Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

"DESPUÉS DE TANTOS DESENCANTOS..." LOS PANERO. RECONSTRUCCIÓN VISUAL DE UNA REALIDAD

>> martes, 12 de enero de 2010


Los Panero, una imagen familiar

A cincuenta metros de la Catedral de Astorga, en la calle de Leopoldo Panero, se levanta una casa de estilo indiano que poco a poco ha ido resurgiendo de sus cenizas. En otro tiempo habitada por la familia de quien dio nombre a la calle en la que se encuentra, hacía ya muchos años que había sido abandonada por los hijos de uno de los poetas más sobresalientes del franquismo. Tras la muerte de la madre de éstos, Felicidad Blanc, fue definitivamente dejada a su suerte. Las vigas comenzaron a pudrirse, el jardín pugnó por llegar a recuperar su naturaleza salvaje y los pocos muebles que quedaron fueron vendidos o trasladados.
Esta es la historia del fin de una raza; esta es la historia de una ruina anunciada.
Hace más de treinta años, en 1975, Jaime Chávarri decidió realizar el que acabaría siendo uno de los documentales más controvertidos de la historia del cine español. La empresa fue sufragada por Elías Querejeta, quien por entonces ya era considerado el artífice de un nuevo cine nacional, con esa mirada tan personal, tan de autor (cosa cada vez más extraña de encontrar en los productores, que apenas son capaces de ver más allá de aquello que pueda darles puros beneficios económicos) que ha pervivido hasta la actualidad.
Bajo el título de "El desencanto", el film trataba de radiografíar los pies de barro de una sociedad aparentemente feliz y conformista, mediante la historia de una famosa familia de artistas: la familia de los Panero. Tras la muerte del patriarca, sus cuatro miembros contaban ante las cámaras la auténtica realidad que habían vivido durante todos aquellos años bajo la sombra del poeta. Realmente, como explica el propio director, se trata de una obra inclasificable. El espectador se percatará rápidamente del tremendo nubarrón de dramatismo que se posa sobre dicha historia aparentemente narrada de forma objetiva. Quizá porque los propios protagonistas ansiaban encontrar su propio personaje con el que dar que hablar al público, quizá porque a su pesar se encontraban impregnados de una poética heredada a fuerza de convivir con ella durante tantos años... La cuestión es que a partir de aquel momento, la leyenda de los Panero fue creciendo y creciendo, dando lugar a libros, conferencias, referencias constantes, nuevas entradas en enciclopedias... Hay quien incluso ha llegado a afirmar que Leopoldo María Panero, el mayor de los tres hermanos, puede considerarse el último gran poeta. Sin miedo a equivocarnos, podemos decir que "El desencanto" ha sido el causante de una de las historias más interesantes que ha dado la cultura española de las últimas décadas. 

Michi Panero en sus años de juventud 
A través de una serie de entrevistas realizadas a fondo, una serie de personajes auténticos (o al menos originales, genuinos) desfilarán para tratar de explicar su historia a ese espectador escondido tras la cámara de un director de cine. Todos ellos acabarán hablando de otro, de ese que no está ya para defenderse, que tan solo “figura como una figura” escultórica, maniatada como bien se observa al principio de la película: el gran monumento recientemente inaugurado del insigne poeta Leopoldo Panero, en la villa de Astorga.

El monumento a Leopoldo Panero, atado y amordazado para el inicio de la película 

Él, como tantos otros (Luis Rosales, Rafael Sánchez Mazas o Dionisio Ridruejo) perteneció a una generación de intelectuales condenados por la Historia reciente, al haber hecho uso de su genio en una época que no quiere ya recordarse, de la que muchos se avergüenzan. Pero, más allá de esta condena expresada por los nuevos intelectuales que surgen en este primer año de democracia con todavía más fuerza, el personaje de Leopoldo Panero se torna en sombrío, se le acusa de su triste herencia familiar: tres hijos alcohólicos y con inestabilidades emocionales tutelados por la mano firme de una madre que juega a la temible táctica de la comprensión. Felicidad Blanc narra con otra temible paz interior, los momentos que pudieron ser y nunca fueron de la relación con su marido. La suya es una historia desgraciada, la historia de una hermosa perla condenada a vivir al encierro de una jaula de oro. Desatendida por su marido, el cual según ella tenía siempre otras ocupaciones más importantes, fue quizá la que más atenciones tuvo para aquellos hijos frutos de su matrimonio: Leopoldo María, Juan Luis y Michi. Éstos, aparecen como una triste herencia (herencias que terminan por ser siempre las más interesantes). De aspiraciones libertarias, son conscientes de su posición social, al pertenecer a una familia burguesa. Quizá el más dócil fuese Juan Luis, (a pesar de llegar a decir que se sentía más hijo de Octavio Paz o de otros intelectuales a quienes admiraba que de su propio padre). El más poeta de los tres, sin duda, Leopoldo María. También el más combativo y el más atraído por las fueras oscuras de quienes fueron hijos Baudelaire, Hölderlin o Artaud. El más loco y el más cuerdo. Por último, Michi, el diletante de la familia y el encargado de añadir siempre el contrapeso cómico a una situación desoladora.

Leopoldo María Panero, en una imagen del film de Chávarri
Leopoldo María Panero, en una imagen del film de Franco

Como ya antes hemos mencionado, estos “actores” tienen la rara habilidad de comportarse con una aparente espontaneidad, llegan a pasar el complicado umbral de la postura de personaje y lo que hay tras ella. Digamos que, como nexo se encuentra la goma de la máscara. Es en el caso de Leopoldo María, quien surge a la mitad de la película (y en la propia casa) donde esto se vuelve todavía más cierto, donde cualquier atisbo de hipocresía se desbarata y surge una realidad todavía más terrible. Él mismo varias veces trata de demostrar con palabras lo que verdaderamente sucedió, incluso reprochando a su madre ciertas afirmaciones, aplicando su visión de las mismas, bien distinta, menos amable todavía. Hay constantes interrupciones sobre las palabras, se ve que lo que ahí sucede se escapa a todo posible guión previo. Aunque sabemos que este tipo de cosas son precisamente las que pueden utilizarse para conseguir engañar a quien trata de analizarlas, en este caso hay poco margen al error. Y es que los Panero siguen siendo polémicos en la actualidad.
Ahora, que trata de reformarse la casa para crear lo que se supone será un museo, un lugar de encuentro poético,  los astorganos levantan la voz popular de la que se desprenden las diferentes formas de mirar un hecho: “En lugar de dedicar dinero a arreglar aceras lo gastan en la casa de esos sinvergüenzas”. Los habitantes de aquel lugar no debían de llevar muy bien el tener que "cohabitar" con aquella familia tan peculiar.

Juan Luis, discutiendo con Michi en una secuencia de "El desencanto"

Juan Luis cuenta en un momento de la película cómo una señora del lugar le paró mientras corría a buscar un médico y le decía: “No corras, si tu padre ya se ha muerto”. Era curioso ver cómo se encuentran estos dos puntos de vista: el de quien analiza a Astorga como un anecdotario de pueblos castellanos y otra para quien los intelectuales no son más que gente anormal que sobra de entre los demás.
En los años noventa, Ricardo Franco realizó "Después de tantos años", una nueva mirada a los Panero quince años después. En ella asistimos a la nueva vida de los tres hermanos, cada uno haciendo su vida por separado. Juan Luis, el más despegado de todos. Michi, casi condenado a estar postrado en una cama, víctima de enfermedades y excesos que con los años le fueron pasando factura (y que acabaron con su vida en el año 2004). Leopoldo María, con sus entradas y salidas en manicomios, caricaturizado por el hermano pequeño: "Mi hermano eligió ser un poeta maldito, pero para mí esa vida es un auténtico coñazo". La escena final de la película transmite ternura y a la vez tristeza, piedad por una saga condenada a la destrucción en pos de una leyenda, de un mundo que les dio la espalda.
Recientemente, en un intento por cerrar esta mirada audiovisual a los Panero, se ha realizado una tercera película, ésta dedicada exclusivamente a la figura del padre, ese fantasma que pululó durante tanto tiempo como un extraño en el mito de los Panero y al que ahora, por fin, se le otorga una voz. Por fin, Leopoldo Panero puede "hablar".

La casa de los Panero, en una imagen actual
De nuevo, gracias a mi amigo Ignacio Huerta Bravo, cuya familia paterna es originaria de Astorga (su padre, Javier huerta Calvo, se ha encargado de recopilar información acerca de esta familia, haciendo sobre todo incapié en Leopoldo Panero), he sentido esta necesidad de conocer, de informarme acerca de esta historia “maldita”.
Ahora, tan solo Leopoldo María, uno de tantos intelectuales de este país no reconocido en la medida en que debería serlo (quizá también debido a su discurso, tan peligroso para el buen funcionamiento de la sociedad), continúa escribiendo con la coherencia de hacerlo por estar vivo y vivir (a diferencia de su hermano, que desde luego ha sentido mucho menos ese "sentimiento trágico de la vida"), porque la vida es su literatura y viceversa. Un digno retruécano digno del auténtico creador. Porque, aunque él es consciente de estar viviendo en un infierno, él ama este infierno y no quiere marcharse de él.

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP