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LA TÍA TULA de Miguel Picazo

>> domingo, 6 de diciembre de 2009

LA TÍA TULA. UNA REFLEXIÓN IDENTITARIA.

La Tía Tula deja pasar los trenes, uno a uno… Porque ella no quiere ser así. ¿Qué es lo que pesa más en la vida? A veces no se toman decisiones porque nos han enseñado que no deben de tomarse. Hay un espíritu de rebeldía que parece imprimir el carácter en las personas, ese que dice que “ni Dios” puede hacerme cambiar. La tía Tula tiene una familia que ella misma se ha buscado tener, en esa infinita obligación para con el prójimo; pero lo que en realidad sucede es que no está con nadie sino conforme consigo mismo, porque está haciendo las cosas bien… Es un ejemplo a seguir, es la incorruptibilidad personificada. Así queda en un fondo tan negro como su vestido. Como su pelo. Porque cree que vive la vida, y lo que hace es permanecer en el armazón para que otros se queden fuera. Ella sabe que desea, pero desea no desear. Se resiste, se encoge sobre sí misma, procura que nada le perturbe en su existencia y su enseñanza. Que nadie la vea temblar.


Con esta descripción cinematográfica de "la Tía Tula" de Miguel Picazo (1964), he tratado de ser lo más fiel a Unamuno posible. El maestro siempre rechazó ver sus obras llevadas al cinematógrafo. Conociendo sus novelas, comprendemos mejor esta decisión. Para comprender la vida, la mente la paraliza en imágenes. Algo así como el cinematógrafo.
Henri Bergson hablaba del cine como una forma de entender el movimiento mediante fotogramas. Cine proviene del griego Kines que significa movimiento. La vida, para Bergson, era comprendida por la razón como una serie de instantes detenidos en el tiempo. Esto, facilitaba su comprensión para la mente. Se falsifica, pues, el tiempo y la vida para su comprensión. Se vuelve artificial. Unamuno, si para poder hablar de la vida, tuvo que abandonar a la razón pura. Siempre escribió desde el sentimiento, teniendo como única arma literaria la descripción del alma. Era una reflexión interior, íntima y privada que planteaba al lector. No podía, por tanto, aceptar verla como exhibición o entretenimiento de una masa. Unamuno quería ser comprendido desde la individualidad de quien quisiese comprenderle y por ello demonizó tanto aquel nuevo arte surgido con mera intención comercial. En sus libros no encontramos descripciones físicas (apenas podemos adivinar la apariencia de sus personajes ni de los lugares en los que se mueven), por ello es tarea casi imposible visualizarlo en términos reales, más allá del libro, dramatizados en escenarios con personajes de carne y hueso. Hay que respetarlo, simplemente y comprenderlo.
La adaptación llevada a cabo por Miguel Picazo, fue un tremendo éxito debido a que supo llevar a su momento actual una novela muy anterior. Consiguió demostrar lo universal del alma de los personajes, siempre actual. La censura a los propios sentimientos, la incomprensión o aceptación de aquellos en otras personas, la pasión cegadora y brutal, la añoranza de otra vida frente a unos ideales férreos e inamovibles que la impiden, la moral intransigente heredada de una cultura… Todo eso lo encontramos en el film y en la novela (o nívola). Los libros de Unamuno no eran literarios sino filosóficos. Siempre atípicos. Se desprende la inquietud ante la incertidumbre de una época en un país en cambio. Tras las pérdidas de las últimas colonias españolas en América en 1898, había que preguntarse por la identidad de ese país, recurrir a los porqués que podían haber llevado a aquella situación.
Un país cainita, como bien queda reflejado de “Abel Sánchez”. Un país de “envidiosos”, como recuerda Unamuno haber leído en Salvador de Madariaga. Quizá cabía una reflexión en pos de la modernidad, sin traicionar a la propia Historia que nos definía. Modernidad y tradición, si es que era posible de aunar.
Lo mismo en “San Manuel Bueno, mártir”. Un religioso con una pérdida de fe que no podía mostrar a sus feligreses. Cierta hipocresía, por tanto.
Así, por tanto, Picazo quiso volver a hablar de reflexión, pues al tratarse de un nuevo momento, también la cosa consistía en hablar de nuevos problemas. España siguió y ha seguido siempre con problemas. Arrastramos, comprendemos, nos arrepentimos, renegamos… Da lo mismo. Hay que reconocerla con lo bueno y con lo malo. Una España que ha aprendido a vivir siendo caníbal consigo misma.

6 – 12 – 09

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