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ZATOICHI

>> viernes, 11 de diciembre de 2009

¡Bueno, al fin he podido ver esta maravilla de “La fábrica de Kitano”! Aquello era un no parar de coreografías mortíferas, de musicalidad de movimiento, de odios y venganzas satisfechas, de justicia en la mano de un solo hombre (y cogida tomada por la mano de otro). Se han escrito ya muchas cosas sobre los visionarios, es decir, aquellos que no necesitan ver para conocer las reglas del juego. Siempre he dicho que me encanta complicar las situaciones, tratar de sacar partido de algo comprimiéndolo a casi destinos suicidas. Así me encantó por ejemplo “El Ángel Exterminador”. En este caso, la valía de un tipo que puede con todo y más a pesar de la tara de la “invidencia” (y los que la hayan visto comprenderán las comillas). Esta violencia casi bella que corresponde a la constante defensa por la supervivencia, llega a alarmarme en cierto modo: se crea una agilidad en el desarrollo de la historia totalmente fructífera, no hay un momento de descanso (o si los hay, incluso le convienen al espectador), pero, a pesar de todo ello (insisto, hay una visión aquí admirable) ¿nos estaremos acostumbrando de una forma perversa a una violencia bella? (el color de sangre incluso podría ayudar a la fluidez de los gestos limpios y cortantes de los cortes impecables y casi matemáticos) Hay, más allá de lo bello o no bello -¿cómo demonios definir a estas alturas las cosas? -una asimilación preocupante. Hace poco, viendo “Infiltrados” de Scorsese, me di cuenta, solo después de una etapa de tránsito o cambio de óptica, que desde “Toro Salvaje” Scorsese ha defendido esta etiqueta como sello personal a sus trabajos. Quizá somos una generación que, poco a poco ha ido admitiendo esto, o ha buscado este tipo de extremos para experimentar lo que no se le permite en la vida real, (o, al menos nos enseñan, en ese buen entendimiento entre los pueblos) como los simuladores de videojuegos? También se plantea la posibilidad de la historia real de las mafias en Oriente… (en Occidente lo llevamos o a “Los Siete Magníficos” o a “El Padrino”, por citar dos ejemplos- el primero, curiosamente adaptado a “Los siete Samuráis” de Kurosawa). Bien. Entonces, pongamos por caso historias contemporáneas, deberíamos aspirar tal vez euro-conectores, esto es, enchufes para cualquier casa del planeta. ¡A nosotros también nos vale ya con las películas de memoria histórica! Pongamos por caso que quiero ver películas que no deban su herencia a León de Aranoa o a Vicente Aranda (jóvenes encoñados y estando a lo que no hay que estar) o a Martínez Lázaro incluso (aquí serían comedias estúpidas casi musicales con la regla de Bauman sobre lo líquido pero a lo bestia). Bien. Personajes desenganchados de su patria ¡maldita sea! Que está bien una, dos y tres (y bien llevadas) pero quinientas ochenta mil novecientas treinta y una… ¡Por mucho que se adapten a otros autores o se busquen historias plurales, acabamos sacando lo que sacamos y a la vista está. ¡Claro que debe de haber identificación, pero hay muchos grados y tan sutiles…!
Un ejemplo digno de todo esto sería “Still Life”, pero aún así encontraríamos a los explotados de un país que no sabe más que tirar casas para “seguir dando empleos” y someter a sus individuos a la miseria (para tenerles cogidos de donde más les duele).
¿Es imposible lo que pido? ¡No lo sé, no vamos a poner en pelota picada a unos señores en un espacio en negro! (incluso eso sería deudor de los parámetros occidentales) pero algo que no sea de nadie… algo que no sea de nadie… ¡algo que no sea…. De nadie!

11 – 12 - 09

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