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LA INFLUENCIA DE LA NOCHE

>> martes, 1 de diciembre de 2009

He tenido el honor de conocer a alguien que abrazara sin ilusión,
por un mero trámite que inspiraba tanto cariño.
Como el niño que abraza al ser inanimado “peluche”.

¡Qué tristeza, qué bálsamo decepcionante
el que beben los que saborean la poesía del mortal!
¿Quién juega entonces con ventaja?
Sabemos lo que leeremos.

Como un profesor que se dispone tras la pantalla de luz
que observa el comportamiento de los alumnos
sin que estos puedan ver nada.
La ventaja de quien tiene mirilla en su puerta.

Observa todo lo que has construido alrededor
y espera a la decepción de los niños que ya no lo son
¡Dales una aspirina infantil para adultos!

Humedece los labios con nueva saliva
porque esa boca que no sabe hablar porque lee
algún día podrá oír escuchando su recuerdo.
Quien tenga memoria vencerá los sentimientos

Así, dejándome llevar por la supuesta coherencia
de frases que reniegan de las que tienen bajo y sobre ellas
Llego a un minuto de sesenta
segundos. Tiempo que se mueve hacia atrás.
Reloj al que han robado las manecillas ¡castiga al ladrón!

La tarde en que miré por última vez hacia la ventana
era Jueves, y ya no volví a mirar más Jueves
ya nunca el cuarto día de la semana
porque odio las transiciones
y no quiero abandonar la casa segura de la mitad
del trabajo hecho.
El día siguiente me levantaré de nuevo, es cierto
Abandonaré la casa de mi seguridad para abandonarme
A esta segunda parte. Pero ya no volveré a mirar nunca por la ventana
La bisagra del atardecer que trae la noche, me daña la vista

Les miro y me creen loco. ¿Acaso puedes mover la puerta
y cerrarla para abrir? ¡Bienvenida, habitación de luces incendiarias!
¡Hola, noche! Te miro por el movimiento de las sombras.
Cómo declinan a tu servicio.
Muevo los muebles para evitar que estén quietos
que participen de su prolongación oscura,
la que parece obedecer a aquella luz que no quiero mirar.

Así llega la noche y yo continúo de espaldas a la ventana.
Traidor en madrugada, desconocido de día.
Así, yo seré el peluche de ojos de botones y sonrisa cosida
al que seguirán abrazando.
No me encerréis en un armario:
Necesito saber cuándo llegará el atardecer.

30 – 11 – 09

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