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“LOS IDIOTAS”

>> jueves, 3 de diciembre de 2009

Lars Von Trier siempre consigue crear un cierto sentimiento de culpabilidad en el espectador. Aunque no pertenezcamos a esos escenarios que nos presenta una y otra vez, sabemos que en el fondo algo hay de nosotros de lo que tenemos que arrepentirnos. No es esto un dogma cristiano, no sé si debemos hablar de la culpabilidad con su origen religioso concreto. Creo que hay un juego peligroso en el que no caben intenciones de concreción tan severas. En este caso hay tristeza hacia las personas. De un tema tan complicado y susceptible de comentarios como es este de las personas con disminución psíquica, hay una intención totalmente violenta de intromisión, una dramatización grabada con la técnica de video casero, un seguimiento de las correrías de un grupo de personas que quieren aparentar ser “idiotas”. De nuevo vuelvo a temer enunciar una opinión errónea con respecto a las intenciones subterráneas de este director tan polémico. ¿Acaso querrá oírnos emitir un resultado que él mismo provocó y que, sin lugar a dudas, no consiste sino en un experimento social? No quiero, pero sé que de una forma u otra, acabaré sometiéndome al juego. ¿Qué clase de juego es el que pretende hacer aparentar a unas personas que son idiotas frente a los demás? ¿Puede haber algo parecido a no querer aceptar el rol que la sociedad impone? Quizá cada persona seamos muchas o acometamos funciones que nos vengan anchas o estrechas. El problema es crear un “recreo” de todo esto, un juego en el que está (en juego) algo más que un engaño o una ruptura con la vida cotidiana. Los ejemplos encontrados (o con los que se encuentran) de personas que no interpretan ningún papel hace que la ola choque contra la roca (y no quiero remitir otro título del director porque sería demasiado fácil). Esos ingenuos niños que desconocen las artimañas de los “supuestos hombres”, que viven todavía hipnotizados, resultan un peso que crea el debate real. Todo conduce a este final, a la verdadera realidad y no la que se nos muestra constantemente construida y deconstruida. Una verdad que resulta de otras dos verdades comparadas. ¿Hay verdad? ¿Hay bondad y maldad? ¿Tendríamos conciencia verdaderamente? ¿Qué hay que lamentar? ¿Seremos en realidad unas plañideras que desconocen serlo? ¿Crean nuestras actuaciones en nosotros? Muchas preguntas que pueden resultar absurdas… o no.

3 – 12 - 09

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