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IMPRESIONES ÍNTIMAS

>> domingo, 29 de noviembre de 2009

Ella interpreta al piano la obra de Mompou.
De pronto, la melodía comienza a deshacerse y acaban sonando las teclas del piano tocadas sin ton ni son. Parece que, durante la ejecución, trata por todos los medios de recuperar el hilo del motivo, pero acaba su tarea llena de frustración, desesperada por no conseguir doblegar sus dedos a lo que su mente pide.
Aparece él por la puerta que comunica con el dormitorio. Lleva puesta la bata y sujeta sobre su cabeza una bolsa de agua. Parece indignado cuando la pregunta: “¿Por qué has dejado de tocar?”. Entonces ella le reprende: “¿Acaso crees que estaba tocando? ¿No es preferible el silencio?”
Se levanta de la banqueta para dirigirse al salón y poner un disco que reproduce exactamente la música que no es capaz de tocar. La pregunta de “¿adonde vas?” de él no obtiene respuesta. La deja hacer entonces.
Comienza a sonar la ambicionada música.
Ella enciende un cigarro y se sienta en uno de los sofás de esta nueva habitación. Mira desterrada al otro lugar y formula la pregunta:
- Escucha bien las notas. Así debería ser yo ¿no?
Él la mira sin comprender:
- ¿Te he dicho algo ahora?
Ella continúa firme en su convencimiento:
- De ese piano nunca saldrán esas notas…
- ¿Quieres callarte? Ahora me habla esa voz (señala el aparato de música). Me duele la cabeza. No puedo oír dos voces.
- Vuelve a la cama. Desde allí podrás oír el disco…
- Pero no te veo a ti…
Hay un tono de cordialidad entre ellos ahora. Parecen haber perdido una batalla. Aún así, aflora el orgullo. Ella se ha cansado de sentirse observada:
- ¿Qué es lo que pasa conmigo?
- Eres toda tú… Trato de ver un Cuerpo de Pentagrama, unas manos que inspiraron una composición.
- Yo no inspiré esto ni inspiraré ningún tipo de estructura lógica. Hemos fracasado…
- Silencio, por favor, ya te lo pedí antes…
Entonces ella se levanta y le da al “STOP”, tratando de mostrar la realidad:
- ¡Es una grabación!
- ¡Vuelve al piano!- ordena el otro, imperativo.
- ¡No voy a volver al piano!
- Volveré yo entonces a la cama… ¡Ya no hay nada que ver ni hacer!
- No te inspiro orgullo. Es eso ¿verdad?
- ¿Orgullo? ¿Qué soy para ti? ¿Tu padre?
- Tú fuiste un amigo, después un hermano. Luego un hijo. Y ahora…
- ¡Tu padre!
- ¡La mujer de mi padre!
- ¿Tu madre?
- Yo no conocí a mi madre. ¡Eres una mujer!
- ¿Ah sí?
- ¿Ah, sí?
- ¡Sí!
- Tu madrastra nunca tocó así.
- Se dirige al piano, quita la partitura del atril y de pie, sin sentarse, interpreta el “Panis Angelicus” de Franck. Toca perfectamente. Cuando finaliza, se gira para preguntar: “¿Qué tal?”. Ella contesta con un “lo has hecho muy bien”, pero lo cierto es que acaba de volver a darle al “STOP” del disco.

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