Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

Iván Zulueta

>> jueves, 31 de diciembre de 2009



Read more...

Adiós, 2009, adiós Iván Z, adiós

Sé que hay quien se pone como meta resultar agradable a aquellos a quien admira. Sin embargo, hay otra opción por plantear original de los que organizan venganzas a sus enemigos desde dentro de su propio campo (pongamos por caso, el Caballo de Troya). Hay veces que esta venganza es tan solo parcial, tan solo una sensación interior que dice “te he vencido” sin que el otro sepa del juego al que se ha prestado. Debe de ser una sensación indescriptible aquella otorgada por un crítico a aquel a quien detesta a los críticos (¿todos?), cuando este habla bien de ti. O a lo mejor sucede lo contrario, que hay que comenzar a pensar qué es lo que uno ha hecho mal cuando ocurre esto. Creo que algo así sucederá con los días siguientes que se dediquen a hablar de Iván Zulueta. De la condena al olvido a “exponente de un cine español no explotado lo suficiente”, por ejemplo. Lo cierto es que sería difícil de continuar, de crear alumnos de esta hipotética escuela. El fenómeno “Iván Zulueta” acabó con el fallecimiento del propio director. Él se llevó su descubrimiento. Adiós a un genio. Quizá mi admiración se debe a ese fenómeno que a todos nos embarga: la atracción hacia las extrañezas. Imagino la siguiente conversación:
- ¡Qué buena es un perro andaluz”!
- ¿Te gustaría verla ahora?
- ¡No, déjalo, no estoy yo ahora para Buñuel!

31 – 12 – 09

Read more...

LAS LECCIONES DE “X”

>> miércoles, 30 de diciembre de 2009

Su nombre era lo que menos importaba. Él era un hombre universal. Todo aquel que pasó por su vida sintió la misma sensación tratando con él. “Le conozco de algo” o “Esto que me cuenta lo he oído ya en otro sitio”. También: “¿habré vivido esta situación en otra ocasión?” Resultaba imposible no sentir alguno de estos deja vu cuando se estaba en su compañía.
Este hombre en realidad no podía albergar misterio alguno. Su vida se encontraba vacía de interés. Probablemente fuese este un motivo suficiente como para que X (llamémosle, de momento, así) comenzase a albergar dentro de sí experiencias ajenas. Concretamente literarias. Tomos y tomos de ejemplares de la literatura universal fueron invadiendo poco a poco el escritorio del despacho de su casa. “X” se hizo todo un erudito, pero esto realmente le importaba poco. Lo que quería era poder hablar de algo con los demás. Mantener con otro  una conversación que fuese mínimamente interesante. Debía de generar expectación en su público, convertirse en alguien realmente interesante. Quizá su repertorio fuese muchas veces exagerado, pero lo cierto es que la gente terminaba por interesarse por todo cuanto oía de boca de “X”. ¿Qué importaba que los relatos fuesen de Alejandro Dumas o de Hermann Hesse? Tanto daba lo mismo. “X” tenía madera para aquello, había descubierto su verdadera vocación. Desempeñaba su trabajo con tal entusiasmo que hasta lo más inverosímil se volvía cotidiano.
Pongamos un pequeño ejemplo de esta maestría de “X”:
Sucedió una vez que, yendo por un camino en el campo, nuestro hombre se encontró con un niño. Si bien es cierto que la infancia tiene la costumbre de creerse más fácilmente lo fabuloso, el caso que nos aguarda era diferente. La criatura poseía una madurez impropia de las personas de su edad. A sus diez años se encontraba desencantado de los cuentos al uso.
-         ¿Qué te pasa, niño?
-         Me enfadé con mis padres y me he marchado de casa.
-         ¿Cómo es eso?
-         Me echaron la culpa por algo que yo no había hecho…
-         Y, ante tamaña injusticia, te has rebelado.
-         Sí.
-         Esto puede ir en tu contra. Así no está bien defender una postura. Si tú sientes que tienes razón, comportándote así sólo conseguirás que tus padres desconfíen más de ti ¿no crees?
-         Puede ser. Oiga. ¿y usted cómo sabe tanto?
-         Yo en cierta manera era como tú cuando tenía tu edad. La forma en la que actué cuando se presentó esta misma ocasión me ha traído hasta hoy grandes quebraderos de cabeza. Yo me fui también de casa… y de mi país. Soy natural de Italia. Y me eché a la mar en un barco como polizón, escondido en un barril. Desde entonces no he vuelto allí por vergüenza ¿sabes? Siempre me dio miedo conocer la reacción de mis padres ante semejante locura. Sentía, por qué no, cierta vergüenza de haber obrado así. No quería quedar en ridículo… y, además, pensaba que tenía razón -como tú lo piensas ahora- y que mis padres estaban equivocados al castigarme por algo que no había hecho…Pero, claro, no elegí bien el modo de hacerles caer en la cuenta de su error.
-         ¿Cree usted que debo volver a casa?
-         Creo que sí, hijito. Lo mío puede que no tenga ya solución, pero tú todavía estás a tiempo de enmendar este problema. Anda, vuelve con tus padres…
Y dicho y hecho. El niño regresó como hijo prodigo al amparo de su familia.
“X” había hecho una buena obra, aunque hubiese tenido que mentir para lograrla.
En otra ocasión, se encontró a una mujer cerca de un acantilado.

-         Buena mujer ¿qué hace aquí?
-         He perdido el apego hacia la vida y voy a liberarme de ella.
-         ¿Se ha vuelto usted loca? Baje de esos peñascos y venga aquí, por favor…
-         ¡Ni por todo el oro del mundo!
-         Bueno, pues entonces déjeme que le cuente algo antes de que usted se tire…
-         De acuerdo, le escucho.
-         El otro día, el fantasma de mi padre se me apareció mientras trataba de conciliar el sueño en mi casa.
-         ¿El fantasma de su padre, dice?
-         Sí, eso he dicho… Mi padre se quitó la vida cuando yo vine al mundo. Las deudas le acuciaban y mi madre había muerto en el parto. Sin otra cosa que hacer, me entregó a una casa de acogida y después se quitó la vida. Y ha sido esta noche cuando le he vuelto a ver. Estaba sentado en una silla que tengo frente a la cama y que utilizo para dejar la ropa. Dijo “Perdón”. Esta palabra fue la que me despertó. Poco a poco, fui siendo consciente de que no soñaba. Su cara parecía contener el sufrimiento de tantos años de ausencia. 

La historia, conmovió a la mujer y la hizo desistir de su empresa. Aún así, tuvo una pregunta para mí:

-         ¿Y cómo sabía que era su padre? Usted no podía acordarse de él, era un recién nacido.
-         Esas cosas se saben, le avisan a uno desde dentro. Yo denomino a esto “la llamada de la sangre”. ¿Usted tiene hijos?
-         No, yo no puedo tener hijos. Soy estéril.
-         ¿Por qué quería acabar con su vida?
-         Hace ya mucho tiempo que no soy feliz. Nada me retiene aquí…
-         Pero algo le retuvo. Algo dio sentido a su vida.
-         Mis padres, pero hace ya tiempo que murieron. Quizá me los encontrase en alguna parte, si es que hay otra parte…

La ficción, al parecer, resultaba contagiosa. Aquella mujer había pensado en los espíritus familiares al escuchar el relato de “X”. Imaginó cómo la podrían recibir en el mundo de los muertos, una vez hubiese dejado de existir mortalmente. Ellos, que siempre la habían enseñado a no dejarse avasallar por nada. Sus padres representaban para ella todo un ejemplo de lucha por la vida. Un suicidio en la familia habría sido algo terrible para ellos. Para ningún padre es plato de buen gusto ver la muerte de un hijo en esta o en otra vida. Ella comprendía este sufrimiento y no quería pecar de egoísta. Por si acaso, más vale no dejarse vencer por ciertos instintos más o menos primarios.
Mas ¿es más valiente el que decide vivir o el que decide dejar de existir? ¿Es más cobarde quien decide abandonar esta vida o quien se queda en ella?


  
La vida es complicada, pero “X” la conseguía volver fácil a través, curiosamente, de la ficción. De lo increíble.
Sucedió un día algo esperable. Otro hombre, llamémosle “Y”, del cual no se tenía constancia, surgió de entre los vivos. Y, como no podía ser de otra forma, conoció a “X”. “Y” y “X” poseían características similares: a ambos les faltaba una biografía interesante pero tenían creatividad de sobra para conformarla.
Así sucedió su encuentro. “X” caminaba bordeando el río cuando vio a alguien con una caña de pescar. Pensó entonces: “Voy a darle carrete”:

-         ¡Buenos días! ¿Qué, pescando?
-         En efecto, pescando…
-         Yo antes también solía pescar en este río. Ahora, por desgracia, apenas corren por sus aguas peces maravillosos. Como mucho, podrá pescar usted alguna sardina pequeñita. Recuerdo que cuando tenía quince años pesqué un prodigio de la naturaleza. Tenía escamas de colores verdes, turquesas y amarillos. De la cola le surgían flecos y sus bigotes olían a hierba luisa.
-         ¿Qué me dice? ¿Hace cuanto fue eso? 
-          Debió de ser hace veinte años o así.
-         Pues hará cosa de un mes, pescando aquí mismo, saqué de entre las aguas un pez parecido de características al que usted se refería.
-         ¿Ah, sí?
-         Sí. En los años que pasé en Noruega tuve la oportunidad de estudiar la flora y fauna del lugar en cuestión, y fue allí donde supe que este pez era originario de este lugar del norte de Europa. Pero bueno ¿qué le voy a contar que usted no sepa?
-         Era de la familia de los Gurinándidos ¿verdad?
-         No. Pertenece a la familia de los “Firiolímpidos”.
-         ¡Ah, es verdad!
-         ¡Claro! Pero me parece a mí que hoy no va a haber suerte…
-         Eso me parece a mí también.
-         Oiga, ¿Usted es de aquí?
-         Sí, pero llevo viviendo en el lugar poco tiempo. Antes estuve viviendo en Nuevo México.
-         ¡Ah, caray! ¿Y qué tal por allí?
-         Bien, bien. Pero no quiero extenderme más en esta parte de mi vida.
-         Comprendo…
-         Perdone si le resulta molesto lo que le voy a decir a continuación, pero va a tener que marcharse de aquí.
-         ¿Por qué?
-         Pues porque el oficio que usted tiene ya lo estoy desempeñando yo aquí.
-         ¿Qué oficio?
-         El de hombre interesante.
-         ¡Acabáramos!
-         Solo se lo diré una vez. No tiene usted derecho a tirar por tierra todo un trabajo de años. Me ha costado mucho tiempo el llegar a ser como soy.

“X” tenía razón. Por antigüedad, tenía derecho a imponerse a su rival. Este todavía estaba a tiempo de encontrar otro lugar en el que poder ejercer de hombre interesante.
-         Podría hacerlo, de no ser porque no solo soy un hombre interesante sino que además soy médico. Y me han llamado de aquí para que viniese a ejercer como tal mi profesión. ¿Usted a qué se dedica?
-         ¿Yo? Pues soy… soy…
-         No es.
-         No soy.
-                 Pues si no tiene oficio, busque el beneficio en otro sitio. Este pueblo es pequeño y con un médico basta. Si falta este, no hay quien cure las cosas ¿comprende? Ahora, si sobra usted nadie le echará de menos. Para eso estoy yo aquí, para sustituirle en sus asombrosas historias.    

“Y” tenía razón. “X” se encontraba desarmado en este sentido y no le quedó más remedio que darle la razón. Y es que hombres interesantes habrá pocos, pero cantamañanas abundan hasta en el desierto.

Read more...

Fantasía sobre Simone Simon "La Mujer Pantera" de Jacques Torneur

>> sábado, 26 de diciembre de 2009

Read more...

ANÁLISIS GEOMÉTRICO

Por lo visto he tenido suerte. Me han hecho una serie de pruebas de grafología y he resultado el borracho ideal dando positivo. Dibujé un árbol y escribí que acababa de dibujar un árbol. “Es usted una persona positiva, extravertida, que se vuelca con sus sentimientos. Apática y materialista”. Esta segunda parte seguro que es la que falla en todos los casos (tienen que poner un tanto por ciento de tal y de cual para satisfacer a todo el mundo). Cuando los demás reconocieron en mí la primera parte de lo que se juzgaba que era yo, me quité de encima el peso aquel del lector acérrimo de los Horóscopos. ¿Me creí aquello por que me interesaba? No, porque además lo ratificaban mis compañeros. La chica del libro parecía de acuerdo. Creo que regalar a una persona que estudia psicología un libro de esos como diciendo “¡analiza a los amigos que te lo regalan!” no es buen asunto. A la gente no le gusta que los estudiosos para especialistas se pasen de listos y les pongan las arrugas que deben de tener. En este caso, las arrugas denotan carácter. Sabían que yo no era de esos que decía “¡yo no creo en esas cosas!” Parece ser que los artistas tenemos un aura de tolerancia a la que se suben todos los que se encuentran ávidos de comprensión. En la conversación posterior, ya más íntima, descubrí que todavía existen los usurpadores de cuerpos. Hay quien por la ciencia es capaz de ir a buscar fosas comunes y… llevarse a un desconocido a su casa. Si esto fuese cine, todos sentiríamos compasión de este patético personaje de altas notas en sus estudios pero que, aún así, necesita complicarse la vida y profanar tumbas (porque no todo se aprende en la universidad… Claro, acabará en el último piso de un rascacielos abatido por los jefes de policía- que disparan desde abajo-, soltando a la chica y cayendo en picado hasta dejarse ver en su tamaño real ya en el suelo. ¡Qué bonito es King-Kong!
Todo quedaba en su sitio. Luego, otra historia aterradora. ¿Qué les parece la de “La Hora del Lobo” de Bergman?: Una chica llega a su casa y se encuentra con su hermano en el dormitorio. Acaba de llegar de lejos, viene a reencontrarse con la familia. Ella trata de hacer el menor ruido posible, cada vez, cuando decide ir a la cama o levantarse de madrugada para ir al baño. Está su hermano aquí. Duerme cansado de un día de viaje, de un año de intensos trabajos por MOR de la ciencia. Al día siguiente comprueba que lleva muerto desde el día anterior por la tarde. Había pasado la noche con un muerto, con su hermano mayor. Parecía ser una noche que pedía libro de grafología en su comienzo. Todos tenían una historia. Yo no. Yo escribo como vivo la vida, sin saber adonde voy. Si no, dejaría de vivir escribiendo ¿no creen?
La noche no se acababa y tuve que irme para remediarlo. Me senté en mi cama para después sentarme y dormir. Miraba mi habitación. No podía evitar que se llenara de pelos. Estaba harto de recogerlos con los dedos. Apagué la luz esperando un nuevo mañana. Si me muero, no quiero que me entierren en fosa común. Trataré de lograrme una reputación digna para que no haya dudas por parte de mis herederos. He llegado a la conclusión de que, ya que tengo que morirme, debo evitar al menos un futuro incierto.
Escribo pensando que alguna noche llegará alguien y me dirá: “¿Por qué escribes de forma tan automática?” Yo le diré, en primer lugar que esto no es cierto, que no hay nada al azar, y en segundo lugar apelaré a los dedos que se siguen moviendo aunque la mente esté pensando en el anterior párrafo. Nada más.
¿Qué pasaría si pudiese pasar el destino que nunca tuvimos?- se preguntaba Conchita Montes en “La Vida en un Hilo”. Rafael Durán, su pareja en esta, le contestaba en otra titulada “El destino se disculpa”: Haga usted lo que haga, el destino está ahí y no podríamos evitarlo, seríamos cabezones en proseguir con aquella historia que nos empeñamos en interpretar, bien o mal llevada a su estreno. Llegado a este punto, a estas horas de la noche y recordando a un amigo que últimamente está en cada paso que doy o en cualquier tartaleta que saco de la barra de la cafetería, quisiera saber el precio de aquello que no lo tiene y vale más que por el que pagamos. Buenas noches.

19 – 10 – 09

Read more...

Antonio Buero Vallejo

>> viernes, 25 de diciembre de 2009

Read more...

Extracto de un concierto de Giulini (dirige "Mercado de Limoges", uno de los movientos de "Cuadros de una exposición" de Mussorgsky) 3- 3 -1964

Read more...

Traducción realizada de un de texto de Tim Eagen sobre "Cuadros de una exposición"

Historia de “Cuadros de una Exposición”






Por Tim Eagen
Traducción: Javier Mateo Hidalgo


En 1874 Modest Mussorgsky compuso ”Cuadros de una exposición”, basándose en diez dibujos y acuarelas producidas por su amigo recientemente fallecido, Victor Hartmann, arquitecto y artista. La mayoría de los trabajos que inspiraron al compositor están perdidos, ninguno ha aparecido todavía o fueron destruidos por su desatención.




Este dibujo muestra uno de los diseños de vestuario para la ópera de Glinka “Russian and Luzmilla”. El malvado brujo Chernomor viste un turbante coronado por un murciélago. La ópera fue estrenada con los diseños de Hartmann en 1871 en el teatro Maryinsky en San Petersburgo.
La figura amenazadora de Chernomor proporciona los ecos distantes del Gnomo, el primer "cuadro (imagen)" de Mussorgsky en la suite, que estaba basada en un diseño para un cascanueces de juguete. El diseño original de Hartmann lleva mucho tiempo desaparecido.



Hartmann dibujó 17 trajes y puso diseños para el ballet clásico “Trilby” (El Sombrero de fieltro), cuatro de los cuales se conservan. Este es el bosquejo que inspiró el Ballet clásico de Mussorgsky de los Polluelos Inincubados.
Fue estrenado en el Bolshoi en 1871, coreografiado por Marius Petipa y con música de Julius Gerber, ambos famosos en su día. El argumento estaba basado en un cuento del autor francés Carlos Nodier titulado "Trilby”, o “El demonio del Hogar ", publicado en 1822 (no existe ninguna relación con el ballet clásico de DuMaurier “Trilby”, que apareció en 1895). Petipa trasladó el lugar de desarrollo de Escocia a Suiza, e hizo otros cambios sustanciales también. El título fue cambiado por " Trilby, el Demonio del Hogar". El ballet clásico destacó a niños de la Escuela de Ballet clásico de la Rusia Imperial vestidos de forma diversa: como pájaros, mariposas y, como en este bosquejo, polluelos todavía en sus huevos.




Hartmann pasó un mes en Polonia bosquejando y pintando, sobre todo alrededor de la ciudad de Sandomir. Mussorgsky basó el décimo movimiento de su suite sobre dos dibujos a lápiz: "Un judío rico que llevaba un gorro de piel: Sandomir" y “un judío pobre Sandomir ". Un movimiento de la suite que el compositor no tituló, y durante un tiempo este fue conocido simplemente como "Dos judíos Polacos". Hartmann al parecer había hecho otro dibujo titulado “Samuel Goldenburg y Schmuyle”. Un estudioso supuso que un amigo del compositor y también su patrón, Vladimir Stassov, había confundido este dibujo como la inspiración para el movimiento, y le aplicó el nombre después de la muerte de Mussorgsky. A mi conocimiento, ninguno de estos dibujos ha sobrevivido. La imagen mostrada aquí es una acuarela de otro judío pobre Sandomir realizado por Hartmann.



La imagen superior es el diseño de Hartmann para un reloj elaborado en bronce con la forma de “La Choza sobre las Piernas del Ave”, la morada de la bruja Baba Yaga.
Vladimir Stassov relató un incidente en un baile de disfraces al cuál había asistido varios años antes de que él y Hartmann se hubieran hecho amigos. Era costumbre general en estos bailes adoptar personajes extranjeros: Turcos, monjes italianos y españoles, criaturas de mitología clásica, y otros por el estilo. Hartmann sorprendió a la compañía entrando con el aspecto de Baba Yaga:

"… a lo largo de las filas de yeso de dioses y diosas griegas parisienses, una bruja, Baba Yaga, corría, y sus trenzas rojas se estremecían tras de ella. Un gran sombrero borroso caído sobre sus ojos, sus pies abrigados en el paño, brazos huesudos que sobresalían de las mangas del traje, la escasa barba de su mentón, sus ojos horribles brillando sobre su cara pintada, los colmillos saliendo de su boca medio abierta.”

La imagen de abajo es un dibujo de Alexander Alexeief : “La choza de Baba Yaga”, que he escaneado de Cuentos de hadas rusos de Aleksandr Afanas'ev, publicado originalmente en 1945. El dibujo de Alexief es mucho más dinámico y menos adornado que el de Hartmann, y por esta razón es mucho más fácil de imaginar cuando trato de escuchar la música.





Hartmann se graduó en la Academia de Bellas Artes con honores, y por lo tanto, se permitió cuatro años en el extranjero a expensas del Gobierno como una especie de educación de posgrado. Hartmann pasó tres años en Francia, siendo allí donde realizaría los dibujos y pinturas que fueron a convertirse en la inspiración para tres de los bocetos musicales de Mussorgsky: Tuileries, Limoges, y Las Catacumbas, aquí representados. Este es un autorretrato del autor en las catacumbas romanas bajo las calles de París. El catálogo de la exposición dice:
"Interior de las catacumbas de París con las figuras de Hartmann, el arquitecto Kenel y guía con una lámpara".



El 4 de abril de 1866 el Zar Alexander II, en sentido estricto, escapó a un intento de asesinato en la ciudad de Kiev. Para celebrarlo, se pensó en el diseño de una gran puerta para conmemorar lo que fue denominado como "El caso de 4 de abril de 1866". Si bien el Zar estaba feliz de haber salvado su vida, al parecer, le resultaba un poco incómodo cualquier reconocimiento público y explícito del hecho. Quizás fue esta ambivalencia lo que llevó a la cancelación del proyecto, o pudo haber sido una simple escasez de fondos.
El diseño de Hartmann de la “Gran puerta de Kiev” causó sensación, y el propio arquitecto consideró que era el mejor trabajo todavía no realizado. La cancelación del proyecto debió ser un duro golpe.

Read more...

Las obras de Victor Hartmann que inspiraron "Cuadros de una exposición" de Modest Mussorgsky

Read more...

Rafael Sánchez Ferlosio

>> miércoles, 23 de diciembre de 2009


Read more...

La visita de Wagner a Pepín Bello


José Bello, Pepín Bello para sus amigos y para la posteridad, es uno de los personajes más singulares de nuestra cultura. Uno de los pocos verdaderos Bartlebys que reivindica Vila-Matas: escritores que jamás escribieron una línea. La llegada de un librito de bonitas hechuras, editado por Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, firmado por Pepín Bello y titulado Visita de Richard Wagner a Burgos, me hizo pensar por un momento que finalmente se había encontrado algún manuscrito de este hombre que estuvo al lado de Buñuel, García-Lorca o Salvador Dalí en sus años de juventud. Pero no, el mito del Pepín Bello que nunca quiso ser escritor (en contra de la contagiosa gripe actual) se mantiene. Lo que contiene el libro es una carta de unos pocos folios que dirigió a Alfonso Buñuel y el resto es una introducción de ochenta páginas a Pepín Bello y al surrealismo de Andrés Ruiz Tarazona, además de un apéndice sobre Wagner. La carta es una divertida curiosidad, en la que le cuenta al hermano pequeño de Luis Buñuel la visita de Wagner a su casa de Castañares, en Burgos. En la época de la carta, el compositor alemán ya llevaba setenta años muerto, y en realidad nunca llegó a visitar España pese a que Andrés Ruiz Tarazona nos cuenta su querencia por el país y por el teatro de Calderón. En su carta, Pepín Bello nos muestra a un “Ricardo Wagner” que habla un castellano con deje baturro y que resulta entrañable. Unas líneas deliciosamente surrealistas que revelan el ingenio de Pepín Bello y nos devuelven el sabor de unos tiempos en que la literatura, sustentada en sólidos conocimientos culturales, era un juego y una forma de mirar la vida con sentido del humor.

Read more...

Con Pepín Bello (14-6-2007)


Read more...

Escrito sobre Pepín Bello con motivo de mi visita (20 de mayo de 2008)

Tengo que hablar, me veo en la necesidad de hablar de Pepín Bello, con el que hace casi un año estuve hablando tan tranquilamente en su casita a las afueras de Madrid, cerca de la central IBM (cogiendo la Avenida de América hacia la M-30). Yo sentía admiración por él, le veía en aquellas reuniones clandestinas en Toledo donde Buñuel se travestía de cura (de monja lo hacía con los vizcondes de Noailles), Dalí vestía igual que como paseaba por Madrid cuando podía escaquearse de la Residencia… y otros tantos (como Moreno Villa) completaban el repertorio en aquella orden tan peligrosa. Su casa estaba llena de bustos tan ricos como falsos (ricos en el sentido de la millonada que pudo costarle reunirlos), su cocina enmarcada en los dibujos fotocopiados que le enviaba Dalí (los vendió para salir adelante) y su despacho que en realidad era un museo mínimo de toda una vida transitando y transitando sin hacer nada como él me decía (y por eso tenía tantas vivencias, valga la paradoja). Él ya no se podía apenas mover de la silla que lo parapetaba al otro lado de su escritorio. Acababa de recibir a dos encantadores jóvenes que habían escrito un libro de conversaciones en torno “al maestro”, ya que él no escribía nada (“que lo hagan otros, yo no soy tan importante”). Un retrato que le hizo José Caballero en una de las paredes, en otra un poema inédito de Lorca (ese sí original, claro) luego una talla de un santo por el que sentía devoción, reproducción de otro de la catedral Toledana, y por último una ventana aprovechada también con tres fotografías enmarcadas de las que ya solo recuerdo dos: el maestro Ortega y Velázquez. Tenía sobre la mesa un libro de un fotógrafo que acababa de recibir rubricado por el propio autor en el que podían verse bastantes fotos de su amigo de Cadaqués. No me conocía, pero había cedido a cambio de que llenase su nevera de cerveza, que era lo que tomaba aparte de comida enlatada (incluida gazpacho). Dormía hasta las tres de la tarde (buena filosofía oriental) y tenía a una señora que le hacía las cosas de la casa. Él solo estaba acompañado realmente de recuerdos y de estanterías con libros filosóficos. Guardaba un cuadro de su padre que apuntaba maneras pero que, sin embargo, por recomendación expresa del propio profesor que le hizo ver la luz, tuvo que abandonar porque la cosa no se veía práctica ya por aquel entonces (los mandatos familiares debían acatarse férreamente).
Para empezar comencé hablándole de Wagner y del Preludio y Liebestod de Tristán e Isolda, sabiendo que iba a darle en su punto G pero por otra parte sin renegar de mi sincera devoción a la partitura. Wagner es para un ratito con los comienzos, intermedios y finales de sus óperas, pero hasta ahí. La parte central declamada resultaba chirriante para un compositor tan completo como él (aunque también escribiera el libreto, antologías demasiado verosímiles a la mitología). Así se lo hice saber. Le trajeron un periódico: “Tome- le dijeron- para que vea el nuevo lío en el que nos ha metido Zapatero”. Me habló de Alberti “ese pobre hombre al que engañaron para hacerse comunista… Le siguió visitando en esa casa hasta su muerte. “Todo fue culpa de su mujer, una cursi…” y yo le preguntaba asombrado si no pensaba que cursi y comunista eran dos conceptos totalmente distintos, a lo que me contestaba todavía más convencido “¡pero si es lo mismo!” Recordó su época también de entrenador de boxeo con Buñuel de alumno aventajado, retomó a Alberti cuando me contó que le utilizó para que le escribiera una carta de amor a una joven (como él lo era) y de la asexualidad, cercana a una mesa, de Dalí (la tocaba, la tocaba como en el documental que vi en el que se pronunciaba de la misma manera). Con Lorca surgió la verdadera amistad, el cariño mutuo. Luego llegó la guerra y decidió fundar su propio negocio de inventos (en realidad cacharros) que nunca saltarían a la popularidad del consumidor. Recordaba sus poemas vanguardistas, donde por narices había que meter la palabra “gallina”. Fue una tarde deliciosa y después me enteré que le había caído excepcionalmente bien. Parecía que habíamos estado hablando como si los dos hubiésemos coincidido en las experiencias (tan estudiado me tenía el tema que lo había afianzado con mis propias opiniones, que, como ya digo, se alejaban de la realidad en pequeños matices que él no dudaba en resolverme). No quise molestarle demasiado pero a veces pensaba que era él quien se sentía cohibido al deshacerse en los recuerdos que cada vez le introducían más en las arenas movedizas del pasado y del placer de un tiempo tan bien aprovechado. Y sobre todo la humildad por encima de todo. Debo aprender todavía mucho del ser humano. Demasiado.


20 de Mayo del 2008

Read more...

YO-ESTOY-AQUÍ

Hay cosas que no pueden persistir con los nuevos cambios de mentalidad. Ese viejo que queda como maestro de una escuela extinta.
François Rivele tenía el buen vestir como academia. Tras su sombrero de tres picos se escondían unos pelos que constituían el pelambre de un pelucón mentiroso. También le gustaban las mujeres con mejilla de porcelana.
Aquella noche viajaba en su coche de titiritero, pensando en la función a representar. Le acompañaba una mujer a la que no se volvió a ver por aquellos parajes desterrados del Paraíso Artificial.
Esta historia que aquí cuento es testimonio de un recuerdo ya empañado por los años, donde apenas puedo rememorar su fino cristal primero.

El cuenta-cuentos era uno de aquellos del boca a boca, que nada tenía de profesional pero sí mucho de asombrar con lo que contaba. Yo le escuché. Bueno. LA escuché. De niños, todos tendemos a mentir.

Mesié Frobeger llegó con el resto de acreditados al lugar. Apenas se veía en aquella cueva sótano. Pudo adivinar, aún así, con el tacto, las marcas de las manos, cuando tenían fuerza para arañar en forma de garras.

Laindorelle permanecía callada. Se le había acostumbrado a permanecer así en los viajes. Por ello, nunca sabía adonde conducían los latigazos del cochero.
Su mirada, sin embargo, no cesaba de interrogar. Él ya se sabía su táctica y empleaba otra propia: mirar por la ventana el paisaje nunca concretado.
Llegaron a la mansión. El cochero se apeó de un salto y fue a guardar los caballos en la cuadra. Se escuchaba, por debajo del edificio, el agua discurrir. Parecía de hecho, que la hacía bajar por las escaleras de la leñera, con el fin de enseñarla el cauce subterráneo.
Ferdinand, que así se llamaba su mayordomo-cochero-cocinero, le vio entrar en la cocina un tiempo después. Creyó que buscaba el hacha para los troncos. Se fue sin nada en las manos. Se estaba preparando el alimento para los animales. Nada miró fuera del puchero, sino que tanteó con la intuición del sonido de los pasos. Cuando su amo se fue, pudo mirar entonces a ningún sitio, de nuevo con su mirada perdida ya desconcentrada de la labor.
El resto del día se mantuvo desaparecido. Después, regresaron a la ciudad. “La señorita permanecerá aislada en la casa” dijo el señor con toda respuesta. Una semana más tarde, Ferdinand fue despedido.

Antoine Frobeger continuó palpando en aquellas cavidades. Un poco de luz le ayudó, nunca mejor dicho, a dilucidar entre sus preguntas. Fue un momento que aquello permaneció visible a los ojos. Fue suficiente. Quedó horrorizado. Las manos que había supuesto y que eran tales, mantenían entre sus huellas rastros de sangre. Así, otras “manitas” aparecieron entre aquellas. Eran como de niño, sin ningún tipo de marcas en relieve. Solo manos recortadas también en sangre. ¿Qué había sucedido ahí? Solo de suponerlo le entraban como mareos. Tuvo que salir y luego ya no quiso volver a entrar.
“La mansión de Rivele se abrirá al público” decía el periódico. Por fin iba a poder contemplarse el lugar donde vivió el insigne político y ensayista. Antes de la inauguración, Frobeger y otros habían ido allí para tantear el terreno y darle el visto bueno. Evidentemente, después de aquel hallazgo siniestro, tuvo que ser cerrada durante un tiempo sin determinar. Aquellas manos estampadas, aquel testimonio tan directo, no era otra cosa que lo que había quedado de aquel crimen impune. Nada pudieron averiguar sobre el origen de aquellas pistas. Nadie supo averiguar que eran manos de mujer, y menos que se llamaba Lindorelle. Solo el ocultamiento bien planeado por parte de un tipo inteligente, pudo despistar toda pesquisa. Tanto tiempo después de haber sucedido, nada pudo averiguarse. François, hombre casado y con dos hijos, había tenido una amante, una prueba incriminatorias que podía haberle costado su puesto social. Un hijo que nunca pudo ver la luz del día. Unos cuerpos que nunca se encontraron de dos cuerpos anónimos.
Nadie buscó a aquella mujer cuando hubo desaparecido. Una campesina sin familia. Verdaderamente bella, eso es cierto. Una historia que escamoteó a la propia Historia. La injusticia de un hombre justo, podía haberse titulado el suceso. Nunca hubo escribiente para los pobres.

23 – 12 – 09

Read more...

"La adoración de los magos" (Formas de composición de estructuras visuales)

>> sábado, 19 de diciembre de 2009



Read more...

CAÍDA TRIUNFAL

Levantarnos y caernos
Todo es empezar
Como el sol
Cada día
Cada día se nos mata y resucita
Con una fuerza
Digna de la facilidad
Regeneradora

Mientras no nos sople en las raíces
Tenémosnos en pie
Debemos admirar pero no reconocer
Así todo se ensucia de hojarasca

Movernos aquí y allá
Sabiéndonos plantados
Así, humedecidos aún con viento
No se resquebraja un ápice del túnel de la savia

Mirando el suelo cada vez más cerca
Viendo en cada encorvamiento
Como queremos descansar tumbados
No nos importa ese descanso
Insistimos en volver a ser rectos
Pero esto es ya imposible, nosotros los cansados
hemos sido el propio viento

El filo del hacha
acecha
el murmullo del río
nos llama
pero debemos permanecer ahí
anclados en esta tierra
que nos dio la vida
y que dará sentido a una nueva planta
cuando se nos deshoje la margarita

19 – 12 – 09

Read more...

Puerta cerrada (trabajo sobre Christmas)

>> viernes, 18 de diciembre de 2009




Lo primero que pasó por mi cabeza cuando supe que había que hacer un trabajo con un Christmas, fue el sentido funcional que damos a un mensaje escrito como personificación del sujeto que lo emplea para comunicarse. Esta persona que se esconde, en el mejor de los sentidos (o no) tras su inconfundible grafía, parece entrar en “el hogar” de quien recibe la carta con sus “mejores deseos” (entre comillas), para un año que viene que será el mejor en el principio, para tornar en ese anciano con un reloj de arena que parece querer desecharse para unas nuevas campanadas.
Tuve un segundo pensamiento encadenado con el primero: tratar de respetar el formato original, dentro de lo que puede considerarse una incursión artística sobre este elemento ya preexistente. Entonces, fue cosa esperada que surgiera un tercer dato, éste con nombre propio: Jacques Carelman, el creador por excelencia de los denominados objetos imposibles. Estos “disparates prácticos”, eran un reflejo de aquellos creados por los surrealistas. Aparecía ante nuestros ojos la “cafetera para masoquistas”, diseñada con el pitorro sobre el asa, de modo que era imposible servir sin ponerse perdido con el líquido. También teníamos aquella raqueta de tenis que incorporaba una red para impedir que la pelota rebotase en ella y, de esta forma, quedase dentro de la misma como si se tratase de un cazamariposas.
Mi intención era, por tanto, eliminar, a mi modo, cualquier tipo de eficacia en el objeto. No debe interpretarse como un sabotaje, pues creo que incluso he debido de escribir algún que otro Christmas en mi vida. He querido más bailarle el agua a Oscar Wilde en su frase “Todo Arte es inútil”. Porque, de alguna forma, podemos conseguir con cierta alquimia (mejor o peor desarrollada), que hasta lo más inesperado pueda tener cabida en el terreno artístico.
El título con el que he decidido nombrar la obra final es “Puerta Cerrada”. Y, es que, como todos sabemos, las tarjetas navideñas se componen de dos partes: la que nos entra por los ojos de forma pictórica y la otra de forma grafológica. La imagen de una puerta condenada me resultaba, por tanto, interesante. De alguna forma elimino el pomo o tal vez condeno las bisagras.
Partiendo de la portada como puerta, trato de confundir ésta, también, al seccionarla en dos partes y enfrentarlas boca arriba y boca abajo. Ni siquiera puedo referirme a un marco y a un cuadro, pues es el propio cuadro el que se divide.
En una segunda parte (es decir, en la falsa ilusión de apertura de puerta), hago comprender que la puerta es, también, lo que hay dentro. Es la misma puerta la que impide saber lo que hay dentro, la que lo oculta. Queda esta segunda parte de la portada pegada literalmente sobre el mensaje escrito del emisor.
Así, esta obra posible, que parte de un objeto imposible, se describe y descubre sin ningún tipo de misterio más allá.

31 - 12 – 09

Read more...

MI QUERIDA SEÑORITA de Armiñán


López Vázquez cosiendo


En el cine de Jaime de Armiñán hay ese poso literario que apunta a los personajes entrañables. Son historias, por lo tanto, que se apiadan del ser humana, porque el pobrecito es así, con sus más y con sus menos. La idea no va mucho más lejos que Mingote con su “hombre de negro”, una maravillosa historia con esos tintes que tanto le gustaba dejar hasta en los decorados de teatro, cuando se prestaba el encargo en la tarea artística. Es todo muy de codorniz, de aquel “Pisito” de Azcona (acudí a la representación en el Marquina con los decorados de Burmann que simplemente me parecieron muy a propósito de aquella ilustración casi de viñeta). El caso es que, por mucho dramatismo co el que trate de cargarse a estos “señores bajitos”, al almíbar en su adecuada medida los barniza dejándolos deliciosamente pegajosos.
Desde “Historia de la frivolidad” (de la censura, mejor dicho), hay un peso moral depositado en aquellos que deberían representar autoridad y no dan más que risa, con su pamela y anteojos victorianos. Así, en “Mi General”, de nuevo la supuesta inspiración de obediencia se derrumba con los personajes que representan el orden (los militares). Juncal, un torero pertrecho y mujeriego, nos deleita con su sabiduría heredada del Séneca de aquella Andalucía de caballería (esta palabra me sugiere una cuadra). Y, por último, “Mi Querida Señorita”, vuelve a hablarnos de un personaje atrapado en un tiempo pasado que debe reaccionar y reconocer un cambio en su actualidad.
López Vázquez se muestra portentoso (aunque el propio proyecto dudó consigo mismo hasta el último momento ante su arriesgada visión de las cosas), en un papel difícil, una elección que podría granjearle elogios o condenarle a las críticas más abyectas… Afortunadamente, el tiempo, que es ele mejor crítico, les dio la razón. Y, es que, en ese régimen aperturista que tocaba a su fin (con ejemplos modélicos como “La Tía Tula” o “El mundo sigue”), una historia tan bella como esta era una aspirina fácil de digerir.
Una bella transición.

18 – 12 - 09

Read more...

A juego (recuerdo del paso por la exposición)

Read more...

RODCHENKO Y POPOVA. DEFINIENDO EL CONSTRUCTIVISMO.

Yo conozco a una persona que suele salir a correr a la casa de campo con una camiseta de Malevich para confundir a los conejos. El primo de Malevich no era otro que Rodchenko, el cual cotilleaba a Popova desde la habitación de enfrente para una buena impregnación de ideas.¿Liubov o Luibov? Así aparece escrito el nombre de pila de Popova en el transcurso de esta exposición, cambiando constantemente las letras de sitio. Luibov en ruso es amor ¿no?
No he hecho un estudio sociológico, pero creo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme que Popova suele resultar más eficaz como resultado que Rodchenko. Hay algo de ejecución limpia dentro de este juego de formas, una presentación eficaz de las ideas, casi de forma tan pura como esos tres colores (el azul casi está negro con el paso del tiempo). Rodchenko debía de ser más visceral a la hora de trabajar. Se identifica perfectamente el trabajo de uno y de otro en muchas ocasiones. En Popova permanece el espíritu que Walt Disney impuso en el segundo movimiento de “Fantasía”, aquel de la fuga de Bach con la construcción luminosa de espacios (parte que suele resultar imposible para los niños, por muy efervescentes que se encuentren de creatividad).
Hay una idea de construcción casi de fábrica que asusta (esa idea de llevar el arte a la vida), pero, no obstante, sigue resultando una atractiva utopía.
En la parte dramática, aquella destinada a la representación de denuncia social a la que se enfrentó Popova, quiero añadir un pequeño esbozo que no hace más que ensuciarme el pensamiento, como un carboncillo dejado en manos del dedo (raro esto). ¿O no sucede que cuando terminamos de usarlo, queda más carbón en nuestras manos que en el papel? Sé que los gustos en arte son tan personales como la colonia, pero, como opinión sin fundamento de consenso, opino que la escenografía de ciertas obras debe de resultar tan claustrofóbica como las cuevas de papel para las figuritas del misterio. ¿No os ha pasado más de una vez que, tratando de crear una preciosa caverna para las santas figuras, habéis acabado por dejar tan poco espacio para ellas que acabáis haciendo otra montaña aparte para estas? Pues así con los escenarios vanguardistas: ¿Por donde pisa la “Fedra” de Racine?
El “Club para el trabajador”, un espacio ideado para el aprovechamiento del tiempo del individuo de forma práctica, me resultó también inquietante. En general, todo intento por tratar de manipular a la sociedad pensando en un fin último y, lo que es peor, posible por plausible. Para empezar, la biblioteca presentaba determinados títulos peligrosos (y obviaba otros porque pensaría que “no había que perder tiempo con algunos concretos”). Además, se habían llevado el caballo negro del tablero de ajedrez. Ver como periódicos “La Razón” o “El País”, jurado que resultaba extraño. Y no es que Lenin no esté a la altura de Zapatero… o mejor, viceversa.
El coqueteo con el cine no es otra cosa que el “croqueteo” o “cocreteo” (ya está aceptada la “cocreta” en la Real Academia ¿no?) entre amigos. El ojo social de Vertov se expandió a las galletas para niños “Octubre Rojo”. Tratar de crear un cine para ser proyectado por la calle no era tan enrevesado como llevar el sol mediante espejos a todos los lugares del mundo pero son igual de rusas las dos ideas (e igual de socialistas). En fin, que por lo menos Vertov… Pero ¿y esos experimentos de una señora sacándose mocos o un poeta que parece, más que recitar, dar un discurso envenenado?
¡El ojo del montaje automático no existe! Pero fue bonito mientras duró esta creencia. Añoramos… luego nos instruimos culturalmente.

18 – 12 - 09

Read more...

"Nada"




Read more...

"Wagner Mendelssohn Gaza" (2009) dirigida por Javier Ramírez Serrano

>> martes, 15 de diciembre de 2009





Fotografías







Read more...

RECUENTO

Hay quien dice que el trabajo del artista es una labor hercúlea. Yo, más que hercúlea (porque podría ser también “los trabajos de Persiles y Segismunda”), la considero de Sísifo: un constante subir la roca a la cima para que después baje de nuevo rodando y haya que volver a subirla. Lamentablemente, a nosotros solo se nos enseña esta subida. Respecto a lo del trabajo hercúleo, creo que quien me lo dijo la última vez se refería al transporte de las propias obras hasta la sala de exposiciones. Esta labor de sacar los cachivaches del almacén para llevarlos hasta el foco de luz para dotarlos de la “magia” de obra de arte me parece ya un clásico dentro de todo este subir y volver a bajar para subir la misma roca. De hecho, detalles de conjunto de aquellos cachivaches amontonados me recordaban a los bodegones que nos ponían en segundo curso para pintar. El embalaje: sobre esto hay mucho que decir. Ahora, en esta época de Navidad, creo que retorna a nosotros cierta desmemoria recuperada. ¿O no lo habéis sentido alguna vez al desenvolver las figuritas del belén? Yo me encontrado en esos papeles de periódico noticias perdidas. Ahora, recordamos caras de viejos ministros (tardan en cambiarlos cada vez menos, creo que las carteras las escriben ya con rotulador reversible) o incluso noticias que pudieron ser la bomba y no fueron más que fuego de artificio (o martingala). Encontré cierta crítica hacia cierto personaje una vez, que no voy a decir por educación, pero que me valió más de un disgusto en mi subida hacia la montaña (sigo subiendo, pero me río del tal Sísifo cada vez que me lo encuentro por el camino). ¡Qué poco ojo para los negocios se tiene a veces! Nadie sale perdiendo (quizá el que se ilusionó porque le subieron a los altares y descubrió que lo habían expoliado ya). Hay quien todavía cree en el buen hacer de los periódicos, televisiones y radios, que sustituyen al nefasto marketing (suele acabar en la papelera de la siguiente manzana). Bueno. Voy a decir algo a estos ilusos: ¿Creéis que os hace bien que venga a veros (le hablo también a Velázquez) la tía del pueblo que una vez confundió el Guernica con su bandeja de plata de La Última Cena? Fe es lo que tenéis para la democratización del arte. Puede que tan solo el que haya leído las Metamorfosis de Ovidio comprenda las historias que esconden Los Borrachos, las Hilanderas o La Fragua de Vulcano. ¿Quién lee a Ovidio? Parece que la mitología, como el latín, era clase obligatoria. Ahora pueden decirnos que Ulises, para no sucumbir a las sirenas, no solo se taponó con cera los oídos. El chiste fácil, lo sé. ¿Creéis que con chistes fáciles llegará la comprensión hasta donde la luz eléctrica es todavía un invento del demonio? Bueno, acordaros de destaponaros después TODOS los orificios, porque los hay sordos de nacimiento (o que oyen pero no escuchan o no les interesa). Bueno. Tendré que dar un caramelo a quien vaya a ver tal o cual exposición. Aquí se llaman créditos o algo así. Las reglas del juego son estas. Si no las queréis aceptar, dar la vuelta al tablero para jugar a la oca en vez del parchís.

15 – 12 – 09

Read more...

CRÍTICA (MUY CRÍTICA- Y RAZONADA) A LOS CRÍTICOS

>> lunes, 14 de diciembre de 2009

¿Qué debió de sentir Don Camilo cuando, siendo censor oficial, se encontró con su obra maestra “La Colmena”, sutilmente “recortada”?
Creo que todos llevamos en nuestro interior a un pequeño crítico (y esto no se lo he plagiado a nadie). ¡Hasta Flaubert y Baudelaire dieron cuenta incluso de Hugo y de Balzac! Lo que sucede es que, estos críticos solapados de diario íntimo, han tenido la suerte de perdurar en el tiempo en sus críticas y los otros, la mala de ser sepultados después de los años. ¿Por qué? ¡Porque creaban una vida aparte, sabían ser constructivos! Ahora, parece que las escuelas lo único que se saben crear son críticos, pequeños impotentes incapaces de sacar un “¿y después qué?” de sus batallas campales. Azcona dijo que los críticos son unos críticos frustrados. Algo hay de esto, puesto que ni siquiera aspiran a realizar algo de lo que hablan. ¡Y, sin embargo, parecen conocer mejor la obra de la que hablan que el propio autor de la misma! Tienen algo de chamanismo en sus palabras. Así, deberían de sustituir su designación por algo más light, fuera de toda estigmatización: En lugar de “crítico”, “emisor-de-juicios-sobre-algo-que-resulta-de-interés”. Así, por de pronto.
Valor inverso: Si bien el camino correcto “o hacia la perfección” sería de admiración a construcción, hay ejemplos que parecen romper una lanza a favor de esta propia regla. Carlos Boyero (ahora crítico en “El País”) comenzó sus correrías participando en un cortometraje como actor titulado “Oscar y Carlos”. Su compañero en el reparto era, como era de esperar, Oscar… Ladoire. El director de todo esto: Trueba, el que por un ojo ve Telecinco y por el otro La Sexta.
Aunque este detalle resulte de Diderot grotesco (por sentimentaloide), he de expresarlo: hay un individuo que, sin esperar una crítica razonada, reparte su idea a los demás, llena de una pureza no contaminada por estos señores “pie de página”: se encuentra fuera de lo que llamaríamos un trabajo pulido como consecuencia de un estudio previo de las reglas del juego. Es un señor mayor, con un físico que me recuerda al de Ángel González, que reparte octavillas con un poema, como ya digo autodidacta, escrito y corregido a máquina, perdido su color en las tantas fotocopias del mismo para cada día. Lo único que echo de menos en él es que no renueve la historia. Pero a él no le preocupa ¡pues hay tantas líneas de metro como combinaciones diarias de los pasajeros en los trayectos! Hoy lo he vuelto a encontrar, con esa inocencia con la que buscamos en los turrones navideños el sabor de los colores de lápices: “Crema tostada de avellana”, por ejemplo. En el asiento de mi derecho, otro viejito con un papel que nada parecía desvelar de lo espiritual simbólico: tan solo una fórmula científica escrita a lápiz, que parecía repetir una y otra vez, como convenciéndose de ella.
No creo que haya que recurrir a las Vánitas para encontrar sentido a las calaveras.
¿Creamos nuevas realidades o trabajamos sobre las ya existentes? Si puedo realizar doblemente un trabajo, supongo que no desecharía la una por la otra. Una base necesaria para construir otra… O la construcción de una sola sin esperar el “esto ya se ha dicho”, porque en verdad esto sí que contamina.
¡Se abre la veda de las críticas!

14 – 12 – 09

Read more...

Fernando Fernán Gómez

>> domingo, 13 de diciembre de 2009




Dibujo realizado en el año 2007 con motivo de la desaparición del actor

"Fernando Fernán Gómez, actor de actores" (2006)

Read more...

Lo que me encontré en la calle

>> viernes, 11 de diciembre de 2009


Los viajes de Colón... (traslados reales e imaginarios del monumento)


Estatua de Rousseau en Madrid


La Noche en Blanco (Dormilón en el metro)


Huellas blancas (día de nieve en la Complutense)


Organillera (El Rastro-Preciados)


Recital de Asensio (Retiro)


Yo tengo que esperar fuera


El Viejo Dragón de la Elipa (otros tiempos)


Metamorfosis Fidei (Palacio de la Música, Gran Vía)


El poeta en la calle


Renacimiento


Ilusión (autorretrato)


Sincero...

Read more...

Formas de estar ante un cuadro en un museo


Curioso ante todo. Yo, reconozco, las he adoptado todas.

Read more...

ZATOICHI

¡Bueno, al fin he podido ver esta maravilla de “La fábrica de Kitano”! Aquello era un no parar de coreografías mortíferas, de musicalidad de movimiento, de odios y venganzas satisfechas, de justicia en la mano de un solo hombre (y cogida tomada por la mano de otro). Se han escrito ya muchas cosas sobre los visionarios, es decir, aquellos que no necesitan ver para conocer las reglas del juego. Siempre he dicho que me encanta complicar las situaciones, tratar de sacar partido de algo comprimiéndolo a casi destinos suicidas. Así me encantó por ejemplo “El Ángel Exterminador”. En este caso, la valía de un tipo que puede con todo y más a pesar de la tara de la “invidencia” (y los que la hayan visto comprenderán las comillas). Esta violencia casi bella que corresponde a la constante defensa por la supervivencia, llega a alarmarme en cierto modo: se crea una agilidad en el desarrollo de la historia totalmente fructífera, no hay un momento de descanso (o si los hay, incluso le convienen al espectador), pero, a pesar de todo ello (insisto, hay una visión aquí admirable) ¿nos estaremos acostumbrando de una forma perversa a una violencia bella? (el color de sangre incluso podría ayudar a la fluidez de los gestos limpios y cortantes de los cortes impecables y casi matemáticos) Hay, más allá de lo bello o no bello -¿cómo demonios definir a estas alturas las cosas? -una asimilación preocupante. Hace poco, viendo “Infiltrados” de Scorsese, me di cuenta, solo después de una etapa de tránsito o cambio de óptica, que desde “Toro Salvaje” Scorsese ha defendido esta etiqueta como sello personal a sus trabajos. Quizá somos una generación que, poco a poco ha ido admitiendo esto, o ha buscado este tipo de extremos para experimentar lo que no se le permite en la vida real, (o, al menos nos enseñan, en ese buen entendimiento entre los pueblos) como los simuladores de videojuegos? También se plantea la posibilidad de la historia real de las mafias en Oriente… (en Occidente lo llevamos o a “Los Siete Magníficos” o a “El Padrino”, por citar dos ejemplos- el primero, curiosamente adaptado a “Los siete Samuráis” de Kurosawa). Bien. Entonces, pongamos por caso historias contemporáneas, deberíamos aspirar tal vez euro-conectores, esto es, enchufes para cualquier casa del planeta. ¡A nosotros también nos vale ya con las películas de memoria histórica! Pongamos por caso que quiero ver películas que no deban su herencia a León de Aranoa o a Vicente Aranda (jóvenes encoñados y estando a lo que no hay que estar) o a Martínez Lázaro incluso (aquí serían comedias estúpidas casi musicales con la regla de Bauman sobre lo líquido pero a lo bestia). Bien. Personajes desenganchados de su patria ¡maldita sea! Que está bien una, dos y tres (y bien llevadas) pero quinientas ochenta mil novecientas treinta y una… ¡Por mucho que se adapten a otros autores o se busquen historias plurales, acabamos sacando lo que sacamos y a la vista está. ¡Claro que debe de haber identificación, pero hay muchos grados y tan sutiles…!
Un ejemplo digno de todo esto sería “Still Life”, pero aún así encontraríamos a los explotados de un país que no sabe más que tirar casas para “seguir dando empleos” y someter a sus individuos a la miseria (para tenerles cogidos de donde más les duele).
¿Es imposible lo que pido? ¡No lo sé, no vamos a poner en pelota picada a unos señores en un espacio en negro! (incluso eso sería deudor de los parámetros occidentales) pero algo que no sea de nadie… algo que no sea de nadie… ¡algo que no sea…. De nadie!

11 – 12 - 09

Read more...

"Escena para "La casa de Bernarda Alba" de Federico García Lorca"

>> jueves, 10 de diciembre de 2009


Read more...

MARÍA FERNANDA “LA JEREZANA” (ENRIQUE HERREROS, 1946)




Enrique Herreros (culpable de, entre otros- Jardiel Poncela, Neville, Mihura, De la Iglesia, Tono-, “La Codorniz”), humorista gráfico, ilustrador, deportista, nos regaló dos joyitas cinematográficas: “María Fernanda “La Jerezana” y “La Muralla Feliz”. ¿Por qué no indagó más en el cinema? Pues básicamente porque sus películas no interesaban a la industria. Hay una cierta torpeza (encantadora, por otro lado) a la hora de narra. Esto le da un mayor sentido a la palabra “indagación”, a llevar a cabo una empresa con un solo soplo de viento en sus velas: la ilusión. Y, como no solo de ilusión vive el hombre, claro, se cansó o se cansaron de intentar mover la barca. Hay otro dato curioso: la primera aparición, como figurante, de López Vázquez, cuando era ayudante de dirección.
María Fernanda es, ante todo, una historia misteriosa, algo más que un relato policial. No esperemos el “MacGuffin”, término acuñado por Hitchcock para desarrollar una historia con un elemento que permanece, hasta el momento del desenlace, invisible para el espectador. La historia, es cierto, no consigue mantener una trama de forma hilada, puesto que hay hasta números de baile y cante, situaciones demasiado populares y narración que no está a la altura de lo que el investigador pasivo, es decir, nosotros, exigimos. Nos encontramos cargados de referencias, habría que pensar en la forma de ver del momento, cómo les impresionaba (nunca mejor dicho) las imágenes. Quizá pudo haber también despistado en el momento, pero en todo caso sería, como ya digo, por esa nueva forma de narrar que este señor se sacó de la manga. Hay un eclecticismo agradecido. Seguramente, la experiencia que Herreros tuviera en el campo visual sería también concluyente para poder crear un todo de esta historia. La labor de fotografía, que llena de irrealidad muchos momentos (contrastando con otros demasiado cotidianos, incluso feos cinematográficamente hablando), es admirable. Los elementos rudimentarios del cine (y más los españoles) pudieron empeorar el resultado imaginado en la cabeza de Herreros. Esto sería de mucho suponer, pero por otra parte resulta casi evidente en su propia lógica.
María Fernanda es un intento por hermanar nuestra cultura con la del gran ojo que nos habla de lo que es cine. Ese ojo occidental que impone. Curiosamente, la personas desarraigadas, en su mayor parte judíos, fueron los que pudieron nutrirnos de más puntos de vista, precisamente por esa falta de patria que despersonalizaba ese lugar concreto.
Aquí, como digo, hay un intento de aproximación a aquello que se demandaba, una metamorfosis hacia el cine que imperaba sobre todos, pero la personalidad de Herreros es tan fuerte que acaba por desbaratar cualquier intento incluso de parecido.
Herreros parece imposible de desligar de esa visión ingenua de la vida, de esos niños que no quisieron crecer y navegaban contra todo, que tuvieron la suerte de perdurar (y todavía Mingote, ya con noventa años).
¡Vivan!

10 – 12 - 09

Read more...

Jose Luis López Vázquez, ayudante de dirección y figurinista (primera aparición)


Read more...

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP