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LOS AMANTES NUBLADOS (UNA NOCHE TOLEDANA)

>> domingo, 24 de enero de 2010

Se acostaron llamándose André y Sophie y se despertaron siendo en realidad Sofía y Andrés. Una noche de peligroso simulacro bajo el influjo del hada del absenta y el anacrónico Toledo. La fiesta de la nostalgia pintoresca había trastocado toda posibilidad de realidad. Ahora, tocaba dejarse llevar, interpretar sin límites: Él aparentaba llevar monóculo y sombrero de copa ancho; ella, decía ser una monja libidinosa que dejaba mostrar sus encantos a través de la rejilla de una media. Todo falso, todo maravilloso. El Moulin Rouge hacía girar sus aspas de contrachapado, tres Tolouse-Lautrec disimulaban su verdadera altura caminando con las rodillas, unas remeras pintadas como un cuadro de Monet cantaban la Barcarola de Offenbach. El centro de todo se encontraba en un falso bar donde se bebía peligroso veneno de anís…
Reservada una suite en el Hotel Imperial, aquellos dos personajes increíbles condujeron sus pasos al resguardo de Enero. Al día siguiente, cuando el último autobús con dirección a Madrid abandonó a los incautos en la ciudad histórica, todo volvía a relucir igual que lo había hecho en la monótona mañana anterior. Las sábanas querían ocultar los rostros, la vergüenza. Así, los dos falsos enamorados se convirtieron en errados amantes de un plumazo. Ningún disfraz cayó porque estos estaban colgados sobre las sillas del escritorio. Amanecían como náufragos en un paraíso perdido a más de cien kilómetros del lugar de donde vinieron. Primero se levantó uno, mirando a la pared, de espaldas al otro. Luego, el que tenía los ojos contra la almohada, se incorporó ya solo en la habitación, esperando su turno para vestirse.
Salieron para la capital con un aprobado en la asignatura de escenografía y con un suspenso en la de creatividad.

24 – 1 – 10

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