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FURTIVOS de Borau

>> domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Qué se esconde tras el bosque? ¿Qué hay ahí fuera de toda norma? Hay lo irregular, el tropiezo, el ataque inesperado del prójimo, la inseguridad, el aire libre siempre, nunca la casa. Nunca hay una casa real. Toda ella es de barro. Así, a las normas que pone el hombre se le antepone lo imposible de detener en su ciclo.
Allí, donde el cariño se confunde, como el animal puede confundir al vástago con un extraño y expulsarle de su lado, o simplemente aceptar que ya no es su vástago. Que hay un instinto que extingue al anterior, que lo extirpa para volver a ocupar el puesto que antes había tenido.
En la Naturaleza no puede haber intromisiones externas. Esta acepta lo que hay al otro lado y lo designa como extraño y no deseado. Nada debe cambiar en la tradición originaria que no se comprende sino que se asimila. Todo se pone de uñas y dientes para defender lo que le corresponde, para que nada perturbe lo cotidiano. Los de afuera no respetan lo que hay al otro lado. Allí están los bandidos, las fieras, los monstruos. Dentro de la muralla hay seguridad. Si un extraño, un “salvaje”, un apátrida, entra en la ciudad, que se vaya preparando.
Pero parece que los civilizados respetan menos a los otros y no dudan en desafiar estos sus patrones. Así, no dejan de ser lo que fueron. Una caja abandonada, un baúl de pertenencias abandonado por su dueño, nos habla de la muerte de quien siempre lo ha llevado consigo. Que ya no está, que esas pertenencias ya no están aseguradas. Esa persona extraña para el bosque, se ha convertido automáticamente en una portadora símbolos, una transmisora en su ausencia, para aquellos que comprenden universalmente al ser humano. “Se ha ido de nosotros para no volver. En su viaje no se ha podido llevar esto”. Entonces, la rabia enerva a quien nada ha podido hacer para evitarlo, a quien ha podido intuir ese destino. Una muerte por exclusión, porque sobraba aquí, porque no podía estar. “¿Quién se puede atrever a darle más amor que yo a mi hijo?” pensó la madre celosa, y actuó en consecuencia temiendo el mal para el hijo, sin saber que ese mismo cariño es lo realmente maligno, es ese tumor que quiere impedir a toda costa su propagación a otros lugares. Allá donde vaya el enfermo. El hijo no solo se permite salir cuando lo desea, sino además traer a otra mujer consigo. Entonces, cuando el tumor se hace ya claro, aquello se debe entonces radicar con la misma ley con la que se sale a lo recóndito: con un arma empuñada. Extraño mediador entre lo humano y lo animal.
En “Furtivos” hay eso que llamamos incierto en las relaciones humanas, fuera de los tabúes o normas que jerarquizan una sociedad. No hay moral sino sentimientos primitivos que son los que sustituyen a la otra para maniobrar. Y es que, una sociedad nunca podrá ser del todo doblegada o normalizada. El ser humano está lleno de inquietudes que le desestabilizan, que le remontan a su primer momento en la Historia, o quizá a todas las historias que formaron la Historia, ese crisol cultural con el que se ha vapuleado una y otra vez al hombre para “darle sentido”. Pero siempre habrá un recuerdo del primer tiempo, y eso se aparta con murallas.

6 – 12 – 09

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