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EL HUEVO ROTO

>> martes, 2 de marzo de 2010

Encuentro molesto esto de pensar ideas desde el anonimato. A alguien que presume de celebridad acaban ocurriéndoselas tarde o temprano e inevitablemente (a pesar de que hay más desconocidos que conocidos) y, entonces, yo pierdo en calidad -aunque siempre abunda la cantidad, la insistencia, la tozudez, la cabezonería. Encuentro, por ejemplo, esta forma de conseguir las cosas por repetición en una historia reciente: convencido de mi propósito, acepto a esperar a una compañera día tras día en la cafetería a las horas más impensables, con el objeto de conseguir un encuentro de azares. Cinco meses después, la escribo (al no acertar ni una de estas veces) comentándola esta frustración. Ella me responde que mi empresa resultaba inevitable que hiciese aguas puesto que ella llevaba esos mismos cinco meses en Italia. Entonces, la contesto que, aún así, seguiré esperándola. Puede resultar absurdo, pero es lo cierto. Y si lo cierto es absurdo, esto ya es problema mío.
¿Qué fue antes? ¿El huevo o la gallina? Inevitablemente, los hay peores que yo que se condenan a contestar “el huevo, está claro”. Bueno, pues a esto yo digo: ¿qué importan el influjo de la yema y la clara mientras están dentro? ¡A mi me interesa lo que puede pasar fuera!: Punto uno, ¿La gallina puso el huevo para después echarse a andar y convertirse en pasto de un asado o, por el contrario (y este es el punto dos) el huevo y la clara combinaron bien con unas patatas con jamón? Bueno, pues en el caso del futro plausible frente al futuro sin remedio escribo de este modo, como solo puede hacerse en casos extremos (es decir, todos los casos de todos los tipos de escritores): para sofocar lo rutinario. Se me acusa de tergiversar el lenguaje, de corromperlo y pervertirlo. De acuerdo, pero como ya digo, lo hago con un fin animoso, para pensar en un escrito siguiente.
Así con las obras sucederá lo mismo: ¿Por qué nos empeñamos constantemente en atemporalizar un testigo de un tiempo concreto? Para indultarlo de su caducidad. No hay otra respuesta posible. Si bien, pongamos por ejemplo, la “pipa” de Magritte es testigo de un tiempo en el que el lenguaje estaba en entredicho, la apropiación de Broodthaers es una muestra de la renovación en pos de la misma idea, del mismo conducto, de la coherencia intocable para la que se concibió. Foucault escribe con estas sus palabras sobre un dibujo y no sobre un cuadro de pipa de Magritte. Lo importante es la idea, no ya concretamente la propuesta inicial.
Baladí-baladá-baladím-bom-bá…
No obstante, hay quien se empeña en encerrar a estas obras dentro de un contexto diferente como es el de los museos. Ciertas personas en el terreno artístico deberían irse para dejar paso a otros más inútiles (no nos engañemos). Una profesora a la que yo previamente conocía, me dijo “es que tal persona es esteta”. Yo entonces- como ya digo, esperando una respuesta favorable a lo que iba a decir de lo que yo iba a soltar en ese momento- dije: “como si es de Cuenca…” Y efectivamente, el caballero en cuestión era de Cuenca. ¡No digo que hay algo de brujería en lo que concibo, que se me adelantan!
¿Alguien sabía que “Las Meninas” es un título relativamente reciente en el Cuadro de Velázquez? Claro, ya digo, renovación. Antes, su título sería explicativo, más o menos así: “Retrato de las infantas en una de las cámaras de palacio con el propio pintor realizando el cuadro que ahora estamos viendo, teniendo detrás a los reyes que no sabemos si observan tras un espejo o están reflejados en otro espejo- bueno, esto no- o tal vez retratados en otro lienzo, mientras un caballero embozado en un traje de luto abre o cierra la puerta, creando un punto de fuga (porque se escapa de la habitación). Conclusión: “Las Meninas” con “M” mayúscula y no minúscula.
Pero hablemos de los huevos de Broodthaers… mejor dicho, con las cáscaras (de polluelos o de huevos a cocinar). De nuevo el enigma del mundo… No me interesa de momento. Prefiero relatar todos los problemas que nos llevan a no poder criticar a un espontáneo (con premio Turner, por ejemplo) que renueve el concepto Broodthaers retitulando todas aquellas cáscaras esparcidas por todos sitios de esta manera: “Primera tortilla de un soltero” Anónimo y técnica mixta. ¿Por qué no podemos rebelarnos? La respuesta es bien sencilla. Porque ha habido tantas generaciones de tantos artistas que han “pervertido” su lenguaje que ya resulta imposible poner estas puertas al campo. ¡Y más si el artista ha sido vanagloriado con reconocimiento social!
Por todo esto, “me importa un huevo” lo que pueda decirse de este anárquico texto.
2 – 3 - 10

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