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EL ARCHIVADOR HUMANO

>> martes, 28 de diciembre de 2010

A Andrea

No recordaba el día en el que le habían regalado ese archivador. Tan solo conservaba en su mente desmemoriada las palabras de aquel hombre célebre: “Como joven promesa, te corresponde como tarea presente plasmar cada una de tus acciones. Un día, en un futuro muy próximo, la humanidad reconocerá esta gran obra que será tu propia autobiografía”. Habían pasado, desde entonces, muchos años. No recordaba la cifra, pero estaba seguro que era un niño por entonces. Ahora, ya mayor, de joven promesa había pasado a simplemente promesa. Su archivador, para colmo, estaba más desordenado que nunca.
Era viernes por la mañana. Recién levantado, se había dirigido a desayunar. El hojaldre del pastel sabía verdaderamente a papel, y el café a tinta china. Cuando no encontró ninguna excusa para poder evadir la tarea, decidió afrontarla tratando de pensar en ella como algo necesario para la explicación de su existencia. El archivador ocupaba toda la habitación: desde el suelo al techo, sus paredes se encontraban preñadas de cajones. Cogió la escalera portátil y la llevó al Lunes 13 de noviembre del 2010, esto es, cuatro días antes. Cuando abrió este compartimento, encontró una ficha que decía: “La tarea del día de hoy será ordenar el archivador”. ¡Menudo desbarajuste! Había montones de fichas desperdigadas por el suelo esperando a ser ordenadas. Todo ocurrió un día hará ya un año, en el que se le cayeron, por accidente, tres baldas completas de cajones. ¡Había en ellas cinco años de su existencia, y ahora aparecía revuelta, confusa, esperando a su correcta ubicación espacial! Entonces, pensó: ¿Para qué quiero seguir con todo esto? Llevo la mitad de mi vida siendo un fracasado que escribe su propio fracaso pensando que a alguien le puede interesar. Solo a alguien un poco menos patético que yo puede levantarle el ánimo conocer el testimonio de un tipo como yo. Aunque solo fuera por esto, continuaría mi inútil tarea… Pero ahora, ahora creo que la gente puede llegar a niveles de fracaso mayores que el mío. Antes, yo era el rey de todos. Ahora, si acaso, puede considerárseme un príncipe destronado.
En un arrebato de jovialidad furiosa, volcó todas las estanterías para empezar desde el principio una nueva vida. No podía imaginar que uno de aquellos armatostes acabaría sepultándole, haciéndole desaparecer de la vida y de la memoria definitivamente, impidiéndole reconducir su destino.
Ningún contemporáneo se percató de la ausencia del archivador humano. Ni uno solo pudo olvidarlo puesto que no le conocían. ¿Cómo iban entonces a recordarle? El hombre célebre nunca existió. Todo fue un mero sueño fruto de un hombre ansioso de autoestima.

28 – 12 – 10

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Lux Aeterna

>> miércoles, 22 de diciembre de 2010

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Sin título

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Tango (1980), Zbigniew Rybczynski

>> sábado, 18 de diciembre de 2010

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GOOD BYE, MISTER BERLANGA

¿Qué ha podido significar Berlanga para mí? La respuesta es sencilla y clave: El humor contra la desesperanza. La sonrisa ante un mundo que amenaza con perder el sentido del humor. Berlanga era la alegría de vivir en sus personajes, suma total de fracasados. Creo que nadie como él ha sabido retratar el segundo plano. Tuvo buen ojo como Fellini y decidió pasar de las historias individuales de personajes principales al retrato colectivo de una sociedad que pedía a gritos ser interpretada. Como Billy Wilder, supo encontrar a su Diamond (en este caso, Azcona). ¿Qué sería del director sin su guionista? Para mí, Berlanga ya lo era en “Esa pareja Feliz”, “Los Jueves Milagro” y “Bienvenido Mister Marshall”. Le faltaba, quizá, el humor negro en su discurso, el punto ácido dentro de su discurso salado (nunca del todo dulce). Nos ha dejado, para la posteridad (y, según él, debido a su economía de medios) planos secuencia memorables, irrepetibles, donde sólo él sabía congeniar a masas perfectamente organizadas por una cámara curiosa por interesada (en el mejor sentido de la palabra).
En cuanto a su compromiso de crítica, creo que es claro en cuanto a coherencia personal, a pesar de que pueda criticársele de ser un alborotador con la complacencia del régimen. Concibo su estrategia en el sentido de la del Caballo de Troya: desde dentro. ¿O es que para criticar había que encontrarse fuera como Buñuel? Muchos directores apostaron por hablar en territorio minado, y esto les supuso los recortes que ya conocemos de sobra (teniendo las cintas que pasar la censura hasta convertirse en semi-adecuadas). “Plácido” no deja de ser una crítica contra el sistema de descargo de conciencia de la sociedad burguesa, “El verdugo” nos habla de la terrible profesión de un ser aparentemente inofensivo, encargado de hacer efectiva la condena capital ordenada desde más arriba (desplazar la responsabilidad es otra forma de descargo de conciencia), “Bienvenido Mister Marshall” presenta la no-llegada de nuevos tiempos a una sociedad condenada a no avanzar… Ahí están todos esos mensajes bien claros- que parecen no aparentar todo aquello al interpretarlos personajes tan caricaturizados, tan de sainete. El verdugo no deja de ser Pepe Isbert, Plácido tiene el rostro de Cassen, etc…
Los actores secundarios se mezclaban con los protagonistas, dando a la historia un rostro global (a excepción de películas como “El verdugo”, donde el rostro lo llevan Isbert y Manfredi, concretamente), una imagen de lugar. La idea de un pueblo (heredera del neorrealismo) la encontramos en “Bienvenido Mister Marshall”, “Calabuch” o “Los Jueves Milagro”. Tipos tan peculiares como Luis Ciges (quien estuvo en la División Azul junto a Berlanga) o Chus Lampreave se han convertido en auténticos iconos de la historia del cine español. Personajes que siempre hicieron de sí mismos (Almodóvar también los explotó de este modo, incluso dejándoles casi una total libertad) y que nunca llegamos a creerles como actores. Su elección venía casi influenciada más por el cariño que el director sentía por ellos que por esperar una valiosa interpretación por su parte.
Sin embargo, a partir de Plácido, me da la sensación de que Berlanga comenzó a relajarse en su tarea, sabiendo que podía hacer cuanto le viniera en gana. Aunque pueda resultar una barbaridad, creo que la saga de los Leguineche resulta un producto de menor calidad que otros filmes como los realizados en la primera etapa berlanguiana. Títulos como “Todos a la cárcel” o “París Tombuctú” me cuesta sacarlos a la palestra y, cómo no, “Tamaño natural” la considero como un filme de excepción, que sigue sorprendiéndome. Es, si pudiera definirse, un tropezón (positivo) en su estela cinematográfica. Allí donde el fetichismo se hace falsa carne, o muñeca. De nuevo, una historia concreta, la de Picolli (aquí, insisto, la imagen de “pueblo” o “comunidad” se disipa) Si algo nos ha enseñado el cine de este valenciano, es que España cuanta con una valiosa cantera de actores secundarios. Todos ellos, son presentados gracias a unos pocos que parecen querer destacar más que estos, pero que inevitablemente acaban formando ese todo cinematográfico.
También Berlanga presumía de haber dejado de ver cine a partir de una época concreta (aquella en la que ya se había asentado como creador, cuando la gente comenzaba a utilizar el término “berlanguiano” para referirse a situaciones insólitas de la realidad).
Conseguir la fidelidad del público, convertirse en popular, no es nada sencillo. El estilo tan personal y tan reconocible es esa marca que solo un universo personal posee, una concepción concreta de la vida. “Estamos en la vida, con todas sus miserias, sin ser capaces de darnos cuenta de los esperpénticos que podemos llegar a resultar en muchas ocasiones. Parece que necesitamos de una pantalla para podernos ver y encima reírnos de nuestro aspecto.Así, por ejemplo, cuando poco tiempo antes del fallecimiento del cineasta, salió publicada por Internet su necrológica anticipada, seguramente Berlanga, de haberse encontrado en una completa posesión de sus facultades, habría sido capaz de pensar: “Pues ahora me voy a morir solo para joder”. Conseguir realizar un acrítica mordaz y, además, gozar del consentimiento- e incluso del consentimiento- de aquellos a quienes se representa, es una victoria solo digna de los grandes pacificadores de la Historia.
Todavía me inquietan aquellas dos palabras con la que se despide en su última película: “Tengo miedo”. ¿Y quién no ha tenido miedo de su época, teniendo todas la misma apariencia apocalíptica? Una declaración de intenciones, una confesión íntima a su público, de quien se retira sabiamente (y digo sabiamente porque no todo el mundo conoce a ciencia cierta el momento en el que dar final a su labor).
Berlanga siempre dijo lo que quiso y Azcona le ayudó a mejorarlo. Cuando tiempos de cesura, se recuerdan todavía las palabras de uno de los encargados de validar o no su material en el ministerio: “Un plano general de la Gran Vía visto por cualquier director no tiene importancia, pero visto por Berlanga ¿quién nos dice que no pone a dos obispos saliendo de Pasapoga?”

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CHOPINÍSIMO

>> miércoles, 15 de diciembre de 2010

El 8 de diciembre acudí, invitado por un amigo, a un recital de Chopin celebrado en los Teatros del canal de la Comunidad de Madrid. Durante todo el día tuvieron lugar, en estos teatros- dentro y fuera de las salas-, diferentes recitales gratuitos sobre la obra del compositor polaco, pero digamos que este concierto al que acudí ya por la tarde (este sí de pago) simbolizaba la traca final para este homenaje a uno de los compositores más populares de la historia.
Curiosamente, Chopin representa el compositor admirado por el oyente que acaba de comenzar su andadura como melómano. Solo a medida que su cultura musical se refine, este irá quedando atrás dejando su lugar a otros autores como Beethoven, Schumann, Mahler (e incluso, poniéndonos en el extremo de los extremos, Schoenberg).
Nikolai Luganski fue el pianista elegido para inmortalizar al compositor en aquella velada. Tuvo que ser un polaco, no podía ser de otra manera. Chopin siempre me ha sonado a francés, no sé por qué.
Juan Navarro Baldeweg sigue estando presente en teatro y alma para todos los que se pasean por ese alter ego de intestino grueso que nos ha legado como maravilla arquitectónica. Para empezar, las prodigiosas escaleras mecánicas consiguen aunar a los grandes almacenes con los productos de alta cultura (¿siempre de alta?). Su laberíntica concepción resultó la protagonista de la jornada. El pianista se perdió por los pasillos y hubo que cambiar el orden de las obras mientras se le buscaba. Tuvo que ser el director, José Ramón Encinar, su salvador en aquella selva virgen de colores rojizos.
Se tocó, pues, una obra de Falla que debía de interpretarse como último número. Nadie sabía de qué podía tratarse aquello (y menos los que, como yo, no tenían programa). Una obra de Falla coral, con reminiscencias mallorquinas (ya saben ustedes de la estancia de Chopin y de su mujer, George Sand- “Un invierno en Mallorca”- en la isla española… Y si no, busquen en turismo), dirigida por el propio Jordi Casas Baller, director del coro de la Comunidad.
El recibimiento no pudo ser más surrealista. Una señora con función de acomodadora, nos hacía pasar mientras nos decía: “Yo no soy de aquí, a mí me han puesto para suplir a otra persona que ahora no puede estar en mi puesto… Vayan pasando y acomodándose donde puedan, por favor…”
Finalmente, el concierto pudo comenzar. El programa constaba de los dos conciertos de Chopin para piano y orquesta. Solo en estos momentos comprendo por qué Chopin es conocido por sus piezas más populares: Mazurcas, Polonesas, Nocturnos, Impromptus… Tratar de utilizar el engranaje de música de corte “ligero” en propósitos tan complicados por su seriedad sinfónica puede ser grave para la salud.
Tampoco comprendo por qué un concertista tiene que ser bueno cuanto más rápido sepa interpretar las piezas. Yo soy de la opinión de que deben de oírse todas las notas, que para eso las escribe el compositor, en lugar de escucharse un todo embrollado que, eso sí, hace mucho ruido. A mí, los profesores nunca me dejaron ir rápido en las piezas de violín. “¿Por qué corres? ¿Acaso tienes prisa? ¡Disfruta de la obra, conócela y dala a conocer en su totalidad” me decían. Y tenían razón.
De nuevo, los teatros del canal. Mi juventud no me ha permitido conocer los otros anteriores (los pude conocer pero no se encontraba dentro de mis inquietudes de aquel momento), donde mi padre estrenó alguna que otra obra en su época estudiantil.
Recordaba sobre todo una de Max Aub que justamente representaba aquella por la que menos podía sentirse orgulloso dentro de su currículum.
Ni siquiera recordaba el título. Solo podía decirme que su pequeño cometido en ella era el de trasladar muebles de un lugar a otro con otro compañero. En una de estas, a su amigo se le cayó una papelera por el camino, y ami padre solo se le ocurrió, viendo el plantel de caras largas que había en el patio de butacas, darle una patada a aquel trasto y lanzarlo al público. Entonces, comenzaron a oírse carcajadas y aplausos. El resto de la obra es fácil de imaginar cómo transcurrió. ¿A quienes aplaudieron al final? Una pista: no fue a los protagonistas. Eran los años sesenta y el TEU andaba revolucionado con este tipo de propuestas. Según mi padre, esta fue la más arriesgada que llevaron a cabo (junto a “Nuestra Natacha” de Alejandro Casona). Recordaba perfectamente los antiguos teatros. “Me pareció lo más cercano a trabajar en condiciones”. Allí participó en la representación del “Auto de la comparecida”. Posteriormente, dirigió el monólogo de Chejov “El canto del cisne”.
Ahora sigue habiendo teatro en ellos y su concepción del mismo en estas instalaciones recuerda un tanto “El Arca Rusa” de Sokurov. Los actores interactúan con el público. ¡Y de qué forma! Ahora, por parte de La fura del baus, se está organizando un festín canibalístico donde el devorado resulta ser Shakespeare con su “Titus Andronicus”. Quizá lo de “laberíntico” sea incluso necesario para desarrollar toda la tramoya escenográfica que requieren este tipo de intérpretes tan espectaculares (sin dejar de lado a Boadella y sus “joglars”. Todo puede explicado y razonado, tener un por qué. El problema es ese tipo de gente (en la que me sitúo) que no hace más que sentirse incómodo en este tipo de lugares. Y que nadie me malinterprete, pues no me refiero a contemporaneidad sino a caos.

15 - 12 – 10

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UN INNECESARIO PEQUEÑO EXCESO DE DRAMATISMO

Serían las diez de la mañana cuando el camión de la basura pasó por el barrio. El camionero, un hombre resignado a oler mal, solía desempeñar su trabajo con una sonrisa de lado a lado. Como hombre curtido en mil recogidas de residuos, se había hecho sabio y experimentado. Su sabiduría le colocaba en la sección del olimpo reservado a los trabajadores del sector servicios del lugar. Pero ese día, la vida le deparaba una nueva sorpresa. Todavía no lo había visto todo. Paró el camión y de un salto se apeó en la acera derecha de la calle. Con paciencia y sin parsimonia, fue una a una recogiendo las cajas que los vecinos habían amontonado en torno al contenedor de orgánicos. Cuál sería la sorpresa del bueno del camionero cuando, entre ellas, encontró a un hombrecito acurrucado y con la cabeza escondida entre sus piernas al modo de los avestruces. “¿Qué hace ahí? ¡Salga de ahí, buen hombre!” dijo de la mejor forma que supo el camionero. El hombrecito desenterró su cabeza y le contestó: “por favor, lléveme con usted, me encuentro hastiado del mundo que me rodea”. El camionero observó entonces que, al lado del hombrecito, había un ejemplar del “Werther” de Goethe. No tardó en comprenderlo todo. “Me lo imaginaba… Es de usted el librito ¿verdad?” Aquella endiablada novela con un prefijo tan variable dentro de su título (“Las lamentaciones del joven Werher”, “Los sufrimientos del joven Werther”, “Los tormentos del joven Werther” eran solo algunas de las traducciones al castellano que había tenido) había sido el causante, desde su publicación, del traumático forjamiento de la personalidad de muchos jóvenes, que insistían en hacer real un ideal romántico trasnochado ya desde su creación. Este hombrecito que ahora se escondía entre cajas de basura por ver si se había suerte y se lo llevaba el camión, había sido una de sus últimas víctimas. El camionero volvió a la carga: “Levántese si le queda algo de dignidad, por favor. Muy bien. Ahora míreme a los ojos: ¿Usted conoce de verdad a las mujeres? Por lo que creo, sufre usted mal de amores. Pero son males idealizados, todo lo ha formado en su cabeza. ¿Me equivoco? El hombrecito dijo las siguientes palabras en un tono casi inaudible: “No, no se equivoca.” Aquel hombrecito sufría de enamoramiento. No obstante, no había tenido los arrestos suficientes como para decirle a la chica, en cuestión, lo que sentía por ella. De hecho, no le había dirigido todavía ni una palabra. Se había contentado con seguirla y observarla, como un Dante pensando en Beatriz. El problema era que ese hombrecito aspiraba a ser un Machado con Leonor. Y ahí se encontraba, en medio de dos literatos (y aspirando a una sola mujer… o, mejor dicho, suspirando). “¿Usted ha tenido una relación anterior? Permítame que me meta donde nadie me llama… Sé que son asuntos escabrosos, pero la situación lo exige: ¿Ha experimentado usted ya el contacto carnal?” El hombrecito no salía de su asombro, aunque en el fondo agradecía el interés que se había tomado aquel camionero por su historia. La cosa era seria. Podía pasar de ser un hombre-enamorado a un hombre-basura. Él quería reciclarse, pero no de ese modo. Lo malo es que le había podido la desesperación, optando por cortar de raíz con el problema. Afortunadamente, todavía quedan hombres buenos, como aquel camionero. “No, no la he tenido” dijo el hombrecito, ahora con un tono de voz todavía más bajo. “Claro, era de suponer. Ya verá como, después de su primera relación, dejará de tomarse tan en serio estas novelitas rosas. Goethe ahora mismo, si viviera en esta época, se reiría de usted. ¡Hágame caso!” No eran tiempos buenos para el romanticismo. En realidad, nunca lo fueron. Siempre fue y será una exagerada postura estética frente a la vida. El hombrecito sonrió. “Claro que sí, eso está mucho mejor. Ahora levántese, sacúdase el polvo de su abrigo y tire esta porquería. O mejor, démela a mí para que me la lleve, que para algo trabajo en esto.” El camionero estrechó la mano del hombrecito y le vio marcharse con paso decidido. Luego, dijo para sí: “Sí señor. Estas son las cosas que hacen que mi profesión me guste tanto.”

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SECRETO DE BOLSILLO

Las manos se agitan queriendo volar
Atrapadas en un bolsillo apagado
Revoloteando blancas en la noche
porque no quieren ser solo dos

Caminan las piernas desconociendo
lo que quizá hagan los brazos
porque ellas también reniegan
de su oficio, queriendo ir, cada una
por un lado, a la derecha y a la izquierda

¿Sabe la cabeza lo que quiere?
Solo sabe que está silbando
Que quiere mirar hacia atrás
Olvidándose de tener cuello
Y nunca mira, desde este último piso
Lo que sucede, acaso, en los otros

Nunca he querido estar en silencio
Por eso canto y bailo si camino
O me encuentro igualmente sentado
Quiero deciros que sueño andando
Y pienso, utilizando la silla, que no estoy sentado

A veces quisiera escuchar el palpitar de la sangre
Estallando cerca del tímpano, deteniendo esta marcha
Fúnebre, militar, o de cualquier otra especie desconocida
Porque, solo cuando duermo, de la instrucción descanso
Siento que cae, del brazo, ese fusil que da sentido al canto
Porque ya sereno, soy consciente del momento de dormir
Y poco a poco, va quedando inconsciente la inconciencia

Va dando golpes la noche, estallando las bombillas
Y por suerte, la actividad por fin anuncia que cesa
Olvidamos el calor, el ruido, el color, el olor
Y creemos que así, en esta nueva muerte diaria
Nuestro descanso ha merecido llegar al cuerpo
Para hacerse olvidar de sí mismo, atado en su propia cadena


Estado incómodo de duermevela, que amenaza
Con extinguirse en su luz, en derribar por fin el juego
Del que vigila con nombre de centinela
Grita el voluntarioso: ¿Por qué no dejar ya la partida?
Es tarde y mañana se habrá olvidado ya la jugada
Reposa el brazo sobre la dominante cabeza
Y espera, con las manos en los bolsillos, ser engañado
Una vez más, por sus manos fugitivas

15 – 12 – 10

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LO QUE QUIERO SER DE MAYOR

Antes, eran Ellos los que se preocupaban por ti. Ahora eres tú, tú mismo, quien te realizas la pregunta del millón de dólares: “¿Qué quiero hacer con mi vida?” Lo peor de todo es que ya lo sé: ninguna especialización.
A veces dudo, tras todos estos años de carrera, que quiera ser un “belloartista” tal y como lo concibe la propia facultad. Sé que no me equivoqué escogiendo esta carrera. Lo sé porque rara vez me he sentido desubicado en sus asignaturas. Lo que sucede es que en ninguna de ellas me encuentro personificado. De hecho, incluso creo que no he dado la talla (aunque algún profesor haya considerado oportuno calificarme con una nota imposible de ser mejorada). Mis apetencias secretas en cuanto a gustos no deben rebelarse. Ello no quiere decir que no lo vaya a hacer: siempre he sido un escritor, pues inventar es gratis (y más en un papel). Los escritores han cometido verdaderos crímenes célebres, han delatado, insultado, festejado, han hecho reflexionar, reír, incluso han generado decepciones irreparables en su público… pero sobre todo, han evocado. Sí, soy escritor y creo que me encuentro bastante bien dentro de este “papel”. Creo que es lo que mejor he sabido desarrollar. Tengo temores a este respecto, como por ejemplo en acabar en una “academia de escritores”. Si esta existiese (no me he preocupado de buscarlo ni me interesa saberlo) seguramente me daría una nota baja y acabaría de nuevo decepcionado. Considero, por tanto, esta faceta de mi personalidad, como un “hobby”. No quiero que deje de serlo, no quiero institucionalizarlo de momento. Después, cuando no tema a los profesores (jurados, jueces o instructores de diversa causa e índole) podré decir: “Sí, soy escritor y quiero que todo el mundo lo sepa”. No quiero examinarme de esto. Sospecho, insisto, en que no daría la talla. Procuro trabajar por placer (y, además, tener la vergüenza de cobrar por ello). El trabajo placentero no debe de reconocerse como tal, pues entonces no sería remunerado. Parece existir cierto tipo de sujeto que solo ofrece agua a quien está sediento y hace por encontrarse en esta situación. La falta de la hidratación retuerce ciertos espíritus aparentemente inquebrantables. Trabajo con gusto no pica. Llegar de un día de trabajo a casa con la energía suficiente como para escribir indica algo en este sentido: una extraña fuerza vital resurge y pospone la hora de la cena. Quizá me quite, puede ser, el vaso de agua voluntariamente (y sin cobrar por ello, que esto sí que es de idiotas).
De mayor seré un compendio de cosas. ¿Por qué a un espíritu inquieto se le obliga a cierta quietud? Cuando solo se le ha abierto los ojos, se le ha decepcionado en sus ilusiones y se le ha puesto de cara a una “falsa” realidad, solo entonces sabrá lo que quiere ser en la vida. Lo que nadie sabe todavía es que él si sabe lo que quiere ser, lo que pasa es que no quiere serlo de este modo.

15 – 12 - 10

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MIEDO A TENER MIEDO

>> martes, 14 de diciembre de 2010

Últimamente, todo es tan políticamente correcto que uno da por sentado que no merece abrir la boca ante el elevado riesgote que se la cierren. Además, quien acude a realizar dicha tarea, es el primero que falta a su búsqueda de respeto. El otro día, un diputado dijo a quien tenía la palabra: “¡Cállate, tonto!” Una pista: no era precisamente de la derecha. En cualquier caso, hay que hablar, no reprimirse por temer a ser calificado. El encasillamiento es de personas cuyo entendimiento no les alcanza para abrir su diafragma a una escala de grises. Todo lo ven en una intensidad extrema, a ser posible oscura. La luz no entra en sus cámaras lúcidas.
Volviendo al camino a trazar: ¿Tenemos miedo a mostrar nuestra identidad? ¿Por qué? ¡Ya pasó la época en la que por salir a la calle sin vestir debidamente te encerraban en un manicomio! Ahora ese todos, esa tribu urbana, es amplia hasta decir basta. Sería fácil llegar, con estas palabras, a una conclusión de estética. Un final superficial para todo el discurso. De nuevo, pido perdón a la ilustre concurrencia. ¿A qué falso ídolo abstracto perseguimos con nuestro comportamiento? ¿Qué ejemplo ejemplar admiramos? ¿Qué queremos ser de mayor? ¿Lo sabemos? ¡Sería toda una suerte! Para tener claras las cosas hay que tener una personalidad a prueba de bombas. Este tipo de especímenes deberían ser los auténticos ídolos de masas. Los fans lo tendrían difícil para imitar a este modelo, tan acostumbrados como están a mimetizarse en cortes de pelo, prendas de vestir o actitudes estrafalarias. Todo esto pertenece, como ya digo, a lo que les gustaría tener que imitar, pues resultaría una tarea sencilla. Lo complicado es tratar de querer ser alguien que no se ha propuesto ser alguien al que admirar, que es así por su propia naturaleza. En ello no encontraría un fin, todo lo contrario: sería de esta forma sin buscar serlo. Ahí tenemos biografías de grandes hombres como Cajal o Marañón. Si se aspirase a ser como ellos, no habría patrón que seguir literalmente. De nuevo, volviendo a aquellas personas cortas de entendederas, se escucharía por ejemplo: ¿Cómo que no sería posible? ¡Si desayunaban esto yo desayunaré lo mismo! ¡Ahí hay algo por lo que empezar!” Y no digo yo que no, pero ese no sería el patrón al cual me refiero.
Insisto, no nos asustemos. ¿Qué se nos puede corregir con esta actitud? Buscándole tres pies al gato, podría oírse de la voz opresora lo siguiente: “Me parece muy mal lo que usted ha dicho. Sus palabras han sido “Ayer me rompí el tobillo yendo por la calle”. Podría usted dar lugar a malentendido con esta frase tan aparentemente ingenua. Alguien podría decir “él iba con un bate de béisbol por la calle y se auto-agredió”. Y yo lo comprendería ¿sabe por qué? Porque al decir “me rompí” parece colocarse como sujeto de la propia acción, como si usted hubiese querido perjudicarse a sí mismo.” Quizá he exagerado con el ejemplo, pero visto cómo están las cosas, considero necesarias hasta las exageraciones.

13 – 12 – 10

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LECCIÓN MAGISTERIAL

>> lunes, 13 de diciembre de 2010

Había quedado con él en la cafetería a la hora de comer. Ella hubiese preferido otro sitio, pues aquel lugar siempre estaba de bote en bote a esa hora. Miró a su reloj de pulsera y leyó las “dos y media” en letras digitales. Pasó la puerta de entrada metiendo codazos a diestra y siniestra. Llevaba ya cinco años en aquel lugar: era uno de los eslabones que conformaban aquella promoción, hoy casi desaparecida, con la que entró en la Universidad. Tenía el derecho de imponer respeto ante aquella chavalería. Nunca la decían nada, tan segura la veían. Siempre funcionaba la cara desafiante, para evitar problemas. Por fin encontró a quien buscaba (otro de aquellos eslabones que, hasta ese momento, parecía irremisiblemente perdido). Entre todas aquellas cabezas sobre las que era de obligado cumplimiento saltar, brilló la suya. Su coronilla era imposible de confundir. A esta le acompañaba otra, esta exenta de cabello. ¿Quién sería el acompañante? Rápidamente salió de dudas: Era el profesor de retórica. ¿Qué hacía allí?

- Perdona por la tardanza, pero esto está de bote en bote. Un saludo, don Amadeo.

Amadeo era el nombre del profesor. Ella, pidiendo permiso, se ausentó un momento en busca de silla en la que sentarse. Vio una relativamente cerca, que parecía ocupada al haber una mochila sobre ella. Con un movimiento ágil, tiró al suelo el macuto y se la llevó antes de que apareciese el aludido.

- Te preguntarás qué hace don Amadeo aquí conmigo.
- Sorpréndeme.
- Ha venido por petición mía, para aclarar un par de asuntos sobre los que ayer estuvimos discutiendo tú y yo. Cuando quiera, don Amadeo.

Antes de que don Amadeo soltara un discurso, ella se levantó indignada y volvió a llevar la silla a su anterior lugar. Después, volvió y pidió perdón a don Anselmo, por haberle dejado con la palabra en la boca, de la siguiente manera:

- Disculpe, don Amadeo, pero tengo que dejar claro una cosa con aquí el caballero. ¿Qué es eso de tener que recurrir a otros para hacerte valer? ¿Necesitas de un apoyo de este tipo para demostrar que tus teorías son consistentes? ¿Pero qué es esto?

Don Amadeo argumentó, en defensa del joven, haber aceptado de muy buena gana la propuesta porque para eso estaba, para solucionar cuestiones a sus alumnos.

- … De igual modo habría tenido que estar por aquí. Tenía que comer, como ustedes…
- ¿Lo ves, cariño? Si lo hacemos por tu bien…

Lo siguiente que pasó, era fácil de presagiar: Ella cogió lo que había tirado antes al suelo (todavía seguía ahí, a poca distancia de la silla ya devuelta) y se lo arrojó a la cara al novio.

- ¿Pero qué haces, infeliz?
- ¡Estoy harta de tanto prepotente en esta carrera!

Y desapareció del lugar sin recoger el objeto arrojadizo para devolverlo a su lugar de origen.

- ¿Ha visto, don Amadeo?
- La chica tiene razón. Te falta personalidad, confianza en ti mismo. Esto no tenía que haber ocurrido. Creía que eras un hombre de iniciativa. ¿Recuerdas aquella bronca monumental que me echaste en mi despacho, cuando te dije la nota que habías sacado en mi asignatura?
- Sí. Fue usted injusto. Me pasé todo el curso haciéndome el inteligente y el educado y usted me confundió con otro compañero, llamándome anarquista y amotinador…
- Sin lugar a dudas, cometí un error a todas luces imperdonable. Tú eras un buen chico y te tomé por un malencarado y “calienta-sillas”.
- ¿Calienta-sillas?
- Sí, ya sabes. Los que no tienen otra cosa que hacer en la vida que estar en los sitios para calentar sillas nada más. Pero ojo, que tu pupitre lo defendiste muy bien.
- Pero su fallo fue imperdonable. Tuve que decirle que yo era muy respetuoso, casi amenazándole, para que me creyera.
- Tus armas de persuasión son verdaderamente potentes. Mas, esta vez, has errado el tiro, querido pupilo…
- Otra vez será… Aún así, ¿Le importaría reproducirme, lo más fielmente posible, el guión completo de lo que le iba a decir a ella? Es, más que nada, por ver si estaba bien explicado…
- Bueno, lo diré con las mismas palabras que empleé aquel día que me lo oíste en clase: “Un gobierno democrático puede desbancar a otro dictatorial si este no atiende a las razones que se le presentan por las buenas. En este caso sería imponer un gobierno, si, pero de forma necesaria.”
- Muy bien, don Amadeo. Lástima que esta chica no le haya oído.
- ¿La habrías convencido con mis palabras?
- Seguro que sí.

13 – 12 – 10

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LA ERA DE LA JUSTIFICACIÓN

>> jueves, 9 de diciembre de 2010

No puede faltar cada año, en la Facultad de Bellas Artes, una gran exposición de alumnos de fin de carrera. En ella, pueden encontrarse trabajos de lo más variopinto, casi siempre con una seña de identidad: la de los profesores. “Este ha sido el trabajo resultante de cinco años de carrera, en el cual puede comprobarse la idónea aplicación que de las técnicas han hecho los alumnos. Un trabajo bien hecho, supervisado por los profesores, encargados de hacer de sus pupilos unos verdaderos artistas”. Este resultado, esta gran orla de despedida, debería de generar satisfacción en aquellos elegidos para tal causa. “Yo, de entre todos mis compañeros, he sido seleccionado para representar a mi clase, a mi curso, a mi especialización.” Todo esto no son más que justificaciones, parafernalia que no sirve más que de cortina de humo. ¿Qué hay tras todo esto? Yo, lo único que encuentro son elementos de confusión. Para empezar, no creo que todo un trabajo de curso (y no digamos de una carrera) pueda verse reflejado en el resultado de un cuadro, una escultura, un dibujo, un video o una fotografía. Es más, creo que incluso lo que se verá es la mano del profesor que ha seleccionado aquella obra concreta. La escuela del profesor todavía sigue generando obras idénticas de estilo. Puede verse la tendencia academicista del que quiere crear hijos a imagen y semejanza. La firma de un profesor se encuentra en sus hijos pródigos (aunque rebeldes, acaban bajo las faldas del padre). No son más que cobayas, experimentos de laboratorio. Y, aún así, atendiendo a estos argumentos, todavía dicen: “Lo hice por un puñado de créditos, por engrosar el currículum.” No hay excusa más triste que esta. El espíritu creador puede quedar seriamente dañado en estos procesos. Si un individuo no es lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a tantos profesores que viven de su propia imposición, puede correr el riego de perder su genuino origen.
Volviendo al resultado total de un proceso: Las aulas de esta magna facultad, permanecen durante todo el curso abiertas a quien desee entrar como oyente (y vidente).
El auténtico resultado se fragua en el día a día de las clases. El “making off” por así decirlo. La obra terminada, puede incluso no decir nada a quien entra para verla, dejando atrás todo lo que la hizo posible. Pueden encontrarse incluso trabajos de diferentes alumnos aunque idénticos en ejecución. Es ese trazo exterminador donde no se aprecia lo digital (la huella del dedo del hombre). Todos aquellos discípulos que se encargaban de las fases engorrosas de los cuadros de sus maestros han pasado al olvido. Ahora, se encuentran ocultos bajo la firma final del maestro, que los utilizaba en su taller para ofrecerles “la oportunidad de colaborar en uno de sus cuadros”. Estando en edad de aprender, debe uno incluso sentirse agradecido por este tipo de oportunidades. Pero todavía queda la fábula del alumno que da una lección al maestro.
El talento, tristemente, ha de pasar por el dificultoso ojo de aguja del mercado, que lo malea como mercancía. La prostitución del arte a la que se refería Baudelaire sigue estando presente, e incluso se justifica como necesaria. Una criba, una selección de material. Evidentemente, un artista prometedor puede quedarse atrás por una mala presentación de dossier. Ahora, estos mecanismos de producción se crean bajo un auspicio real: el de la masa como elemento a descifrar.
En la sociedad occidentalizada en la que nos encontramos, siempre tenemos la necesidad de justificar nuestros actos para que estos sean aceptados por el total ajusticiador. Hay como una especie de arrepentimiento, de “lo hice mal pero quiero explicar por qué”. Da que pensar.

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CRONISTAS CRÓNICOS

>> miércoles, 8 de diciembre de 2010

¿Qué ha pasado con la figura del pensador? ¿Acaso ha desaparecido? Yo más bien diría que ha menguado, y ahora se hace llamar “escritor de opinión”; ahora puede encontrársele en cualquier columna de periódico, aunando a Heggel y a Belén Esteban. Se encuentra pues, en las catacumbas de lo que fue. Los tiempos han cambiado, rebajándole a la altura del “eco de suciedad”, como Vizcaíno Casas, experto en la ironía del título, expondría en uno de sus libros.
Lo peor de todo es que ahora ese individuo “social”, cree sabérselas todas. Por ello, no nos ha de extrañar que hable como si hubiese estado en cada uno de los lugares que menciona, en cada época que relata. Tal es la minuciosidad del relato que parece haberse convertido en un arqueólogo anacrónico. ¿Por qué esa necesidad por saber de todo? ¿Por qué parecer el Espasa Calpe cuando en realidad no llega a la Wikipedia? Extraños tiempos de alter ego supino.
Ahora, se incluye incluso una fotografía del sujeto en cuestión al lado del articulito. Las poses retratísticas llegan al culmen de la idolatría. No se ha visto nunca tanta artificialidad que aparente tan poca naturalidad. Es un insulto al lector, que estúpidamente se apropia del icono y lo busca por este sistema en su memoria. El Balzac de la mano en el pecho ha sido rememorado incluso por Ortega y Gasset. Lo peor de todo es que es una tentación democrática y absurda. El daguerrotipo actual es la vergüenza del original, su cota más baja. Si había algo de estético en esto, hoy en día no se comprende. Debe ser esa maldita aura fría de la que hablaba José Luis Brea.
La búsqueda de información hoy día se ha convertido en una auténtica quimera. El “corta y pega” es reconocible en la enciclopedia virtual. No hay un verdadero interés por conocer. La historia, cada vez más antigua en su origen, se va desvaneciendo en aquellos que no han podido vivir determinadas épocas (y sería mucha suerte que tuviesen una imagen de ella por la transmisión generacional, que también va diluyéndose de padres a hijos). Podemos decir, como Roland Barthes, que conocemos por fotografía, los ojos que vieron a Napoleón.
Me aterra pensar que cada vez hay un mayor desconocimiento de las cosas, que estas acaban deformadas por la demagogia o por la idea que de ellas se da en la actualidad por los poderes públicos (cuya cultura, permítaseme decirlo, me resulta dudosa).
Todas estas cosas, más comunes en un hipocondríaco de tercera regional que en un individuo que trata de ser objetivo (no hablo de política sino de concepto de justicia, que me resulta más universal) no deben alarmar a quienes se hagan eco de ellas (permito incluso, la sonrisa de quien me considere ingenuo o desencaminado). No son más que palabras. ¿A quién les importa?

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Rogelio Rovira, profesor de filosofía

>> martes, 7 de diciembre de 2010

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PÁNICO ESCÉNICO

>> martes, 30 de noviembre de 2010

Me considero un charlatán, un verdadero trepador de árboles. No dudo irme por las ramas utilizando el tronco solo para acceder a ellas. ¿Por qué un hablador de esta categoría, al pensar en el público como desconocido universal, recuerda el amarillo Molière? Quizá por el temor a ser tenido en serio de verdad, a convertir sus comentarios en argumentos. Entonces, recuerdo que puedo escribir mejor que hablo (aunque, aparentemente, me cueste plasmar más en papel aquello que deshilacho en una charla de café). Me aferro al guión previo y entonces pierdo toda la naturalidad. Mi palabra es firme, pero su lógica no tanto.
En este país somos muy dados a perder la concentración del que nos habla si este está leyendo lo que nos dice. Esto puede deberse a que se pierde ese contacto visual dentro de la comunicación. Si el emisor se encuentra, además sentado, se propicia todavía más la pérdida de contacto con el exterior.
Hablar en público requiere de un aprendizaje (y necesitaría de una asignatura concreta donde se abordase) que, dependiendo del individuo, puede durar toda una vida. Ante todo, es necesaria la memoria, la interiorización del discurso. Los papeles deben de existir, pero solo como herramienta con la que poner en claro las ideas que conformarán el todo unitario. Si es preciso, en la mesa de trabajo se podrá leer una y mil veces aquel borrador con el fin de hacerlo nuestro. Después, solo quedará para el día de la verdad el mapa mental con los puntos primordiales del texto. Entonces, también eliminaremos la silla sobre la que sentarnos y quedaremos en pie, elevando la voz a “la audiencia”.
El tema sobre el que versarán nuestras palabras debería ser lo suficientemente ameno como para no quebrantar el primer mandamiento: no aburrir (es, al fin y al cabo, un acto de caridad que debe de realizarse con el público). Si, por lo que fuera, no consiguiésemos traducir la complejidad de las ideas en resultados más asequibles, debemos de rescatar la atención por otros medios (por ejemplo, empleando anécdotas de vez en cuando como cómplices perfectos a las caras largas). Siempre, defender la entonación ante la monotonía fónica.
Las coletillas, como nexos empleados para asistir lapsos de tiempo in albis, resultan peligrosas en su excesiva repetición.
Ante el tiempo de que disponemos, debemos elegir una cosa y explicarla bien, antes que diez que generen confusión. Primacía en la claridad expositiva. Si existiese la letra de médico para el lenguaje, debería evitarse. Pasaron ya los tiempos en los que al que pretendía enseñar hablando le importaba poco la opinión de sus oyentes. Las clases magistrales deben de ganarse a fuerza de trabajo y humildad.
El público siempre podrá preguntar sobre aquello que ha oído. Se deben esperar ciertas dudas en función de lo que se ha dicho, saber qué es lo que se va a preguntar a continuación en función de cómo haya ido la “ponencia. Esto es lo que considero como una cierta sabiduría previa. Aunque este consejo resulte de Perogrullo, hay que ser consciente de lo que se ha dicho, saber escucharse y aprender de uno mismo.
No conviene poner un problema personal en boca del tema elegido. Hay que pronunciarse; la personalidad cabe dentro de esto, pero siempre que trate de expresarse con una objetividad que importe a los demás. Pretensión de validez. Exponer las ideas propias con naturalidad.
Si el alumno, tras sus exámenes como ponente, obtiene un aceptable resultado y decide abrazar la enseñanza, ha de tener en cuenta no ya la tarea cultural sino formadora de su discurso. Sigue cometiéndose el error de enseñar de la misma forma tanto en una clase de primero como en una de quinto. El alumnado cambia en sus diferentes niveles de formación, y es menester del magisterio atender sus necesidades de acuerdo a su edad. Los primeros cursos son los más difíciles para el educador, que debe de “acoger” a los pupilos de un modo especial, no dando por supuesto determinados aspectos o abriéndose a una irregularidad de conjunto (cada individuo poseerá capacidades particulares). Además de la seguridad como profesional, habrá de enfrentarse a su resistencia psicológica. Puede por ejemplo suceder que el desgaste sea paulatino en lugar de evidente, pero deben de ponerse los medios necesarios para que esto sea cogido a tiempo (y aquí entra también el propio conocimiento de uno mismo).
Para aquel que todavía se resiste a ser convencido, siempre me quedará el ejemplo ejemplar del orador por antonomasia: Demóstenes, filósofo griego, que nos demostró que puede vencerse la tartamudez hablando con piedrecitas metidas en la boca o mientras se sube corriendo una cuesta.

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Una clase sobre las Bellas Artes en el Colegio de Nuestra Señora de Montserrat (Madrid, año 2007)

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EL SALUDO DE LA DESPEDIDA

>> domingo, 28 de noviembre de 2010

Siempre saludaba, al encontrarse con conocidos, con un “hasta luego”, haciendo una larga torera un tanto provocativa. Así eran sus encuentros por la calle. Un día, alguien tuvo la osadía de contestar a su “hasta luego” con un “¿Cómo te va?” Ante esta nueva situación, el hombre que saludaba despidiéndose no tuvo más remedio que cambiar su estrategia: invirtiendo los términos, decidió despedirse saludando y dijo “Yo bien, gracias”. Entonces, de nuevo obtuvo una nueva respuesta: “No te vayas. Quiero hablar contigo”. ¿Qué había podido fallar? Aquel día, aparte de su mirada al suelo para esquivar otros ojos, se había vestido con un gorro negro que le ocultaba casi toda la cara y un abrigo que ejercía la misma función con el cuerpo. Sin querer preguntar ni siquiera la identidad de quien le había tentado, aceptó la invitación del sujeto en cuestión para tomar un café en el bar de la plaza más cercana. Lo hacía por resguardarse de aquel frío de invierno tomando algo caliente en un lugar cerrado, no porque le interesase realmente lo que fuese a escuchar. Era como cuando iba al teatro: aplaudía siempre al compositor, nunca a los músicos, ya que la forma que tenían de interpretar la obra nunca le parecía la correcta.
Una vez allí, el desconocido le indicó una de las mesas del fondo del establecimiento. El hombre que no quería saber nada del mundo mortal obedeció refunfuñando, como dando a entender que lo hacía por educación, no por gusto. No quería que el otro se tomase confianzas para con él, de modo que había que mantenerle tras la raya siempre, no bajando nunca la guardia.
Tomaron asiento y pidieron la consumición. El simpático individuo todavía permanecía con su sonrisa ante la indiferencia del huraño hombre asqueado con no-se-sabe-qué. Trató de devolverlo a la vida, una vez más, iniciando el diálogo pertinente que este tipo de casos tan incómodos pide a gritos al personaje más comprensivo:
- ¿No me recuerdas, Bernabé?
El otro, quedó sorprendido de aquella acusación tan directa. Él había dejado de llamarse así a sí mismo hace tiempo. Aquella voz que había escuchado ponía perfectamente, dentro de su memoria, nombre y apellidos a aquel a quien todavía no se había dignado a mirar cara a cara.
- Yo ya no me llamo Bernabé, pero sí te reconozco. ¿Cómo no te voy a reconocer?
- ¿Quién soy?
- Sabes perfectamente quien eres. ¿Qué quieres?
- Enseñarte una cosa.
Y sacó del bolsillo interior de su abrigo un papel doblado en cuatro partes.
- Ábrelo- le dijo alcanzándoselo. Bernabé pudo comprobar, al desplegarlo en su total, que se trataba de un dibujo realizado por él mismo hace mucho tiempo. El papel casi se rompió en cuatro partes, ya que debía de haber sido doblado y desdoblado muchas veces a lo largo de su historia. Era un retrato. Lo había hecho siguiendo las órdenes del sujeto, del que todavía desconocemos su identidad por culpa de Bernabé, cuando ambos eran amigos.
- la encontré hará dos años y ahora estoy con ella.
Bernabé no salía de su asombro. Lo que tenía delante era un retrato imaginario, que él mismo había creado en una especie de juego.
- ¿Cómo puede ser, Joaquín?
Joaquín, que así se llamaba por fin el otro individuo, le había pedido a Bernabé, cuando ambos estudiaban en la misma Facultad, que le dibujase a su mujer perfecta. El otro había accedido a esta petición tan infantil de forma gustosa. Bernabé presumía de “mano” para el dibujo entre los compañeros. “Tendrá los ojos verdes, la tez un poco tostada, el pelo moreno y largo, la nariz un poco aguileña, los labios carnosos y las orejas pequeñas. Un lunar bajo el ojo derecho, las cejas ni finas ni gruesas (sino todo lo contrario, como decía el chiste)… Cuando el dibujo quedó perfilado, Joaquín se metió el papel en el bolsillo y prometió encontrarla, entre risas.
- ¿Sabes cómo se llama?
- No me interesa. ¡Este café está frío!
Joaquín parecía mostrarse indiferente hacia la actitud hostil de su antiguo amigo. De nuevo, metió la mano dentro de su abrigo y sacó ahora una fotografía, que puso junto al dibujo. Sin duda, era ella. El parecido era asombroso. ¿Se habría inspirado Bernabé en alguna antigua novia para realizarlo tan concienzudamente? Esto era lo que l preocupaba a Joaquín. Sin embargo, a Bernabé solo le preocupaba una cosa: había dibujado, de aquella mujer su apariencia física, pero no la psíquica. Entonces, mostró por una vez interés en todo aquello, preguntando a Joaquín cómo era de actitud aquella misteriosa mujer.
- Tiene muy poca paciencia para todo, se enfada cada dos por tres, desprecia mi forma de ser. Sin embargo, la quiero, Bernabé. Desde que la ví tan bien plasmada y plantada en aquel papel de cuadrícula.
Como dos copos de nieve. Aquellos rostros femeninos inspiraban belleza, pero eran realmente gélidos. ¿Cómo había podido actuar así Joaquín? ¿Qué tenía dentro de la cabeza? ¿Solo buenas palabras? Y lo peor de todo. Siguiendo la lógica del humor ácido ¿se llamaría “Nieves”?
Este tipo de cosas eran las que habían empujado a Bernabé a renunciar de la humanidad. Cada vez que lo pensaba, se alegraba, y era este el único motivo de sonrisa que se le podía apreciar.

28 – 11 – 10

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LIEDER IBÉRICO

>> sábado, 27 de noviembre de 2010

En el contexto del siglo XX, hubo en España una generación de compositores con reconocimiento internacional, que decidieron, movidos por un sentimiento común cultural, rendir tributo a su propia tierra.
Había que dar una voz a este deseo, impregnar de cántico al propio concepto melodioso musical. Porque, de algún modo, la música surge -en lo popular- como acompañamiento de esa voz que promulga una razón para hablar (un consejo, siempre desde la sabiduría). El interés por avivar esta voz en todas las épocas llevó a los propios intelectuales a una labor de recopilación o conservación de este material, que no es sino reflejo de una tierra en su tradición cultural.
El foco de la modernidad se centra en Cataluña, al encontrarse más cercana con la frontera europea. Recoge, por tanto, la vanguardia en esta especie de exportación. No se olvida la propia identidad, el deseo de hablar del presente como resultado de un pasado. Frederic Mompou, decide homenajear a José Janés poniendo música a su poesía en “El combat del somni”. Este ciclo de lieder para canto y piano (instrumentado después por Antoni Ros Marbá), incluye la canción “Damunt de tu, només les flors” que tanto popularizó la voz de Victoria de los Ángeles, cantante también catalana. Como dato curioso, en la película “L'homme et sa musique" (1970) de Jacques Trebout aparecen estas dos figuras de la música española en torno a un piano, el de la casa de ella en Barcelona. Cuando Victoria de los Ángeles y Frederic Mompou se reúnen ante la cámara para interpretar esta pieza, se produce un choque de timideces por parte de los dos. Ella canaliza este carácter por la dulzura, mientras que él permanece concentrado en las teclas de su piano.


Frederic Mompou

Resulta una composición, en total, de extraña belleza, que hoy día sigue siendo redescubierta una y otra vez debido a su propio misterio mágico. Conocerla parece suponer un acto de iniciación mompouniano, un ritual de comprensión hacia una música distinta, una dimensión en la concepción del melómano que le obliga a romper con lo establecido, esperando conmoverle o, al menos disponerle, a una nueva sensibilidad.
El compositor interpretaba para Soler Serrano en una entrevista para TVE su composición “más conocida para el público español”: Se trataba del “placide”, perteneciente al álbum “Música callada”, que la cadena SER utilizó como sintonía durante muchos años. Hasta aquí llega el desconocimiento del público hacia la obra de Mompou. Quizá pueda decirse a favor de este que la música de Mompou resulte de difícil memorización para repetición personal del oyente fuera de su audición. Verdaderamente, la composición original al piano resulta más agradecida que la adaptación para las ondas, en clave de “clave”.
Otros autores, como Xavier Montsalvatge, Con las “Cinco Canciones negras”, deciden realizar una mezcolanza aún más extraordinaria, al cambiar de continente. Montsalvatge utiliza el recurso de García Lorca en “poeta en Nueva York”: Descubrir a la América de color. Si en su poesía el poeta granadino les dedicaba su atención como a especies de figuras marginales como a los gitanos en su Romancero, Montsalvatge aplica la música a otra recopilación, en este caso de canciones dedicadas por autores de la Generación del 27 a la cultura suramericana y su tradición también musical: Habaneras que enlazan desde España con Alberti en “Cuba dentro de un piano”, donde se habla en Guajiras sobre la pérdida de los últimos territorios… Esta especie de mezcla entre lo nativo y lo heredado por la colonización anuncia la propia vanguardia de esta música.


Xavier Montsalvatge

Encontramos, antes y después de la contienda civil, a una serie de compositores enamorados de un canto tradicional y, al mismo tiempo, deseosos de una continuidad del mismo. Para ello, hay que reinventar las fórmulas, connotarlas de cierta renovación.
El ejemplo por excelencia es el de García Lorca, en su tarea de recuperación y traducción al piano de sus “Canciones populares españolas”. Luego, tenemos a Falla, muy ligado a Lorca, con sus canciones también populares y pianísticas.
Después, otros compositores un poco posteriores como Toldrá, Esplá o Halffter continuarán esta labor, en algunos casos partiendo de poética creada por escritores contemporáneos (Alberti, por ejemplo, con “Canciones playeras” respecto a Esplá, o en números también de lieder como el de “La corza blanca” para Ernesto Halffter). Toldrá, antes que compositor, es considerado una de las piezas clave dentro de apuesta por la renovación del ambiente musical en Cataluña. Su tarea como director de orquesta y su faceta como violinista en la primera época de su vida (con logrado éxito) no resultaron un impedimento para su labor de creación musical; es más, su obra “Vistas al mar”, de clara influencia impresionista (Debussyana, en mi opinión) tiene como ejecutantes a los violines- aunque después se orquestase sinfónicamente.


Eduard Toldrá

Rodrigo resulta otro paradigma entre dos aguas (la de la tradición y la de la vanguardia). Alumno francés de Dukas, optó por connotar a sus obras de un sabor cada vez más clásico. Si bien Rodolfo Halffter construyó un ballet para la obra de Bergamín “Don Lindo de Almería”, resultando patente en la partitura el frescor de un siglo XX anudado en las raíces españolas, Rodrigo puso nombre y apellidos a esta herencia en “Fantasía para un gentilhombre”, donde las obras de Gaspar Sanz para guitarra están presentes. Este instrumento como solista para las obras orquestales tendrá su momento más célebre en el “Concierto de Aranjuez”.
La influencia de la época goyesca del diecinueve (e incluso del dieciocho) se encuentra en los “Cuatro madrigales amatorios”, que se relaciona con Esplá, Halffter e incluso en el precedente nacionalista de Granados (“La maja y el ruiseñor”).
La voz femenina que canta “De los álamos vengo, madre”, se encuentra en sintonía con aquella otra que dice “Un duro me dio mi madre, antes de venir al pueblo” y hablan de esa necesidad de rendir cuentas con la figura matriarcal, no sin mostrar cierta picaresca en los actos realizados.


Joaquín Rodrigo

Esto podemos enlazarlo (o anudarlo) con la obra “Las de Caín”, de Pablo Sorozábal e hijo, inspirada en la obra de teatro de los Hermanos Quintero, donde la hija, hasta para poder estar en relaciones con el novio, había de tener en cuenta los anteojos de la madre vigilantes.
El romanticismo ibérico no dejó de ser un tanto peculiar (por las circunstancias de atraso del país, que todavía sigue arrastrando). Fue un momento nostálgico aunque, como ya digo, diferente; cada lugar tuvo su romanticismo de importación, por ello no quiero redundar en los tópicos connotándolos de carga negativa. La mujer independiente de clase media alta, transformada con inspiración novelesca, se encerraba en su casa, creyéndola palacio (como en “La canción del olvido”) cuando de este no tenía más que la celosía que lo comunicaba con la calle, a través de la cual se declaraban con influencia orientalizante-andaluza algunos pretendientes de guante en blanco. El cortejo en sí, el amado, era en muchos casos motivo de poética, cuando no acababa convirtiéndose en folletines como “Carceleras”.
La tristeza de amor se tornaba en canto de soledad por parte de la mujer (figura más poética en cuanto a sensibilidad que la del hombre, afincado en la gallardía, el arrojo, la osadía, la picaresca).


Óscar Esplá

Pero ese drama del amor femenino y de la dependencia familiar está presente sobre todo en figuras más humildes, que cobraron relevancia en el siglo XX, cuando todo ese hedonismo fue abandonado para retornar a la realidad cercana. Quizá las hijas de Bernarda Alba pueden ser el símbolo representativo perfecto creado por García Lorca para hablar de esa represión de la libertad (centrándose en la sexualidad).
La música española no es sino reflejo literario, que va desde la voz del juglar a la autoría del nombre propio inspirado.

27 – 11 - 10

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Busto de Francisco de Goya

>> miércoles, 24 de noviembre de 2010

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ANTONI MUNTADAS Y LA MASS MEDIA

>> martes, 23 de noviembre de 2010

Ya lo decía Ortega y Gasset en "La rebelión de las masas" a principios del siglo XX: El concepto de "lleno" está presente en la sociedad. Elija el lugar que elija el ciudadano, este siempre estará saturado de consumidores se le hayan adelantado. Este se sorprenderá y seguramente caerá en la situación de que los demás que vengan después pensarán lo mismo (incluyéndole a él dentro de los consumidores anteriores, formando parte de ellos). La aglomeración es experimentada con verdadera angustia por parte de todos los que la componen diariamente. Sin ir más lejos, hará unos años, se creó la figura del "ordenador de masa" en aspectos como el del metro, en el cual su función se desempeñaba haciendo que los consumidores pudiesen entrar en los vagones por las buenas o por las malas (empujando desde el andén hacia dentro del tren).
Antoni Muntadas pensó en las "colas" organizadas en torno a lugares que van desde museos hasta salas de cine. Este fenómeno resulta casi administrativo, en el sentido de administrar dosis justas y necesarias en espacio-tiempo para aquellos que pagan por este servicio. "Todo el mundo tiene derecho a sus quince minutos de cultura en una sociedad excesivamente organizada".
Curiosamente, hace poco, tuve la oportunidad de escuchar, por parte de un especialista en el Arte, que la gente cree comprender lo que ve en el Museo del Prado, mientras que lo del Reina Sofía le parece inabarcable. Él defendía justamente lo contrario, no sin cierta razón, puesto que lo que se cuenta en la pintura antigua
va más allá de señores montados en caballos y mujeres desnudas. Es toda una cultura que hoy va desapareciendo en el conocimiento particular del individuo: la Historia Mitológica, de las Religiones... en fin, la propia Historia está desapareciendo ante la cantidad ingente de información que se nos presenta y que va relegando la anterior a "menos importante" para la vida diaria. Si, en cierto modo toda la cultura del pasado puede resultar prescindible en una sociedad que apuesta por la vacuidad cada vez más. Ni siquiera es capaz de detenerse a escuchar en su viaje(volviendo al metro)a Aran Malikian, que pasa desapercibido fuera de los teatros. Mientras las colas se forman en estos apoquinando la entrada para escucharle interpretar al violín "las cuatro estaciones" de Vivaldi, aquí, en mitad de cuatro, cinco, seis estaciones, en un pasillo comunicador de andenes, Malikian no es más que otro músico urbano o callejero que se comprende pero no siempre se recompensa (y digo recompensar en el sentido de hacernos, con su interpretación musical, un camino más allanado rumbo a no se sabe dónde (¿adonde vamos tan agobiados siempre?)
Los medios de masas se han ido apoderando del individuo. Antes, para leer o consultar (e incluso, conocer- me pongo en lo "peor") había que acudir a los libros. Ahora, basta con buscar por internet. Internet, esa gran ventana. La televisión parece estar amenazada por internet (y el cine estuvo amenazado por la televisión, recordemos). ¿Qué pasa con toda la información que puede resultar de dudosa veracidad y que se nos filtra como la mejor de las normalidades?
Volviendo a Muntadas, quiero referirme a la manipulación por parte del Estado, algo nada nuevo pero que conviene recordar para que no volar hacia el sueño eterno. La puesta en escena (la emisión televisiva) de diversos representantes políticos hablando sin entendérseles una palabra- deformando sonoramente su discurso- es, por parte de Muntadas, algo que puede resultar obvio (no haría falta tanto despliegue para venirnos a decir que todos dicen lo mismo- o sea, nada)pero, como digo, necesario de recordar. Hay quien baja el sonido de su televisión. Y hay quien lo sube, porque necesita que le retransmitan con euforia un partido de fútbol (quizá, para hacer menos aburrido el espectáculo). Da que pensar.

23 – 11 – 10

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Composición con Primitivas estándar

>> lunes, 22 de noviembre de 2010



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Foto-relato "El otro lado"






Foto-relato de Duane Michals "Things are queer"

Indicación de lectura: de arriba a abajo y de izda a dcha

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CRUCE DE CAMINOS

>> domingo, 21 de noviembre de 2010

No recordaba cómo había llegado allí. Él era un tipo que se paseaba por las grandes manzanas de tiendas con firma. Siempre en las noches de invierno, cuando estuviesen cerradas y solo quedase la luz arrojada desde los techos de sus despampanantes escaparates. Lo hacía para ir calentándose camino a casa. Una de aquellas noches, se desvió del recorrido habitual (también se distraía fácilmente cuando tenía que mirar los nombres de las calles- coincidía que otro viandante solía llamarle la atención cuando se disponía a mirarlos). ¿Por qué iba a haberse desencaminado? “¡Yo voy bien, mi sentido de la orientación me conducirá a mi destino!” se decía para no perder fe en sí mismo. ¿Era su destino acabar en el campo, siguiendo la senda de un camino que amenazaba con desaparecer entre las altas hierbas? Era ya de día y había perdido su camino. Tampoco tenía machete para ir arrancando las grandes matas de hierba que, por momentos, le impedían la visibilidad. “¿Y de qué me ha servido la vista? ¿De qué esta brújula en mi interior?” Por fin, divisó un camino a lo lejos. Era extraño. Parecía ir construyéndose a medida que avanzaba hacia él, que permanecía detenido observándolo. Por un momento, temió chocarse con él. Quien lo conducía era otro hombre, que siendo más inteligente se había llevado cuchillo. Los dos habían sido tontos por perderse y, a la vez, resistirse a reconocer que eran tontos. “Hay que asumirlo antes de que sea demasiado tarde, antes de que la propia tontería te lleve a la propia perdición.”
- “¡Buenos días, señor Courbet!”- dijo uno, emulando el título de un cuadro.
- “Bonjour, tristesse” dijo el otro, emulando a una canción.
- Estamos perdidos…
- Lo estamos, pero yo he salido de casa prevenido- y le enseñó su arma.
- Yo soy pacifista y por eso me dejo los machetes en casa… ¡ya no se llevan ni para emergencias!
- Mas vale ser tonto y prevenido, aunque con costumbres antiguas…
- Tiene usted razón…
- Sabe que podría volver retrocediendo en el camino ¿verdad?
- Lo sé.
- Entonces ¿a qué espera?
- ¿Y usted qué? ¡Y no me diga que le apetecía afilar su arma!
- Bueno ¡qué diablos! Quería cometer la imprudencia de hacer mi propio camino en la vida ¿y usted?
- También, auque yo tenía un concepto de camino más práctico.
- ¡Salgámonos de las cosas prácticas! ¡Qué aburrida es la vida con ellas! ¿Qué sería de lo inútil? ¿Dónde quedaría con ellas?
- Supongo que donde está ahora…
- Para ser usted tonto, deduce bastante bien.
- ¿Su camino era llegar a mi camino?
- Quizá…
- No, quizá no… ¡A la vista está!
- Podría haber elegido otro azar.
- Ya, pero entonces no habría sido usted sino otro. Solo se puede elegir un azar.
- ¿Y si sigue usted mi camino?
- Es lo que pensaba hacer. No me apetece nada recorrerme el otro de nuevo. Ya me lo conozco.
- ¡Brindemos por los nuevos caminos!
- ¡A su salud!
- ¿Habrá por aquí alguna posada? ¡Me muero de sed!
- ¡Posadas! ¡Permítame decirle que es usted un poco antiguo! Las posadas se extinguieron con los bandoleros. Por lo menos. Le diré que yo he pasado por una fuente, pero no tenía sed.
- ¿A cuanto queda esa fuente?
- Hacia allá- y le indicó el camino hacia atrás.
- Llegaré a tiempo…
- Seguro, y si no, no se preocupe…
- Ha sido usted muy amable, a pesar de lo de antiguo…
- Y usted, a pesar de haberme llamado tonto…
- Yo no le he llamado tal cosa… Se lo ha llamado usted mismo.
- Ah… Entonces disculpe.
- Queda disculpado ¡antiguo!
- ¡Imbécil!

21 – 11 – 10

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Woody Allen y Fred Gwynne desapareciendo por arte de prestidigitación en "Sombras y niebla" (Shadows and Fog, 1991)

>> viernes, 19 de noviembre de 2010

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Javi Villalba

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Harpo

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MUSEOGRAFÍA

>> miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los esqueletos de dinosaurio
Parecen reírse (con su cráneo
De dientes descubiertos)
de los museos de ciencia
donde permanecen encerrados

Se pregunta sin estar vivo:
No sé donde estoy
Cómo he venido
Ni a donde voy
…Solo sé que soy conocido…

Ahora tira el dado
Hacia el planetario
Y todo se vuelve astronomía
Mirando firmemente el estrellato
Busco, con los pies en la tierra
Mi existencia en una estrella

Sé que la tengo
Aunque la suerte no me acompaña
¡Pero hay tantos árboles
De frondosas copas
Que no puedo ver el bosque de estrellas!

Es la representación de angustia
Ser devorado por una cabeza
De dinosaurio extinguido
-Siempre fui un cobaya para la ciencia-
Quizá el tiempo juegue en mi contra
Pero me reconforta pensar
Que siempre habrá museos
Para la inutilidad de mi existencia

17 – 11 – 10

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Dibujos de la espera

El nuevo don Hilarión




El científico-Sol



En el laberinto del Minotauro



El cojo Mostarra




Los zancos



Relato Soñado



Dibujos realizados en el tiempo muerto que queda entre clase y clase.

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FIN DEL MILAGRO

Como en las funciones de prestidigitadores donde el público lo conforman aficionados. Así se siente uno como espectador en la sala de un cine. ¿Dónde quedó el momento previo de magia? ¿Por qué tuvieron que inventarse los trucos para generar la ilusión? Nunca podremos aceptar, después de haber cruzado el escenario, que de una chistera aparezca un conejo, así porque sí. Antes, queríamos creer. Queríamos pensar que había cosas que no precisaban de una explicación lógica sino que se presentaban tal y como eran. Ahora, imaginamos el sudor de la cabeza del mago oculta por la chistera. “El truco debe salir” piensa nervioso. “Debe parecer creíble. El conejo debe moverse lo mínimo para que la chistera no se mueva.” El conejo asfixiado o la paloma muerta. Este sería el gran fracaso. La tramoya se descubre de forma dramática y entonces todo se echa a perder. ¿Cómo consigue dejar pintada Picasso su obra en el aire cinematográfico? Fácil: con el cristal tras el que Clouzot se parapetaba con su cámara. Esta magia avanzada ha superado los trastornos técnicos de producción. En cada fotograma, el realizador amateur no deja de detenerse en los detalles, en lugar de disfrutar. “… Demasiado perfeccionista con el encuadre, no deja nada al azar, al desequilibrio… Esa parte le ha salido quemada de luz… Aquí hay un fallo de raccord…” En fin, toda una cadena de despropósitos que nos impiden disfrutar del resultado de la técnica. Nos quedamos en este paso anterior.
Olvidamos dejarnos llevar por aquella otra necesidad de imitar la técnica. ¿Se enseña acaso esta técnica? ¿Alguien ha explicado alguna vez, en calidad de educador, cómo rodar u documental? Ahí está el detalle. La intuición es lo que cuenta; por ello, apuntamos como tarea inconsciente el apropiarnos de fórmulas que vimos y nos agradaron en otras propuestas “audiovisuales”. No sé si este término es el adecuado para definir algo tan indefinible grosso modo, pero al menos sé que es aquel al que se ha llegado por consenso. “Audiovisual” abarca todo tipo de propuestas llevadas a cabo por una cámara (único elemento que se me resiste en cuanto a dejar de considerarlo como mágico). ¿Es responsabilidad del creador el conocer todos los mecanismos que rodean su trabajo? El creador-investigador con inquietudes de ingeniero parece posible pero requiere del tiempo de un humanista de otro tiempo. Berlanga reconocía no haber sentido nunca curiosidad por lo que una cámara contenía en su interior. El especialista se consideraba por Ortega como “bárbaro”, al cerrarse vías de conocimiento por tratar de destacar en un solo apartado de la vida. El que abarque mayores conocimientos será el auténtico prestidigitador o “mago” de tribu. Todos irán a pedir de su consejo y le respetarán admirándolo. Por cierto ¡qué poco se admira en España! ¿Por qué nos cuesta tanto admirar? ¿No queremos ser humildes? Si admiramos, lo hacemos elevando a un individuo, sí, pero con la intención de criticar a otro. ¿Por qué no salimos de nuestra cáscara para tratar de encontrar la clara y la yema de otros huevos? ¿Necesitamos de una paloma dentro de una chistera para poder creer en la magia? Todas estas preguntas (y otras) no serán reveladas ni en este ni en los siguientes episodios.

17 – 11 – 10

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JAVIERADA

>> martes, 16 de noviembre de 2010

A veces me pongo trascendental y observo el crepúsculo. Este posee un color blancoynegrino, como el que con nostalgia observó el personaje de Juan en la película “Muerte de un ciclista”. Todo quedaba en calma, en silencio. ¿Por qué necesitamos de un horizonte románticamente incendiado? La Tierra parece pagar su peaje y reconocer que hasta el sol tiene una caducidad de unas pocas horas diarias. ¿Miramos realmente el ocaso del sol? O nos queda más remedio. Los que creen tener ante sí su futuro, su “vida en adelante”, no son conscientes de su tarea eminentemente descriptiva. La literalidad que se vuelve carne en la poesía es lo que llevamos peor. Habría que volver la cabeza hacia otro horizonte, el oriental, donde la poesía llegó a su mejor cauce, siendo poesía práctica, es decir, filosofía. Lo que tenemos delante no es precisamente el futuro, sino el pasado, que es lo que realmente podemos ver. Lo que después vendrá no podemos adivinarlo, ocultándose tras nuestra espalda. ¿No es poesía acaso la naturaleza? Quiero decir (ateniéndome a que hasta la naturaleza es una concepción creada por el hombre) que fuera del ser humano ya hay poética. Nosotros, realmente somos producto de esa poética. Creemos haber inventado el arte, convirtiéndonos en dueños y seores de él, cuando realmente no lo comprendemos. La propia naturaleza, en su maravilla creadora, produce auténticas Capillas Sixtinas (y no las e Miguel Ángel, resultado de una asimilación más o menos cercana a la de la realidad). Cuevas de estalactitas y estalagmitas, rebosantes de mineralidad… Nosotros, repito, somos unos falsificadores, unos transmisores de ese mensaje que nos rodea diariamente. El entorno da la inspiración, podría decirse.
Pero, aún así, nos empeñamos en ser arrogantes.
Si un individuo que se considera comprometido con su propia existencia se topa con otro que apenas es consciente del mundo que le rodea, piensa: “Qué ciego está y cómo se desencamina hacia su verdadera función… Sus deberes le obnubilan y olvida su derecho… Su derecho a conocer.” Y, al contrario, si un individuo ocupado con mil tareas superfluas se topa con una mente “pensante”, puede extraer esta conclusión: “Pobre diablo… Algún día se dará cuenta de su error, de su tiempo perdido en mil divagaciones…” La hermandad, por tanto, entre estos dos personajes, resulta imposible. Están tan ensimismados, tan orgullosos de sus respectivas posturas, que evitan relajar los ligamentos de su cuerpo para quedar libres de ataduras. Siempre hay un vigilante que nos auto-imponemos como creadores para que nos impida el paso. Así, nunca sentiremos la necesidad de dialogar sinceramente con nosotros mismos. Tememos tomar decisiones y elegimos otros que elijan por nosotros. Hablamos de una filosofía controladora, que deroga en leyes que la cercenen. Algo de esto hay en la religiosidad. Siempre hay “maestros” que nos recomiendan (siendo muy generoso) la actitud que debemos emprender para cada caso. Y, para cada uno de estos filósofos o iluminados (saben cómo se debe actuar, lucidez extrema y divina) hay un horizonte incendiario. Por eso, yo sigo mirando, cada vez que puedo, por detrás de mis hombros, en constante peligro de descoyuntamiento.

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DE LA PIQUER Y SU BAÚL AMERICANO

>> viernes, 12 de noviembre de 2010




Ella fue en un barco a un país extranjero y dejó habida cuenta de su talento artístico. Ahora, se ha “encontrado” el testimonio de este talento en la Biblioteca del Congreso de E.E.U.U. y los periódicos no han tardado en agrandar una noticia que no pasa de anécdota. Según el titular del periódico El País: “La primera película sonora era española” Y acompañando el titular debajo: “Concha Piquer la protagonizó en 1923, cuatro años antes de “El cantante de Jazz”, considerada oficialmente la primera”.

¡Alto, alto! Analicemos la información antes de que nuestra exaltación patriótica nos haga presumir de pioneros cinematográficos.

1º ¿Encontrada? Parece casi, empleando este término, que se trata de un hallazgo casi arqueológico, cuando lo cierto es que esta película se encontraba “no perdida” y perfectamente catalogada en su estantería de turno. ¿Cómo es que no nos hemos enterado hasta ahora? Luis E. Parés, en su blog “Celuloides rancios” plantea una pregunta todavía más interesante: “¿Tanto costaría hacer una investigación desde alguna institución oficial, filmoteca por ejemplo, para saber qué otros tesoros de nuestro cine se esconden en los archivos del mundo? La respuesta ya la sé, me la han dicho muchas veces en algunas de esas instituciones oficiales. No es tan fácil)”

2º ¿Película? Quizá, en el sentido correcto de la palabra este experimento esté denominado correctamente; sin embargo, en el uso que corriente con la que se emplea, una película no podría ser, en ningún modo, cuatro números de variedades, sino, más bien, “El cantante de jazz”.
Una Conchita Piquer adolescente (Conchita se siguió llamando hasta prácticamente su retiro de escena) interpreta, bajo la dirección de Lee DeForest, durante once minutos, canciones regionales, empleando su gracia característica (y en lo de “gracia” incluyo algún chiste de maños y mañanas aragoneses), acompañándose de baile, cante y recitado.

3º ¿Primera película sonora? La cinta está fechada en el año 1923, pero no creo que se trate de la primera (sería un tanto decepcionante).

4º ¿Película Sonora? En España se conocen, desde principios de siglo, ejemplos como este de sincronización de disco con imagen (véase “Bohemios”, 1905, de Ricardo de Baños), pero debido a nuestro tardío interés por la conservación del cine (las películas, tras su uso comercial, se destruían para convertir ese material en laca de uñas para señoras), muchas de estas películas se han perdido y ahora no podemos disponer de antecedentes materiales. La Cinémathèque française, se puede considerar como pionera en esta valoración patrimonial.

Para interesados en el video:

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20101104/concha-piquer-fue-primera-artista-del-cine-sonoro/921743.shtml

12 – 11 – 10

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EL NUEVO MUNDO

>> lunes, 8 de noviembre de 2010

Aquel niño tenía un verdadero problema con los huevos escalfados: simplemente, no podía tolerar que quedasen sólidos. Le repugnaba todo huevo que no quedase líquido y viscoso.
Un día, tampoco concibió tener que irse en un futuro de casa, y expulsó (con razones de peso, eso sí) a los padres de allí para quedarse solo él. ¿Por qué cuando fuese mayor de edad habría de tener que comenzar una vida de cero, sin dinero ni posibilidades? Sus padres, expertos supervivientes y con suficiente dinero como para permitirse una aventura, deberían ser los que se fuesen, si la lógica fuese lógica y no ilógica.
Cuando llegó al colegio, sus nueve compañeros de clase se encontraban juzgando al profesor. El niño de los huevos escalfados aportó su voto a favor de que fuese expulsado. “No nos importa que decidas enfocar tus clases de una forma concreta. Lo que no toleramos es que ni siquiera se te pase por la cabeza si estamos de acuerdo con tu forma de enseñar. Ni siquiera ahora se te ha pasado por la cabeza que el error fuese tuyo. Pareces no comprender el motivo de esta junta. Tú eres el problema y no nosotros. Así pues, te declaramos incompetente para nuestra educación y pedimos tu despido voluntario. Eres dañino para este colegio.”
Aquellos nueve niños creían comportarse como auténticos adultos. Sobre ellos recaía el peso de elegir una sociedad mejor. Puesto que ellos eran el futuro, la sociedad había comprendido que era ya tiempo de delegar su poder en estos nueve niños de nueve años.
Aquel profesor, sin embargo, al resistirse a abandonar su trabajo, estaba dando muestras de su disposición a ir en contra de lo que la sociedad había dictaminado. Era pues, un individuo asocial que debía de ser expulsado de aquel mundo en vías de perfección. Su lugar era otro bien distinto, decidido de ante mano al suponer que sucederían este tipo de cosas. Aquel lugar, una gran balsa en el puerto sujeta a tierra con un cordel, empezaba a ser ocupada ya por un considerable número de gente. Con el profesor eran ya tres. Los otros dos eran los padres que habían tenido que abandonar su casa por decisión del hijo.
- ¿Esto no se considera un lugar?- preguntó el profesor a los padres.
- Es un lugar con “peros”- le contestó la madre.
- Ningún ser humano vive en el agua- añadió el padre.
- ¿Y qué me dicen de los marineros?- añadió el profesor.
- Ellos navegan por ella… Nosotros estamos anclados, detenidos en la corriente por la sujeción de una cuerda.
- ¿Y no sería la solución el cortarla?- dijo entonces el profesor.
- Eso sería ir en contra de las reglas- dijo la madre.
- ¡Qué ridiculez! ¿Quiénes van a saber más? ¿Ellos o nosotros?- gritó enfurecido el profesor.
- Ellos, sin duda. De lo contrario, no les habríamos dejado a cargo del barco…- razonó el padre.
- ¡Yo no les di mi consentimiento!- respondió, cada vez más alterado, el profesor.
- Usted no cuenta en su minoría… El pueblo eligió en sus tres cuartas partes- volvió a hablar el padre.
- Harán falta más balsas con el tiempo. ¿Tanta fe tienen en ellos mismos que creen que habrá tan pocas voces discrepantes?
- Si no está conforme, ahóguese- repuso la madre, empezando a molestarse por la insubordinación del profesor.
- ¿Ustedes les llevan la corriente a esos niños sin educar?- preguntó el padre.
- Ellos ahora son nuestros gobernantes. Ahora no somos conscientes de ello, pero con el tiempo nos daremos cuenta de sus sabias decisiones…
El profesor, viendo que no había solución, empujó a sus compañeros de balsa al agua. Una vez quedó él solo a flote, cortó la cuerda con la navaja multiusos que guardaba escondida dentro de uno de sus zapatos y partió rumbo a las islas Caimán.
La noticia, fue portada de los periódicos. Los niños, decidieron salir en busca del profesor, pero al no tener nociones de navegación acabaron perdiéndose en el mar.

8 – 11 – 10

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MI EVOLUCIÓN EN BELLAS ARTES (Obras de diversas épocas por orden cronológico)

>> jueves, 4 de noviembre de 2010

"Men sana in corpore sano" (Óleo sobre tabla)



Performance en la Facultad




El espectador como espectáculo (obra escultórica)





(Planchas de madera, papel, acrílico, alambre, cartón y espejo)

Juego a dos manos (cortometraje)

Juego a Dos Manos from putativus on Vimeo.

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LA LECHUZA DE MINERVA

Carmen Baroja decía de su hermano Pío que no podía contársele nada porque todo lo utilizaba para sus novelas. Quizá me sienta en este sentido, un poco Pío Baroja, pues me gusta permanecer expectante a todo lo que pueda suceder a mi alrededor, para poder después recopilarlo en unas especies de memorias o agenda de diario y tenerlas presentes en el pasado de mi vida. Ojos abiertos, como los de la lechuza de Minerva, símbolo de la Revista de Occidente de Ortega, espectadora de todo cuanto acontece para poder tratarlo públicamente de mano (o de pluma) de gente con inquietudes filosóficas. Al fin y al cabo, para Pitágoras la Filosofía se definía como unos juegos olímpicos: en ella estarían los participantes (o los que buscan la gloria mediante su destreza corporal), los vendedores y compradores (que utilizan económicamente este evento) y los que van a ver. Estos últimos, se consideran por Pitágoras los pertenecientes al género más noble. Son los filósofos. Efectivamente, también según Aristóteles están los políticos (encargados de renovar la sociedad, yendo en contra de los policías, que tratan de mantener un momento establecido). Ante todo, más que estos dos ejemplos de filósofos griegos, está la figura del observador como testigo, y para él quiero utilizar al personaje de la novela de Orwell 1984: Winston, vive en una sociedad regida bajo la figura del Gran Hermano, poder Omnipotente que todo lo controla. Este Gran hermano, es una figura inventada por un Régimen Totalitario, cuyo fin es controlar la vida de cada uno de los individuos que viven bajo su dominio, llegando para ello a crear un mundo inventado solo con el fin de engrandecer este sistema político. Winston sabe que esta historia que tratan de obligarle a creer no es cierta, que antes hubo otro mundo, ahora soterrado, en vías de ser aniquilado. Recurre a su memoria (algo que nunca le podrán arrebatar) y para confirmarla continuamente, evitando que sea aniquilada, acude a un anticuario para recordar, en los objetos de su tienda, ese otro tiempo ahora casi olvidado. La figura del anticuario es ya un símbolo de que la Historia nunca podrá ser borrada pues esto sería tanto como tratar de hacer desaparecer la memoria. La memoria como almacén de conocimiento. El conocimiento incluye una labor activa por parte del conocedor. Conocer duele, por ello se comprende que a veces se hable respecto a la ignorancia como forma de felicidad. ¿Alguien recuerda quién dijo aquello de que esperaba al alzheimer como regalo del fin de una vida?
El recuerdo es, por tanto, la prueba para acusar en un crimen, para destapar la verdad. El mejor recuerdo de las cosas sería el de la experiencia directa y no el de la aprendida del boca a boca, del libro a libro, etc.
Volviendo a Ortega, no podemos olvidar su obra “El Espectador”, resultado de una serie de artículos publicados en periódicos. Ortega no escogió aleatoriamente esta forma de publicación. Podía haberse dedicado enteramente a la escritura de libros, pero reconocía la efectividad de este medio de comunicación masivo diario. Ortega no dejaba de ser, en cierta forma, un filósofo con aires de aristócrata: daba conferencias a señoras de la alta sociedad, en sus gabinetes de sabios no cabía el papel femenino, tenía un concepto de las masas un tanto reaccionario…). Sin embargo, fue un filósofo que comenzó a tomar nota del cambio de rumbo social- teniendo en cuenta que Ortega pertenecía a una época concreta, y que para esta fue un revolucionario.
Se preocupó de esa vista al exterior (defendía que el país debía de evolucionar dejando de mirarse a su ombligo, siendo consciente de que había más allá de la península ibérica) y de la educación política en la sociedad. De nuevo la polis, de nuevo la sociología de algún modo.
Admiración de todo cuanto ocurre para poder preguntar preguntándose a uno mismo siempre, cuestionando los dogmas establecidos en el propio ser.

A Emilio, una de estas lechuzas, esperando saciar un poco su ansia de conocer


4 - 11 - 10

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DASEIN

>> martes, 26 de octubre de 2010

La vida
Es “Invidable” y envidiable
ante el horizonte de la muerte

Dar la espalda
A esta perspectiva de fuga
Es negar a Heidegger
Es Vivir para el día
Sin esperar a la noche

Queremos evitar
El punto de confluencia
Para no oír al ocaso
Del demasiado tarde
Pero nuestro ser
Que afirma su ir haciéndose
Nos anuncia que de su tarea
Algún día, descansará

Yo, desde mi posición
Combato a este hombre
Con la poesía, mi reflexión
Aguardando al día
Con la filosofía
Del trovador

26 – 10 – 10

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ERA LO QUE SE MERECÍA

>> lunes, 25 de octubre de 2010

- Anoche hablé con ella por última vez…
- ¿Quedaste con ella?
- No…
- ¿Hablaste por teléfono?
- Tampoco…
- ¿Contactaste con ella por Internet?
- Qué va…
- ¿Entonces?
- ¿Hay que tener contacto con otra persona para relacionarte con ella?
- ¡Tú me dirás!... Me recuerdas al falso poeta que creó Machado… Juan de Mairena ¿no es eso? Sí, en efecto, Juan de Mairena.
- ¿Lo ves? ¡Tú tampoco has creado un diálogo directo conmigo! Te pones a divagar y a divagar…
- ¿Tú hiciste eso anoche?
- Más o menos… la escribí un poema y se lo dejé en su buzón.
- ¿De qué hablaba?
- Más o menos la comunicaba que no podía seguir estando con ella…
- ¿Y se lo dijiste en poema? ¡Ya hay que tener valor…!
- Siempre me comuniqué con ella así… Era lo mínimo que podía hacer. Se merece cualquier cuidado y detalle.
- Pareces un frívolo hablando así.
- Piensa lo que quieras…
- No lo terminará de leer. Ni siquiera lo conservará. Esas cosas duelen, en verso y en prosa. No debías de haberte esmerado…
- Sigues pensando eso… lamento que tengamos puntos de vista tan distanciados…
- Contéstame a esto: Si tanto la estimas ¿piensas que se merecía esto?
- Merecía mi sinceridad…
- La sinceridad poética no es sinceridad…
- ¿Eso crees? ¡La poesía es verdad!
- Eso es una máxima…
- La poética, sin ribetes, sin pedantería… me refiero a la lírica libre de aprisionamiento estilístico...
- Ah, vaya… Ya comprendo.
- No te rías de mí.
- ¿Por qué nunca me escribiste una poesía?
- Te he dicho que la poesía es sinceridad…
- En efecto, eso has dicho.
- Pues ahí tienes tu respuesta.

25 – 10 – 10

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ENSAYAR ENSAYOS

Siempre me he preguntado por este afán de formular mis inquietudes por escrito. Cuando pequeño, creía que llegaría un momento de mi vida en que haría las cosas con corrección, sin motivo para ser corregido. Nos sospechaba por entonces que el corrector iba a ser yo mismo. Ahora, descubro que nunca podré descansar en mi pasado, que siempre me revisaré por esta obsesión de no dejar de poder ser incorrecto. ¿Algún día escribiré sin temor a resultar ingenuo en mis preguntas? Esto de “ensayar” es cosa muy seria, pues preguntarse por cosas que han de ser universales (por fuerza, pues de lo contrario no podrían interesar a los demás) supone ya de por sí la inseguridad de estar equivocado en las formulaciones. Ensayamos durante toda nuestra vida sin esperar un ejercicio definitivo que demostrar. ¡Hasta mi pelo es inseguro, pues siempre anda despeinado! Admiro a los rizos, anclados en su propia forma, seguros de su determinación a permanecer pegados a la piel.
¿Qué es la madurez? Para mí, reconocer que puede actuarse erróneamente hasta un día antes de la propia muerte. Quizá las preguntas evolucionan, y por eso no deben ser corregidas, pues esto supondría la eliminación de la propia evolución. Pienso que todavía puede ser peor, pues en este caso no solo me corrijo a mi sino a los demás cuando dejo de hablar egocéntricamente.
Borro, pues, la memoria con mi actitud. ¿En qué puedo ver que mejoré si no conozco mi inicio?
Distintas caras de mi propia Historia que quieren ser solo una. Este mismo individuo que lucha por destruir su propia historia a fuerza de perfeccionarse, querría saber el origen de la Historia, su primer día, para comprender este último.
Pararse a pensar (o parar a pensarse) desde mi posición profana resulta un verdadero quebradero de cabeza. Aceptar un infinito a la inversa en el mundo es un verdadero despropósito (y, sin duda, una equivocación tremebunda por garrafal). ¿Cómo puedo pensar que hubo un día 1 en el mundo? Esto sería tanto como pensar que hubo un principio en el tiempo, algo totalmente contradictorio. Pensar en el origen de la propia medida resulta incluso cómico. ¿Antes el primer minuto qué hubo? ¿Qué hubo cuando no hubo tiempo? ¿Qué engendró el propio tiempo? Todo ha sido engendrado por otra cosa anterior, por lo tanto solo cabe pensar en un número infinito de engendradores. Hasta pensar en Dios como cosa creada por sí mismo sería una locura. Ha de aceptarse como un dogma, y esto echa por tierra el propio espíritu de la filosofía.
Así pues, reconociéndome en este sentido kantiano al no poder demostrar como factible una Crítica de la razón pura para comprender el mundo, solo me queda, como decía Machado en su poema, el advenimiento de ese pájaro, de esa paloma que fue Platón.

25 – 10 - 10

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CINCO PREGUNTAS

>> viernes, 22 de octubre de 2010

(TEXTO DE EL CULTURAL)

1 - ¿Se está formando correctamente en España a los almunos e bellas Artes?
2 - ¿Se consigue, por parte de la Facultad, que sus alumnos salgan preparados para su futuro profesional?
3 - ¿Se está enfocando correctamente la visión Artística en la universidad?
4 - ¿Qué cambios sería los necesarios para desatascar el conflicto de "retraso" en las bellas Artes con respecto al resto de países?
5 - ¿Qué se entiende hoy por artista plástico?


(TEXTO DE MORAZA)

1 - ¿Hay suficiente fuerza por parte de los profesores como para convencer a los alumnos acerca de una nueva concepción de las Bellas Artes?
2 - ¿Participan suficientemente los alumnos en su responsabilidad como para ir modificando la visión "retro" de las Bellas Artes?
3 - ¿Está actuando el Estado correctamente para renovar la visión de "cultura"?
4 - ¿nos hemos librado de la antigua concepción del artista?
5 - ¿Se encuentra la figura del artista en un momento de crísis?

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SUPLEMENTO DE EL CULTURAL. PROS Y CONTRAS

Tras realizar esta lectura reflexiva acerca de la situación actual del Arte en España, creo que no debo ocultar cierto pesimismo como conclusión hacia lo extraído.
Estos mismos problemas surgidos de las opiniones de artistas, críticos, profesores, son viejos conocidos respecto a lo que, año tras año, he venido recopilando dentro de mi propia investigación como estudiante expectante de futuro. Año tras año, esta realidad va tomando una posición más cercana, pues a medida que uno va finalizando los estudios siente que aquello que tarde o temprano será una realidad, va conformándose como problema-real-práctico. Tras estos cinco años de carrera, no he conseguido encontrar una voz posible con la que atacar al problema de frente. Los buenos profesores en lugar de darme las respuestas, me han generado más preguntas. ¿Debemos resignarnos a asumir la particularidad de una España que se mira al ombligo en lugar de aprender de otros países? No hay duda que esa concepción del “genio” que no necesita de los estudios para demostrar lo que lleva dentro se encuentra más generalizada de lo que creemos. No obstante, la clave misma de los estudios se encuentra precisamente en la necesidad de olvidar el ombligo (o, al menos, tratar de dejarlo de lado) para conocer otros ombligos en los que su egolatría es menor. Esto es más recomendable que el despertar de ese sueño que se creía inmortal y encontrarse cara a cara con que el dinosaurio todavía sigue ahí. El artista debe de ser un individuo social, dispuesto a relacionarse con los demás para desbancar ciertas ideas absolutas que parecen resistirse a su propia movilización (evitando obtener como resultado un deambular de las mismas). Conocer para poder hablar con más derecho, para merecer el respeto de los demás. El aislamiento solo produce eso, aislamiento. Se puede vivir como un ermitaño, pero hay que aceptar entonces esas reglas del juego. “Si tengo talento, ellos vendrán a mí sin tener que ser yo el que vaya hasta ellos”. Esto retoma la concepción ególatra antes citada. También es cierto que se puede no ser un ermitaño y, a la vez, no participar de la concepción actual del arte. Hay quien puede haberse quedado enamorado del arte en una de sus etapas pasadas (los museos pueden descubrirnos momentos artísticos que nos cautiven). También cabe la posibilidad del que se sienta capaz de aunar esa concepción anterior con la actual de forma que funcione. Esta podría ser una forma inteligente de actuación. Para eso, hace falta cierta visión para los “negocios”. El no renunciar a nuestra personalidad debe ser lo primero a tener en cuenta. En el momento en que podamos anularnos por otro arte que nada tenga que ver con nosotros, estaremos siendo incoherentes. También resultaría interesante pasar por diversas etapas para encontrar finalmente nuestra propia “medicina”. Lo importante muchas veces es más el viaje que el destino. Al fin y al cabo, Bellas Artes es más una carrera vocacional que una inversión a largo plazo. La experiencia personal, lo que extraemos de una etapa tan interesante como lo es la universitaria, debe de ser una de nuestras metas. Hay quien pueda concebir una carrera como un trámite o un simple título para un plan futuro; lo que encuentro ridículo es emplear cinco años de una vida en algo que no nos estimule ni nos de nada a cambio. Hay casos de personas que comienzan la carrera con una concepción de la misma y salen defraudados, terminándola o abandonándola antes de su conclusión. El tiempo empleado en ella puede desgastar los ánimos, pero ello es señal de que algo no está funcionando (y no me refiero solo a la actitud del alumno).
En cualquier caso, si algo como la enseñanza no nos reporta aprendizaje (o así lo creemos) no debemos seguir jugando a algo que puede volvernos incoherentes (y si lo hacemos, que el propósito sea de dar una oportunidad a poder estar equivocados).

22 – 10 - 10

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