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DESTARTALADA

>> lunes, 8 de marzo de 2010

La puerta se abrió con un viento desesperado. Penetraron rápidamente dos individuos anónimos a aquel lugar también extraño, con la fuerza con la que habían empujado el pomo. Las paredes rezumaban tiempos mejores, pero las grietas parecían haber estado siempre allí. Aquella casa, desde la entrada en el portal, resultaba incómoda y desapacible, pero no por ello se echaron atrás. Se dejaban llevar sin pensar en todo aquello, que desde luego apestaba. La puerta se cerró casi tan violentamente como golpeó contra la pared, con aquellas bisagras sacrificadas.
Había un tocadiscos que mostraba ferozmente su aguja para todo aquel que se acercara a él. No había tiempo para las cosas lúdicas. Pasaron hasta el fondo, ella siendo casi empujada por él. Sus piececitos recordaban los primeros pasos de un temeroso niño. La habitación final del rompecabezas estaba todavía más crucificada que las anteriores. A él le pareció notar un líquido viscoso donde tan solo había un papel apergaminado luchando por terminar de despegarse. Nada parecía querer estar allí. Ni siquiera ellos. Se desnudaron como si la luz estuviese apagada. Por fin, los cuerpos se posaron sobre aquel colchón que parecía lamentarse por los cuatro costados. Entonces él comenzó a pensar, justo en el peor momento. Entre las pocas cosas que quedaban en pie, había un retrato de la dueña del piso, con una cara que parecía mirar incluso con sus ojos cerrados. Él la veía perfectamente entonces apoyada contra la pared, mirando su pelo brillante. Quería leer, eso era todo. Nada más. “Qué pelo más bonito tienes” le decía. Él se apretaba contra ella, esperando recibir tan solo caricias amistosas. Ella se levantaba y hacía tras cosas por la casa mientras él arañaba las paredes como un invitado poco agradecido. Tenía ya sus manos recorriendo el jersey de aquella chica o niña casi ciega, que se retorcía como un animal malherido. Volvió a pensar, a recordar otros momentos. ¡Qué daño podía provocarle esta indiferencia, este “nos queremos pero no así” que siempre notó en su compañera. Ahora les dejaba ese piso (o esa habitación) para los dos. Era lo máximo que podía hacer, en esa actitud de entrega, en esa demostración de amor sincera y pura. Comenzó a quitarse él también algunas prendas. Adonde miraba parecía ver espectros, manchas de humedad que le retrotraían a otros tiempos. Parecía ir agarrotándose, sintiéndose incapaz de no poder hacer tampoco esto. Trató de fugar su mirada hacia la ventana, pero hasta la cortina que la cerraba de curiosos estaba hecha de una prenda conocida en ella. Era una sutil venganza elaborada a la perfección. O a lo mejor no, a lo mejor eran tontas teorías perfectamente coherentes con su cabeza enferma. Ella entonces le cogió de la cabeza y lo atrajo a sí: “Mírame, porque tengo ojos” le dijo. Él la miró, pero tramposamente, con las cartas marcadas de quien cree conocer ciertas jugadas. Se pasó de listo, pero ella lo toleró. “Ahora mírame a los labios” A lo mejor esta era una mejor manera. Se concentró en ellos pero no llegó a aterrizar sobre su carne. Gritó, le cogió de los pelos y en vano consiguió devolverle la razón. Era un puro loco, un desaprensivo, un torpe hiriente. Entonces, sonó la llave de la puerta. Unos pasos invitaron a la presencia a aproximarse hacia allí. Él no podía mirar, tuvo que apretar su cuerpo contra el de ella por no reconocer ni ser reconocido. Tampoco quiso oír pero de esto no tuvo más remedio. “Olvidaba la bufanda”. La mano traidora se hizo con la prenda y desapareció al revés que como hizo presencia. Sonó la puerta de nuevo, como un final terrible. Entonces él levantó los ojos medio húmedos y le preguntó con una inclinación de cabeza. “Era un hombre” recibió por respuesta.

8 – 3 – 10

2 comentarios:

Rainbow 8 de marzo de 2010, 17:24  

Señor Javier Mateo, sepa usted que me gusta mucho su blog. Algun día por la facultad deberiamos hablar que hace ya tiempo que no compartimos historias. un besote
Lorena

putativus 9 de marzo de 2010, 12:31  

¡Sin duda! Me alegra mucho tener una admiradora como usted... jaja

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