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DESCANSO

>> domingo, 28 de marzo de 2010

En la parada de autobús, sobre la una de la madrugada, pensaba sentado nuestro amigo sobre su patética existencia. Todavía con el gorro puesto de la licenciatura de carrera, su persona parecía caracterizada como con un plus crítico. Un pensador en la modernidad. Ni siquiera pensaba en lo extraño que podría estar, tan descontextualizado. Si acaso se rozó la mejilla izquierda con su mano-zarpa, tratando de confirmar su estúpida duda: ¿Tenía todavía carmín? De sus dedos se observaba una mancha derivada ya hacia el ocre, donde el pintalabios había ido perdiendo en sustratos temporales. “Me deja por una mancha de carmín. No deja de resultarme estúpido cuanto más lógico me resulta.” Estas y otras cosas pensaba cuando un señor guardia muy amable y con poco sueño le dijo: “por aquí ya no pasan autobuses. Búsquese la vida, pero de otra forma…” Entonces, nuestro licenciado solo puso levantarse, no sin antes tratar de convencer al otro para que se intercambiaran sus sombreros. No hubo suerte para esto tampoco. Comenzó a avanzar pensando en su ya-no-chica: “Fue bonito mientras duró, pero, al parecer, todavía no me conocías lo suficiente… ¡Una mancha de carmín! ¡Qué anticuada cosa!” Miró su reloj y le molestó mucho encontrarse uno digital, sin manillas ni nada… “¿Desde cuándo tengo esto?... ¿Insumergible? ¡Entonces, mucho más caro…!” Ya había decidido dejar de pensar cuando lo del reloj. No obstante, ni con esas podía tener un momento para no pensar. Una alarma criminal comenzó a sonar con insistencia. Después, una voz le decía: “¡Hora de levantarse-hora de levantarse!” Un simpático vecino con insomnio comenzó a arrojarle limones desde el balcón de un tercero. “Vaya, por lo menos este sombrero sirve para algo…” pensó mientras su cabeza era amortiguada por el recuerdo de su final como estudiante. “Y ahora ¿cómo voy a conocer a otra chica? Va a ser más difícil que ahora alguien me pida los apuntes… por lo majo que soy… por lo espontáneo y extrovertido… por mi planta clásica… Quizá haya sido por todo eso por lo que he fracasado… Pero ¿qué podía esperarse? Yo solo puedo ser así… Ahora ¡a vivir por mi cuenta!” Una leve llantina asomó por su cáscara facial… El cítrico, eso iba a ser… “¡Estupendo, ahora soy un universitario que llora!” En efecto, y a moco tendido. Era principio de primavera, y entre alergias y resfriados, su cara comenzaba a arrugarse como el del genuino fruto. Recordaba a su madre dándole la enhorabuena ya en las mesas de invitados. Su madre siempre se untaba bien los labios con un rojo intenso que la hacía más vieja. “Eso solo te remarca la edad, mamá… Debiste de dejarlo cuando lo decidiste con el tinte del pelo” El beso exacto en la mejilla esperable. “Mi novia me ha dejado por mi madre…” Entonces, vislumbró una silueta en la ventana de su casa. Ya había llegado. Era su madre, que le hizo señas para avisarle de que tardaría poco en freír los sanjacobos.

27 – 3 – 10

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