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RODCHENKO Y POPOVA. DEFINIENDO EL CONSTRUCTIVISMO.

>> viernes, 18 de diciembre de 2009

Yo conozco a una persona que suele salir a correr a la casa de campo con una camiseta de Malevich para confundir a los conejos. El primo de Malevich no era otro que Rodchenko, el cual cotilleaba a Popova desde la habitación de enfrente para una buena impregnación de ideas.¿Liubov o Luibov? Así aparece escrito el nombre de pila de Popova en el transcurso de esta exposición, cambiando constantemente las letras de sitio. Luibov en ruso es amor ¿no?
No he hecho un estudio sociológico, pero creo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme que Popova suele resultar más eficaz como resultado que Rodchenko. Hay algo de ejecución limpia dentro de este juego de formas, una presentación eficaz de las ideas, casi de forma tan pura como esos tres colores (el azul casi está negro con el paso del tiempo). Rodchenko debía de ser más visceral a la hora de trabajar. Se identifica perfectamente el trabajo de uno y de otro en muchas ocasiones. En Popova permanece el espíritu que Walt Disney impuso en el segundo movimiento de “Fantasía”, aquel de la fuga de Bach con la construcción luminosa de espacios (parte que suele resultar imposible para los niños, por muy efervescentes que se encuentren de creatividad).
Hay una idea de construcción casi de fábrica que asusta (esa idea de llevar el arte a la vida), pero, no obstante, sigue resultando una atractiva utopía.
En la parte dramática, aquella destinada a la representación de denuncia social a la que se enfrentó Popova, quiero añadir un pequeño esbozo que no hace más que ensuciarme el pensamiento, como un carboncillo dejado en manos del dedo (raro esto). ¿O no sucede que cuando terminamos de usarlo, queda más carbón en nuestras manos que en el papel? Sé que los gustos en arte son tan personales como la colonia, pero, como opinión sin fundamento de consenso, opino que la escenografía de ciertas obras debe de resultar tan claustrofóbica como las cuevas de papel para las figuritas del misterio. ¿No os ha pasado más de una vez que, tratando de crear una preciosa caverna para las santas figuras, habéis acabado por dejar tan poco espacio para ellas que acabáis haciendo otra montaña aparte para estas? Pues así con los escenarios vanguardistas: ¿Por donde pisa la “Fedra” de Racine?
El “Club para el trabajador”, un espacio ideado para el aprovechamiento del tiempo del individuo de forma práctica, me resultó también inquietante. En general, todo intento por tratar de manipular a la sociedad pensando en un fin último y, lo que es peor, posible por plausible. Para empezar, la biblioteca presentaba determinados títulos peligrosos (y obviaba otros porque pensaría que “no había que perder tiempo con algunos concretos”). Además, se habían llevado el caballo negro del tablero de ajedrez. Ver como periódicos “La Razón” o “El País”, jurado que resultaba extraño. Y no es que Lenin no esté a la altura de Zapatero… o mejor, viceversa.
El coqueteo con el cine no es otra cosa que el “croqueteo” o “cocreteo” (ya está aceptada la “cocreta” en la Real Academia ¿no?) entre amigos. El ojo social de Vertov se expandió a las galletas para niños “Octubre Rojo”. Tratar de crear un cine para ser proyectado por la calle no era tan enrevesado como llevar el sol mediante espejos a todos los lugares del mundo pero son igual de rusas las dos ideas (e igual de socialistas). En fin, que por lo menos Vertov… Pero ¿y esos experimentos de una señora sacándose mocos o un poeta que parece, más que recitar, dar un discurso envenenado?
¡El ojo del montaje automático no existe! Pero fue bonito mientras duró esta creencia. Añoramos… luego nos instruimos culturalmente.

18 – 12 - 09

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