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FERNANDO Y FULANITO

>> domingo, 14 de marzo de 2010

Fernando Garzón era vigilante de callejón. Su trabajo, lo tenía debajo de casa. No tenía pérdida, podía vigilarlo desde la ventana del salón. No obstante, siempre había un momento para bajar la guardia y ser desafiado. La última vez que bajó se habían llevado uno de los tres farolillos que quedaban iluminando aquel pasaje sin salida. Trabajó afanosamente para reconstruirlo en su casa. Era de manos hábiles y de ojos camaleónicos, por lo que no tardó en sustituir la falta por algo que daba bastante el pego. Aquella noche soñó algo maravilloso: Se despertaba, desayunaba, se acicalaba en el baño y salía dispuesto a “vigilar”. No obstante, cuando iba a cruzar el umbral de la puerta de su casa se despertó. Esto le molestó en grado sumo, pues creía haber hecho todas esas cosas en ese nuevo día. ¡Al menos ya tenía los patrones a seguir para llegar hasta casi el portal! Meticulosamente los repitió tal y como los había soñado. Desayunó eso, se duchó de aquella otra manera y se puso la ropa exacta. Tampoco era fácil por otro lado, pues siempre desayunaba lo mismo, se duchaba mecánicamente y solo tenía un viejo gabán, una desteñida camisa y unos pantalones con cuerda en lugar de cinturón. Pero la cachiporra aquel día era de un color casi berenjena, a diferencia de otros que estaba casi verde. Al llegar al pie de la obra, descubrió una pintada que le sobrecogió: “Fulanito es tonto”. Es de esas pintadas que se hacen por molestar, pues es dudoso que el sujeto y el odio realmente existieran en quien la hizo. Un entretenimiento. “No está mal esta forma de divertirse… Lo cierto es que mientras el tiempo no nos mate hay que matarle a él” pensaba Fernando, mientras hacía girar su arma como los policías cómicos de las películas de Chaplin. Sin embargo, tardó en percatarse de un elemento casi arrinconado al final de aquel camino de tapias: una cartera. Llegó hasta el punto marrón (que, claro, se fue agrandando con la aproximación a él), lo cogió y lo abrió impúdicamente: Un documento de identidad que describía a un señor de fotomatón con el siguiente nombre: Fulanito… Fulanito… ¡Vaya, el apellido aparecía borrado por una mancha de mostaza corrosiva! “¿Con que existes?” Y debió de preguntarlo en voz alta, pues pronto recibió contestación. “En efecto, compadre”. Su acento mejicano le delataba (como mejicano, claro). Le cogió por el hombro con su mano pesada y cálida. Al girarse, descubrió su rostro fotográfico. “Verá manito, yo me odio tremendamente. Por eso escribo cosas contra mí”. El otro, tras enarcar las cejas cómicamente (tiempo le llevó) le reprochó: “¡Pero eso es absurdo! ¡Usted ya es mayorcito para llevarse bien consigo mismo!” Entonces, el mejicano Fulanito negó con la cabeza pacientemente: “¡Hay, señor… Precisamente esta acción de madurez dice mucho de mí…” Etonces, tratando de entablar un puente entre esto y otra cosa que tenía ganas de decir, Fernando le dijo: “Pues eso de pintar sobre una pared donde no se puede delata en usted cierta inmadurez también…” Entonces, el otro se echó a reír. “¿Pero no ve que es otra contradicción? ¿Qué somos sino negación a nuestras propias preguntas? ¡Disfrute de ser indeciso!” Fernando le colocó las esposas: “Le agradezco su filosofía, pero comprenderá que le tengo que llevar a jefatura… No se lo tome a mal, a mi me sirven todas estas cosas que dice”. Fulanito le sonrió con cariño y después escupió en el suelo. Cuando cruzaban una calle, Fernando se tropezó y del golpe se despertó sudando en la cama. “¡Vaya, qué rabia, ahora voy a tener que repetirlo todo mas esta detención! Agapito, ten paciencia, que hasta que baje hay para largo…”

14 – 3 - 10

5 comentarios:

Pelagia 18 de marzo de 2010, 8:20  

Pero si me has leido el pensamiento!! estaba pensando en una historia muy parecida. ¿en que te has inspirado? me ha gustado mucho..

Besos!!

putativus 19 de marzo de 2010, 3:29  

Realmente me salió según escribía... No sabía donde quería ir a parar. Fué pura improvisación. ¡Me alegra mucho que te haya gustado! El elemento principal lo constituye un hecho real que le sucedió a un compañero, que ni en sueños puede dejar de trabajar. El guardia, el Fulanito y otras cosas son pura tontería mía, claro está.

Anónimo 29 de marzo de 2010, 16:29  

Dios,¡es cojonudo!XD no se por qué se me habia pasao macho.Felicidades,y no es lameculeo.Y por cierto, me siento casi mas identificado con el mejicano. Guarda ese personaje.¿te lo puedo tomar prestado?

Anónimo 29 de marzo de 2010, 16:32  

digo tomarte prestado el personaje, no el relato para hacerme famoso XD

putativus 30 de marzo de 2010, 2:17  

¡Claro que sí, hombre! Así da gusto. Yo encantadísimo.

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