contemplado fuera de todo narcisismo. Toda persona que se acerque a esta caja (aparentemente, no se percibe lo que sus cuatro caras esconden como caja) sentirá la curiosidad de avanzar por el mero hecho de curiosear lo que en su interior esconde. En un primer momento pensé presentarla tumbada, boca arriba, para que aparentara todavía menos lo que en realidad contenía. Una vez asomado el individuo al interior, solo se encontrará consigo mismo. El atrezzo es solo un conductor hacia esa finalidad. Se verá engrandecido, como si fuese “Alicia” o “Gulliver”. La diferencia de dimensiones resulta también importante, puesto que esta idea abstracta del “espectador como espectáculo” juega con esa transformación de pensamiento, ese cambio de visión. Quizá las dimensiones menores de la obra ayuden a hacer más digerible este paso. Incluso puede verse como un mero juguete. El alambre que puede parecer mimbre no es sino una forma orgánica para designar a aquellos que no están pero podrían figurar. La ausencia del espectador se ve sustituida por ese calor que desprende cada una de las sillas, ese dibujo tridimensional hecho a partir del material con el que se configuran las esculturas en su estructura más clásica. Ese escenario vacío no nos habla del intermedio entre función y función (podría aparecer incluso una persona de la limpieza siendo retratada por su reflejo) sino del propio ser humano, el mismo creador del sistema de entretenimiento. En otro de los primeros momentos de tormenta de ideas, incluí a un personaje sosteniendo el espejo por detrás, un espectador que se resistía a ver la realidad pero colaboraba directamente para hacerla posible. Es este tipo de visión abstracta la que he decidido adoptar respecto de lo que “no muestro”. En este caso, este personaje medio-funcionario, gris, confiere al relato truncado un carácter casi cómico. No me interesaba. Buscaba la economía de medios. No tanto cómo realizar los pliegues de las cortinas como el color oscuro a través del cual conduce esa alfombra roja. Y es que, los personajes de Paolo Manfredi pueden estar perfectamente definidos en la irregularidad de cada una de las sillas porque, dentro de la frialdad de un sistema de producción, está en este caso la mano del que crea individualmente. Así, dentro de este panorama aparentemente abandonado, hay un cierto calor artesanal.

9 – 11 – 09

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Naturaleza muerta: El gorila Maguila con el busto de Chaplin en una canastilla

>> domingo, 8 de noviembre de 2009


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"¿Por qué no me hiciste de piedra, como a él?"


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ESMERALDA LA ZÍNGARA

Personal película como no podía ser de otra forma con Dieterle en el puesto de obra.
“El Jorobado de Notre dame”, “Nuestra Señora de París” y, ahora, otro título para designar lo mismo y volvernos más locos: “Esmeralda la Zíngara”. Hay, como se observa, tres partes bien definidas: la catedral, el personaje que vive refugiado en ella y la muchacha que rompe la normalidad del escenario en su cotidianidad. Una joven Mauren O´Hara, de la cual no sabíamos todavía su era pelirroja o no debido al blanco y negro.
Hay toda una poesía desplegada en la película. No hay que olvidar la enseñanza de la Historia (La imprenta de Gutenberg, la función didáctica en la piel de los edificios religiosos, la situación de clases. En resumen: el progreso frente a lo que va quedando como historia de los lugares por los que pasa la huella del hombre) pero hay que atizar y bien a los clichés: por ejemplo, ese rey bueno que pone en evidencia a la moral general de los otros estamentos, que se pone del lado del pueblo. Luego, ese maléfico Frollo que parece encontrarse “solo a medias” entre los religiosos (aquí hay un engaño para convencer de lo contrario). Hay que reconocer que Hugo en esto es el rey. Conmueve como nadie a quien lo lee, lo posiciona gracias a su trabajo analítico de “modelos de personas” un tanto tópico. “El pueblo es peligroso” dice frollo al rey. Este contesta: “¿Peligroso para quién?”
Pero volvamos a la poesía:
Estas bellas palabras, casi convertidas en poesía, que Mauren O´Hara dice a su amor platónico, el caballero que no puede amar (porque su vida es lucha continua, desafío a la muerte), los dos en la hierba, alejados del resto de la fiesta:

¡Febo!
Ahora te veo
La luna muerde la noche
Mientras el sol reposa
¡Cuán venturosa es la luz de Febo!
¡Febo, el rey del día!

Febo, aquí como nombre particular de personaje y como referencia a la mitología solar.
Esmeralda cree en el amor universal (no confundir solo con el que suscita la pasión) pero, como es de esperar en “una persona ingenua que solo pide cariño en el mundo” (vemos cómo reza por primera vez a la virgen, a esa obra de arte que representa esa biblia de piedra de los pobres), todos se aprovechan de su hermosura y bondad, y tan solo el jorobado es digno de su amor.
La “locura” de amor puesta de forma gráfica en la virulencia con la que desempeña Quasimodo su labor como campanero.
Los clichés del desprecio a los seres inferiores según el arraigo de culturas, como los tullidos como es el caso, o las razas, como en el de Esmeralda, la “zíngara” o gitana. Este aspecto contiene dos vertientes: la negativa y la del folclore. En los dibujos de Disney (a secas, la factoría tan solo… El tío Walt ya no estaba ahí) se incrementa con la sensación pictórica de su piel bronceada.
Disney calca con insolencia este filme. Teníamos a su precursor, en la fábrica de Carl Laemle, con Lon Channey, (“El fantasma de la ópera”) encarnando uno más de los personajes que le consagraría. Más, en mi opinión, creo que aquí Laughton (“Testigo de cargo”) se arriesga como actor al interpretar un papel alejado de su constante, ahora toda recubierta de artificio (ese ojo por debajo que nunca pestañea).
Hay otra reivindicación: La manía de culpar a las personas sembradas con el odio de la sociedad. Después, esta frase hacia los poderosos que recuerda a la famosa de Unamuno “venceréis pero no convenceréis”. Corresponde al momento en que unos soldados entran en una imprenta para desbaratar la publicación de papeles denunciantes contra la dictadura de los altos mandos:
“¡Podréis destruir la forma, pero no el espíritu!”
Cuando Quasimodo refugia en su campanario a Esmeralda después de arrebatarla de la horca, la muestra desde una de las ventanas lo pequeñas que ese ven las personas desde ahí arriba. Se siente poderoso, se siente asegurado en ese lugar que le ha dado la condena: las campanas además le han dejado sordo. Me vino a la cabeza “Él” de Buñuel, cuando Arturo de Córdova repite esa misma frase antes de tratar de estrangular a su mujer. Hitchcock a su vez dijo inspirarse en este momento para “Vértigo”.
Ella no comprende su felicidad, le horroriza ver cómo se arroja al vacío aferrado a la enorme campana mientras trata de crear música en honor de ella. También él comienza a darse cuenta de su “no hermosura”. Entonces, comienza a ocultarse las partes del rostro que no quiere que le vean, se avergüenza cuando se dirige a ella y, a su vez, ella sufre al verle de esta manera. El propio jorobado abrazado a una de las gárgolas y preguntando a Dios “¿por qué no me hiciste de piedra como a él?” resulta uno de los mejores finales de cine que hasta hoy he podido ver, muy bien aconsejado, por cierto, en este caso.

Sésil Démil 8 – 11 – 09

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cartel de "El Clavo"

>> sábado, 7 de noviembre de 2009


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EL CLAVO: ALARCÓN – GIL

Sigo pensando que me encantaría ser Rafael Durán para enarcar una ceja y que todo girase a mi alrededor. Descubro ante los demás un cierto modelo de belleza femenino en mí arraigado con mi propio descubrimiento de Amparo Rivelles, allá cuando era una jovencita de carnes generosas pero a la vez comedidas. Encuentro en Pedro Antonio de Alarcón un amigo de adaptación perfecta de la España del diecinueve en el cine, aún cuando difiera en un par de detalles que en general no entorpecen la puntuación óptima. Mas, hay una cosa que encuentro incongruente: ¿De dónde se saca un piano la protagonista al llegar al hotel? ¡Yo también quisiera entretenerme al hacer un alto en el camino, pero no se me ocurre pedirle al conserje tal capricho! Sin embargo, inspira. Me viene ese sonido del instrumento cuando el ejecutante se muestra inseguro en sus primeros ejercicios. ¡Cómo va dejando cadencias en el aire, sin preocuparle el ritmo, sin creer en más allá de sus paredes vacías del estudio! Como una caja de música cuando va perdiendo cuerda.
“El Clavo” es una historia que derrocha sentimentalismo más allá de su justa medida. “El Clavo” es un título que nunca muestra esto que le da sentido, cuyo nexo de historias permanece invisible. El crimen existe pero no las pruebas para el espectador.
¿De verdad el mundo es tan pequeño? ¿Qué relación hay entre el amor propio y la profesión? ¿Cuándo la ética destroza las vidas de aquellos que la dan sentido? Javier Zarco, el protagonista, trata de mantener la coherencia en un mundo deshumanizado: allí está el ejemplo gráfico del “Vuelva usted mañana” de Larra… Pero… Hay otros casos donde, el propio individuo, se presenta como inhumano por comportarse de acuerdo con su origen: Hay en el Carnaval algo terrible, en este caso. Es de agradecer una fotografía tan espléndida en ese tenebrismo de escenarios de cuento como en aquel otro de la cotidianidad, como bien puede ser este ejemplo de la fiesta en el hotel. Planos fijos tan meditados como los de la inclusión de elementos que jueguen a la balanza como en un cuadro (el cabezudo, las serpentinas, las escalera que da a las habitaciones -tras la fiesta, en la soledad del hotel…) Otros más económicos como los de unas nubes surcando un fondo gris… Y los falsos escenarios de exteriores, todo un pueblo al más estilo Zuloaga (con la inclusión de ese medio western de carruajes como mediadores).
¡Ese baile de la desesperación con esa amada que ya es casi un fantasma!
La pretensión de proyectos de este tipo demuestra lo que puede dar de si un relato breve, su superioridad a obras extensas infumables. Un tipo de cine español histórico-fantástico, que, por lo que se ve, es lo que mejor se nos da (debíamos explotarlo más allá de ese otro paródico como el del “Lazarillo de Tormes”). Nunca el histórico-verídico, aunque parezca que son mismas palabras.

7 – 11 – 09

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"Es notable que los órganos genitales mismos casi nunca sean considerados como bellos, pese al
invariable efecto excitante de su contemplación"

Sigmund Freud. "El malestar en la cultura"

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A CASINHA PEQUENINA

Allí estaba la madre sentada en penumbra, mirando con ojos de felino que tantea un terreno inescrutable. Su mirada refulgía detrás de la mesa camilla. Los dedos iban solos en el ganchillo. Serían las dos de la mañana. De pronto, la puerta se abrió con un movimiento de llave más rápido que el sonido de la cerradura. Entró un muchacho alto y delgado, con un flequillo que no sabía para dónde ponerse.
Comenzó a caminar con temor en la oscuridad. El espacio todavía no lo había asimilado, no lo había hecho suyo. Tenía que pasar al menos una semana para volver a poner los tabiques en su sitio en el plano mental. Cada año le sucedía lo mismo. Había olvidado que un día tuvo esta casa por suya.
El silencio era un juego de mal gusto. La mujer casi aguantaba la respiración con una profesionalidad que solo la maternidad hace posible a la luz.
El chico comenzó a inquietarse. No encontraba el interruptor porque aquella atmósfera se iluminaba con quinqués. El de aquella habitación lo aferraba entre sus manos ahora la madre.
¡Menuda trampa!
- … ¿Mamá?...
Pasaron cosa de quince segundos hasta que la respuesta se dignó a personificarse:
- ¡Alvaro! ¿Qué horas son estas?
- ¡Mamá! ¿Cómo puedes estar vigilando lo que hago en el pueblo cuando sabes que el resto del año estoy solo y a merced constantemente de “tus peligros”?
- Deja que encienda, Álvaro…
Así, la llama vibró dentro de la cápsula de cristal. Vio entonces que su hijo tenía los ojos como nebulosos.
- ¡Mírame hijo!
- ¡No puedo, madre! No soy capaz de ver directamente a los ojos!
- ¡Sabes que eso denota inseguridad o falta de sinceridad! Te lo dije mil y una veces de niño…
- No es eso madre… No soy capaz, los puntos fijos de los dos ojos, la mirada, no puedo responder a esa responsabilidad…
- ¡Tus ojos se han borrado también para mí! ¿Por qué?
- Se desvanecen… Lo sé… Por eso me gustan las noches. Nadie puede descubrir con un quinqué este defecto… Salvo tú, mamá…
- ¡Esos ojos!
- No puedo, no sé lo que sucede, quisiera mostrártelos en su esplendor, pero ya no respondo de lo que me pasa…
- ¡Hijo mío!
- ¡Basta, vuelve a apagar el quinqué!

8 – 11 - 09

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Fotos de la performance (realizada el 20 de Octubre de 2009)

>> jueves, 5 de noviembre de 2009

Para ver la reseña que se publicó en su momento:

http://nosoydali.blogspot.com/2009/10/los-invitados-expulsados.html






























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"Cul de Sac" (Roman Polanski, 1966) ¿Guiño a la estética de Welles?

>> miércoles, 4 de noviembre de 2009









































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