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LA PISTOLA DE LARRA

>> martes, 24 de noviembre de 2009

Un amigo me comentó no hace mucho (en relación al seguimiento de mi blog) que me había vuelto bastante ácido en mi escritura. Es cierto. Así en el ensayo como en la prosa y el verso (así en la tierra como en el cielo). Y es que, por otro lado, cada vez acepto menos las cosas en este ámbito en el que puedo ser meridianamente claro (expresión que escuché por primera vez de la boca de Mariano Rajoy) como es este, el confidencial, en el que, afortunadamente, no tengo a un señor que me dé una réplica y me eche para atrás en la expresión de mi opinión. Esto debería de ser bueno, pero me doy cuenta, como ya digo, con el tiempo, de que estas personas que me acallan no suelen ser las más adecuadas para dictar sentencia. En resumen, que son fácilmente rebatibles cuando hay firmeza y decisión en la actuación. No es mi caso, como se habrá podido adivinar en todo este trasiego de palabras.
He tenido que dejado de leer “Los Miserables” para afrontar un libro teórico “elegido de forma obligatoria” para una asignatura. La paradoja de todo esto es que el señor Bordieu en “Las reglas del Arte” utiliza todo un prólogo para comentar “La educación sentimental de Flaubert” (un prólogo que va a continuación de un preámbulo- ¿por qué hay gente a la que le cuesta tanto comenzar a hablar?). ¿Por qué tengo que dejar de leer una novela para “analizar” otra? Además, a uno se le ponen los dientes largos (seguramente acabe anteponiendo Flaubert a Hugo después de esta lectura) por estar viendo los extras o comentarios del director antes que la propia película. No es lógico, como tampoco lo sería anteponer dejar a Bordieu por Flaubert en este espacio tan reducido que tienden a llamar cuatrimestre (aunque no llegue a los cuatro meses) y en el que se enmarca esta asignatura. Es como cuando Zola decía aquello de “Pueblo ciego que ríe” refiriéndose a la exposición en la que se denigró a La Olympia de Manet. Ahora quiero leer a Zola y no meterme en una exposición universal (porque puedo acabar en el palacio de cristal de El Retiro). Si “Flaubert habla de Flaubert” ¡vayamos a ver al Museo Romántico la pistola con la que se suicidó Larra!
Así, en este mundo de contradicciones, un profesor alaba mi forma de escribir pero a su vez afirma que la forma con la que he explicado una obra ha estropeado el concepto que tenía de ella. ¿Te gustan o no mis palabras? ¿Escribo bien por coherencia o por estilo y luego digo tonterías realmente? No sé, lo único que tengo claro es que cada vez me insuflo de más mala leche cuando tengo que decir algo sobre… algo… de… alguna…cosa.

24 – 11 – 09

2 comentarios:

Anónimo 25 de noviembre de 2009, 14:22  

¿Cosas? ¿quieres hablar de cosas?... Hay cosas extrordinarias sobre las cosas. Podríamos hablar de la cosificación que estoy hecha... ¿ Y las cosas? ¿tienen un reverso? "sa" ¿y su inverso? saco... ¡sacos! tenemos un elenco de posibilidades de experimentación estética con los...¡cosacos!Deleuze tiene un libro maravilloso sobre ellos...
¿de qué hablabamos?¿de mi? ¡normal!...¿y vosotros?...¡ qué muditos estáis!(...)

putativus 25 de noviembre de 2009, 14:27  

¡Sabía que Josu no tardaría en escribir en este blog!

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