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RECUERDO

>> domingo, 21 de febrero de 2010

Habían quedado en una cafetería de Avenida de América. Hacía quince años que no se veían (desde que ambos cumplieron el mismo día veinte). Eran “quintos” de admiración. Más, aquel día desastroso, nunca lo iba a olvidar.
Rico le citó allí porque para los dos era tierra de nadie, un lugar neutro. Ledesma aceptó con los mismos regañadientes consabidos del otro, pues a los dos les venía fatal aquella parada de metro.
Ese lugar totalmente inadvertido para las distracciones consiguió juntarles en un tiempo récord. No había posibilidad de errores, los dos seguían siendo unos niños.
Rico llevaba un paquete bajo el brazo, seguramente un detalle. Se lo dio después del abrazo, cosa que resultó bastante incómoda para el afecto acumulado en tres lustros. Ledesma se lo clavó en una costilla. Pasaron a sentarse. Cuando Rico fue a tomar posición, un camarero se cruzó en su camino y le hizo realizar una serie de acrobacias para intentar no caerse con todo el equipo. No logró salvar ni su físico ni aquel misterio envuelto en papel de lunares: Los dos cayeron graciosamente, el destino fatal del equilibrista amnésico.
Cuando fue Ledesma a ayudar (después de reírse un rato), recogió antes el paquete que a su amigo del suelo. Muy mal hecho.

- Vamos a ver que traes aquí…
- ¿Y si no era para ti?
- ¿Pero cómo no iba a ser para mí?
- Por lo que veo, sigues teniendo muy buena consideración de ti mismo…
- Tengo momentos de flaqueza, pero enseguida recuerdo el apellido que conlleva la raza de mi estirpe…
- ¿La de los mecánicos? ¡pero si ni siquiera conociste a tu padre!
- Bueno ¿quieres que te ayude a levantarte o prefieres seguir insultándome?
- ¿Cuándo he proferido yo algún comentario…? ¡Pero si sabes que todo eso es verdad! Venga, deja de hacer teatro que quiero ver lo que me traes.
- ¡Que no es para ti!
- ¡Que sí, hombre, que nos conocemos…!

Nada más abrirlo, se encontró primero, con lo que esperaba: que lo que contenía estaba roto. Lo segundo, con algo que no esperaba: un souvenir que le regaló a su amigo justamente quince años antes.

- Pero Rico ¿esto que es?
- Un recuerdo de Triana ¿no te gusta?
- ¡Pero si esto te lo regalé yo hace quince años a ti!
- Es feo ¿verdad?
- Ahora entiendo por qué te has echado antes para atrás!
- ¡Efectivamente, me acababa de acordar de que había sido un regalo tuyo justamente cuando volvía a tus manos! Pero bueno, ahora te jorobas, y si no, no haber jugado con fuego. ¡Esto no se le hace a un amigo!
- ¿Y para eso querías quedar conmigo después de tantos años?
- Sí, es que no me diste tiempo a echártelo en cara… Huiste como un corzo, y ahora que me enteré que volvías por aquí…
- Me has asaeteado…

Moraleja: Desconfía del enemigo que te tendió un puente de plata.

21 – 2 - 10

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